2Este concepto, así como todos los referentes a los géneros de conocimiento, surge de la lectura que hace Deleuze de Spinoza. Sin embargo, al denotar en la mayoría de los casos matices diferenciales del concepto original, se ha asumido para efectos de este trabajo que es Deleuze quien provee los conceptos.
Capítulo 3 El individuo: instantáneo y simultáneo
Desde el punto de vista deleuziano, instantaneidad y simultaneidad son dos cualidades fundamentales del cuerpo, bien si este se esboza a partir de las tres dimensiones que le coexisten o de los tres tipos de líneas que se entrecruzan sin cesar en él.
Considerar tres dimensiones (potencia, conjunto de partes extensivas y relación) implica una división meramente formal y comprensiva porque son aspectos que coexisten y se interrelacionan motivados por los afectos a los cuales están sometidos los cuerpos. Esos afectos se generan en el devenir en el que se sumergen los cuerpos, provocando un movimiento por el que el individuo deviene en tal o cual cosa en un instante y en otra al instante siguiente, correlativa en cada momento a los afectos que sufre en ese segundo instante. De allí que para determinar las características del individuo en función de dimensiones sea necesario referirse a un instante dado.
Para Deleuze (2005), el individuo coincide con un cuerpo: un conjunto infinito de partes extensivas. Se constituye así como cuerpo complejo a la vez que sus partes lo hacen como cuerpo simple. Los cuerpos simples son términos que no pueden dividirse y que solo existen colectivamente en conjuntos infinitos. Por tanto, no se habla de cuerpo simple, sino de conjunto infinito de cuerpos simples como expresión de la individualidad. Por ejemplo, no puede hacerse referencia a una parte infinitamente pequeña de hidrógeno como si fuera este elemento químico, porque esta tiende a desaparecer. Pero sí puede considerarse un conjunto infinito de partes de hidrógeno como este. Por otro lado, este cuerpo complejo que es el individuo está compuesto por partes de diversa naturaleza. En su configuración, un hombre como individuo incluye músculos, huesos, su pasado, su familia, sus amigos, etc., y en esto consiste su primera dimensión: un conjunto infinito de cuerpos simples que se llaman también partes extensivas, debido a su absoluta exterioridad.
Los cuerpos simples no tienen interioridad, solo reaccionan unos sobre otros sosteniendo relaciones extrínsecas. Como conjunto, establecen una relación de movimiento y reposo que hace que este le pertenezca a un individuo y no a otro. La relación bajo la cual se subsumen estos cuerpos simples permite distinguir un individuo de otro. Deleuze (2005) ofrece un ejemplo: la relación entre el conjunto de las partes infinitamente pequeñas de quilo y el de las partes infinitamente pequeñas de linfa constituye la sangre, es decir, quilo y linfa componen la sangre a través de la relación que se establece entre sus conjuntos infinitos de cuerpos simples. El ejemplo ilustra cómo conjuntos de diferente naturaleza se conectan en un mismo individuo. Pero, además, en un hombre confluyen el conjunto que compone la sangre y el que compone los músculos, el que forma sus emociones, etc. Todos establecen una específica relación de movimiento y reposo que los hace pertenecer a Juan Pérez y no a otro. Los conjuntos establecen entre sí una única y especial relación. Y en eso consiste la segunda dimensión de la individualidad, en la relación característica en la que se expresa cada individuo.
Ahora, si la relación distingue a un individuo de otro, ¿cómo se distingue una relación de otra? Para Deleuze (2005), los conjuntos infinitos tienen potencias diferentes: potencia de ser y hacer, de padecer y actuar, de existir. La potencia diferencia un conjunto infinito de otro porque la relación que caracteriza un cuerpo expresa su potencia, su esencia singular. Y ningún cuerpo se expresa bajo la misma relación que otro, ninguno puede hacer o padecer las mismas cosas que otro.
A cada individuo le corresponde un grado de potencia que lo caracteriza. Esta potencia se manifiesta con una determinada intensidad que hace referencia a una variación entre el poder de actuar y el poder de padecer que se efectúa “en razón inversa, pero cuya suma es constante y constantemente efectuada” (Deleuze, 1975, p. 87). Al aumentar la potencia de actuar disminuye la potencia de padecer y viceversa. La potencia se ejerce con más o menos intensidad en un momento dado, de acuerdo con las afecciones que sufra el cuerpo; sin embargo, su capacidad, su potencia, es la misma. Lo que varía es la potencia de actuar y a esto hace referencia el movimiento. Dice Deleuze: “El movimiento no va de un punto a otro, sino que se crea más bien entre dos niveles como una diferencia de potencial” (Deleuze y Parnet, 2004, p. 37).
La película Diario de un escándalo (Notes on a scandal)1 ilustra este punto. La coprotagonista, Barbara, es lesbiana y ejerce como maestra en un colegio público. Normalmente, en el trabajo no manifiesta su orientación sexual, pero la presencia de Sheba, la nueva profesora de arte, despierta su libido. A pesar del pudor que le exige su profesión, los afectos que le produce Sheba la llevan a mostrar cambios en la intensidad con la cual se expresa como lesbiana a lo largo de la historia. Lo que sucede es que su potencia de actuar como lesbiana varía en intensidad de acuerdo con las circunstancias que la envuelven a cada instante. Barbara no es más o menos lesbiana: su capacidad de actuar como tal ha variado en intensidad. En este sentido, Deleuze (2005) expone:
Cada vez que una afección efectúa mi potencia, la efectúa tan perfectamente como puede, tan perfectamente como es posible. Lo hace tan perfectamente como puede en función de las circunstancias, en función del aquí y el ahora. Efectúa mi potencia aquí-ahora en función de las cosas. (p. 87)
El grado de potencia que configura a Barbara, incluye, entre otras cosas, su potencia de actuar como lesbiana en un grado que solo le corresponde a ella como individuo. También incluye su potencia de actuar como profesora en un grado igualmente particular, etc., así se configura la tercera dimensión del individuo: la potencia como esencia singular.
Las tres dimensiones coexisten porque la relación aglutina los cuerpos simples y expresa la potencia. Se manifiestan de manera instantánea debido a que las afecciones producen efectos instantáneos, es decir, que tienen la misma duración que el afecto en los cuerpos; cosa que permiten que se manifieste —también instantáneamente— una posibilidad de modo de ser que reposa en la potencia que es el cuerpo mismo. Así, las tres dimensiones son inseparables. Se habla de individuo porque la relación aglutina las partes extensivas que le constituyen de manera particularísima y está claro que, en cuanto cuerpo, coexisten en él las tres dimensiones. De allí que se hable del individuo simultáneo, quien se constituye como instantáneo porque fluye en el devenir de la vida, donde los afectos le producen, de manera instantánea, cambios en su potencia de actuar.
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