– Estos grupos -añadió Sixto- forman como una formidable cadena… Todos tienen la misma misión, aunque, como sucede en casi todos los casos, no se conozcan entre sí. Todos, sin embargo, sostienen comunicación telepática con ellos…
Seguí pensando.
«¿Qué era en realidad la "comunicación telepática"?» Por más que le daba vueltas en mi cabeza no lograba siquiera aproximarme a la idea. No entendía y así se lo hice ver a los hermanos Paz Wells.
– Nosotros tampoco sabíamos nada sobre telepatía… En el «IPRI» comenzaron a dar algunas clases y nociones sobre Parapsicología, pero cuando llegaron los del grupo de Colombia, nosotros ni siquiera sospechábamos que fuera posible semejante comunicación telepática. Es más. Si antes de todo esto nos hubieran pedido que nos pusiéramos en contacto telepático con otra persona, no habríamos sabido cómo…
»Todo el esfuerzo, todo lo necesario para que esta comunicación telepática entre los seres de «Ganimedes» o «Apu» y nosotros prospere corre por cuenta de los extraterrestres. Nosotros, por nuestros propios medios, no podríamos soñar jamás con lograrlo.
– Son ellos -subrayó Carlos Paz-. Ellos hacen el esfuerzo. Ellos nos motivan.
– Entonces, ¿cualquiera puede entablar esa comunicación…?
Sixto y Carlos me observaron unos segundos. No comprendí entonces su recelo, su prudencia…
– Cualquiera no -respondieron con firmeza-. Siempre se debe poseer una condición básica. Elemental. Es precisa una fe, un convencimiento total de que ellos existen… Es necesario partir de una creencia absoluta en la vida inteligente y desarrollada fuera de nuestro planeta. Es preciso admitir que no estamos solos en el Universo…
Una nueva ronda de café hirviente nos dio tiempo a reflexionar sobre aquellas hermosas palabras de los hermanos Paz Wells. Creo que pasaron algunos minutos en los que sólo el paso del viento sobre las aristas afiladas de las dunas se mezcló con el chisporroteo rojo de las llamas.
«El Universo -pensé-, ¡qué profundo misterio…!»
Pero aquella noche iba a ser larga y pródiga en revelaciones. Sixto y Carlos se sentían felices. Su misión -según me explicarían después- era precisamente ésta: difundir al máximo la noticia. Hablar con el mayor número posible de personas sobre la existencia de los extraterrestres…
Y las preguntas volvieron a llenar el desierto peruano. Porque, ¿cómo habían logrado ellos su comunicación con los seres del espacio? ¿Cuál era la «técnica» -si es que podemos emplear esta palabra- para conseguir dicho contacto?
IV. Sí, OXALCU SOY DE «GANIMEDES»
– Fue un problema de decisión. Nuestros amigos, los colombianos, nos habían informado sobre la «técnica» o sistema a seguir para lograr esa comunicación. ¿A qué esperábamos entonces…?
El que dirigía esta vez la conversación era Sixto.
– ¿Y qué ocurrió? -pregunté con impaciencia.
– El 22 de enero, a las ocho de la tarde, nos decidimos. Y un total de cuatro miembros del «IPRI» nos encerramos en una habitación, dispuestos a seguir al pie de la letra las indicaciones del grupo de Colombia. La «técnica» era sencilla.
«Tomamos papel y lápiz y cada uno, en silencio, trató de relajar su mente. Era preciso sentirse tranquilo. Nos habían explicado que para «buscar el contacto» -al menos la primera vez- nuestras mentes debían centrarse en la idea más altruista y plena de amor de que fuéramos capaces. Era algo así como el camino para «sincronizar» su «onda», la de los seres del espacio.
»Cada uno, pues, concentró su espíritu en esa idea y relajó al mismo tiempo el brazo con el que habitualmente escribe. Este último punto es importante porque al principio, si se establece la comunicación, nuestro brazo -totalmente relajado- les sirve para comprobar nuestro grado de receptibilidad.
