Si el artículo de Junia Furtado analiza la importancia de la Torre do Tombo como repositorio de fuentes documentales en el que basar la escritura de esa nueva historia imperial, el trabajo de Víctor Peralta aborda también, en su primera parte, el contexto que rodeó la conformación del Archivo de Indias y la organización de su documentación como medio al servicio de la causa discursiva de la monarquía hispánica y, de manera particular, en su polémica con los escritores europeos que, respaldados por sus respectivos gobiernos imperiales, cuestionaban las aportaciones hispanas al mundo civilizado. Dando continuidad a las investigaciones interesadas por la escritura de la historia del nuevo mundo en el siglo de las luces, Peralta pone de relieve la relación entre la creación del archivo y la necesidad de reescribir la historia imperial ante las críticas de la Europa del Norte hacia el comportamiento de España en las Indias, analizando esta relación a partir de las figuras de Juan Bautista Muñoz y Martín Fernández de Navarrete.
El primero desempeñó un papel fundamental en la creación y organización del Archivo de Indias en la antigua Casa Lonja de Sevilla en 1785, así como en la elaboración de sus ordenanzas. El autor de la Historia del Nuevo Mundo, en sintonía con el espíritu de la Ilustración, estaba convencido de que la organización de las fuentes históricas y la crítica documental eran pasos imprescindibles para poder escribir una historia de la conquista y colonización española que diera una respuesta adecuada y científica a las críticas que autores como el abate Raynal o William Robertson hacían a la empresa hispana. El segundo fue, a pesar de todo, el primero que haría explícita la referencia a los documentos del Archivo de Indias a la hora de desmontar una de las acusaciones que integraban la leyenda negra en el siglo XVIII: la de haber ocultado España que navegantes de centurias anteriores, como Lorenzo Ferrer Maldonado, Juan de Fuca o Bartolomé Fonte, habían descubierto la existencia del paso al Pacífico en la América del Norte para impedir que los competidores imperiales exploraran esos mares y encontraran nuevas rutas de comercio.
Los dos últimos artículos, de autoría de Sandro Patrucco y Margarita Eva Rodríguez García siguen cuestionando la idea de un modelo de ilustración europea que se difunde a otros espacios con menor o mayor éxito. Los autores, para el caso de los imperios ibéricos, defienden otro modelo en el que la circulación de ideas y prácticas ilustradas se vio favorecido por la estructura imperial, y en el que todas las partes contribuyeron a este intercambio, aunque en este caso el foco se pone en la Ilustración científica y, en particular, en la botánica.
El trabajo de Sandro Patrucco, parte de la idea de que con la entrada del siglo XVIII las plantas adquirieron una creciente importancia como base de la riqueza de las naciones y de los imperios, y se interroga por el proceso de circulación del conocimiento botánico en el Perú, convertido para el hombre de las postrimerías del régimen colonial, en palabras del autor, en «un nuevo el dorado, compuesto ahora de especies ignotas apropiadas para su explotación económica».
Patrucco va desvelando la pluralidad de actores y espacios que contribuyeron al conocimiento de la historia natural del Perú, desde las poblaciones indígenas a los repositorios de los cosmógrafos, las bibliotecas conventuales o las de los particulares. La atención a esta pluralidad de agentes del conocimiento nos permite observar el carácter conflictivo de este proceso de producción científica, en el que no estuvo ausente la pugna por el control de los nuevos espacios institucionalizados que iban creándose; un conflicto marcado también por el discurso de superioridad con el que los naturalistas europeos defendían su legitimidad para ocupar esos nuevos espacios científicos.
Finalmente, el artículo de Margarita Eva Rodríguez García se ocupa de la circulación del conocimiento sobre las plantas en las capitanías de la América portuguesa. En una primera parte de este trabajo, analiza las iniciativas y reformas institucionales que de forma más directa afectaron al estudio de la historia natural y de los recursos vegetales de los territorios ultramarinos en el imperio portugués. La autora muestra cómo, paralelamente a este proceso de institucionalización científica, la historia natural del Brasil se fue construyendo en base a un conocimiento producido en red, en el que participaron instituciones como la Academia de Río de Janeiro, constituida en 1772, o el jardín botánico de Belem de Pará, pero también particulares interesados en rentabilizar la explotación de determinadas fibras vegetales, los gobernadores de las diferentes capitanías o las comunidades indígenas, contribuciones que difícilmente podrían considerarse como el resultado directo de las directrices peninsulares.
Como resultado de este estudio de la historia natural de su territorio, y especialmente a partir del traslado de la corte a Río de Janeiro y la autorización para el funcionamiento de la imprenta, también los súbditos portugueses nacidos en las capitanías americanas comenzarían a publicar escritos en los que hacían de las riquezas naturales de su territorio un símbolo de su identidad como grupo.
Esperamos que los ensayos aquí reunidos puedan generar en los lectores nuevas preguntas sobre la historia de Portugal, España y América Latina y que incentiven futuros trabajos historiográficos que incorporen perspectivas comparadas y conectadas de la historia de las Américas ibéricas; una metodología que cada día obtiene un mayor reconocimiento al aportarnos nuevas posibilidades de diversificar nuestra mirada sobre el pasado.
Todos los artículos publicados fueron sometidos a evaluaciones por especialistas en los diferentes temas. En ese sentido, queremos expresar nuestro reconocimiento a los colegas que generosamente brindaron sus observaciones y sugerencias. Ellos fueron: Brian Hamnett (Universidad de Essex), Manuel Chust (Universitat Jaume I), embajador Julio Albi de la Cuesta, Rafael Sagredo (Pontificia Universidad Católica de Chile), Carlos Aguirre (Universidad de Oregon), Georges Lomné (Universidad Paris Este), Juan Carlos Estenssoro (Université Sorbonne Nouvelle, Paris 3), Pilar Pérez Cantó (Universidad Autónoma de Madrid), Guillermo Wilde (CONICET y Universidad Nacional de San Martín, Buenos Aires), Jorun Poettering (Ludwig-Maximilians-Universität München), Rodrigo Moreno (Universidad Adolfo Ibáñez de Chile), Anthony MacFarlane (Universidad de Warwick) y Rafael Chambouleyron (Universidade Federal do Pará UFPA).
1Wood, James A. (2014). Problems in Modern Latin American History. Sources and Historiography. Lanham, MD: Rowman & Littlefield, p. 2.
I. El final de un proyecto misional:
La Compañía de Jesús y su ocaso en las monarquías absolutas
Misiones exitosas y menos exitosas: los jesuitas en Mainas, Nueva España y Paraguay
Jeffrey Klaiber, S.J.
Pontificia Universidad Católica del Perú
Los jesuitas fueron considerados precursores de los conceptos de la modernidad y la inculturación. Sin embargo, no todas sus misiones tuvieron el mismo éxito. Por eso, proponemos comparar tres de sus misiones coloniales —Mainas, Nueva España y Paraguay— con el fin de ver en cuál de las tres se realizó mejor el ideal. Sin duda, los jesuitas mismos, en los tres casos, eran «modernos», es decir, hombres dotados de una visión racional de las cosas y con una voluntad para crear modelos de sociedades planificadas con el fin de satisfacer las necesidades básicas de sus miembros de una forma justa. Al mismo tiempo, aunque la palabra «inculturación» no existía entonces, los misioneros jesuitas la practicaban, aunque dentro de las limitaciones de su tiempo. Ellos se esforzaron para expresar el mensaje cristiano en la cultura de los indios: en su idioma, en su arte, música, bailes, etcétera. Al mismo tiempo, los propios indios dieron origen a una nueva cultura cristiano-indígena, original y propia.
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