Jodi Compton - 37 horas

Здесь есть возможность читать онлайн «Jodi Compton - 37 horas» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Триллер, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

37 horas: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «37 horas»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

La regla básica en la investigación de casos de desaparecidos es recopilar toda la información y los indicios posibles en las primeras 36 horas tras el suceso, cuando la memoria de los testigos no está contaminada y las pistas todavía pueden ser fiables.
Sarah Pribek, una detective de la policía de Minneapolis especializada en este tipo de casos, conoce bien esta circunstancia. Cuando descubre que su marido, Shiloh, lleva desaparecido 48 horas y se pone a investigar, salen a la luz mu chas cosas que no sabía de él.

37 horas — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «37 horas», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Era habitual que los detectives pidieran fotos de personas desaparecidas y posiblemente por eso Naomi me la había dado sin poner objeciones. Si hubiera pensado en ello, se habría preguntado por qué yo no poseía ninguna de mi marido y por qué quería una que tenía más de diez años. Aquella polaroid de Shiloh no iba a ayudarme en absoluto en su búsqueda pero yo la quería de todos modos.

No era un estudio profundo del carácter, sino la instantánea de un joven sorprendido de que alguien le tomara una foto. No miraba al objetivo, sino más allá, intentando saber quién era el fotógrafo.

Pero Shiloh había madurado muy deprisa y el de esa foto se parecía mucho al que yo conocía. Con la mano levantada para protegerse los ojos, se le veía extrañamente vulnerable, como alguien que mirase el núcleo brillante de un misterio, alguien a punto de desaparecer. Como finalmente había ocurrido. Sí, había desaparecido.

En cierto modo, Shiloh había desaparecido dos veces. Había dejado a su familia de una forma tan repentina que, de no haber sabido que quería marcharse, habrían podido pensar que había desaparecido. Su familia sabía el motivo.

Yo, en cambio, al pensar en ello, vi que no estaba segura de cuál era dicho motivo. A mí me había contado que se había marchado de casa por diferencias de opinión con la familia, pero no me había dicho que esas diferencias se habían exacerbado a raíz de una crisis familiar en la que había estado implicada la hermana que había sido expulsada de casa, la oveja negra.

Bill Shiloh quiso que nos viéramos en su empleo y no en su casa. Shiloh me había dicho que «le parecía» que sus hermanos trabajaban en suministros de oficina, pero la dirección que Bill me dio me llevó a una fábrica de papel.

– Siento mucho el ruido que has tenido que soportar ahí fuera -me dijo cuando los dos estuvimos en su despacho-, pero aquí se está muy tranquilo. Ha de ser así, porque hablo mucho por teléfono. -Cerró la puerta.

La fábrica funcionaba a pleno rendimiento, pero la puerta bloqueó por completo el ruido. Se trataba de una habitación angosta y sin ventanas, a excepción de la gran cristalera que daba directamente a la nave central. Detrás del escritorio se alineaban varios archivadores de metal y de la pared colgaban tres trabajos escolares en cada uno de los cuales se leía «papá» en diferentes colores. Los tres hijos representados, pensé, al ver la foto de los cinco miembros que componían la familia.

– Así que tú eres la mujer de Michael -dijo Bill, casi las mismas palabras que había pronunciado Naomi cuando nos habíamos encontrado-. Veo que ya ha sentado la cabeza.

– Sí-repliqué como si Shiloh hubiera llevado anteriormente una vida desenfrenada.

– ¿Y cuánto tiempo lleváis casados? -quiso saber.

– Dos meses.

– No es mucho -opinó, arqueando las cejas-. ¿Y trabajas en la policía de Minneapolis?

– En la oficina del sheriff del condado de Hennepin -respondí.

– ¿Y has venido en calidad de investigadora?

– Mi marido desapareció hace cinco días -repliqué en tono cortante-. Por eso estoy aquí.

– No era mi intención ofenderte -dijo con voz pausada.

Desde que había llegado a Utah me había convertido en cierto modo en el representante de Shiloh ante su familia y me estaba enfadando en su nombre por comentarios inocuos que yo interpretaba como juicios de valor. Tragué saliva.

– No, no me has ofendido -aseguré.

– ¿En qué puedo ayudarte? -preguntó Bill. Parecía algo más amable y se le veía un poco cansado. Yo también lo estaba-. Quiero decir, ¿por qué piensas que Mike está en Utah?

