Mari Jungstedt - Nadie lo ha visto

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La idílica isla sueca de Gotland se prepara para la temporada turística. Como cada año, Helena, que ahora reside en Estocolmo, vuelve a la isla y celebra con sus amigos el inicio del verano. Pero el buen ambiente que se respira durante la fiesta se acaba de pronto cuando Per, el novio de Helena, tiene un ataque de celos y reacciona de forma violenta. A la mañana siguiente, la joven sale a pasear con su perro por la playa para reflexionar sobre lo ocurrido y desaparece en la densa niebla.
Cuando un vecino descubre su cadáver desnudo y gravemente mutilado, las sospechas recaen inmediatamente sobre Per. Pero algunos días más tarde aparece muerta Frida, una compañera de colegio de Helena, que ha sido asesinada en circunstancias similares. El seguimiento del caso por parte de los medios de comunicación es enorme y el pánico se apodera del pueblo.
El comisario de la policía judicial, Anders Knutas, está convencido de que el autor del crimen es un peligroso asesino en serie, que no dudará en atacar de nuevo. En su acelerada investigación contará con la colaboración no siempre deseada del inquieto periodista Johan Berg.

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Dentro de las dependencias policiales, la gente corría por los pasillos. La tensión flotaba en el aire. Allí se encontraban unos cuantos periodistas y fotógrafos de los medios locales: Radio Gotland, Gotlands Tidningar y Gotlands Allehanda.

Johan y Peter saludaron fugazmente a sus colegas, pues ya era la hora de entrar en la sala donde iba a tener lugar la rueda de prensa. Anders Knutas y la inspectora Karin Jacobsson se sentaron a uno de los extremos de la mesa.

– Bienvenidos -dijo Knutas y se aclaró la garganta-. Hemos encontrado a una mujer, nacida en 1966, muerta en la playa conocida como de Gustavs, en la zona de Fröjel. Para los que no son de aquí, les diré que está en la costa oeste de Gotland, unos cuarenta kilómetros al sur de Visby El cuerpo ha sido descubierto hoy al mediodía, concretamente entre las 12.30 y las 12.45, por una persona que paseaba por allí. La víctima es natural de Gotland, pero la familia se fue de la isla y se instaló en Estocolmo hace quince años. -Bebió un trago de agua y echó una ojeada a sus papeles-. La mujer se encontraba en Gotland junto con su novio pasando unos días en la casa de veraneo que la familia de ella aún conserva en la isla -añadió-. Salió por la mañana temprano a dar un paseo con el perro y en algún momento durante ese paseo fue asesinada.

– ¿Cómo fue asesinada? -preguntó la reportera de Radio Gotland.

– Eso no puedo explicárselo -contestó el comisario.

– ¿Qué arma se ha usado?

– No lo puedo precisar para no entorpecer la investigación.

– ¿Por qué están tan seguros de que realmente ha sido asesinada? -quiso saber un reportero de Gotlands Allehanda.

– Las heridas que presenta el cuerpo sólo pueden haber sido causadas por otra persona. La causa de la muerte no se ha determinado aún, pero partimos de la base de que ha sido asesinada.

– ¿Ha sufrido abusos sexuales? -preguntó Johan.

– Es demasiado pronto para pronunciarse a ese respecto.

– ¿Hay algún testigo? -preguntó el enviado de Gotlands Tid-ningar.

– Estamos interrogando a gran número de personas que viven por los alrededores, o que de alguna manera estuvieron en contacto con la víctima durante sus últimos días de vida. Estamos muy interesados en recibir información de Jos ciudadanos. Si alguien ha visto o ha oído algo extraño en ese lugar o en los alrededores durante el último día, debe ponerse en contacto con la policía cuanto antes. Y lo mismo rige para quien crea tener otro tipo de información que pueda ser de ayuda para localizar al asesino.

– ¿Cómo sabéis que se trata de una sola persona, y de un hombre? -requirió el reportero de la radio local.

– Evidentemente, no lo sabemos -respondió Knutas algo irritado.

– Estaba en la casa de verano con su novio. ¿Es sospechoso? -preguntó Johan.

– El novio ha sido interrogado por la policía. Está conmocionado y ahora mismo se encuentra en el hospital de Visby. Por el momento no está bajo sospecha. El interrogatorio con él continuará mañana por la mañana. Durante toda la tarde, la policía ha rastreado la zona con perros y ha llamado a las puertas en busca de posibles testigos. El trabajo aún continúa. Es todo lo que podemos decir de momento. ¿Alguna otra cosa que quieran preguntar antes de terminar?

El comisario respondió a los periodistas lo mejor que pudo. No había mucho más que decir.

Johan optó por no preguntar nada acerca de los hachazos en el cuerpo de la mujer, ni sobre las bragas en la boca. Estaba claro que era el único periodista que conocía aquellos detalles.

Cuando terminó la rueda de prensa, se acercó a Anders Knutas para hacerle una entrevista individual.

Primero hizo las preguntas de rigor: ¿qué había pasado?, ¿qué hacía la policía en aquellos momentos?, ¿qué pistas había? Luego, directamente:

– ¿Qué conclusiones sacáis de que la mujer presentara numerosos cortes, probablemente producidos con un hacha?

