Array Array - La guerra del fin del mundo
Здесь есть возможность читать онлайн «Array Array - La guerra del fin del mundo» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.
- Название:La guerra del fin del mundo
- Автор:
- Жанр:
- Год:неизвестен
- ISBN:нет данных
- Рейтинг книги:3 / 5. Голосов: 1
-
Избранное:Добавить в избранное
- Отзывы:
-
Ваша оценка:
- 60
- 1
- 2
- 3
- 4
- 5
La guerra del fin del mundo: краткое содержание, описание и аннотация
Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «La guerra del fin del mundo»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.
La guerra del fin del mundo — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком
Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «La guerra del fin del mundo», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.
Интервал:
Закладка:
III
Cuando, semanas después, se supo en Salvador que en una aldea remota llamada Natuba los edictos de la flamante República sobre los nuevos impuestos habían sido quemados, la Gobernación decidió enviar una fuerza de la Policía Bahiana a prender a los revoltosos. Treinta guardias, uniformados de azul y verde, con quepis en los que la República aún no había cambiado los emblemas monárquicos, emprendieron, primero en ferrocarril y luego a pie, la azarosa travesía hacia ese lugar que, para todos ellos, era un nombre en el mapa. El Consejero no estaba en Natuba. Los sudorosos policías interrogaron a concejales y vecinos antes de partir en busca de ese sedicioso cuyo nombre, apodo y leyenda llevarían hasta el litoral y propagarían por las calles de Bahía. Guiados por un rastreador de la región, azul verdosos en la radiante mañana, se perdieron tras los montes del camino de Cumbe.
Otra semana estuvieron subiendo y bajando por una tierra rojiza, arenosa, con caatingas de espinosos mandacarús y famélicos rebaños de ovejas que escarbaban en la hojarasca, tras la pista del Consejero. Todos lo habían visto pasar, el domingo había orado en esa iglesia, predicado en aquella plaza, dormido junto a esas rocas. Lo encontraron por fin a siete leguas de Tucano, en un poblado de cabañas de adobe y tejas que se llamaba Masseté, en las estribaciones de la Sierra de Ovó. Era el atardecer, vieron mujeres con cántaros en la cabeza, suspiraron al saber que llegaba a término la persecución. El Consejero pernoctaba donde Severino Vianna, un morador que tenía un sembrío de maíz a mil metros del pueblo. Los policías trotaron hacia allí, entre joazeiros de ramas filudas y matas de veíame que les irritaba la piel. Cuando llegaron, medio a oscuras, vieron una vivienda de estacas y un enjambre de seres amorfos, arremolinados en torno a alguien que debía ser el que buscaban. Nadie huyó, nadie prorrumpió en gritos al divisar sus uniformes, sus fusiles.
¿Eran cien, ciento cincuenta, doscientos? Había tantos hombres como mujeres entre ellos y la mayoría parecía salir, por la ropa que vestían, de entre los más pobres de los pobres. Todos mostraban —así lo contarían a sus mujeres, a sus queridas, a las putas, a sus compañeros, los guardias que regresaron a Bahía — unas miradas de inquebrantable resolución. Pero, en verdad, no tuvieron tiempo de observarlos ni de identificar al cabecilla, pues apenas el Sargento jefe les ordenó entregar al que le decían Consejero, la turba se les echó encima, en un acto de flagrante temeridad, considerando que los policías tenían fusiles y ellos sólo palos, hoces, piedras, cuchillos y una que otra escopeta. Pero todo ocurrió de manera tan súbita que los policías se vieron cercados, dispersados, acosados, golpeados y heridos, a la vez que se oían llamar «¡Republicanos!» como si la palabra fuera insulto. Alcanzaron a disparar sus fusiles, pero aun cuando caían andrajosos con el pecho roto o la cara destrozada, nada los desanimó y, de pronto, los policías bahianos se encontraron huyendo, aturdidos por la incomprensible derrota. Después dirían que entre sus atacantes no sólo había los locos y fanáticos que ellos creían sino, también, avezados delincuentes, como el cara cortada Pajeú y el bandido a quien por sus crueldades le habían llamado Joáo Satán. Tres policías murieron y quedaron insepultos, para alimento de las aves de la Sierra de Ovó; desaparecieron ocho fusiles. Otro guardia se ahogó en el Masseté. Los peregrinos no los persiguieron. En vez de ello, se ocuparon de enterrar a sus cinco muertos y en curar a los varios heridos mientras los otros, arrodillados junto al Consejero, daban gracias a Dios. Hasta tarde en la noche, alrededor de las tumbas cavadas en el sembrío de Severino Vianna, se oyeron llantos y rezos de difuntos.
