—Gracias, Senador. Probablemente tiene razón. Pero mientras esté aquí, ¿le importaría si le doy un rápido vistazo al dormitorio de Ashley?
Él se encogió de hombros y señaló la escalera..
—Vaya.
Arriba, al final del pasillo, Keri entró al dormitorio de Ashley y cerró la puerta. La decoración era lo que esperaba—una bonita cama, a juego con la cómoda, afiches de Adele, y de la leyenda del surf, con un solo brazo, Bethany Hamilton. Tenía una lámpara de lava de inspiración retro en la mesilla de noche. Recostado de una de sus almohadas había un peluche. Era tan viejo y manoseado que Keri no estaba segura de si era un perro o una oveja.
Encendió la laptop Mac en el escritorio de Ashley y le sorprendió que no estuviera protegida con una contraseña.
¿Qué adolescente deja su laptop desprotegida sobre su escritorio para que cualquier adulto fisgón venga a revisarla?
El historial de Internet mostraba búsquedas de solo los dos últimos días; los anteriores habían sido borrados. Lo que quedaba parecía estar relacionado en su mayor parte con un trabajo de biología que estaba investigando. Había también una pocas visitas a sitios web de agencias locales de modelaje, al igual que otras en Nueva York y Las Vegas. Otra visita había sido hecha al sitio de un próximo torneo de surf en Malibú. Ella había ido también al sitio de una banda local llamada Rave.
O esta chica es la más obediente y aburrida de todos los tiempos, o ella está dejando todo esto con el propósito de presentar una imagen que sus conocidos se crean.
El instinto de Keri le dijo que era lo segundo..
Se sentó al pie de la cama de Ashley y cerró sus ojos, tratando de colocarse en la mente de una chica de quince de años. Ella alguna vez lo había sido. Esperaba todavía tener la suya. Después de dos minutos, abrió los ojos e intentó dirigir una mirada fresca a la habitación. Recorrió los estantes, buscando algo que se saliera de lo ordinario.
Estaba a punto de darse por vencida cuando su vista se detuvo en un libro de matemáticas al final de la biblioteca de Ashley. Se titulaba Álgebra para Noveno Grado.
¿No dijo Mia que Ashley estaba en décimo grado? Su amiga Thelma la vio en la clase de geometría. Entonces, ¿por qué conservaba un viejo texto de estudio? ¿Sería en caso de necesitar un repaso?
Keri tomó el libro, lo abrió, y comenzó a hojearlo. Habiendo recorrido las dos terceras partes, encontró dos páginas, fáciles de ser pasadas por alto, pegadas cuidadosamente la una con la otra. Había algo duro entre ellas.
Keri cortó la cinta adhesiva y algo cayó en el piso. Lo levantó. Era una falsa licencia de conducir, que lucía extremadamente auténtica, con la cara de Ashley en ella. El nombre que aparecía allí era Ashlynn Penner. la fecha de nacimiento indicaba que tenía veintidós.
Más convencida de que estaba en el camino correcto, Keri se movió con más rapidez por la habitación. Ella no sabía de cuánto tiempo disponía antes de que los Penn entraran en sospechas. Al cabo de cinco minutos, encontró algo más. Metido en un zapato de tenis en la parte trasera del closet estaba un casquillo vacío de 9 mm.
Sacó una bolsa de evidencia, lo introdujo allí junto con la tarjeta de identidad falsa, y abandonó la habitación. Mia Penn caminaba por el pasillo en dirección a ella en el momento en que cerraba la puerta. A Keri le pareció que algo había sucedido.
—Acabo de recibir una llamada de la amiga de Ashley, Thelma. Ella ha estado hablando con la gente acerca de que Ashley no llegó a casa. Dice que otra amiga llamada Miranda Sanchez vio a Ashley subir a una van negra en Main Street, cerca de un parque canino próximo a la escuela. Dijo que no podía asegurar si Ashley subió por su cuenta o si la halaron hacia dentro. No le pareció tan extraño hasta que escuchó que Ashley estaba desaparecida.
Kerry mantuvo su expresión neutral a pesar del súbito incremento en su presión arterial.
—¿Sabe alguien quién tiene una van negra?
—Nadie.
