Donna Leon - Piedras Ensangrentadas

Здесь есть возможность читать онлайн «Donna Leon - Piedras Ensangrentadas» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Детектив, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Piedras Ensangrentadas: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Piedras Ensangrentadas»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Una fría noche, poco antes de Navidad, un vendedor ambulante africano es asesinado mientras intenta vender imitaciones de bolsos de diseño a unos turistas. ¿Por qué querría alguien matar a un inmigrante ilegal? La respuesta más obvia es la primera aceptada: un ajuste de cuentas entre ellos. Pero cuando Brunetti y sus fieles aliados, Vianello y la signorina Elettra, investigan en los bajos fondos venecianos descubren que entre la sociedad inmigrante hay en juego asuntos de mucho mayor calado. El descubrimiento de pruebas críticas y las oportunas advertencias de su superior para abandonar el caso no hacen sino aumentar la determinación de Brunetti para esclarecer este misterioso asesinato.
Con catorce casos resueltos y un clamoroso éxito internacional, Donna Leon está considerada una de las más importantes damas de la novela negra actual.

Piedras Ensangrentadas — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Piedras Ensangrentadas», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

– ¿Puedo irme a mi habitación?

Raffi, con el tenedor en la mano, miraba a una y otra, desconcertado por las palabras de Chiara y asombrado por la indignada reacción de su madre.

– Sí -dijo Paola.

Chiara se puso en pie sin hacer ruido, acercó la silla a la mesa y salió de la cocina. Raffi, habituado al sentido del humor de su madre, la miró esperando el agudo comentario que estaba seguro había de llegar. Pero Paola se levantó, tomó el plato de su hija, lo dejó en el fregadero y se fue a la sala.

Raffi se comió sus radicchi y, aceptando con resignación que aquella noche no habría postre, puso cuchillo y tenedor bien paralelos en el plato y llevó éste al fregadero. A continuación volvió a su cuarto.

Brunetti regresó a casa media hora después. Al abrir la puerta, se sintió reconfortado por los aromas que inundaban el apartamento. Venía deseoso de estar con su familia y hablar de cosas que no tuvieran que ver con la muerte violenta. Fue a la cocina, donde, en lugar de la esperada escena de una familia que tomaba el postre y aguardaba su regreso con impaciencia, encontró una mesa casi vacía y platos sucios en el fregadero.

Fue a la sala, preguntándose si en la televisión habría algo interesante que los hubiera atraído, aun a sabiendas de que era imposible. Allí encontró sólo a Paola, tumbada en el sofá, leyendo. Ella levantó la mirada y dijo:

– ¿Quieres cenar, Guido?

– Sí; creo que sí. Pero antes me gustaría tomar una copa de vino mientras me explicas qué ocurre. -Volvió a la cocina y sacó una botella de Falconera y dos grandes copas. Destapó la botella y, haciendo caso omiso de la recomendación de dejar que la botella respire, la llevó a la sala. Se sentó junto a los pies de su mujer, puso las copas en la mesita y las llenó. Inclinándose, dio una a Paola y, con la misma mano, le oprimió el pie izquierdo.

– Tienes los pies fríos -dijo y, tomando del respaldo del sofá una raída manta de pelo largo, se los tapó. Bebió un trago grande, proporcionado al tamaño de la copa, y preguntó-: Bien, ¿qué sucede?

– Chiara se ha quejado de que regresaras tarde esta noche y, cuando le he dicho que habían matado a un hombre, me ha contestado que era sólo un vu cumprá. -Mantenía la voz neutra, imparcial.

– ¿Sólo? -repitió él.

– Sólo.

Brunetti tomó otro trago, apoyó la cabeza en el respaldo del sofá y paladeó el vino.

– Hummm -hizo finalmente-. Qué fuerte, ¿verdad?

No podía ver a Paola, pero sintió moverse el sofá cuando ella asintió.

– ¿Crees que lo habrá pillado en la escuela? -preguntó.

– ¿Y dónde si no? Aún es muy joven para haberse afiliado a la Lega.

– ¿Crees que es algo que sus amigos llevan de su casa o algo que les enseñan los profesores?

– Mucho me temo que puede ser tanto una cosa como la otra -dijo ella-. O las dos.

– Es posible -convino Brunetti-. ¿Qué has hecho tú?

– Le he dicho que era repugnante y que me avergüenzo de que sea hija mía.

Él se volvió, sonrió y levantó la copa en señal de saludo.

– Tú siempre tan ecuánime.

– ¿Qué más podía hacer? ¿Enviarla a alguna especie de seminario de sensibilización o hacerle un sermón acerca de la fraternidad humana? -Brunetti percibió cómo se reavivaban en ella el furor y la repulsión a medida que hablaba-. Es repugnante y me avergüenzo de ella.