Cuando una segunda fuerza de la Policía Bahiana, de sesenta guardias, mejor armada que la primera, desembarcó del ferrocarril en Serrinha, algo había cambiado en la actitud de los lugareños para con los uniformados. Porque éstos, aunque conocían el desamor con que eran recibidos en los pueblos cuando subían a la caza de bandoleros, nunca, como esta vez, se hallaron tan ciertos de ser deliberadamente despistados. Las provisiones de los almacenes siempre se habían agotado, aun cuando ofrecieran pagarlas a buen precio y, pese a las altas primas, ningún rastreador de Serrinha los guió. Ni nadie supo esta vez darles el menor indicio sobre el paradero de la banda. Y los policías, mientras daban tumbos de Olhos d'Água a Pedra Alta, de Tracupá a Tiririca y de allí a Tucano y de allí a Caraiba y a Pontal y por fin de vuelta a Serrinha, y sólo encontraban, en los vaqueros, labriegos, artesanos y mujeres que sorprendían en el camino, miradas indolentes, negativas contritas, encogimiento de hombros, se sentían tratando de empuñar un espejismo. La banda no había pasado por allí, al moreno de hábito morado nadie lo había visto y ahora nadie recordaba que hubieran sido quemados unos edictos en Natuba ni sabido de un choque armado en Masseté. Al volver a la capital del Estado, indemnes, deprimidos, los guardias hicieron saber que la horda de fanáticos —al igual que tantas otras, fugazmente cristalizadas alrededor de una beata o de un predicador — se había seguramente disuelto y, a estas horas, asustados de sus propias fechorías, sus miembros estarían sin duda huyendo en direcciones distintas, acaso después de matar al jefecillo. ¿No había ocurrido así, tantas veces, en la región?
Pero se equivocaban. Esta vez, aunque las apariencias repitieran viejas formas de la historia, todo sería distinto. Los penitentes se hallaban ahora más unidos y, en vez de victimar al santo después de la victoria de Masseté, que interpretaban como una señal venida de la altura, lo reverenciaban más. A la mañana siguiente del choque, los había despertado el Consejero, quien rezó toda la noche sobre las tumbas de los yagunzos muertos. Lo notaron muy triste. Les dijo que lo ocurrido la víspera era sin duda preludio de mayores violencias y les pidió que regresaran a sus casas, pues si continuaban con él, podían ir a la cárcel o morir como esos cinco hermanos que ahora estaban en presencia del Padre. Ninguno se movió. Pasó sus ojos sobre los cien, ciento cincuenta, doscientos desarrapados, que lo escuchaban inmersos todavía en las emociones de la víspera, y además de mirarlos pareció verlos. «Agradézcanle al Buen Jesús, les dijo con suavidad, pues parece que los ha elegido a ustedes para dar el ejemplo.»
Lo siguieron con las almas sobrecogidas de emoción, no tanto por lo que les había dicho, sino por la blandura de su voz, que era siempre severa e impersonal. A algunos les costaba trabajo no quedar rezagados por sus trancos de ave zancuda, en la inverosímil ruta por la que los llevaba esta vez, una ruta que no era trocha de acémilas ni sendero de cangaceiros, sino desierto salvaje, de cactos, favela y pedruscos. Pero él no vacilaba en cuanto al rumbo. En el reposo de la primera noche, después de la acción de gracias y el rosario, les habló de la guerra, de los países que se entremataban por un botín como hienas por la carroña, y acongojado comentó que el Brasil, siendo ahora República, actuaría también como las naciones herejes. Le oyeron decir que el Can debía estar de fiesta, le oyeron decir que había llegado el momento de echar raíces y de construir un Templo que fuera, en el fin del mundo, lo que había sido en el principio el Arca de Noé. ¿Y dónde echarían raíces y construirían ese Templo? Lo supieron después de atravesar quebradas, tablazos, sierras, caatingas —caminatas que nacían y morían con el sol—, escalar una ronda de montañas y cruzar un río que tenía poca agua y se llamaba Vassa Barris. Señalando, a lo lejos, el conjunto de cabañas que habían sido ranchos de peones y la mansión desvencijada que fue casa grande cuando aquello era una hacienda, el Consejero dijo: «Nos quedaremos allí». Algunos recordaron que, desde hacía años, en las pláticas nocturnas, solían profetizar que, antes del final, los elegidos del Buen Jesús encontrarían refugio en una tierra alta y privilegiada, donde no entraría un impuro. Quienes subieran hasta allí tendrían la seguridad del eterno descanso. ¿Habían, pues, llegado a la tierra de salvación?
Читать дальшеИнтервал:
Закладка:
Похожие книги на «La guerra del fin del mundo»
Представляем Вашему вниманию похожие книги на «La guerra del fin del mundo» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.
Обсуждение, отзывы о книге «La guerra del fin del mundo» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.