Se apresta a marcar porque prefiere ampararse tras el auricular de un teléfono que tener que encarar a alguno de sus compañeros, enfrentarse con sus ojos como taladros acusando o defendiendo, en todo caso avergonzados, humillados los suyos también sólo por tener que preguntar. Pero antes, repentina, le asalta una precaución, o quién sabe quizá si no será puro y duro canguelo y contrasta sus números con los que tiene almacenados en su propio móvil.
«Poli Malo» no está en la memoria. Primera decepción. Por el contrario, el número de «Poli Bueno» sí, y Clara siente vértigo al comprobar que es alguien mucho más importante y cercano de lo que le gustaría: Bores, su inspector jefe, ahora mismito al mando de la operación de asalto contra el cargamento de Vito, tan preocupado por quedar bien ante sus subordinados, por no molestar a los mandamases, por actuar conforme a las reglas. ¿Qué significado tiene esto?, se pregunta aturdida: ¿que era cliente de Olvido o que, por el hecho de estar en la lista, es sospechoso de habérsela cargado? No suele facilitar su número personal a nadie, menos aún a un soldado raso, a mí me lo dio Santi en un arranque de nervios meses atrás, cuando un novato de gatillo fácil tiroteó de madrugada a dos sospechosos en un registro que se descontroló y me tocó el marrón de sacarle de la cama porque nadie se atrevía a perturbar sus sueños que, ahora lo sé, debían de ser erótico-festivos y subiditos de tono.
Clara hace memoria y se esfuerza por recordar la expresión de Bores al saber el nombre de la entonces suicidada y hoy asesinada, qué cara puso cuando la vio balanceándose en su casa colgada como una percha, cómo reaccionó ante la imagen de Olvido. Pero Bores, ahora lo recuerda, no entró al apartamento mientras su cadáver estuvo allí, se comió su rabia o su pena al margen de las chanzas y risas de sus hombres, lejos, y podría asegurar que, más que dolor o vergüenza, lo que sintió fue alivio al saber que habían eliminado a un testigo de sus bajezas, una puta menos susceptible de desvelar sus intimidades ante la prensa. Aunque, bien mirado, es un tanto a su favor que, suponiéndose por lógica en mi lista, no haya frenado por ahora cualquiera de mis pesquisas.
El meollo está en el otro, en «Poli Malo», tengo que contactar con él como sea, pero no voy a dejar mi rastro así como así, tonta soy pero no tanto, y se levanta hasta encaminarse a una sala insonorizada que posee teléfonos con sistema de protección y ocultación de número. Lo dicho, no es tonta, no se lo pondrá tan fácil al tipo que, si es poli y es malo, querrá saber sin duda quién y desde dónde pretenden encontrarlo.
Sorpresas te da la vida. La voz que responde al otro lado, meliflua y aflautada, irritada por tener que hacer el esfuerzo de contestar, no es la de un agente sino la de un pez mucho más gordo de lo que jamás imaginó pescar.
Clara cuelga sin hablar, incluso sin respirar. Se asusta tanto al oír a Carahuevo que no acierta a decir ni mu, como cuando con quince años llamas a hurtadillas al chico que te gusta y no te atreves a decirle nada porque lo único que quieres es oír su voz, saber que está ahí y no con otra, aunque casi siempre te salga su padre cabreado porque vaya cruz con que le haya salido un hijo tan guapo y todas las niñas de su clase no paren de llamarlo a deshora.
Y qué hago ahora, se pregunta, sin Santi, sin París incluso, sin nadie que me aconseje y me obligue a mantener la calma.
Lo primero es serenarse, recomponer las ganas y volver a mi sitio como si tal cosa porque, a fin de cuentas, qué ha pasado aquí, que he llamado al «Poli Malo» y Carahuevo ha contestado. Pero todos sabemos que es un obseso, es un hecho demostrado, razona, y como el propio Butragueño reconoció, lo normal es que los clientes se recomienden unos a otros, que se pasen el material, y éste es el gerifalte más alto, el amo del cotarro, el jefe del clan y alternar le gusta un rato, por eso no debería extrañarme que sea un putero y, ya puestos, que busque lo más granado del mercado.
