Jodi Compton - 37 horas

Здесь есть возможность читать онлайн «Jodi Compton - 37 horas» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Триллер, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

37 horas: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «37 horas»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

La regla básica en la investigación de casos de desaparecidos es recopilar toda la información y los indicios posibles en las primeras 36 horas tras el suceso, cuando la memoria de los testigos no está contaminada y las pistas todavía pueden ser fiables.
Sarah Pribek, una detective de la policía de Minneapolis especializada en este tipo de casos, conoce bien esta circunstancia. Cuando descubre que su marido, Shiloh, lleva desaparecido 48 horas y se pone a investigar, salen a la luz mu chas cosas que no sabía de él.

37 horas — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «37 horas», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Fue Sinclair y no yo quien rompió el silencio.

– Me alegro de que hayas venido -dijo a través de Ligieia-. Tengo mucha curiosidad por saber de Michael. Hace años que no lo veo. Supongo, sin embargo, que primero querrás hacerme preguntas.

– Ésa es mi primera pregunta -dije, dejando la taza en la mesa-. ¿Cuándo tuviste noticias suyas por última vez.

– Hace unos cinco o seis años -respondió con las manos-. No recuerdo la fecha exacta. Yo había ido a las Ciudades Gemelas para un recital en el Loft, y a dar una conferencia en el Augsburg College. Luego fui a Northfield, para dar otra conferencia en Carleton. Recuerdo bien aquella visita a Carleton porque llegué pocos días después de que tres de sus alumnos murieran en un accidente de coche allí cerca. Fue muy triste. En un centro tan pequeño, un suceso así causa una gran conmoción.

– Oh -dije. Su relato me tocó una fibra sensible-. Sí, yo también lo recuerdo.

– ¿Quieres que busque la fecha exacta?

– No, no es necesario -respondí-. Fue hace tanto tiempo que no creo que guarde ninguna relación con lo que ocurre ahora. Me gustaría saber si has estado en contacto con Shiloh. ¿Lo viste en persona cuando estuviste en Minneapolis?

– Sí, nos encontramos por casualidad en la calle.

– ¿No habíais quedado en veros?

– Yo ni siquiera sabía que vivía allí.

– ¿Y has recibido noticias de él? ¿Cartas, correo electrónico?

Sinclair negó con la cabeza.

– Cuando supiste que había desaparecido, ¿se te ocurrió qué podía haberle ocurrido?

Sinclair volvió a negar con la cabeza. Comprendí que sus lacónicas respuestas no se debían a que no quisiera ayudarme, sino a que deseaba comunicarse directamente conmigo.

– ¿Por qué crees que se fugó, cuando tenía diecisiete años? -le pregunté.

Ante esta pregunta, su mirada dejó las manos de Ligieia, se posó en mis ojos y se pasó el pulgar por las puntas de los dedos. Me pregunté si en el lenguaje de los signos aquel movimiento equivaldría al de chuparse el labio superior que hace una persona que habla durante un interrogatorio, un gesto para ganar tiempo.

– No me enteré de eso hasta transcurridos seis años -me dijo Sinclair-, pero Mike no se llevaba mejor que yo con nuestro padre.

– Pues tu hermano Bill y tu hermana Naomi no dicen eso.

En esta ocasión se produjo una pausa más larga y Ligieia esperó a que las manos de Sinclair se detuvieran. Después tradujo:

– Mis hermanos veían lo que querían ver. Mi familia siempre me había considerado distinta, pero querían que Mike fuese como ellos.

– Cuando te marchaste de casa ¿adónde fuiste?

– A Salt Lake City. Estuve con un grupo de amigos que eran… ¿mormones de Jactó -Se produjo un momentáneo retraso en la traducción mientras Ligieia se debatía con la frase-: Mormones que habían dejado la Iglesia de los Santos del Último Día.

Era un término que a mí no me habría confundido. Se lo había oído varias veces a Shiloh.

– Cuando se fueron de la ciudad por Navidades, me sentí muy sola y fui a casa. Michael me dejaba entrar a hurtadillas por una ventana que había junto a un gran árbol. Y salía también por allí. -Hizo una pausa para que Ligieia la siguiera-. Nos pescaron y mi padre se enfadó muchísimo. Sentí haber metido a Mike en un lío, pero tarde o temprano él habría cortado con la familia.

– Y cuando se marchó, ¿fue a buscarte a Salt Lake City?

– No, como te he dicho antes, no me enteré de lo ocurrido hasta muchos años después.