»Creo que, a pesar de todo, a pesar de la fe ciega que teníamos en la existencia de los extraterrestres y de la vida en el universo, aquello nos dio un poco de miedo… Sin querer nos habíamos puesto tensos, nerviosos… Y hubo que volver a empezar una y otra vez. Hasta que, de pronto, y ante la sorpresa de todos, mi brazo comenzó a moverse…
Y Sixto trazó en el aire unas líneas sin sentido, idénticas a las que surgieran aquella noche sobre la hoja de papel en la sede del «IPRI».
Fue entonces su hermano Carlos quien continuó:
– Todos dejamos nuestras plumas y seguimos en silencio los garabatos y extrañas rayas que, muy lentamente, habían empezado a nacer de la mano de Sixto. Mi hermano se detuvo. Nos miramos todos y nos interrogamos con la mirada. ¿Qué era «aquello»? ¿Qué estaba pasando?
– …Aquellas rayas -prosiguió Sixto-, aquel movimiento de mi brazo, no obedecía a mi voluntad. Sentí temor, emoción, nerviosismo… Sentí cómo me sudaban las manos y la alegría se fue apoderando de mi ser… Animado por todos volví a tomar la pluma y una nueva hoja de papel y traté de relajar mi brazo… Quería saber por qué ocurría «aquello». Para qué…
«Entonces, después de algunos minutos en los que mi mano continuó paseándose sin control aparente sobre la hoja de papel, cuando mis nervios parecían un volcán a punto de saltar, todos observamos algo más…
»Las rayas incontroladas empezaron a convertirse en toscas y grandes letras. Y al cabo de unos segundos, todos -con los ojos desencajados por la sorpresa- pudimos leer: «SI, OXALC… SOY DE "GANIMEDES"… ASI LO LLAMAN USTEDES. PREGUNTEN…»
»Ya no volvimos a tomar la pluma y el papel. Estábamos asustados y contentos al mismo tiempo. «Aquello» no era mío… Yo no lo había inventado. Estaba seguro. Y pasamos horas enteras discutiendo entre nosotros sobre la posibilidad de que todo fuera cierto o de que -como opinaban otros- todo se tratase de una autosugestión.
– Así que pensasteis en la probabilidad de que todo fuera producto de la sugestión…
– Naturalmente. Ninguno tenía conocimientos de telepatía. Ni tampoco éramos expertos en Parapsicología. Era lógico que las dudas se apoderaran de nosotros. Y es más, pasaron bastantes días hasta que tuvimos la certeza de que, efectivamente, la comunicación era real.
Tanto Sixto como Carlos Paz Wells -no sé si lo he repetido ya- son universitarios. Sixto cursa Derecho y Carlos se preparaba para la especialidad de Paleontología.
– Alguien -insistí- podría deciros que allí, en aquel primer «contacto telepático» pudo influir o intervenir una de esas personas que los parapsicólogos llaman médium…
Sixto y Carlos se enojaron.
Y contestaron con firmeza:
– No sé por qué todo el mundo se empeña siempre en complicar las cosas. Entre nosotros no había ni hay médiums o expertos en Parapsicología. Éramos cuatro universitarios que teníamos fe ciega en la existencia de seres inteligentes extraterrestres y que tratábamos de experimentar un «sistema» de comunicación, proporcionado por otro grupo que afirma estar, a su vez, en contacto con estos seres del espacio. Pero, insistimos, nosotros no sabíamos nada de telepatía…
– La telepatía, precisamente, es complicada. Al menos, no creo que resulte fácil. Exige una preparación y unas condiciones naturales muy especiales… Si ya debe ser un serio problema establecer comunicación telepática entre dos personas, ¿cómo admitir y comprender un contacto telepático con extraterrestres?
– Ya te lo hemos señalado antes. En este caso, todo el esfuerzo lo hacen ellos, los seres del espacio. Nosotros nos limitamos a desear, a buscar la comunicación mediante ese sencillo proceso de concentración y relajación.
»Ellos son los que nos motivan. Ellos son los que aceptan en definitiva la comunicación. Ellos son los que la sostienen e, incluso, anulan o rechazan. Y todo ello por algo. Por una decisiva razón. Porque, como te señalábamos, nada de esto es casual o gratuito…
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