Stephen Dixon - Interestatal
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Su brazo bueno le queda casi completamente paralizado por el disparo así que no puede volver a trabajar, trata de conseguir un empleo como cajero en otros restaurantes pero no hay trabajo o son tiempos difíciles, así que deben reducir algunos puestos y excusas por el estilo o simplemente no quieren tomarlo, piensa, porque ya no se ve saludable y eso no es bueno para el apetito de los clientes o lo que sea, y su ropa está vieja y pasada de moda y el brazo tieso como lo tiene, y su aspecto general desprolijo y posiblemente con cuotas más altas, para ellos, del seguro de salud y accidente por causa de la edad y las heridas, y tal vez piensen en una posible recaída médica en pleno trabajo, o sepan lo que les hizo a esos asesinos años atrás y sientan que de alguna manera la nueva herida se la ha buscado, y no quieran a un arrebatado trabajando para ellos y además si vas a contratar a un cajero o a un tipo para que cuelgue los abrigos o cosas por el estilo, incluso a alguien para atender a los caballeros en los baños de los restaurantes de clase alta, mejor tener a uno que pueda echar del lugar a los indeseables no demasiado amenazantes, o que al menos se vea como que podría hacerlo, encuentra más económico retirarse que trabajar, al menos por el momento, y tomar la pequeña pensión del sindicato que le darán y el seguro contra accidentes por haber sido baleado en el trabajo, que no está tan mal, y dentro de un año la seguridad social completa con la cobertura que ofrece el gobierno, Medicare o Medicaid, la llama a menudo pero después de las cinco y los fines de semana porque puede costar carísimo, es algo que lo aflige, por decir lo menos, que ella siga hablándole del mismo modo formal en que ha venido haciéndolo desde algunos años después de que él entrara en prisión –no solía ser así, con ella, antes, pero entonces era solo una niña y desde luego las cosas eran muy diferentes: él vivía con Lee, una familia, Julie, tenía un buen trabajo y no era un maníaco transitorio y de hecho bastante buen padre, más o menos como el promedio, pensaba, bastante relajado y para nada del tipo intimidante o criticón–, le pide hablar con sus hijos y con Glen casi todas las veces después de hablar con ella pero no hay mucha charla tampoco allí, Glen como que silencioso y, ¿cuál es la palabra?, incómodo o algo por el estilo y reservado, los chicos portándose siempre con timidez o es que no lo conocen lo suficiente, así que no ven por qué deberían pasar tanto tiempo en el teléfono con él, lo cual tiene bastante sentido y él probablemente sentiría lo mismo en su lugar, le dice lo cerca que ha llegado a sentirse de su familia casi exclusivamente por teléfono, ¿no es gracioso?, y que aún le gustaría ir a verlos si es que ella no va a pasar más o menos pronto por su ciudad, pero pensándolo bien ahora mismo no puede costear el pasaje... “Aunque sigo teniendo separado el mismo dinero solo para ti o la escuela de los chicos, quiero que lo sepas, o incluso para ti y Glen si llegaran a perder sus empleos o solo lo perdiera uno de ustedes, y se vieran repentinamente cortos de efectivo... no es demasiado, entiendes, así que no vayas a depositar tus esperanzas, cuando yo muera, de comprar con eso una piscina o construir un ala adicional para tu garaje”, y ella dice: “No albergo esa clase de pensamientos macabros o calculadores, y menos aún sobre lo que obtendré monetariamente gracias a la muerte de quien sea, y no es que no vayas a vivir más allá de los cien, y además solo tenemos un auto y lo dejamos en la calle –Glen toma gustosamente el autobús para ir a trabajar– y por regla general no somos partidarios de la construcción de piscinas privadas en nuestra zona... hay muy pocos días de auténtico calor, es una comunidad más bien artística o profesional, con una manada de doctores en medio, y de mente bastante ecológica, y hay varias piscinas públicas bastante buenas y a precios módicos”, y él: “Era solo una broma, cariño, bromeaba nada más, sobre el garaje y la piscina y mi muerte también”, y ella dice: “Lo sé, pero sentí que tenía que decir algo sobre cómo y dónde vivimos, para que en el futuro no te veas en la posición de prejuzgarnos, eventualmente, o de entendernos mal, y escucha, papá, si tienes tantas ganas de visitarnos, usa los ahorros que guardas para nosotros en un pasaje de avión, y nosotros te acomodaremos al menos por una semana”, y él dice: “No, tengo que dejarte algo, es un absoluto deber en mi mente, después de todo lo que no hice... tal vez gane alguna lotería o buena parte de ella, pero si lo hiciera significaría que habría jugado, y siempre pensé que tirar la plata así era un desperdicio tremendo y un escape idiota... discúlpame, espero que tú y Glen no jueguen a eso”, y ella dice: “ Por favor , y ni siquiera sé si tenemos juegos de esos por aquí”.
