Vientos de libertad. No tendré miedo a la libertad si aprendo a escuchar “de piel” al Viento, al Ruaj,3 el Aliento que da vida, Aquel que me conoce por mi nombre, que sabe de lo más recóndito de mi ser, de lo más profundo. El Viento que puede ser una brisa suave en medio del bochorno, una ráfaga que desestabiliza o un huracán que se lleva lo postizo, lo que no tiene la suficiente fuerza como para resistirlo. El Viento es el aire en movimiento, nos recuerda al Espíritu en el que vivimos, nos movemos y existimos4. Esté donde esté, me rodea, como el amor de una madre por su hijo, que lo alimenta y fortalece.
Viento de Pentecostés. El evangelio nos pinta la realidad tal cual es: los apóstoles eran como yo, seres humanos con defectos y debilidades. Pedro era irreflexivo e impetuoso, Tomás difícil de convencer, Santiago y Juan reñían con los demás porque querían ocupar los primeros puestos en el futuro reino de Jesús. Aunque habían visto milagros y vivido en la intimidad con Jesús, asegurando que creían que era el Mesías, huyeron ante el peligro de la muerte, y tanto miedo tenían, que a Jesús lo enterró un fariseo que lo seguía en secreto. Les costó aceptar el testimonio de las mujeres que les decían que Jesús había resucitado y aún después de verlo vivo, permanecían encerrados por miedo a los judíos.
Sin embargo el Espíritu no tiene reparos en descender sobre ellos. Un “ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, llena la casa en la que se encuentran” 5. Y lo antiguo se hizo nuevo. No les quita su humanidad, no es que ahora sean perfectos y maravillosos, pero algo ha cambiado: tienen la capacidad de amar, de reconocer, de volver a empezar. En su vida se puede descubrir algo que los define: que nadie está más allá de la gracia de Dios, que siempre hay una posibilidad. Que el amor es lo más auténtico que tenemos. Lo más humano y lo más divino.
Viento de Pentecostés, me enseñas que hay un Dios más grande que todos nosotros, que por encima de todo me ama, que jamás estaré demasiado lejos de su alcance, que siempre puedo volver a comenzar. Contigo, Pedro puede dar la vida por Cristo y Pablo en medio de incontables penurias, recorre kilómetros para proclamar su nombre. Sus vidas estuvieron llenas de espíritu, de tu Espíritu. Pero corro el peligro de creer que eso son cuentos, historias que se trasmiten, que están agrandadas, manipuladas… Viento de Pentecostés ¿existes de verdad?
Porque los hombres somos pequeños y nos gusta tocar, ver para creer, tienes misericordia y nos mandas personas en las que se reedita este misterio. Así puedo entender la vida de otro hombre que no fue fácil, que estuvo llena de soledad interior, de luchas a veces titánicas, y riesgos que no se pueden entender sin la Luz, Fuerza y Amor que sólo Tú, Viento de Libertad, puedes regalar. A comienzos de Diciembre de 1941 desde la cárcel de Coblenza, en la que está recluido después de haber permanecido un mes en un bunker de la Gestapo, un sacerdote llamado José Kentenich escribe:
“Básicamente no esquivo ninguna dificultad que me presente la vida, al contrario, en todo quisiera crecer hacia arriba. Puedo decir con San Pablo6 que aprendí a estar satisfecho con las circunstancias con que me encuentro. Sé desenvolverme en situaciones apremiantes, como también en la abundancia. A todo y a cada cosa estoy preparado: a tener hambre y a estar saciado, a mendigar y a tener en la abundancia. Todo lo puedo en Aquel que me conforta” 7
Hay dos formas de enfrentar la vida, desde el amor o lejos del amor, uno puede desempeñar su trabajo, estudiar, limpiar su casa, tener amigos, hacer un comentario, corregir o hacer un cumplido desde el amor o lejos de él. Uno puede hacer un gesto o dedicar una sonrisa desde el amor o lejos de él. Esto es lo que da la diferencia, no tanto si lo hago perfecto o no.
