Max Hastings - Guerreros

Здесь есть возможность читать онлайн «Max Hastings - Guerreros» — ознакомительный отрывок электронной книги совершенно бесплатно, а после прочтения отрывка купить полную версию. В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: unrecognised, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Guerreros: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Guerreros»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

El eminente historiador militar
sirMax Hastings escoge en este
estimulante e inspirador relato las vidas de dieciséis «guerreros» de diferente extracción social y nacionalidad de los últimos tres siglos, de
sde las Guerras Napoleónicas a los Altos del Golán, pasando por las guerras mundiales o Vietnam, seleccionados por su coraje o su extraordinaria experiencia bélica. En el curso de cuatro décadas escribiendo sobre la guerra, Max Hastings ha desarrollado una fascinación por las hazañas en los campos de batalla (en tierra, mar o aire) y, por supuesto, por los militares que las protagonizaron. Para ello aborda las biografías de soldados icónicos como el general y escritor napoleónico barón Marcellin de Marbot (inspiración del brigadier Gerard de Conan Doyle); de sir Harry Smith, cuya esposa española, Juana, se convirtió en su compañera militar en más de una campaña; del teniente John Chard, un modesto ingeniero convertido en el héroe insospechado de
Rorke's Drift durante la guerra anglo-zulú, e inmortalizado en el cine por Stanley Baker; el jefe de escuadrón Guy Gibson, piloto cuyo heroísmo en los cielos de la Segunda Guerra Mundial le granjeó la admiración de su nación, pero pocos amigos; o el enérgico teniente coronel virginiano John Paul Vann, uno de los asesores militares estadounidenses más influyentes en la guerra de
Vietnam, verso suelto del ejército con una turbulenta vida personal. Para imponerse en el campo de batalla,
cualquier ejército necesita individuos capaces de mostrar un coraje por encima de lo común, pero… ¿qué es lo común en la guerra? En Guerreros, Max Hastings trata de dar respuesta a esa pregunta, y cómo esa percepción ha cambiado a lo largo del tiempo. Al tiempo que honra hechos extraordinario valor, posa su mirada inquisitiva sobre la entrega de condecoraciones al valor… y en el por qué estos prominentes guerreros rara vez dan la talla como líderes.

Guerreros — читать онлайн ознакомительный отрывок

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Guerreros», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Todo ejército, para triunfar en el campo de batalla, necesita que existan unos cuantos sargentos mayores Hollis, individuos capaces de mostrar coraje, iniciativa o liderazgo más allá de lo normal. Pero ¿qué es lo normal? Es un concepto que ha ido evolucionando a lo largo de la historia y de forma especialmente radical a partir de la segunda mitad del siglo XX con el triunfo de lo que hemos dado en llamar «civilización». Sin embargo, eso no significa que las sociedades actuales sean más benévolas hacia sus oponentes que las del pasado, sino más bien lo contrario, pues emplean armas cada vez más devastadoras para aniquilarlos. En contrapartida, los soldados occidentales demuestran una reticencia cada vez más acusada a la hora de asumir riesgos o sobrellevar penalidades, en consonancia con las costumbres dominantes en sus sociedades. Mientras que un soldado griego o romano combatía cuerpo a cuerpo durante horas, con armas blancas, sajando carne, huesos y órganos, hoy las armas de fuego modernas son capaces de infligir heridas igual de terribles que aquellas, pero el acto es mucho menos íntimo. «¿Qué significa entrar en combate? –se preguntaba el piloto de la Primera Guerra Mundial, V. M. Yeates–. No hay rabia, ni sed de sangre, ni esfuerzo, ni te quedas agotado y sin aliento; solo un suave movimiento con las palancas [de mando] y el tableteo de las ametralladoras». Esta falta de esfuerzo físico en el acto de matar, cuya novedad apuntaba Yeates en 1918, es cada vez más notoria entre los combatientes de las democracias occidentales y, hoy por hoy es, de hecho, prácticamente universal, excepto entre algunas unidades de infantería. Antiguamente, el guerrero creía que su vocación militar era algo noble, en parte porque aceptaba que matar conllevaba la posibilidad de morir, aunque tampoco hace falta exagerar la caballerosidad, ya que, en última instancia, a lo que cualquiera de ellos aspiraba era a eliminar al enemigo mientras que él salía con vida. Pero, al mismo tiempo, el hecho de aceptar que podías morir –o que tu bando podía sufrir elevadas bajas– era algo que se daba por sentado, algo que hoy no sucede. Las operaciones de baja intensidad características de las contrainsurgencias modernas todavía pueden provocar pérdidas dolorosas para un ejército occidental, pero la realidad es que cuando los planes siguen el curso previsto, en grandes operaciones convencionales como las invasiones de Irak o Afganistán o la campaña de bombardeos en Kosovo, los objetivos se consiguen sin que las potencias tecnológicamente dominantes sufran bajas significativas. El bando perdedor sí que tiene que soportar un gran número de muertos y heridos, pero mientras que las bajas que sufren los ejércitos occidentales sí que provocan intervenciones de la oposición en los parlamentos, las de los vencidos pasan desapercibidas para la opinión pública. Hemos vuelto al modelo de conflicto colonial decimonónico: «Nosotros tenemos la ametralladora Maxim; ellos, no»; o, en el contexto del siglo XX: «Nosotros tenemos chalecos antibalas capaces de detener un disparo y tanques que son invulnerables a armas obsoletas».

