yusuf, mientras -los más pequeños se aferran al presente-, corretea dichoso.
les he prometido que, cuando estén preparados -confío en que se demoren-, nos iremos un mes entero de cacería a la sierra de lújar donde hay osos y jabalíes y venados. ahmad, en cuanto se levanta -y aun antes, porque creo que sueña con ello-, corre en busca de farax, su maestro, del que no se despega. farax, a veces, en mitad del ejercicio, levanta los ojos a la ventana, desde la que yo los contemplo.
quizá entre los criados desaparecidos estaba el espía o los espías. la tensión se ha suavizado.
todos intentamos convencernos de que el peligro ha desaparecido.
moraima, a quien se le nota la incipiente preñez, está más hermosa que nunca.
dos perros de la jauría han muerto, pero bejir le ha restado importancia: afirma que nada tienen que ver esas muertes con los atentados contra mí.
yo, en secreto, he escrito una carta a los reyes. es en barcelona donde ahora está su corte. en la carta les propongo ir allí a tratar con ellos para dilucidarlo todo y suplicarles la paz en mi retiro. por si a los reyes no les llega la suya, he enviado con el maleh otra semejante a zafra.
ahmad me ha dado hoy las gracias por una nueva ballesta que le mandé hacer en granada. se me acercó de la mano de farax. quizá ha sido éste el que le recomendó que me la agradeciera.
mi hijo es guapo, esbelto y bien plantado. asu abuela le satisface ver cómo tiende la ballesta y dispara, y cómo se aproxima cada vez más al blanco. a moraima, por el contrario, no parecen gustarle estos juegos de guerra.
apenas si sentimos deslizarse el tiempo. pronto el frío empezará a entibiarse.
hoy he recibido respuesta de los reyes. es breve; lo suficiente para declararme su propósito.
eluden darme la licencia para viajar a barcelona: una ciudad lejana, dicen, cuyo camino podría fatigarme. yme sugieren que, en mi lugar, envíe a aben comisa.
todo, a su entender, tendrá una solución satisfactoria. no debo preocuparme; tanto yo como mi familia estamos bajo seguro, que ellos me garantizan.
pero después añaden, inesperadamente, que, con la misma fecha, han expedido otra carta al gobernador de almería en estos o parecidos términos: ‘ desde la hora en que esta carta llegue a vuestras manos, no pondréis obstáculo alguno a que muley boabdil embarque hacia el lugar de áfrica que más le plazca. yque haga lo propio todo el que tuviese noticia de esta carta, guardándose fielmente lo pactado con él. el cumplimiento de todo lo cual será exigido con el máximo rigor’.
cuando los fuertes aspiran a ser además astutos, sólo consiguen ser despreciables; un león no puede comportarse como un zorro sin inspirar repulsión.
en cualquier caso, aben comisa viajará a barcelona.
los ciruelos y los albaricoqueros les han arrebatado su turno de flor a los almendros. pronto los sustituirán a ellos los membrillos.
se ha hundido el mundo. farax murió hace una semana. ha sido todo tan inimaginable y tan injusto que sólo a un dios malvado puede atribuirse.
la mañana era suntuosa. ahmad disparaba con su nueva ballesta.
farax corrió hasta el blanco, señalándole el centro para que atinara mejor. lo animó con la risa y con los brazos.
– vamos -le decía-. ¡ ahora!
la saeta le entró por el ojo izquierdo.
todavía no me he convencido de que es cierto, de que no volveré a ver más su joven hermosura, ni escucharé su voz.
ahora descansa en el jardín que mi cuerpo tenía que haber inaugurado.
no he salido desde entonces de esta habitación. me es imposible resignarme. lloro hoy, y lloraré el resto de mi vida. farax y muerte eran las dos palabras más contrarias; ahora son una sola. me reprocho no haberle confesado cuánto lo amaba. me reprocho no haberlo amado más.
el destino se burla de nosotros: murió en un juego aquél a quien la muerte acarició mil veces en la guerra.
no se ausenta su rostro de mis ojos; no se ausenta su risa de mi oído. hoy lo amo más que nunca.
si estuviera en mi mano, empezaría a creer en la eternidad con tal de recobrarlo.
no quiero ver a nadie. no quiero comer: comería sólo si tuviese la certeza de que aún me envenenaban las comidas. me ha golpeado tan de plano el filo de su muerte que juro que la mía es lo que más deseo.
farax, farax: tu cuerpo se ha deshecho bajo el jardín que trazamos y vimos crecer juntos. ¿ cómo iba yo a pensar que tú serías su abono? ¿ por qué te escondes de quien te ama más cada día? ¿ cómo voy a dormir, cuando detrás de mí tu muerte está acechándome: tu muerte, no mi muerte?
mi madre, con el pretexto de que la presencia de ahmad reaviva mis recuerdos, se lo ha llevado a vivir con ella. yo, como un sonámbulo, veo pasar con infinita lentitud los días ante mí. sé que moraima siempre está cerca, al alcance de mi voz; pero me siento incapaz de llamarla. me siento incapaz de cualquier cosa.
he intentado quemar estos papeles, que ahora son sólo un testimonio más de mi infortunio. moraima lo impidió.
no quiero ningún lenitivo para mi dolor. el de la muerte de farax, que culmina los anteriores, quiero que no tenga atenuantes. la única manera de terminar con el dolor es dejar que él termine conmigo. me propongo no reflexionar sobre lo sucedido: eso sería comenzar a aceptarlo. porque no se trata sólo de que me duela el alma, me duele todo: la piel y la carne y los huesos. me he vuelto frágil; me he vuelto quebradizo, propenso a las heridas. me hiere el fulgor del sol, y la temperatura agradable, y el rosa intenso del amanecer o el del poniente. levanto contra todo mis reproches. la realidad es que me aborrezco.
hoy recojo estos papeles en que momentáneamente me había reflejado.
hace tres meses que no escribía en ellos. los recojo como si se refiriesen a una persona distinta, y acaso fallecida.
¿ cómo no reflexionar?
para llegar a la soledad no deseada, sino impuesta, pocos atajos tan directos como el dolor.
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