Si vivo y actúo desde el amor, desde el Viento del Espíritu, obtengo experiencias derivadas del amor, y si actúo lejos de Él, obtengo experiencias derivadas de los otros vientos, que incluso pueden tener el título de “libres”.
La misma situación se puede solucionar desde la venganza, la violencia o la indiferencia, entonces uno se ha dejado llevar por los vientos de “exigir justicia” de “colocar la verdad ante todo” o del “fin justifica los medios”. En este caso la relación se enfriará, se deteriorará y ambos saldremos perdiendo. Pero si trato de gestionarlo desde la empatía, la tolerancia y el diálogo con humor, se está actuando desde el amor y se llegará a un acuerdo y la amistad se verá reforzada. Una vida llena del Espíritu Santo es una vida llena de Amor que una y otra vez me conecta con mi esencia, esa esencia que proviene del mismo Dios Amor, que “actualiza todas mis aplicaciones”, y me permite encontrarme siempre de nuevo conmigo mismo.
Ojalá estas páginas te ayuden a descubrir la vida de este hombre que supo guiar el barco de su vida bajo la dirección del Viento de Libertad que viene de Dios. Su vida comenzó como la de cualquier persona signada por el dolor del abandono y la inapariencia, en medio de una sociedad encorsetada y limitada.
Su camino estuvo jalonado por la presencia de María, y de su mano llegó a la nueva orilla de los tiempos más nuevos, se convirtió en un hombre lleno de luz, de una luz tierna y apacible en la que muchos pudieron descansar y encontrar consejo. Su vida se convirtió en camino y misión que muchos acogieron formando el Movimiento Apostólico de Schoenstatt. Su secreto y bandera: como María, estar lleno del Viento de Dios, del Viento del Amor, que da la libertad de los hijos de Dios. Su misión: formar personalidades libres, recias y llenas de Dios.
Quizás encuentres pistas que te indiquen caminos de plenitud; intenta analizar tus pensamientos, gestos y formas de actuar cada vez que saludes a un amigo, te rías con un conocido, negocies con un cliente, abras un libro o una aplicación de tu celular, cedas el paso a un anciano, visites algún familiar, des algún consejo, hagas un favor (o lo niegues) piensa en la actitud que estas tomando… ¿Actúas desde el amor o te estás alejando de él? ¿Qué vientos te guían? ¿Te guían VIENTOS DE LIBERTAD?
1| Papa Francisco, Alocución a los sacerdotes y la vida consagrada de Chile, 16.1.2018
2| Jn 3, 8
3| Ruaj, palabra hebrea que significa el hálito de Dios
4| Hch 17, 28
5| Hch 2, 3
6| Fil 4, 11-14
7| J. Kentenich, Cartas del Carmelo
Carpe diem es una expresión latina que se atribuye al poeta latino Horacio (65 a.C. – 8 a.C.) En su primer libro de las Odas, podemos leer la frase completa: “Carpe diem, quam minimim crédula postero”, cuya traducción es: “Aprovecha el día de hoy; no confíes en el mañana”. En resumidas cuentas: “Atrapa el momento”.
Carpe diem es una invitación a vivir el hoy sin preocuparse del mañana, es decir, disfrutar el momento sin pensar qué depara el futuro, ya que el futuro es incierto, y lo único que es verdaderamente real es el presente. Esta frase saltó a la fama el 22 de noviembre de 1989 con el largometraje “El club de los poetas muertos” que fue premiado en 1990 con un Premio Oscar y acabaría marcando a toda una generación.
La acción transcurre en el año 1959 en una escuela de Vermont cuyo método de enseñanza consiste en la obediencia, el rigor y la sumisión.Un profesor de literatura irrumpe en la vida de los chicos para cambiar sus esquemas, hacerles pensar por sí mismos, y a través de la poesía, romper los rígidos valores que impulsa la academia donde estudian.
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