Hablan por teléfono durante dos años más, de vez en cuando una carta o una postal entre ellos y siempre tarjetas y regalos para Navidad de parte de él, un par de veces ella dice que cree que van a ir al este por una convención, o a visitarlo con uno o dos de sus hijos y tal vez incluir Nueva York y Washington D.C., pero luego escribe o llama por teléfono para decir que sus planes se cancelaron, o se vinieron abajo por razones personales de las que no quiere hablar cuando él le pregunta cuáles son, “Bueno, pensé que podía tratarse de mí... una disputa entre ustedes dos, por ejemplo, aunque no sabría por qué, realmente soy un tipo inofensivo y bienintencionado... o algo relacionado con ustedes dos que te lo impida, aunque también sobre eso estoy en la oscuridad total, con mi pésima memoria para las cosas más recientes que una semana”, y ella dice que no y que para referirse al asunto por última vez, eso es todo lo que va a decir, ¿de acuerdo?, y él dice que seguro, “Yo solo decía, no hablaba en serio, entonces te llamaré, cariño, adiós”, y como un mes después ella recibe la llamada de una funcionaria de la ciudad en la que él vive (hubo una cantidad de razones por las que no habían hablado desde su última conversación, cuando ella le dijo que sus planes se habían venido abajo y él pensó que podría tener que ver con él: estaban a la mitad del verano y cuando él llamó se habían ido a pasar dos fines de semana consecutivos en la casa que la madre de Glen tenía en la playa, otra noche estaban cenando en un restaurante a la hora en que él llamó, y después estaba cansado e hizo una siesta que terminó convirtiéndose en seis horas de sueño, y cuando despertó le pareció que era demasiado tarde para llamar incluso con las tres horas de diferencia, otra vez uno de sus hijos tomó el mensaje de que él había llamado pero olvidó dárselo a ella, otra vez fue Glen el que tomó el mensaje después de un breve intercambio, “¿Entonces cómo va?”, “Todo bien”, “Dile que llamé”, “Seguro”, pero discutió con ella cuando volvió del trabajo y después de eso seguía tan enojado que no quería decirle nada, y a la mañana siguiente planeaba decirle que había llamado su padre pero sobre todo hablaron de cómo el sueño suele alisar cualquier mal sentimiento que pueda quedar de las peleas del día anterior, y entonces se olvidó hasta tres días más tarde cuando se dijo: “¿Para qué molestarse?, probablemente vuelva a llamar hoy de todos modos”, ella lo llamó ese día pero él había desenchufado el teléfono porque tenía gripe intestinal o le había hecho mal algo que comió, pero en cualquier caso estaba demasiado débil como para contestar el teléfono, y no quería ser despertado por él ni oír sonar su timbre siquiera, los chicos se habían ido al campamento diurno y ella gritó desde el dormitorio: “¿Estás interesado en hacerme una visita?”, “Eso puedes apostarlo”, y más tarde el teléfono sonó mientras estaban haciendo el amor, y Glen se estiró hacia el teléfono y ella dijo “Déjalo”, y él dijo: “¿Qué pasa si es importante?”, y ella dijo: “Si lo es, volverán a llamar”, compraron una contestadora que grabó su mensaje pero algo funcionó mal ese primer día, o tal vez fuese la manera en que ella la instaló o la conectó a la pared, pero toda la cinta de la jornada se borró y al día siguiente, sin que le hicieran nada nuevo excepto desenchufarla de la pared y volver a enchufarla otra vez, funcionó perfectamente, ella llamó pero él no estaba, pensó en llamarlo dentro de más o menos una hora, pero luego sucedieron varias cosas –llamó Glen y tuvieron una larga charla, uno de sus hijos estaba invitado a dormir en la casa de un amigo y ella tenía que empacarle unas cosas y darle de cenar temprano, porque sabía que no le darían de comer mucho, allá donde iba, salvo caramelos, y luego lo llevó, decidió que la ensalada de papas para el picnic la haría hoy en lugar de mañana, uno de los comederos para pájaros se vino abajo y se rompió, y tomó cierto tiempo arreglarlo y volver a colgarlo en un árbol, en la radio estaban pasando una sonata para piano de Mozart que le resultaba familiar, y quería oírla hasta el final para saber qué número de opus era, se interesó en el último de una serie de artículos sobre el bienestar y los pobres, y entonces se puso a buscar en la pila de diarios de los dos días anteriores los artículos uno y dos– y nunca encontró tiempo para hacerlo, él llamó pero la línea estuvo ocupada durante horas y horas, y se rindió después de casi veinte intentos y se fue a