– No pienso eso -repliqué-. He venido para averiguar más de su familia antes de encontrarlo a él. Tal vez me ayude, tal vez no. -Advertí que no había formulado la pregunta más obvia-. No has sabido nada de él, ¿verdad?

– No.

– ¿Cuándo fue la última vez?

Mi pregunta lo pilló desprevenido, lo mismo que le había ocurrido a su hermana.

– No he vuelto a hablar con él desde que se marchó de casa.

Asentí. Me pareció que aquél era un momento tan bueno como cualquier otro para preguntarle lo que me rondaba por la cabeza.

– Naomi me ha contado que tú presenciaste unaescena a raíz de la cual él acabó marchándose de casa poco después. ¿Es verdad?

– Sí. ¿Tiene algo que ver con que haya desaparecido ahora?

– No lo sé -respondí-. Es una parte de su vida de la que apenas sé nada. A mí me contó que se había ido porque se estaba distanciando del pensamiento religioso en el que os habíais criado.

– ¿Eso te dijo? -Bill arqueó las cejas-. No, yo no lo recuerdo así. -Sacudió la cabeza con énfasis.

– Entonces, ¿por qué fue?

– Por cuestiones de drogas.

– ¿Hablas en serio? -Vi que sí-. ¿Era consumidor habitual?

– ¿Habitual? No lo sé -respondió-. Mi padre lo pescó en casa.

– Pues Naomi no ha mencionado nada al respecto -comenté.

– Es muy probable que Naomi no lo sepa -dijo Bill-. Bethany y ella eran aún demasiado pequeñas, y mis padres las protegían mucho de todo lo que ocurría a su alrededor, pero yo estaba en medio. ¿Quieres que te cuente toda la historia? -Sí.

– Ocurrió la víspera de Navidad.

Los puntos brillantes de la foto no eran luciérnagas sino luces navideñas.

– Al día siguiente venían a comer muchos invitados. Yo había vuelto a casa del colegio, y al día siguiente por la tarde iba a venir Adam, después de que él y Pam, su mujer, y el bebé, pasaran la mañana de Navidad en casa de la familia de ella, en Provo. Así que, por una noche, tuve una habitación para mí solo; Mike ocupaba la habitación de Sara, y las niñas estaban en la suya de siempre. A la noche siguiente, yo dormiría con Mike, mientras que Adam y su mujer lo harían en el otro dormitorio.

»Por aquel tiempo yo salía en serio con una chica llamada Christy. Le había prometido que la llamaría cuando fuera medianoche para felicitarle la Nochebuena. Christy había ido a casa de su familia en Sacramento, por lo que tenía que telefonearla a la una de la madrugada. Me levanté de la cama sin hacer ruido porque todo el mundo se había acostado. La llamé y, mientras volvía al piso de arriba subiendo la escalera de puntillas, vi que una chica salía del baño, cruzaba el vestíbulo, entraba en la habitación donde dormía Mike y cerraba la puerta.

– ¿Y no reconociste a tu hermana?

– No, estaba bastante oscuro y, además, se había cortado el pelo, por lo que no llevaba melena sino una cola de caballo corta y gruesa. Vi que llevaba una camiseta de Mike. Me quedé inmóvil, pensando, «no puedo creerlo». Mike siempre había tenido muchos… bueno, mucha sangre fría, pero traerse a casa a una chica la víspera de Navidad me parecía un poco excesivo.

»Entonces mi padre se levantó porque había oído ruidos. Abrió la puerta de su cuarto, me vio y me preguntó qué ocurría. -Bill hizo una pausa y se quedó unos instantes callado. Luego añadió-: He pensado muchas veces en esa noche. Si en aquella época hubiera sabido lo que ahora sé, creo que le habría dicho: «Nada, no pasa nada, vuelve a la cama».

»Pero pensé que Mike se había traído a una amiga a la casa, a una chica a su habitación, y era la víspera de Navidad y todos estábamos allí, y que lo único que yo había podido hacer era llamar a mi chica por teléfono y decirle que la echaba de menos y que tenía muchas ganas de verla. Aquello me había molestado y por eso le conté a mi padre que Mike estaba en su cuarto con una muchacha. -Bill bajó la voz como si reviviera el momento-. Mi padre me miró, incrédulo, pero se puso la bata y salió. Se dirigió a la puerta de Mike, se volvió y me miró como advirtiéndome de que me iba a ver en un buen lío si allí no había nadie. Luego abrió la puerta y encendió la luz.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «37 horas»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «37 horas» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «37 horas»

Обсуждение, отзывы о книге «37 horas» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.