Mis preguntas, la mirada de Sinclair, la voz de Ligieia… Tuve la sensación de que estaba obteniendo información a través de un sistema parecido a las viejas líneas rurales de teléfono colectivas. Era un proceso muy rudimentario.

– ¿Y por qué crees que no fue a verte? -pregunté. Había otra cosa que quería saber, pero sería mejor abordarle después.

Sinclair me miró directamente a los ojos, como Shiloh. Movió las manos y Ligieia tradujo:

– Mike siempre ha sido muy independiente. ¿Puedo preguntar por qué quieres saber todo esto? Ocurrió hace tanto tiempo…

Levanté la taza pero no volví a beber. Cuando Ligieia lo había servido, el té de fresas tenía un color atractivo y transparente, pero cuando lo probé en la cocina, me pareció que tenía un leve punto amargo.

– Por conocer la historia, por descubrir una constante. -Me obligué a tragar un sorbo de té-, pero si no lo has visto ni has hablado con él desde hace años, no tengo nada más que preguntarte -concluí.

En los momentos que siguieron ni Sinclair ni yo rompimos el silencio; fue Ligieia quien lo hizo.

– ¿Y nadie quiere beber algo más fuerte que eso? -sugirió. Miró a Sinclair, que alzó la mano sin excesivo entusiasmo, pero tampoco con desaprobación. Empecé a pensar que Sinclair se lo tomaba todo de esa manera, sin alterarse, con tranquilidad.

Ligieia salió de la sala. «Ahora podremos hablar», pensé, pero, por supuesto, no podíamos. Me habría gustado conversar con ella sin la presencia ajena a la familia de Ligieia. La chica era muy agradable, pero no conocía a Shiloh.

– No puedo dormir -dijo una voz infantil a mi lado. Me volví para mirar hacia donde lo hacía Sinclair. Hope había entrado en la estancia en camisón y descalza. Sinclair sacudió la cabeza con exasperación maternal.

Ligieia volvió con una botella de ginebra Bombay en la mano y al ver a Hope se detuvo y dijo:

– ¿Qué es esto? -Miró a Sinclair-. No te muevas, ya la acuesto yo -añadió, tendiendo la mano a la pequeña.

Pero Sinclair sacudió la cabeza y dijo algo con las manos. Ligieia rió.

– A nadie le gusta que lo excluyan de la fiesta -me dijo. Miró de nuevo a Hope y le explicó-: Muy bien, nena, mamá dice que puedes quedarte un rato. -Empezó a llenar la taza de Sinclair y luego la suya.

– No, yo no voy a tomar -dije demasiado tarde, mientras Ligieia me servía una buena dosis.

– Lo siento -dijo-. Si quieres que prepare más té…

– No -me apresuré a contestar-. Está bien así.

Dejó la botella en la mesa y volvió a ocupar su sitio en el sofá.

– Ven aquí, señorita Hope, ¿quieres sentarte aquí en medio? -Ligieia dio unas palmadas en el espacio que había entre ella y Sinclair.

Sin embargo, Hope se encaramó en la silla que había a mi lado, se reclinó contra mi cuerpo y apoyó la cabeza en mi regazo.

Ligieia arqueó las cejas y hasta Sinclair pareció algo sorprendida.

Habéis congeniado deprisa - tradujo Ligieia.

– No suele ocurrirme -comenté.

– ¿Te llamas Sarah? -me preguntó la niña de nuevo, mirándome. Había declarado que no podía dormir, pero vi que los ojos se le cerraban de sueño. A mí también.

– Sí -respondí.

Hope alzó una mano y empezó a gesticular.

– Está deletreando tu nombre -explicó Ligieia-. Te lo está enseñando.

– Vaya, me has dejado de lo más impresionada -le dije a Hope-. Y ahora nos inclinaremos un poco más hacia delante -le advertí, mientras alargaba la mano para coger el té frío con ginebra.

Removí el líquido, un gesto para perder el tiempo como cuando uno bota la pelota en la cancha de baloncesto antes de lanzar un tiro libre.

Tenía decidido no beberme la ginebra. Desde que me había enterado de que Shiloh había desaparecido, me había propuesto no probar el alcohol, ni siquiera una sola copa. Una copa podía llevar a muchas más; la calidez del licor aplacaba el miedo que sentía en el pecho, aliviaba la tensión de los hombros y me alejaba de la realidad, embotándome la mente y ralentizando la búsqueda. Y todo en un momento en que mi marido me necesitaba con la cabeza lo más despejada posible.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «37 horas»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «37 horas» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «37 horas»

Обсуждение, отзывы о книге «37 horas» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.