Anders Knutas se sobresaltó.

– ¿A qué te refieres?

– El asesino la mató con un hacha, o algo parecido, y le asestó un gran número de golpes. Además, le ha metido las bragas en la boca. ¿Qué puede indicar eso?

Knutas, molesto, miró a su alrededor, a ambos lados, como buscando ayuda de alguno de sus colegas.

La luz intensa de la cámara, que le daba en la cara, lo deslumbraba.

– Sé de fuente fidedigna que estos datos son ciertos -insistió Johan.

– No es nada que yo pueda confirmar -replicó Knutas, mientras apartaba el micrófono que tenía delante.

– Desconecta la cámara -le dijo Johan a Peter agarrando del brazo al comisario-. Oye, sé que es cierto. ¿Por qué no lo confirmas?

Anders Knutas miró a Johan con dureza.

– No puedo confirmar ni desmentir lo que dices, y te aconsejo que de momento no hagas públicas esas especulaciones. Nos las tenemos que ver con un asesino, y en lo que hemos de concentrarnos ahora es en detenerlo y nada más. ¡Respétalo! – gritó.

Su voz era como una caña afilada y quedó patente lo que pensaba de los periodistas, cuando se dio media vuelta y se fue a toda prisa por el pasillo.

Para Johan y Peter, la reacción de Knutas bastó como confirmación de que sus datos eran correctos. La cuestión era de qué debían informar.

Johan llamó a Max Grenfors desde el taxi, de camino hacia el local de la redacción donde podrían editar el reportaje. Aunque opinaba que Grenfors era un negrero, como redactor Johan confiaba en su juicio periodístico. Tras una corta conversación, decidieron no hacer pública la información acerca de que a la víctima le habían metido las bragas en la boca, por respeto a la familia. Sin embargo, decidieron dar a conocer que, probablemente, el arma homicida fue un hacha.

En la última emisión de la noche, Televisión Sueca fue la primera cadena en contar cómo se había producido el asesinato. El reportaje comenzaba con imágenes de las dependencias policiales, luego un mapa que mostraba el lugar del crimen y la imagen de Johan:

«Aquí, en las dependencias policiales de Visby, acaba de finalizar una rueda de prensa hace escasos momentos. La policía ha confirmado que una mujer ha sido asesinada, pero se muestra muy reservada en cuanto se refiere a las circunstancias que han rodeado este crimen, y aún no quiere revelar cómo fue asesinada la mujer. Según la información que Noticias Regionales ha podido recabar esta tarde de una fuente de toda solvencia, se cree que la víctima fue atacada con un hacha, y el cadáver presenta varios hachazos que afectan a distintas partes del cuerpo. Aún no se ha determinado si fue sometida a abusos sexuales, pero la mujer se hallaba desnuda cuando la encontraron. Sus ropas aún no han aparecido. El cuerpo será trasladado a la Unidad de Medicina Legal del hospital de Solna. A pesar del rastreo intensivo de la zona con perros de la policía durante toda la tarde y parte de la noche, la policía aún no tiene ninguna pista del asesino.»

Seguía a continuación una breve entrevista con un Knutas pálido y sereno, antes de cerrar el reportaje con lo poco que se sabía acerca de la mujer asesinada.

La jornada laboral fue larga para la policía de Visby. La clara noche de junio hacía más fácil el trabajo allí abajo, en la zona de la playa. Las visitas a los vecinos se prolongaron hasta tarde. Todos los asistentes a la cena en casa de Helena Hillerström la tarde anterior fueron llamados a declarar, menos Kristian, que había volado a Copenhague para visitar a sus padres. La policía se había puesto en contacto con él y no estaría de vuelta en Visby hasta el jueves.

Cuando finalizaron los interrogatorios más importantes, ya era casi la una. A primera hora de la tarde, Knutas había llamado a su mujer para decirle que llegaría tarde. Ella, como siempre, se mostró comprensiva y le preguntó si quería que lo esperase levantada con un té. De mala gana, declinó su ofrecimiento. No sabía a qué hora podría llegar. Ahora, mientras iba paseando por las calles de Visby hasta casa, se arrepentía. Habría sido reparador sentarse un poco y hablar de los hechos del día. Le sentaba bien cambiar impresiones con su esposa. A menudo, ella solía sugerirle puntos de vista nuevos, puesto que ella estaba fuera del trabajo de la investigación. Muchas veces le había hecho cambiar el enfoque o el modo de pensar, y eso le ayudó a resolver el caso. Knutas sintió una punzada de calor en el corazón. La quería más que a nadie. A excepción de los hijos, claro. Sus mellizos, la parejita. Petra y Nils. En verano cumplirían los doce. Cuando llegó a casa, miró en su dormitorio. Todavía compartían dormitorio. En otoño, por fin, tendrían cada uno el suyo. Estaba trabajando para convertir su cuarto de trabajo en un dormitorio. Tendría que mudar su despacho al sótano. De todas formas, apenas lo utilizaba.

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