Nando Cruz - Pequeño circo

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A finales de
los 80, cuando los héroes de la Movida madrileña estaban de capa caída o habían sucumbido a la tentación del mainstream y las multinacionales, surge una nueva generación que, fuertemente influida por el pop-rock independiente británico y norteamericano y por la proclama del punk del «hazlo tú mismo», empieza a gestar un nuevo universo sónico que bascula entre el
noise, el
rock de garaje y el
pop más naíf y etéreo. Al mismo tiempo, de los lugares más insospechados del territorio español, algunos jóvenes deciden montar su sello discográfico, a veces incluso en su casa, sin más medios que un fax, un teléfono y una estantería. También aparecen numerosos fanzines que, a base de corta y pega y fotocopias, se hacen eco de la nueva escena musical; la mayoría de veces para ensalzarla, pero también para parodiarla y denigrarla. Nace así el indie en España. El periodista musical Nando Cruz, tras un año y medio de trabajo y después de entrevistar a más de cien personas, compone por primera vez el apasionante retrato de una generación que, amplificada por una prensa especializada que acogió sus propuestas con un entusiasmo inusitado, se presentó como la alternativa musical de los 90. «Pequeño circo» es un recorrido por aquella década construido a través de las anécdotas, confesiones, epopeyas, ambiciones, errores, trapicheos, éxitos y fracasos de sus protagonistas. Pero entre los recuerdos y reflexiones de los entrevistados, también se cuela una mirada reflexiva y crítica, fruto del análisis y la distancia que proporcionan los más de veinte años transcurridos desde que empezó a cobrar forma aquella escena.

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Los grupos de la Movida pasaron formar parte de los mismos sellos, sellos más cercanos a las multinacionales. Todos esos grupos dejaron de molar y se empezó a formar algo huyendo de la Movida. ¿Sabes esa escena de Jackie Brown en la que Lawrence Fishburne le dice a Robert de Niro, «joder, tío, ¿qué te ha pasado? ¡Tú antes molabas!»? Pues eso.

En las primeras entrevistas a Sex Museum, nos dedicábamos a derribar los mitos de la Movida y a decir que todos iban a lo de siempre, a triunfar a lo grande, a hacerse su casa adosada, a ser los siguientes Pecos y tener miles de fans. Echábamos pestes de todo aquello.

ALEJO ALBERDI Nací en San Sebastián en 1960 Mi padre era abogado y mi madre - фото 1

ALEJO ALBERDI: Nací en San Sebastián en 1960. Mi padre era abogado y mi madre era ama de casa. Había un tocadiscos en casa y muy pocos discos. Cursé un año de Historia en Donosti, pero lo dejé.

Hubo un momento en el que Derribos Arias estábamos en un plano muy parecido al de Gabinete, Loquillo e incluso Radio Futura. De repente, alguien pensó que podíamos dar el petardazo y quisieron hacer el famoso disco de Poch en solitario8. Aquello fue una maniobra repugnante. Ese disco iba a salir firmado por Derribos Arias, pero nos marginaron totalmente a Juan [Verdera] y a mí, y nos negamos. Estuvimos tres horas discutiendo con el mánager en el estudio. Nos habían dicho que ese día no había grabación, pero nos presentamos y habían quedado para grabar a escondidas. Estaban todas las chicas de la oficina haciendo los coros. Intentaron convencernos de que el disco sería la hostia y que sacaríamos un dineral. Si me llegan a poner dos millones de pelas, a lo mejor digo que sí, pero solo como promesa…

Se hizo muchísimo dinero ya a mediados de los 80, pero no les debía de bastar con los grupos que ya funcionaban y empezaron a aparecer grupos que no tocaban en los discos: Duncan Dhu, Hombres G… Los grababan con un equipo muy reducido de músicos y el grupo prácticamente se limitaba a poner la voz. Paco9 decía que lo que quedaba era el disco y daba unas excusas bastante pueriles. Eso puede funcionar con un grupo de pop convencional, pero con nosotros era una aberración. Y así es el disco de Poch: una puta mierda.

Entiendo que los indies estuvieran saturados con el pop comercial en castellano. Grupos que hoy ya no le suenan a nadie —como Sin Recursos, un montaje de Paco Trinidad con una niña mona que ponía la cara y no tocaban una sola nota en el estudio— vendían una barbaridad. O Dinamita pa’ los Pollos, que vendieron cien mil discos.

FINO OYONARTE: Llegó un momento en que todas producciones eran iguales. Se inventó el trigger , unas pastillas que se conectan a los parches y disparan un sampler. El batería tocaba, pero, en vez de coger el sonido del micro, cogías la muestra que se disparaba cada vez que el batería golpeaba la caja o el bombo. Tanto si le dabas fuerte como si le dabas flojo, siempre sonaba igual. En Un tío caba l 10, los breaks no están humanizados. Suenan siempre como un robot. Y los discos de Los Ronaldos, Hombres G, Duncan Dhu y muchos otros suenan igual porque todos usaban el mismo sistema.

