Carmen Posadas - La cinta roja

Здесь есть возможность читать онлайн «Carmen Posadas - La cinta roja» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

La cinta roja: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «La cinta roja»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

La cinta roja — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «La cinta roja», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Cuando Tallien me enseñó esta carta antes de enviarla a París no pude menos que sonreír para mis adentros y sentir un punto de orgullo. «Conciliar justicia y humanidad», he aquí los mismos argumentos que yo retó ricamente había utilizado con él durante nuestra primera entrevista, cuando la guillotina trabajaba sin cesar bajo su ventana de la Maison Nationale y, consciente o inconscientemente, Tallien había hecho suya aquella idea. Ahora, la Viuda , desterrada a la fortaleza de Há, funcionaba sólo de vez en cuando y, mientras tanto, el hombre que antes se deleitaba escuchando tan afilada hoja silbar desde la ventana de su despacho hablaba «de la necesidad de hallar inocentes entre los culpables». Sin embargo, si yo estaba orgullosa de aquellas líneas, desde luego no ocurrió otro tanto en París. Allí la carta fue recibida con irritación y también alarma, pero aun así, por el momento no se creyó oportuno tomar medida alguna contra él. Ahora, con la perspectiva que da el tiempo y mis muchos años, resulta fácil comprender que si el Comité de Salvación Pública, o lo que es lo mismo, Robespierre, no actuó con su habitual dureza al recibir dicha carta, fue sólo porque esperaba el mejor momento para asestar su golpe contra nosotros. Sin embargo, para Tallien y también para mí en ese momento, el silencio de París era un «quien calla, otorga». Y si ellos otorgaban y consentían, ¿qué me impedía a mí seguir con mi buena labor de Notre–Dame du Bon Secours ?

Hay que decir que mi viejo enemigo Ysabeau también debió de malinterpretar aquel silencio de París, porque de pronto pareció volverse (casi) nuestro aliado. Él nada había dicho cuando en Burdeos comenzó a decrecer el número de ejecuciones ni cuando desmantelamos el Comité de Vigilancia, y tampoco pareció oponerse cuando yo logré de Tallien una gracia aún más arriesgada que todas las anteriores. Consistía ésta en que él fuera en persona a la fortaleza de Há para dulcificar en lo posible las condiciones de vida de los allí condenados. Confieso que mucho me hubiera gustado ser testigo de aquella escena y volver de su brazo a la prisión de la que él me había salvado para liberar, a mi vez, a otros condenados. Pero hay ciertas bellas escenas teatrales en las que es más sensato no participar. La entrada de Nuestra Señora del Buen Socorro en la prisión de Há acompañada del ciudadano Tallien habría sido una provocación demasiado grande, por eso ese día cerré incluso mi gabinete de peticiones y permanecí en casa entregada a una labor tan femenina e inofensiva como zurcir unas medias de mi hijo. Así, sólo supe de la visita de mi amante a la fortaleza, con redingote azul, banda, sable curvo y sombrero de plumas multicolores, por lo que me contaron más tarde. Las crónicas de la época citan que, a la vista de aquellos desgraciados reclusos que esperaban la muerte, Tallien se emocionó. «Él–insisten las mismas crónicas-, que había visto sin pestañear las atroces Masacres de Septiembre y el paseo de la cabeza degollada de la princesa de Lamballe. Él, que tanto sufrimiento había causado al pueblo de Burdeos, ahora lloraba viendo las condiciones en las que vivían los prisioneros de la fortaleza de Há, qué ironías».

***

Para acabar con lo sucedido aquel día las crónicas de la época recuerdan también cómo, horas después de la marcha de Tallien de la prisión, los reclusos se reunieron para componer una bella canción con la que homenajear a quienes ellos consideraban su salvadora. Llamaron a la tonadilla Trou du guichet (ventanillo) e inmediatamente sus aires traspasaron los muros de la lúgubre fortaleza para ser conocidos por todos. Dice así su letra:

Bello sexo, hay que reconocerlo,

fuiste el único que te dignaste a socorrernos.

De un servicio tan dulce

nos acordaremos siempre

y esperamos devolvértelo.

Sí, ésta es la verdad,

y esperamos devolvértelo a través del ventanillo.

Mientras esto ocurría, no muy lejos de allí, en el hotel Franklin, Tallien y yo recorríamos el uno sobre el cuerpo del otro las secretas sendas que descubriéramos el día en que él me liberó de aquella misma cárcel. Caminos que tantas veces habíamos transitado desde entonces con renovado placer.

