John Katzenbach - Juegos De Ingenio

Здесь есть возможность читать онлайн «John Katzenbach - Juegos De Ingenio» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Juegos De Ingenio: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Juegos De Ingenio»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

En un futuro no muy lejano, las armas y los chalecos antibalas son algo habitual. Tal vez la excepción sea una comunidad de EE. UU que dice garantizar la protección de sus habitantes gracias al control que ejercen los agentes del Servicio de Seguridad del Estado, el futuro estado 51.
En este contexto del tiempo, Susan Clayton, que trabaja elaborando pasatiempos para una revista, recibe un mensaje cifrado que parece significar «Te he encontrado». La críptica nota es especialmente siniestra en un momento en que un asesino en serie acecha Florida, un asesino que puede ser el desaparecido padre de Susan y al que piden, a su hermano, ayude a encontrar. Su madre Diana, muer fuerte y, al tiempo con miedo esta con un cáncer terminal pero sabe que juntos deberán enfrentarse a la amenaza.
Su hermano Jeffrey, reputado criminalista y experto en asesinos en serie es reclutado por la policía del nuevo estado para encontrar a un asesino en serie del que piensan es su padre sin embargo, el va mas como cebo que como experto.

Juegos De Ingenio — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Juegos De Ingenio», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

– Y ahora -dijo Susan al cabo-, ¿nos llevará a algún sitio?

– Sí. -Martin señaló a los pasajeros de clase preferente que hacían cola diligentemente ante los controles de Inmigración-. He hecho algunas gestiones, de modo que podemos saltarnos el papeleo habitual. Las llevaré a un lugar seguro.

Susan rio con cinismo.

– Excelente. Siempre he querido conocer ese lugar. Si es que existe.

El inspector se encogió de hombros y recogió una de las maletas que Diana había dejado caer al suelo. Extendió la mano hacia la de Susan también, pero ella declinó la oferta con un gesto.

– Mis cosas las llevo yo -dijo-. Siempre lo he hecho.

El agente Martin suspiró y sonrió.

– Bueno, como quiera -dijo con mas jovialidad ungida, y decidió que, a juzgar por su primera impresión, Susan Clayton no le caía muy bien. Ya sabía que su hermano no le caía bien, e intuía que no se formaría una opinión en un sentido u otro sobre Diana Clayton, aunque tenía curiosidad por saber cómo era una mujer que se había casado con un asesino. La esposa de un homicida. Los hijos de un homicida. Por un lado, no le interesaban demasiado; por otro, sabía que eran imprescindibles para que él alcanzara sus propósitos. Alargó el brazo hacia delante, apuntando a la salida, recordándose a sí mismo que, al final, le importaría un comino si la familia Clayton entera moría resolviendo el problema que aquejaba al estado cincuenta y uno.

El agente Martin llevó a las Clayton en una rápida visita guiada por Nueva Washington. Les enseñó las oficinas del estado, pero no por dentro, y menos aún el espacio que compartía con Jeffrey. Él les daba explicaciones animadamente mientras recorrían en coche las calles de la ciudad y los bulevares del ajardinado distrito financiero. Las paseó por algunas de las urbanizaciones más cercanas, todas ellas zonas verdes, y al final acabaron ante una fila algo aislada de casas adosadas, a la orilla de unos barrios residenciales más exclusivos y a una distancia considerable de las empresas del centro.

Las casas adosadas -diseñadas a imitación de las que había en ciertas partes de San Francisco, con adornos abarrocados y enredaderas con flores- estaban en una calle sin salida al pie de unas estribaciones escabrosas, a unos kilómetros de las montañas que se alzaban al oeste. Había una piscina comunitaria y media docena de canchas de tenis al otro lado de la calle, así como un pequeño parque salpicado de toboganes y columpios diseñados para niños de corta edad. Detrás de las casas adosadas había unos terrenos de dimensiones modestas con césped en los que apenas cabía una mesa, unas sillas, un hoyo para barbacoas y una hamaca. Una valla de madera maciza de tres metros de altura delimitaba la parte trasera de cada patio. Más que como protección contra los ladrones, la valla se había construido para evitar que los niños pequeños se despeñaran por un profundo barranco que se abría en los límites de la urbanización. Al otro lado había una extensión de terreno no edificado, cubierto de matorrales, malas hierbas y artemisas de ramas nudosas.

La última casa de la fila era propiedad del estado.

El agente Martin giró para entrar con el coche en un aparcamiento pequeño.

– Hemos llegado -anunció-. Aquí estarán cómodas.

Se acercó a la parte posterior del vehículo, sacó las bolsas que pertenecían a Diana, y le dejó el maletero abierto a Susan. Echó a andar por la corta acera hacia la casa cuando oyó a Susan preguntar:

– ¿No va a cerrar los seguros de las puertas?

Él se volvió y negó con la cabeza.

– Ya se lo dije a su hermano. Aquí no hace falta cerrar el coche con seguro, ni echar la llave a la puerta de la calle, ni obligar a los niños a llevar dispositivos localizadores, ni activar el sistema de alarma cada vez que uno entra o sale de casa. Aquí no. De eso se trata. Ésa es la belleza de este sitio. Uno no tiene que cerrar sus puertas con llave.