la cama, pensando que la llamaría al trabajo al día siguiente solo para volver a oír su voz y para saber cómo iban las cosas con ella y su familia, después de casi un mes sin hablarse, o incluso más temprano a su casa, si es que se acuerda de llamarla, pongamos, entre las once y diez y las once y cuarto, hora de su ciudad, pero en el correr de esa noche se murió), parece que murió mientras dormía, de ningún modo puede decirse que haya el menor indicio de algo turbio, y puede haber estado muerto entre tres y cuatro días –“Discúlpeme, pero si todo esto le resulta demasiado”, dice la funcionaria, “aunque usted es la persona con quien realmente deseo hablar, puedo conversar de esto con su marido”, y ella dice: “No, está bien, hace tiempo que no veo a mi padre, más de un mes desde la última vez que siquiera hablé con él, y no hemos estado cerca durante muchos años, y no quiero que se decida nada sobre él sin mi intervención directa, así que por favor continúe y si llega a ser demasiado para mí, se lo haré saber”, y la funcionaria dice: “Como le estaba diciendo, y si soy demasiado directa por favor discúlpeme, no es el trabajo sino mi manera de ser... tres o cuatro días puede haber estado... la policía tuvo que romper su puerta porque la vecina a la que le había dejado un juego de llaves extra para emergencias como esta, así como él también tenía un juego de llaves de ella para ese mismo fin, estuvo todo ese tiempo fuera de la ciudad, y porque nadie más en el edificio lo había visto por un largo rato, o el olor... nunca me quedó claro cuál de las razones... en fin, esa no es la cuestión ahora... pero así es como finalmente lo encontraron”– y aunque él dejó dinero suficiente con instrucciones para que su cuerpo fuese cremado y para una pequeña ceremonia en el cementerio, con los familiares y los amigos cercanos, en la que sus cenizas han de ser enterradas sin ninguna inscripción junto a la tumba de su hija Julie, ¿tal vez ella quiere que se haga alguna otra cosa? “Sus instrucciones, junto con dónde está su pasaporte y su cuenta corriente y su número de asociado al sindicato para ayudar con los costos del funeral, y cosas por el estilo, todo eso estaba en un sobre dentro del cajón de su mesita de noche, pero no habían sido certificadas por escribano, las instrucciones quiero decir, o siquiera debidamente atestadas, de manera que usted puede tener la última palabra”, y ella dice: “¿Por qué querría contradecir la voluntad de mi padre”, y la funcionaria: “Según las leyes de sanidad tenemos que darle la chance, siendo usted, hasta donde sabemos –sus instrucciones dicen que lo es y vamos a hacer más comprobaciones– su única heredera, de modo que incluso tenemos que hacerle firmar una autorización para la cremación o entierro regular o la modalidad que finalmente usted decida”, y ella dice: “Eso es a lo que me refiero... ¿qué otra cosa podría querer que no sea lo que él decidió?”, y la funcionaria dice: “Podría no querer que lo cremen, por ejemplo, porque eso fuera contrario a sus creencias, religiosas o de otra clase... consideraciones como esa, en las que usted podría no haber pensado todavía, debido a lo repentino de la noticia”, y ella: “No, así es como quiero proceder yo también... es más fácil para todo el mundo”, y la funcionaria dice: “De acuerdo, y eso es lo que su padre escribió en sus instrucciones, además... él, lo cito, no quiere causarle una molestia a nadie, fin de la cita, pero otra cosa es la ceremonia –y en esto solo estoy tratando de ayudar, no forma parte de mi trabajo habitual–, él escribió que no quiere que ninguna persona religiosa de profesión oficie... que alguien, lo cito, laico y no remunerado, fin de la cita, como él dice, puede hacerlo fácilmente y de esa manera, además, lo cito, le ahorraría a mi hija los costos del ministro o rabino u oficiante, fin de la cita”, y ella dice: “También está bien para mí, quienquiera que él haya elegido... ¿eligió a alguna persona, en esas instrucciones?”, y la funcionaria dice: “Él escribió aquí que la casa de sepelios se hará cargo de la cremación y del servicio en el cementerio, pero no nombró a nadie como orador ni la clase de servicio que quería, secular o de alguna otra clase, así que asumo que eso depende de usted... tal vez, si puedo meter un poco más mi nariz, esa vecina amiga suya sabrá quién era su amigo más cercano – ella tal vez– y quién puede hablar de un modo que se le entienda y llevar adelante un servicio... pero el lugar del sepelio podría ser algo que