En la época napoleónica se esperaba que un soldado fuera capaz de aguantar a pie firme las descargas de fusilería del enemigo a una distancia de entre veinte y treinta metros, por lo general sin protegerse con parapetos o trincheras, mientras permanecía impávido en formación y disparaba y recargaba su mosquete. Las tácticas pensadas para minimizar el riesgo físico de los soldados eran poco habituales. De hecho, no estaban exentas de polémica cuando se utilizaban, como sucedió, por ejemplo, con las discusiones que provocó que Wellington ordenase a su infantería que se tumbase cuerpo a tierra con el fin de reducir el impacto del bombardeo francés en Waterloo. Es necesario entender que, en la época, aquellos que querían conservar su reputación de valentía entre sus pares estaban obligados a aceptar riesgos que los soldados actuales considerarían intolerables. Muchos veteranos de las contiendas de Napoleón tuvieron que demostrar su determinación a la hora de encarar los terrores del campo de batalla en docenas de enfrentamientos a lo largo de casi veinte años de guerras incesantes, para demostrar su valentía ante sus iguales. Por su parte, los soldados de la Guerra de Secesión estadounidense tuvieron que hacer frente, al igual que lo habían hecho los soldados de Napoleón o Wellington, a masivos intercambios de disparos, pero con la particularidad de que los avances tecnológicos en las armas utilizadas hicieron que batallas como Gettysburg o la campaña del Wilderness fueran ordalías incluso más terribles que las experimentadas por los soldados europeos cincuenta años antes. Aunque el enfrentamiento entre los estados americanos duró menos que los conflictos europeos de principios del siglo XIX, se cobró una tasa de víctimas superior a la de cualquier conflicto de la historia de Estados Unidos, si bien es verdad que muchas bajas lo fueron por enfermedad.

El final del siglo XIX marcó la desaparición de la ética guerrera dominante desde el principio de la historia, y que veía la guerra como una actividad propia de las élites, a la vez que una oportunidad de empleo para las clases menos favorecidas. Winston Churchill, por entonces un joven corresponsal de guerra, fue quien mejor supo describir el final de la época del caballero aventurero, en uno de sus típicamente ampulosos despachos enviado desde el cuartel general de Bullers en Sudáfrica, en febrero de 1900:

El soldado, se conforma con poco, duerme profundamente y se levanta con la estrella del amanecer; se despierta eufórico de cuerpo y de alma, sin gran esfuerzo y sin bostezar apenas. No hay momento del día más perfecto que este, cuando encendemos el fuego y, mientras esperamos que la tetera empiece a hervir, vemos cómo las oscuras sombras de las colinas empiezan a tomar forma, definición y finalmente color, sabiendo que ha comenzado un día completamente nuevo, lleno de oportunidades y aventuras y libre de toda inquietud. Todas las preocupaciones desaparecen. Porque, ¿quién puede estar preocupado por las vanidades cotidianas cuando puede morir antes de que caiga la noche? El que ayer estaba entre nosotros –mirad, una solitaria taza de café en el rancho– hoy se ha ido para siempre. Y mañana puede pasarnos a nosotros. ¿Qué importan los malentendidos y las discusiones? ¿Qué más da si Fulano de Tal es un envidioso y un rencoroso? ¿Qué si hay terribles obstáculos que te impiden alcanzar tus metas, o que el barro de lo real manche tus más elevadas fantasías? Aquí la vida misma, la vida en su momento más perfecto y pletórico, espera el capricho de una bala. Ya veremos cómo se nos da el día. Todo lo demás puede esperar, tal vez para siempre. La existencia nunca es tan dulce como cuando está en peligro. La brillante mariposa revolotea a la luz del sol, dice la filosofía de Omar Jayam, pero sin la resaca.

Pocos disfrutaron las contiendas del siglo XX tanto como Churchill había gozado con sus aventuras con, por ejemplo, la Fuerza Expedicionaria de Malakand en la frontera noroeste de la India en 1897. Las guerras mundiales infligieron tales horrores a la humanidad que se volvió inaceptable hasta para el guerrero más entusiasta reconocer la guerra como un simple pasatiempo, aunque los soldados, marinos y pilotos profesionales todavía agradecían las oportunidades de ascenso que ofrecía. Un oficial de carrera que en tiempo de paz podía tardar veinte años en ascender desde teniente a coronel, podía conseguir lo mismo en un par de campañas con un poco de suerte y habilidad. Sin embargo, la mayoría de los participantes eran civiles reacios, reclutados por el ejército para soportar experiencias que les resultaban odiosas, incluso aunque asumían que su deber era soportarlas. Pocos ciudadanossoldado escribieron a casa desde el norte de África o el Pacífico con el exuberante entusiasmo de Churchill.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Guerreros»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Guerreros» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Guerreros»

Обсуждение, отзывы о книге «Guerreros» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.

x