Nando Cruz - Pequeño circo

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A finales de
los 80, cuando los héroes de la Movida madrileña estaban de capa caída o habían sucumbido a la tentación del mainstream y las multinacionales, surge una nueva generación que, fuertemente influida por el pop-rock independiente británico y norteamericano y por la proclama del punk del «hazlo tú mismo», empieza a gestar un nuevo universo sónico que bascula entre el
noise, el
rock de garaje y el
pop más naíf y etéreo. Al mismo tiempo, de los lugares más insospechados del territorio español, algunos jóvenes deciden montar su sello discográfico, a veces incluso en su casa, sin más medios que un fax, un teléfono y una estantería. También aparecen numerosos fanzines que, a base de corta y pega y fotocopias, se hacen eco de la nueva escena musical; la mayoría de veces para ensalzarla, pero también para parodiarla y denigrarla. Nace así el indie en España. El periodista musical Nando Cruz, tras un año y medio de trabajo y después de entrevistar a más de cien personas, compone por primera vez el apasionante retrato de una generación que, amplificada por una prensa especializada que acogió sus propuestas con un entusiasmo inusitado, se presentó como la alternativa musical de los 90. «Pequeño circo» es un recorrido por aquella década construido a través de las anécdotas, confesiones, epopeyas, ambiciones, errores, trapicheos, éxitos y fracasos de sus protagonistas. Pero entre los recuerdos y reflexiones de los entrevistados, también se cuela una mirada reflexiva y crítica, fruto del análisis y la distancia que proporcionan los más de veinte años transcurridos desde que empezó a cobrar forma aquella escena.

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UNAI FRESNEDO: Con Gorka me empecé a interesar por el garaje, el sixties, el punk del 77… y más adelante ya por Sonic Youth, Sub Pop, Mudhoney… Iba a su casa y nos pasábamos la tarde escuchando discos, mirando, fumando… Nada del otro mundo. Un porrito y poco más. Llegaba a las cuatro y a las diez ya tenía que irme para mi casa. Igual salíamos a dar una vuelta y comprábamos una palmera en un horno muy goloso que había debajo de su casa. Lo más importante era la música. Las drogas eran algo muy secundario. Si había mil pelas era mejor comprar un disco que diez porros. Además, estaba su padre en casa y podía vernos.

IÑIGO PASTOR: Mis gustos musicales iban unidos a la tradición del fanzine. En cada país hubo grupos con sonido underground, posterior al punk, que miraban hacia atrás y hacían cosas basándose en unos referentes comunes. Las compañías donde grababan eran normalmente independientes y estaban distribuidas de forma paralela a los fanzines.

Leías de muchos de esos grupos, aunque fuera en inglés o en francés, antes de escucharlos. Inglés sabía lo justo. Tenía un inglés de bachiller. Iba aprendiendo con los discos y en las primeras excursiones que hice al extranjero.

Hicimos muchas entrevistas por correo. En Santurce no había mucho paso de grupos, y a los pocos que pudimos entrevistar en persona —grupos como Los Raros o Como Huele— les resultaba tan raro como a nosotros estar haciendo una entrevista. A algunos los contactamos por carta. Buscábamos grupos de los que teníamos alguna referencia, mirábamos la información de los discos, escribíamos a la compañía y esta a veces te respondía y te ponía en contacto con ellos.

Más entrados los años 80, coincidiendo con la aparición del Ruta 66 , ya se empezó a hablar de los grupos de Madrid: Los Enemigos, Los Nativos, Sex Museum…

UNAI FRESNEDO: En casa de Gorka veía cómo él y su hermano hacían el fanzine. Para mí fue un aprendizaje total. Como veía todas las cartas y discos que les enviaban, pensé: yo también quiero hacer uno.

METER LA LLAVE EN EL APARTADO DE CORREOS

IÑIGO PASTOR: Lo primero que hicimos, antes de tener un fanzine, fue pedir un apartado de correos. En Correos ya nos conocían a mi hermano Gorka y a mí. Nos gastábamos muchísimo dinero en sellos. Más, incluso, que en discos. Pensábamos que esos sellos se convertirían en discos.

Hicimos un número bilingüe: castellano e inglés. Aunque al principio casi todo lo escribíamos en castellano, ya mandábamos el fanzine al extranjero con el ánimo de que nos mandasen discos promocionales. Y en muchos casos ocurría. A principio de los 80 recibíamos promos de Beggars Banquet en Inglaterra, de BOMP! en Los Ángeles, de Citadel en Australia, de New Rose en Francia… Los sellos mandaban un paquete de discos a un fanzine, el fanzine hacía un reportaje y la gente se enteraba. Nunca hubo ánimo de lucro en esos años. Mandabas tu fanzine a un fanzine de Nueva York, sacaba tu dirección en su columna de fanzines y los grupos que la veían te escribían y te mandaban su disco o su maqueta. Nos llegaban mogollón de cosas: cartas, maquetas, discos… Mi momento favorito, durante muchos años, fue meter la llave en el apartado de correos, abrir y mirar qué había llegado.

