Lou-Andreas Salomé - Aprendiendo con Freud

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Pedagogos y psicólogos podrían sentirse agradecidos a la mítica Lou Andreas-Salomé escribió durante los dos años de su vida (1912 /1913) consagrados al estudio del psicoanálisis, como alumna del curso «Capítulos de la doctrina psicoanalítica» dictado por Sigmund Freud en Viena.Esta obra es ya clásica y creemos que conviene reeditarla para reubicar las reflexiones y los análisis de los hallazgos de diferentes protagonistas del psicoanálisis. Protagonistas a favor y en contra de esa corriente filosófica y psicológica. En el cuaderno de memorias de Lou Andreas Salomé -mujer de extraordinario talento y belleza reconocida, amante de R. M. Rilke y muy querida por F. Nietzschse- se explican no sólo sus impresiones sobre temas que entonces emergían con fuerza (el consciente, las pulsiones, los símbolos oníricos, la homosexualidad, el narcisismo, la magia y la religión, la neurosis, la sexualidad, los traumas infantiles, el autoanálisis, el lugar del hombre y de la mujer, etcétera) sino también las relaciones personales e intelectuales -no siempre fáciles- entre S. Freud, Alfred Adler, C.G. Jung, V. Tausk, y C. Furtmüller con todo lujo de detalles cotidianos que hacen de esta obra una amena incursión en la intrahistoria del psicoanálisis.La nueva tendencia psicopedagógica a explicar a los jóvenes y a las personas adultas cómo construir su propio proyecto personal y vital se verá afianzada con la lectura crítica de las aportaciones de L-A. Salomé al respecto del valor de la disección psicológica de la persona sobre sí misma y de la actualidad de la psicología

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Interesante el dibujo de una habitación realizado por un neurótico y que Federn hizo circular entre nosotros: recuerdo, primero, de los objetos más anodinos, y más tarde y más difícilmente de los más importantes; y finalmente, las paredes vacías representando la más absoluta falta de inspiración; por último, lo más significativo y que nos hace volver a las primeras asociaciones (la pantalla azul de una bombilla, «el dolor azul», una virgen con la bóveda celeste sobre la esfera terrestre).

Freud ha intervenido mucho y animadamente con ocasión de la exposición de Rosenstein37 sobre Swoboda. Freud dijo exactamente lo mismo que había anotado ya hace un año sobre él y Swoboda: Swoboda se refiere exclusivamente al material manifiesto del sueño; ello hace desaparecer, evidentemente, la contradicción entre ambas doctrinas, pero hace insignificante también la interpretación «periódica» de los sueños, y la constatación de períodos de 28 y de 25 días referidos a los mismos.

EN EL CÍRCULO DE ADLER

Homosexualidad. Stekel

(jueves, 21 de noviembre de 1912)

Furtmüller expuso que Freud «retrocedía en último término a realidades únicas, mientras que Adler las había reducido a manipulaciones del psiquismo». Sin embargo, esto no es cierto pues, si observamos con mayor detenimiento estas realidades sólo llegan a desaparecer en Adler porque, en última instancia, se pone al abrigo epistemológico de una apariencia de lo vivido «como si». Pero como no se trata de esto, sino de la orientación práctica, resulta de nuevo necesario distinguir y separar la posible apariencia de una tal vivencia, es decir, de poner nuevamente en su lugar «lo psíquico» y lo «real»; y en este punto reaparece Freud exigiendo seguir el rastro de lo psíquico hasta allí donde nos sea posible por medios psíquicos, es decir, hasta el punto en que ya no nos queden más que manifestaciones somáticas y éstas están condicionadas por la sexualidad; en cierto modo estamos inscritos por su causa en un todo situado más allá de nuestro yo. Con independencia de lo que el juego de la psique haga con ellos, no saldrá, en este campo, del punto de vista de lo dado que concierne al contenido, pues de la simple «sensación orgánica» somática hasta ella no se eleva ningún puente.

Esta impresión mía se ha visto reforzada por la conferencia que ha pronunciado el propio Adler sobre la homosexualidad (sobre todo casuística).38 El homosexual que describe, y que en el fondo no existe, crea su propia ficción homosexual no a partir de sus «realidades», sino que se aleja totalmente de ellas, extraño a toda realidad, del mismo modo que gusta hacerlo al neurótico: no es un neurótico por ser homosexual, sino que es homosexual porque es neurótico, y porque precisa de esa ficción. Un homosexual de pulsión primaria formará en lucha contra pulsión tan real, una ficción opuesta y totalmente distinta a fin de «asegurarse» contra ella. Y tan sólo es en los llamados normales en quienes las realidades y las intenciones psíquicas se estimularán mutuamente hasta edificar una personalidad homogénea.