Keri caminaba ya de prisa por el pasillo. Mia Penn trató desesperadamente de mantener el paso.
—Mia, necesito que llames al teléfono de los detectives en la estación, el número con el que me conseguiste. Dile a quienquiera que te atienda, probablemente un hombre llamado Suarez, que te he pedido que llames. Dale la descripción física de Ashley y díle cómo iba vestida. Dale también los nombres y la información de contacto de cada uno de los que me mencionaste: Thelma, Miranda, el novio Denton Rivers, todos ellos. Dile entonces que me llame.
—¿Por qué necesitas toda esa información?
—Vamos a tener que entrevistarlos a todos.
—Estás empezando a asustarme de verdad. ¿Esto es malo, no es así? —preguntó Mia.
—Probablemente no. Pero mejor asegurarnos que lamentarnos.
—¿Qué puedo hacer?
—Necesito que permanezcas aquí en caso de que Ashley llame o aparezca.
Terminaron de bajar. Keri miró en derredor.
—¿Dónde está tu marido?
—Lo llamaron del trabajo.
Keri se mordió la lengua y se dirigió a la puerta principal.
—¿Adónde vas? —le gritó Mia.
Por encima de su hombro Keri respondió:
—Voy a encontrar a tu hija.
Lunes
Al atardecer
Afuera, mientras se daba prisa por regresar al auto, Keri trató de ignorar el calor que se levantaba de la acera. En apenas un minuto, su frente mostró perlas de sudor. Mientras marcaba el número de Ray, se reprendía sí misma.
Aquí estoy, fastidiándome la vida a seis cuadras del Océano Pacífico y en pleno mes de septiembre. ¿Adónde me llevará esto?’
Después de seis repiques, Ray finalmente contestó.
—¿Qué? —preguntó, su voz sonaba tensa y molesta.
—Necesito que nos encontremos en Main, en el cruce con la Secundaria West Venice.
—¿Cuándo?
—Ahora, Raymond.
—Espera un segundo —podía escucharlo moviéndose de un lado a otro y musitando por lo bajo. No sonaba como si estuviera solo. Cuando volvió a comunicarse, a ella le dio la impresión de que había cambiado de habitación.
—Estaba ocupado en otra cosa.
—Bueno, pues desengánchate, Detective. Tenemos un caso.
—¿Es este asunto de Venice? —preguntó él, claramente exasperado.
—Lo es. Y podrías por favor dejar ese tono. Claro, a menos que pienses que la desaparición en una van negra de la hija de un senador de los Estados Unidos, no es algo que valga la pena revisar.
—Jesús. ¿Por qué la madre no mencionó esa cosa del senador cuando habló por teléfono?
—Porque él le pidió que no lo hiciera. Él se empeñó en quitarle importancia, se empeñó incluso más que tú. Espera un segundo.
Keri había llegado hasta su auto. Puso el altavoz del teléfono, lo lanzó al asiento del pasajero, y se subió. Mientras arrancaba, le dio el resto de los detalles: la falsa identificación, el casquillo de proyectil, la chica que vio a Ashley subirse a la van—posiblemente en contra de su voluntad—, el plan para coordinar las entrevistas. Cuando estaba finalizando, su teléfono emitió un bip y ella miró la pantalla.
—Me está entrando una llamada de Suárez. Quiero darle los detalles. ¿De acuerdo? ¿Ya te desenganchaste?
—Ahora mismo me estoy subiendo al auto —contestó él, haciendo caso omiso a la indirecta—. Puedo estar allí en quince minutos.
—Espero que le hayas ofrecido mis disculpas, quienquiera que haya sido ella —dijo Keri, incapaz de no sonar sarcástica.
—Ella no era el tipo de chica que necesite disculpas —replicó Ray.
—¿Por qué no estoy sorprendida?
Pasó a atender la otra llamada sin decir adios.
*
Quince minutos más tarde, Keri y Ray caminaban por el tramo de Main Street donde Ashley Penn pudo o no haber sido raptada. No había nada que obviamente se saliera de lo ordinario. El parque canino cercano a la calle estaba animado con alegres ladridos y dueños que llamaban a sus mascotas con nombres como Hoover, Speck, Conrad, y Dalila.
Читать дальше