también deba usted considerar... la verdad es, querida, que aunque su padre mantuvo y pagó a perpetuidad, según dice en sus instrucciones, la tumba de su hermana y varias otras a su alrededor, más algunas parcelas vacías, usted podría no querer que sus cenizas sean sepultadas allí, y en cambio llevárselas consigo en el avión”, y ella dice: “Ahora que lo menciona, para mí no tendría sentido ir al este, tan solo por una ceremonia con gente que mayormente no conozco, y sin siquiera un ataúd al que mirar ni realmente mucho más que ver, excepto las lápidas de mi hermana muerta y de unos abuelos que nunca conocí, de manera que tal vez puedo hacer que la mitad de sus cenizas sean enterradas junto a la tumba de ella, y que el resto me sea enviado y enterrado sin ninguna inscripción con las tumbas de la familia de mi esposo... solo ocuparía una parte pequeña del lugar y estoy segura de que a su familia no le importará, y de esa manera podré rendirle mi homenaje cada vez que quiera, ya que no veo cuándo volaré de nuevo al este, ahora que él ya no está, y estaría, o al menos sus cenizas estarían, la mitad de ellas, sepultadas junto o cerca de mí, ya que no dudo que yo también terminaré enterrada aquí”, y la funcionaria dice: “Estoy segura de que todo eso puede arreglarse a través de la casa de sepelios que se ocupará de la cremación, pero una última cosa, querida, con su permiso: si no se propone venir al este pronto, entonces es mejor que empiece a pensar qué quiere que se haga con su departamento, o habitación más bien”, y ella dice: “¿Sus pertenencias podrían, por un precio, ser desechadas, aquellas que no valgan nada, y el resto entregadas a la caridad o a alguna tienda de beneficencia que las acepte?”, y la funcionaria dice: “Eso tendrá que ser arreglado entre usted y el propietario del lugar, pero no veo por qué no podría hacerse... en cuanto a sus papeles privados, si los tiene”, y ella: “Oh, estoy segura de que los tiene: cartas de mi madre de antes de que se casaran, fotos de la familia y de cuando era niño, y sin duda algunos objetos personales de mi hermana Julie, desde su primer día de vida”, y la funcionaria dice: “Esas cosas, entonces, más algunos objetos de importancia práctica para usted, como su libreta y su chequera, y su certificado de nacimiento y el título de sus parcelas en el cementerio, y tal vez incluso algún ahorro escondido o acciones o certificados de bonos o cosas de esa índole que pueda haber acumulado a lo largo de los años, aunque esperamos que haya pagado el impuesto a la renta...”, y ella: “Dudo que tenga algo de eso... no solamente apenas se las arreglaba, digamos, así que era demasiado pobre para comprar alguna de esas cosas, sino que además desaprobaba esa clase de ingresos, como jugar en la bolsa, dinero que es nada más que papel, y si resulta ser dinero auténtico cuando es liquidado, en ese caso dinero ganado sin haber trabajado duro por él... así de anticuado era, en eso, por lo poco que hablé con él sobre el juego y los modos de ganarse el sustento, estoy segura”, y la funcionaria dice: “Como sea, pero una vez que firme y me remita los documentos que le envío, si realmente no va usted a venir, entonces se quitará el candado de su departamento y usted podrá designar a un subrogante para que se ocupe de eso y le envíe las cosas de naturaleza más práctica o financiera que este subrogante pudiera encontrar... en cuanto a las fotos y las posesiones de su hermana que su padre pudiera haber tenido...”, y ella dice: “No se trata de lo que ella poseía sino de lo que él haya podido conservar de ella... murió cuando tenía cinco años, sabe, asesinada por un loco; estábamos en el mismo auto en ese momento... un carnaval de tiros delirante, en una autopista”, y la funcionaria dice: “No lo sabía, y lo siento mucho, querida, muchísimo”, y ella: “Oh, sí, eso es lo que originó todos los problemas de mi padre... ruptura de su matrimonio, esencialmente me abandonó, algunas peculiaridades y obsesiones, perder su empleo y demás”, y la funcionaria dice: “Tampoco sabía eso, querida, lo siento... en todo caso, esas cosas, las que son tan solo de un posible valor personal, en fin, a menos que usted venga y las reclame, o se las haga enviar o le pida al propietario que las conserve hasta que él considere –dado que nadie está viviendo allí– que necesita desocupar el lugar para poder levantar la renta, entonces me temo que también se dispondrá de ellas como desechos”.
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