La cuestión es ¿por qué le bautizó Olvido como «Poli Malo»? Según dice el abogado, ella era una estupenda conocedora de la naturaleza humana y jamás se acostaba con nadie a quien temiera no controlar, y a mí me consta que nuestro querido comisario es un marrano, se le podría catalogar seguro como depravado, incluso como desalmado, pero eso no le convierte en un asesino, no significa que la haya matado.
¿Qué hago?, se repite. En realidad no tengo que decidirlo, puedo permitirme una tregua, puedo esperar a que la caza de hoy concluya, puedo contárselo a París cuando regrese para cubrirme las espaldas y, después, podemos hablar con Bores, que a fin de cuentas es el «Bueno», y luego los tres iríamos a por él siempre y cuando no me dejen con el culo al aire, recapacita con su particular humor cínico y malpensado, siempre y cuando los machos no se alíen y hagan de mí una loca obsesiva con un expediente de suspensión o tal vez incluso de despido, rápidamente consensuado y aprobado por quienes ostentan la dirección.
Esto te viene grande, Clariña, esto se está complicando.
Sin embargo en vez de rendirse una repentina curiosidad la acerca al corcho de nuevo. ¿Por qué no probar con el resto? Aprovechemos que estoy sola y ya he hecho la parte más difícil, vayamos a por los otros clientes que la visitaban, uno de ellos podría ser su asesino, no se me ocurre otra persona, alguien a quien no le bastaba con tirársela y quería más, alguien que sabía de su relación con Olegar y conocía al Culebra, alguien con rapidez de movimientos en la ciudad porque, a fin de cuentas, ha liquidado a cuatro aquí en apenas una semana.
Céntrate, se dice, y vete sólo a lo esencial. Masturbadores y fetichistas, pederastas y voyeurs, músicos y enfermos, poetas y enamorados: ¿quién de vosotros puede estar en la memoria de mi teléfono? ¿Hay alguien más entre los agraciados?
Clara regresa a su mesa pertrechada con su lista y su móvil y, porque tarde o temprano tenía que hacerlo a pesar del miedo, comprueba desalentada que ningún otro número coincide. Era demasiado fácil, te has creído que todo el monte es orgasmo. Pero no se desanima, sigue llamando, tiene que hacerlo ella, siempre ella, maldice, porque el juez, obtuso, intransigente, por supuesto varón, no autorizó que pasáramos la lista de los números de sospechosos a las compañías telefónicas para que identificasen a los usuarios. Eran demasiados, arguyó y los motivos infundados, y como la mayoría son números de móviles prepago prácticamente imposibles de rastrear, no me queda más narices que mojarme el culo y llamar tirándoles de la lengua con una conversación que simule ser de lo más insustancial. Al fin y al cabo, se trata de llamadas a ciegas, lo que antiguamente los vendedores de enciclopedias a domicilio llamaban «a puerta fría» o, en este caso, «a teléfono frío». Menos mal que al menos, como el tráfico de datos por parte de las empresas es una auténtica escandalera, a ninguno resultará extraña esta forma de acoso publicitario en la que una hábil teleoperadora -servidora- simula venderles un ridículo producto que nadie necesitaría ni en sus horas más tontas.
Con todo, y aunque parece un plan absurdo, un método tan torpe como simple, consigue identificar, además del «Voyeur Patológico», que resultó ser Kodak, era obvio, y comprensivo la animó a llegar al fondo, a destripar todas las pistas, a seguir buscando porque tú puedes, preciosa, tú lo acabarás encontrando, a un actor de televisión, un apolíneo galán veinteañero que enloquece a las niñas y responde al apelativo de «Gay Frustrado»; a un profesor de selecto colegio privado que no podía ser otro que el «Pederasta Ficticio»; a «Músico Loco», un joven cantautor de tendencias homosexuales y politoxicomanías varias; a «Poeta Ingenuo», un ex alto cargo del Ministerio de Justicia con numerosos poemarios publicados; a un insigne miembro de la jerarquía eclesiástica, «Divino Sacerdote», como era de esperar; a un abuelito internado en un selecto geriátrico, «Viejo Enamorado» y a «Masturbador Solitario», uno de los solteros de oro más cotizados de la jet, uno de esos hijos de rey centroeuropeo destronado que sale en las revistas al lado de nuestro querido Príncipe y que ha tenido líos amorosos con mil y una modelos aunque con ninguna se ha casado.
Читать дальше