Brunetti se alegraba de que ella no creyera necesario decir que su hija nunca había oído semejantes cosas en casa, ni que ellos en modo alguno eran responsables de esta perversión de criterio. Sólo Dios sabía lo que podían sugerir las conversaciones que él y Paola mantenían delante de sus hijos; imposible adivinar qué deducciones habrían podido hacer a lo largo de los años. Él se consideraba un individuo moderado, educado, como la mayoría de italianos, sin prejuicios raciales, pero era lo bastante objetivo como para reconocer que, probablemente, esta creencia era uno de tantos mitos sobre la idiosincrasia nacional. Es fácil crecer sin prejuicios raciales en una sociedad de una sola raza.

Su padre odiaba a los rusos, y Brunetti siempre había pensado que no le faltaba razón, ¿o no es buena razón que te tengan tres años prisionero de guerra? El, personalmente, sentía una desconfianza instintiva hacia la gente del Sur, aunque este sentimiento le producía cierto malestar. Su prevención contra albaneses y eslavos, por otra parte, no le causaba tanta incomodidad.

¿Pero los negros de África? Ésta era una categoría prácticamente desconocida para él, por lo que, en su ignorancia, mal podía haber infundido en sus hijos prejuicio alguno. Lo más seguro era que Chiara lo hubiera pillado en el colegio, lo mismo que los piojos.

– ¿Quieres que nos quedemos aquí sentados, flagelándonos por haber sido unos padres negligentes y luego nos castiguemos sin cenar? -preguntó al fin.

– Es una opción -dijo ella, en un tono desprovisto de humor.

– Que yo rechazo. O una cosa o la otra.

– Conforme -suspiró ella-. Llevo aquí sola un buen rato, lo cual ya es suficiente castigo, así que me parece que por lo menos podríamos cenar en paz.

– Bien -dijo él, apurando la copa e inclinándose para agarrar la botella.

Por acuerdo tácito, aquella noche no volvieron a hablar de la frase de Chiara y, durante la cena, Brunetti relató a su mujer los hechos acaecidos en campo Santo Stefano, basándose en la información que había podido recoger: dos hombres, a los que nadie parecía haber prestado atención, habían aparecido de pronto como surgidos de la nada y se habían desvanecido, tras disparar por lo menos cinco veces contra el subsahariano. No había sido un asesinato sino una ejecución. Y, desde luego, estaba perfectamente preparada.

– No tenía ni la menor posibilidad, el pobre -dijo Brunetti.

– ¿Quién puede haber hecho eso? ¿Y a un vu cumprá? -preguntó Paola-. ¿Por qué?

Éstas eran las preguntas que habían acompañado a Brunetti camino de su casa.

– Ha de ser o por algo que haya hecho después de llegar aquí o por algo que hiciera antes de venir -dijo Brunetti, consciente de la obviedad.

– Eso no aclara mucho las cosas -respondió Paola, pero no era crítica sino simple observación.

– No; pero es un punto de partida para canalizar la investigación en uno y otro sentido.

Paola, siempre segura ante un ejercicio de lógica, dijo:

– Empezando por estudiar lo que se sabe de él. ¿Y es?

– Absolutamente nada -respondió Brunetti.

– Eso no es cierto.

– ¿Cómo?

– Sabes que era africano, de raza negra y que trabajaba de vu cumprá o como ahora se les llame.

– Vendedor ambulante o extracomunitario -respondió Brunetti.

– Eso es tan ilustrativo como lo de «operador ecológico» -dijo ella.

– ¿Qué?

– Basurero -tradujo Paola. Se levantó y salió de la habitación. Cuando volvió traía una botella de grappa y dos vasitos. Mientras servía el licor, dijo:

– De manera que, para simplificar, seguiremos llamándole vu cumprá, ¿de acuerdo?

Brunetti le agradeció la grappa con un gesto de asentimiento, tomó un sorbo y preguntó:

– ¿Qué más crees que sabemos?

– Sabemos que ninguno de los otros se quedó para tratar de ayudarle o de ayudar a la policía.

– Supongo que, al verlo caer, se dieron cuenta de que estaba muerto.

– ¿Tan evidente era?

– Creo que sí.

– Por lo tanto, sabéis que ha sido una ejecución -prosiguió Paola-, no el resultado de una pelea o de una disputa repentina. Alguien quería que muriese y lo hizo matar o lo mató personalmente.

– Yo diría que lo hizo matar -apuntó Brunetti.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Piedras Ensangrentadas»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Piedras Ensangrentadas» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Piedras Ensangrentadas»

Обсуждение, отзывы о книге «Piedras Ensangrentadas» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.

x