Stekel hizo acto de presencia en el círculo y fue citado muchas veces en las conferencias. A pesar de haberme sentado (esta vez con Ellen) junto a una mesita lateral, ha venido hasta mí y me ha interpelado acerca de Freud; hemos discutido. Me hablaba como invitada de Adler y en consecuencia no podía provocar un escándalo; Ellen y yo nos hemos marchado aprovechando el descanso. Stekel hizo lo propio. Una vez en la calle, y ante numerosos testigos, tuvo que responder negativamente a mi pregunta de si suscribía las opiniones que Adler acababa de manifestar.

Aún dejando al margen su presencia aquí en las presentes circunstancias, me doy cuenta de que tendré que dejar de asistir a los coloquios organizados por Adler. Es indudable su interés, pero no es ese el problema.

FÍSICO Y PSÍQUICO

Los «fundamentos somáticos de las neurosis» según Adler. Naturalmente que existen, pero es algo de lo que ignoramos todo. Ocurre lo siguiente: cuando accedemos a la más íntima de nuestras experiencias es muy poco lo que sabemos sobre sus equivalentes corporales; y a la inversa, allí donde se nos muestran fácilmente procesos corporales fracasa el acompañamiento psíquico de los mismos. La razón de ello debe ser entendida, en mi opinión, filosóficamente (y constituye la razón por la cual el célebre «paralelismo»39 no puede llevarse a cabo). Ocurre que entendemos por «corporal» simplemente aquello a lo que no podemos acceder psíquicamente, aquello que no sentimos, sin más, como idéntico a nuestro ser, y que, en consecuencia, situamos a distancia, es decir, diferenciamos de lo psíquico. «No poder explicar psíquicamente», o «tener que explicar corporalmente», esto es, situar como «material», es una y la misma cosa. En consecuencia: el que los procesos corporales deban permanecer oscuros para nosotros, como equivalentes de los psíquicos, es algo del todo comprensible; no nos queda otra solución que investigar cada campo con su método, yendo tan lejos como nos sea posible, pues metodológicamente hablando, todo queda dentro de cada uno de los terrenos. Nunca ni en ninguna parte debe establecerse una relación causa-efecto entre ambos, y su unidad no puede ser captada más que por la mirada de un dios; y no resulta evidente «espinocísticamente» más que para el filósofo, jamás para el empirista.

En aquellos puntos en que más se aproximan entre sí ambos métodos y ambos mundos, allí donde dejamos de interpretar «psíquicamente» o donde tenemos que empezar a hacerlo «corporalmente», hablamos, con mala conciencia, inseguridad y doble sentido, de procesos cerebrales, del sistema nervioso o del estado de las glándulas endocrinas; y si se manifiesta un trastorno, una enfermedad, se nos hace presente precisamente por ese nombramiento de «cuerpo» y «espíritu» que nos hace sentir corporalmente los padecimientos psíquicos y que nos lleva a soportar espiritualmente lo corporal. También puede ocurrir que una enfermedad de apariencia psicógena pueda parecer tratable medicamente, o que una «condicionada» físicamente, pueda ceder gracias a una influencia psíquica. (Ocurre que los internistas quieren determinar hallazgos tóxicos en la sangre en el asma bronquial. Y al revés: cauterizaciones nasales contra la masturbación, etcétera).

¿No es acaso destacable también que nos parezcan como las menos claramente diferenciadas precisamente aquellas partes de nuestro cuerpo que consideramos como las más estrechamente ligadas a las manifestaciones de orden psíquico, como ocurre con el cerebro y la médula espinal (materia nerviosa)? Masa pastosa protegida por la cápsula ósea que la encierra, o en un fino y pequeño cordón sin peculiaridades discernibles por nuestros ojos. Al otro lado, el mundo maravilloso y sin fin de lo exterior, de una fisis «de espíritu deportista», de la que nunca dejan de aprender todos nuestros sentidos y pensamientos. (Una objeción más contra esos señores ocultistas, que «materializando» lo físico, no ofrecen, precisamente por ello nada psíquico, pero tampoco la más mínima materia).

No podemos hacer accesible nada a nuestro entendimiento si no lo hemos previamente casi «personificado», y a la inversa, si no plasmamos lo psíquico en imágenes del mundo exterior; transformar lo anorgánico en símbolos psíquicos e ilustrar lo espiritual en sus actos por medio de procesos de sustancias básicas asimismo inaccesibles.

EL CURSO DE TAUSK

El sexo y yo

(martes, 26 de noviembre de 1912)

En la discusión, el estudiante de ojos verdes ha estado de nuevo muy incisivo. Observa adecuadamente que el olvido por represión es considerado todavía como un proceso puramente mecánico, mientras que a «las representaciones sustitutorias» parece precederlas una intención.

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