— Siempre harás de mí lo que quieras, Thérésia–me decía-. Por una mirada tuya, mi vida, por una sonrisa, doy todo lo que soy; por una lágrima, mi alma inmortal, un día serás mi perdición.

No era un poeta el ciudadano Tallien, pero el amor es siempre el más inspirado bardo, y mucho me temo que, a tenor de sus últimas cinco palabras, también el más certero adivino. Sin embargo, esa noche nada hacía prever que se acercaran por el horizonte nuevas tempestades. Éramos tan sólo un hombre y una mujer unidos por dos pasiones. La de Tallien era yo; la mía, ayudar a los demás. Ahora y por el momento, el miedo y la muerte parecían lejanos. ¿Pero por cuánto tiempo?

ROBESPIERRE ESTRECHA SU CERCO

La noticia de que Tallien había visitado la fortaleza de Hâ para suavizar las condiciones de los prisioneros no tardó en llegar a París. El comité aún no deseaba atacarle de forma directa, pero escribió tanto a él como a Ysabeau para alertar de lo peligroso de su forma de actuar, al tiempo que revocaba todas las medidas tomadas por ellos.

— Thérésia–me dijo entonces Tallien aún con la carta en la mano-. Esto sí es el principio del fin.

— ¿Por qué dices eso? No es la primera vez que te escriben y sospecho que tampoco será la última.

— Esta vez es distinto, entre las bien elegidas frases de la carta se adivina claramente la mano de Robespierre. En realidad es un verdadero milagro que hasta ahora no haya tomado medidas contra mí.

— ¿Y por qué crees que las va a tomar ahora?

— El hombre más poderoso de Francia se caracteriza por rodearse de espías, por saberlo todo y, sin embargo, una vez lograda la información no siempre actúa de forma inmediata.

— Entonces tal vez esta carta no sea más que un aviso y no una amenaza, tranquilízate.

— No–respondió Tallien moviendo gravemente la cabeza-. A Robespierre le gusta mucho jugar con sus presas como hace el gato con los infelices ratones, pero algo me dice que esta vez hemos incurrido en eso que él eufemísticamente llama «su desaprobación». Y la desaprobación de París ya sabes lo que significa, amor mío…

Estuvimos discutiendo sobre qué sería mejor: ir a París a intentar explicarse o seguir como hasta ahora, tentando a la suerte. Yo le aconsejé lo primero.

— Es cierto que todo el mundo teme a Robespierre–razoné-, pero yo le conozco de antes de la Revolución. Aún recuerdo su frágil figura, algo similar a un pájaro; también su timidez, su vulnerabilidad; es imposible que haya cambiado tanto.

Tallien sonrió tristemente y me tomó en sus brazos.

— Ay, vida mía, unas veces eres tan sabia y otras tan deliciosamente ingenua. ¿Acaso ignoras en lo que se ha convertido tu viejo conocido? ¿No sabes de sobra lo que dicen por ahí? Desde que no lo ves ha cambiado mucho. Es cierto que aún vive modestamente realquilado en casa de un ebanista de nombre Duplay en la Rue Saint–Honoré, pero todo ese despliegue de humildad no es más que una cuidada puesta en escena de las que a ti tanto te gustan.

— ¿A mí? — pregunté muy sorprendida, porque desde luego la modestia no era mi escenografía preferida en absoluto.

— Me refiero a tu amor por el teatro, mi bien. Pero no todos eligen decorados favorecedores como haces tú. Algunos, como el virtuoso Robespierre, prefieren como compañeros de escena las ratas y la miseria. Él exhibe su virtud y su pobreza como en un escaparate, incluso disfruta viviendo bajo el escrutinio de sus caseros, que vigilan a su dios y huésped como a una figura sagrada. Desde ese humilde cuartucho pero curiosamente adornado sólo por retratos suyos en diversas posturas y actitudes, controla el Comité de Salvación Pública y a través de él a toda Francia. Desde allí ha ordenado el sometimiento de las provincias a sangre y fuego para que vuelvan a la ortodoxia revolucionaria, desde allí maneja a sus colegas de la Convención para que voten lo que él considera más útil para la República. Y huelga decir que lo más útil para «el Incorruptible», como le gusta que le llamen, es siempre la delación, la sumisión, también la muerte.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «La cinta roja»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «La cinta roja» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «La cinta roja»

Обсуждение, отзывы о книге «La cinta roja» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.