Todo fanzine, por lo general, tenía su sección de otros fanzines en la que aparecía el contacto y de qué iban. Era como una red, como cuando recibes esa carta de «manda esta carta a seis personas». Mandábamos muchos ejemplares fuera para ver qué pasaba. Y empezaron a pasar cosas. Lo mandábamos a Edimburgo y los Pastels nos mandaban sus discos. Viéndolo ahora parece la Edad Media, pero es algo que funcionó. Y aprendías mucho. Te llegaban cosas muy distintas, cosas que descubrías y que, a la vez, transmitías. Esto último era lo más bonito: la transmisión.

Nuestro fanzine se veía en muchos sitios de España. Mandabas cincuenta ejemplares a gente de grupos y otros fanzines, y al cabo de dos meses te decían, «he vendido tantos, te mando el dinero». Era una distribución totalmente alternativa; un poco anárquica, pero funcionaba. También teníamos puntos de venta fijos. Yo mismo llevaba los fanzines a los bares.

ROBER!: Los fanzines se vendían en las tiendas que tenían discos más underground, pero, sobre todo, en bares. Los compraba en el Muga de Bilbao, en el Mellid de Barakaldo… La herencia de los Munster fue de los que más me marcó. Es el primero que marcó la línea del garaje, el rock australiano… A los Scientists los descubrí ahí. También estaba el Ruta del principio, que era un poco como un fanzine, Romilar-D

Tuve un programa en una radio libre que montaron en una casa okupada. Se llamaba Eau de cloac : sin ka. Lo de la ka lo llevaba mal. Ahora me gustan muchos grupos del rock radical, pero entonces era la reacción contra lo que había. Y si a todo el mundo le gustaba el rock radical, a mí no. En la radio poníamos Spacemen 3, Sonic Youth, The Lime Spiders… La gente llamaba preguntando si esa música la hacíamos nosotros, porque eran cosas muy ruidosas. Entre canción y canción leíamos noticias de El Caso con eco. Nos poníamos pedo en el programa.

Duró dos años. Luego tiraron el local, lo remodelaron y lo convirtieron en la Escuela de Idiomas de Barakaldo.

IÑIGO PASTOR: Decidí meter un single en el fanzine cuando vi que los fanzines de fuera lo hacían. El primer flexi fue una coproducción con un sello sueco. Lo conocí porque me escribió un emigrante español: Juan Capel, del fanzine Eye . Era un tipo bastante más mayor que yo que se había ido a estudiar allí en los años 60. Iba a hacer un flexi para el siguiente número de un grupo llamado Puss Twangers y quedamos en que hiciese quinientos más y me los mandase. El flexi lo fabricó él. En el extranjero estaba todo más desarrollado y era más accesible. Aquí preguntabas a cualquiera cómo hacer un disco y era ciencia oculta. Pero así dimos con la fábrica de flexis.

Cuando empezamos a hacer discos, usamos la marca Teenagers From Outer Space4. Era totalmente así como nos sentíamos Gorka y yo. Son cosas con las que conectas. Es algo muy adolescente. La estética de serie B no estaba nada difundida. Nos identificamos instantáneamente con todo aquello, nos parecía música de otro planeta. Lo mantuvimos algunas referencias, pero luego nos pareció muy largo y complicado y lo abandonamos.

Nunca me consideré el raro del instituto. Grababa casetes a muchos compañeros. Y cuando empecé a sacar discos, les vendía a todos mis amigos. Hace no mucho me encontré a uno que ahora es un ejecutivo de la hostia y me dijo, «el otro día le pasé todos los discos de Munster a mi sobrino y flipó».

UNAI FRESNEDO: En 2.º de BUP vi circular el single de La herencia de los Munster con Sex Museum y Enemigos. Lo tenía una chica de Santurce, que lo había comprado. Se lo habrían colocado.

IÑIGO PASTOR: Cuando veraneábamos en Pasajes, mi hermana pasaba a Hendaya a comprar sus vaqueros Levi’s, que no se encontraban aquí, y yo iba a una tienda de discos donde veía cosas increíbles. Y en Burdeos había una FNAC que tenía secciones de todo impresionantes. En Francia, además de New Rose, había otros sellos que licenciaban discos americanos y australianos. Y empezamos a ir a Burdeos a comprar discos.

Burdeos está a tres horas y media de Bilbao, lo mismo que Madrid. Pasábamos a Hendaya y allí hacíamos dedo. Era bastante fácil llegar. Y económico. Salíamos pronto por la mañana, llegábamos allí a mediodía y cogíamos una habitación en una pensión que teníamos controlada. En Burdeos había tres hermanas, las hermanas Gómez. Las conocimos en una tienda de discos. Las tres hacían tres fanzines distintos. Y así pronto tuvimos un sitio donde quedarnos. La vuelta la hacíamos también a dedo. Había mucho camionero en las áreas de servicio. Veías uno con matrícula de Bilbao, le pedías subir, te montabas, le dabas conversación y muy bien.

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