Susan se detuvo y dejó que su mirada se deslizara por la calle sin salida, inspeccionando la zona con cautela.

– Nosotras las cerramos -repuso. Sus palabras parecían fuera de lugar entre los sonidos de peloteo procedentes de las canchas de tenis y el jolgorio distante pero inconfundible de niños que jugaban.

Al inspector no le llevó mucho tiempo enseñarles la casa a las dos mujeres. Había una cocina comunicada con un comedor que se prolongaba en una pequeña sala de estar. Al lado estaba la habitación de medios audiovisuales, que contenía un ordenador, una cadena de música y un televisor. Había otro ordenador en la cocina, y un tercero en uno de los tres dormitorios de la planta superior. Toda la casa estaba amueblada con un estilo anodino, un poco superior al de un buen hotel, pero un poco inferior a aquello en lo que invertiría una familia. El agente Martin explicó que el estado alojaba en esa casa a los ejecutivos que preferían no quedarse en ninguno de los hoteles.

– Pueden conseguir lo que necesiten por medio del ordenador -le dijo a Susan-. Hacer un pedido de comestibles. Una película. Una pizza. Lo que sea. No se preocupen por los gastos, lo cargaré todo en una de las cuentas del Servicio de Seguridad. -Martin encendió uno de los ordenadores-. Ésta es su contraseña -indicó mientras escribía KARO-. Ahora pueden pedir que les traigan lo que quieran hasta la puerta de su casa. -El tono jovial de su voz parecía enmascarar una mentira-. Muy bien -agregó al cabo de un momento-. Las dejo para que se instalen. Pueden comunicarse directamente a través del ordenador. Su hermano podrá también, cuando regrese, pero sospecho que se pondrá en contacto antes. Entonces podremos reunimos todos y decidir cuál es el siguiente movimiento.

El agente Martin retrocedió un paso. Diana estaba de pie junto al ordenador y, haciendo un floreo, sacó un catálogo de una tienda de comestibles. La pantalla parpadeó y en ella apareció el mensaje: ¡BIENVENIDO A A &P!, y después con un carrito de supermercado digital empezó a avanzar por el Pasillo Uno / Frutas y verduras frescas. Susan, suspicaz, no quitaba ojo a Martin, que pensó: «No te fíes de ésa.»

– Estaremos bien -aseguró Susan.

Al salir, Martin oyó a su espalda un sonido al que no estaba acostumbrado: el de un cerrojo al correrse.

Susan recorrió la casa adosada mientras su madre utilizaba el ordenador para hacer un pedido de provisiones y concertar la entrega con el servicio local de reparto. La joven se alegró al oírla pedir algunos artículos que normalmente habrían considerado lujos: queso Brie, cerveza importada, un Chardonnay caro, un chuletón. Susan inspeccionó la pequeña casa como un general inspeccionaría un posible campo de batalla. Le parecía importante tomar buena nota de dónde lucharía, si se viera obligada a ello. Debía localizar el punto más estratégico, el sitio desde donde pudiera tender una emboscada.

Diana, mientras tanto, se percató de lo que hacía su hija y decidió prepararse también. Tras completar el pedido de comestibles con el ordenador, solicitó al servicio de entrega una descripción de la persona que les llevaría la compra. Pidió también que le describieran el vehículo de reparto. Sin embargo, en cuanto desconectó la línea, se apoderó de ella la fatiga residual del vuelo y de la tensión generada por la situación que las había llevado hasta allí. De modo que, en lugar de prepararse, se sentó pesadamente y contempló a su hija, que exploraba despacio la casa.

Susan advirtió que los cerrojos de las ventanas de la planta baja eran anticuados y probablemente poco eficaces. La puerta de la calle tenía una sola cerradura y ninguna cadena que la reforzara. No había sistema de alarma. La puerta posterior era corredera como las que suelen dar a los patios y no tenía más que un pestillo que en realidad no estaba diseñado para proteger contra nada. Encontró una escoba en un armario trastero, apoyó el mango contra una pared y, con una patada rápida, lo partió, separándolo de la cabeza. Colocó el palo entre el marco de la corredera y la puerta, dejándola tosca pero firmemente asegurada. Cualquiera que quisiera entrar por ahí se vería obligado a romper el vidrio.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Juegos De Ingenio»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Juegos De Ingenio» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


John Katzenbach - Profesor
John Katzenbach
John Katzenbach - La Guerra De Hart
John Katzenbach
libcat.ru: книга без обложки
John Katzenbach
John Katzenbach - Juicio Final
John Katzenbach
John Katzenbach - Just Cause
John Katzenbach
John Katzenbach - The Wrong Man
John Katzenbach
John Katzenbach - La Sombra
John Katzenbach
John Katzenbach - W słusznej sprawie
John Katzenbach
John Katzenbach - La Historia del Loco
John Katzenbach
John Katzenbach - El psicoanalista
John Katzenbach
John Katzenbach - Opowieść Szaleńca
John Katzenbach
John Katzenbach - The Madman
John Katzenbach
Отзывы о книге «Juegos De Ingenio»

Обсуждение, отзывы о книге «Juegos De Ingenio» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.