Fuimos a hacer las maquetas del segundo disco de Los Enemigos a 10 Pulgadas, un estudio donde iban todos los grupos de GASA. El técnico se iba y les dije que yo quería ser técnico de sonido y dirigir grabaciones. No tenía ni idea de cómo se usaba un estudio, pero hice mis pruebas grabando esas maquetas con Los Enemigos. Y todas las maquetas de DRO-GASA del 88-89 las grabé yo allí: Desperados, Corcobado, Los Nikis, Duncan Dhu…

FERNANDO PARDO: Cuando en el 87-88 hubo una explosión de nuevas bandas, me parecía que la mitad nos las estaba colando la Movida: Las Ruedas, Los Ronaldos y hasta Los Enemigos habían visto que el Agapo era el lugar en el que podían captar atención y habían acabado ahí. Me parecía una traición: más de lo mismo. Yo pensaba, «¿qué hacéis aquí? Nosotros hemos venido a hacer una revolución. ¿A qué venís vosotros, a adulterarla? En el fondo aspiráis a ser los nuevos Radio Futura, a tener un hit como “Chica de ayer”». Nuestra ambición era diferente, y todo lo que fuera «lo único que quiero es tocar, follar con todas las tías que pueda y ponerme hasta el culo de todo» era la actitud mierdosa que hacía que cualquier escena se fuera a tomar por culo, porque al final primaba, como siempre, lo individual.

ALEJO ALBERDI: Cuando Los 40 Principales decidieron apostar por grupos en vez de por niños guapos y cantantes melódicos, hubo un salto cuantitativo, una masificación y una rebaja. Eso afectó a la capacidad de los medios para seguir buscando cosas que se salieran de lo más trillado. Salían grupos de debajo de las piedras y no había capacidad de asimilarlo todo. La única excusa que se me ocurre para justificarlo es la cantidad de maquetas y discos que debía de recibir gente como Ordovás y Manrique. En el 86-87 aquello debía de ser aterrador.

Hubo grupos pequeños toda la década y, para mí, los más interesantes no tuvieron repercusión. Son grupos que a lo mejor solo sacaron un single. Y quedaron muchos por descubrir: Morticia y los Decrépitos, Exocet, Los Extraños, de Jon Zamarripa, Ciudad Jardín, Los Cardíacos, Kamembert, Esqueletos, Zoquillos, Los Santos, Minuit Polonia, Los Monaguillosh… Para mí, Los Auténticos es el gran grupo olvidado de los 80. Y uno de mis discos favoritos es el de Los Cafres, de Galicia, y solo sacaron ese.

La memoria de los años 80 es muy limitada. Hay grupos que no conoce ni dios y que merecen una revisión.

UN PUEBLO DENTRO DE MADRID

FINO OYONARTE: Nací en Jaén en 1964 y a los pocos meses me fui a Almería. Allí había mucho ambiente de heavy y rock urbano. Durante la Movida, allí no llegó prácticamente nada: el rock andaluz de Triana, Imán, Califato Independente; Azahar y grupos como Burning y Leño. Yo perseguía a Leño incluso si iban a tocar por algún pueblo. Íbamos con la pandilla. A esa edad estaba siempre en la calle. No escuchaba tanto la radio.

En un viaje de LSD me fui con un colega a San José, un pueblecito costero al lado del Cabo de Gata, y entré en el Pez Rojo, un cortijito donde unos madrileños hacían cuero y tenían su bar. Había ocho personas: entre ellas, Iñaki de Glutamato Ye-Yé y Joe Strummer. Le dije a Iñaki que era bajista, que tenía un grupillo y nos dimos el contacto. En Navidad fui a pasar una semana a Madrid, me llevé el bajo y, como Iñaki invitaba a todo el mundo a tocar aunque se lo encontrara en el metro, me pasé a tocar unos temas. Allí estaban Poch, Patacho… Yo era un chaval, pero me trataron muy bien. Hasta me llevaron a La Vía Láctea. Y me volví a Almería.

En abril del 85, llamó Iñaki a casa de mis padres y me dijo, «¿te apetece hacer la gira de verano?». Me fui en el expreso de medianoche con mi macuto, mi Rickenbacker y una nevera portátil llena de pescado y gambas. Mi primer concierto con Glutamato fue en las fiestas de San Isidro delante de cincuenta mil personas. Presentaban Alaska y Almodóvar. Me metí en el corazón de la Movida directamente del pueblico. Ese día era mi cumpleaños.

Hice una gira de diez conciertos en verano con Glutamato Ye-Yé. Eran paquetes de dos o tres grupos en plazas de pueblo. Tocamos con Poch, Sindicato Malone, Siniestro Total, Los Secretos, Loquillo… Yo no había cobrado ni veinte duros en mi vida y estaba encantado.

Al acabar el verano, Iñaki me dijo que dejaba el grupo. Yo no sabía qué hacer y me puse a currar en Malasaña. Por allí me movía todos los días. Me tiré casi dos años durmiendo de sofá en sofá en casas de colegas.

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