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Báratro
Roberto Núñez Pérez
XI Concurso Nacional
de Libro de Poesía, 2019

Universidad Industrial de Santander
Bucaramanga, 2020
Página legal

Báratro
XI Concurso Nacional de Libro de Poesía
Autor: Roberto Núñez Pérez
Fotografía carátula: Pixabay
© Universidad Industrial de Santander
Reservados todos los derechos
Primera edición: marzo 2020
ISBN: 978-958-8956-91-6
Edición, diseño, diagramación e impresión:
División de Publicaciones UIS
Carrera 27 n.° 9, ciudad universitaria
Tel.: 6344000, ext. 1602
Bucaramanga, Colombia
ediciones@uis.edu.co
Prohibida la reproducción parcial o total de esta obra, por cualquier medio, sin autorización escrita de la UIS
Impreso en Colombia
Nada tan bello
Odio a Báratro,
pero compro sus revistas pornográficas,
repito a diario lo que dicen sus periódicos,
sus noticieros,
y aprovecho las ofertas del supermercado y la catedral.
Soledad de sí mismo,
abandono de sí mismo,
sin banderas en la piel,
sin horizonte en los ojos.
No tengo siquiera un chinarro para lanzarlo al vacío.
(Y si lo lanzo,
¿a qué sueños llegará?).
Ojalá mi cuerpo fuera junco,
mis manos puñados de arena para los sauces,
los mangos y abetos;
ojalá mis ojos supieran de las lunas
escondidas bajo las losas del pavimento.
Odio a Báratro y escucho su música,
sus discursos y sermones,
repito sus oraciones en el café matutino,
en el té vespertino.
Si mis oídos supieran de la poesía de las hojas que se rozan,
de los días que duermen en los almanaques sin imprimir,
del amor que en el metro me arroja una frente.
Todo es cuchillo y acero en Báratro,
y sin embargo cae;
La ciudad tiene mil soles para cada sombra,
y sin embargo cae;
mil disparos para sus miedos,
y sin embargo cae.
(¿Y si tras el derrumbe de Báratro
no queda siquiera la esperanza?).
También los puentes tienen un día para morir.
La fábrica ha entrado en agonía.
También los rascacielos se inclinan
y se dan de bruces contra la avenida.
Nada hay en ti tan alto que no pueda caer,
nada tan bello que no se pueda humillar.
Un oscuro relámpago
Un oscuro relámpago atraviesa la casa,
rompe el agua,
desparrama los espejos.
¿Habrá algo de claridad en mi corazón?
Abundan la furia,
el ruido en los resquicios,
el fulgor en las fachadas.
Abunda en el aire el olor
de las flores artificiales,
de las chicas que brotan
del reflector y la bruma.
Sin embargo, la noche atenaza el alba,
agarra con sus pinzas el mediodía,
empuja contra la alambrada la tarde.
Y hay quien cante
como el romero entre el silbido de las serpientes,
como el corazón del derrotado que sueña otras aves,
que siembra otros patios.
Hay 718 muertos entre la vida y el interruptor de la luz.
Te hablo del amor y te vendo los cedros.
Quisiera ser ciego, pero me vence la tragedia.
Te hablo del amor y te vendo las reposadas espinas del sábalo.
Quisiera ser ciego, pero me vence la belleza.
¿Quién se atreve a soñar
ahora que cierra la noche, ahora que la herida
promete su eternidad?
No podrás leer los pájaros que libres vuelan en mi frente
Me miras
y desconoces
que soy más que un candil,
un haz de luces:
la luz misma.
Como las dalias también moriré
una vez que el invierno llegue a mi ventana.
Me miras e ignoras
el puñado de universos
que llevo en mi frente,
los lagos y los peces
en los abismos de mis ojos,
las siembras y cosechas
de mis manos al viento.
No reflejo fuego alguno;
soy el fuego mismo sobre el espejo,
el fuego que enseña a crecer la hierba
y apaga las últimas sombras de la sima.
No podrás mirar en mí más allá de lo que ves.
Ciegas han quedado tus manos,
tu olfato,
tu voz que no alcanza el canto,
que no ha aprendido a leer la melodía
de los pájaros que libresvuelan en mi frente.
Hay otras ventanas más allá de ti,
más allá de mí.
Hay otras lunas que también
se pueden lanzar al cielo.
Solo el amor, y no París
Su blusa decía París, pero estaba en Báratro.
Las vitrinas hablaban del amor, pero este no alcanzaba.
Venecia estaba en la mitad de la película que los durmió anoche.
Su amor,
irremediablemente grande y mutuo,
resistió la lluvia que inundó el último sábado.
Se bañaron en ella como en los filmes románticos.
Sin embargo,
descubrieron el domingo
que en ellos nunca se narra el día siguiente,
el de la gripe,
el de las pastillas y la fiebre.
Quizá los arroyos les recuerden una Venecia
a la que jamás irán.
Intuyen que toda ciudad es distinta;
cada una guarda sus propios muertos,
sus propios ahogados.
Ellos solo saben de Luisa,
convertida en tragedia en el arroyo de la calle 21,
justo a la hora del almuerzo,
solo por jugar con el agua,
el miedo y la risa.
Vieron costosos hoteles en las revistas
y quisieron en ellos amarse.
Solo estaban los moteles del centro,
los rincones y las paredes en los que minutos antes
había estado el ladrón.
De todas formas, allí se amaron.
El deseo anula las rocas,
el frío,
el dolor de la cara contra la pared,
de la espalda sobre los espinos,
de las rodillas sobre el desierto.
Solo el amor les hizo tolerable la urbe,
la vieja pintura de las casas abandonadas,
la soledad de los cuchillos en la cocina,
la tristeza de los perros
aplastados por los relojes
en la circunvalar. Solo el amor.
Solo el amor.
Y no París.
Hay en su corazón un río que no ha querido desbordarse
Deseo y angustia en las vitrinas.
La mujer mira la frente,
los párpados,
y el lucero cae
sobre las cortinas que se cierran,
sobre las lunas que el mago prometió.
En la fila del banco un joven habla de amor
mientras ella sonríe y piensa
en las deudas,
en el futuro que no vendrá,
en el pasado que no quiso.
¿Quién es el cobarde que grita
y promete entusiasmado
que el cielo es posible?
¿Acaso ya ha ordenado estos papeles,
ha pagado estas letras
de la A hasta la Z,
amontonadas una por una
como los frágiles y bellos sueños que no fueron,
como la libertad autoflagelándose,
como el amor,
como el amor cocinando sus odios?
Hay en su corazón un río que no ha querido desbordarse,
entre sus piernas un fuego que no ha podido extenderse,
en su frente universos a punto de estallar
justo cuando alguien
apaga la luz, y justo la voz,
justo la voz,
la voz
que promete el cielo ahora llama a la calma,
a dormir,
a serenar el presente,
a borrar el futuro
justo ahora que vale la pena destrozarlo todo.
Todo.
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