Siempre me gustó el cuerpo humano. A los seis años comencé a soñar con ser doctora, comencé a memorizar los nombres de los huesos, de algunos músculos y órganos, y anhelaba el día en que pudiera ayudar a sanar. Pero me pasaron algunas cosas tristes y, al no saber muy bien cómo manejarlas, comencé a “jugar” a lastimarme. Usaba trinchetas, cuchillos, y me producía quemaduras, mordeduras y golpes. Comencé a fantasear con la muerte. No había nada muy visible y las cicatrices no eran profundas; por lo menos no en la piel. Y así como quizá te haya pasado a ti cuando te sentías triste o pasaste por alguna situación difícil, para muchos tu dolor pasa inadvertido.
Odiaba las flores, que se morían antes que yo, y envidiaba a los pájaros, que se podían escapar volando. Tenía amigos buenos, amigos de verdad, pero por alguna razón me escudaba más en las lágrimas, en las noches, en las culpas, en los libros y en la soledad.
Hay cosas que podemos llegar a disimular muy bien, por muchos años, e incluso rodeados de amor y dentro de la iglesia. Podemos acostumbrarnos a ellas y llegar a considerarlas normales.
Pero en algún momento, indefectiblemente, nos encontramos con Dios. En realidad, él nos encuentra. Él nos busca. Y si dejamos de escondernos, aparece con toda su gracia para cambiarnos la vida para siempre.
Puede ser que lo encuentres en la belleza, en un abrazo, en una puesta de sol o en el pozo del más profundo dolor.
Es un encuentro independiente de tu religión. Es el verdadero comienzo de tu religión.
Ese versículo, que conocía de memoria como “adventista de cuna” de quinta generación, se volvió un versículo que le hablaba a una joven perdida, en un hogar deshecho y con una fe que no llegaba ni al techo.
Ese Dios me hablaba. El poder de su Palabra me atravesaba.
Hablaba de la vida, eso que yo no quería. Hablaba de poder y de perfección, algo que creía que nunca iba a alcanzar. Hablaba del filo, ese con el que jugaba. Hablaba de huesos y articulaciones, esos que estudiaba. Hablaba de pensamientos e intenciones, esos que en mi ignorancia creía que podía ocultar. Hablaba de la Biblia, ese tesoro que muchos conocemos desde chicos pero no valoramos ni leemos de verdad. Quizás en eso radicaba el mayor problema o la traba para la felicidad. Como dice Juan, la vida eterna es conocer al único Dios verdadero y a Jesucristo, quien fue enviado.
Al leer la Biblia más y más, comencé a conocerlo más y más.
Cuando bajo el microscopio y en tamaño real pude ver un hueso sano y un hueso enfermo, entendí que, en todo momento, él tenía el control. Me amaba hasta la médula. Me amaba a pesar del pecado. Me ayudó a discernir los pensamientos e intenciones de mi corazón y, sin quitar mi sueño de ayudar a sanar, lo redireccionó hacia donde más lo podría usar.
Mi historia, así como la tuya, está escrita con caídas y obstáculos, con fracasos y victorias. Pero cada día, a cada uno, Dios le da una página en blanco.
Quiere rompernos todos los esquemas para recordarnos que el diseño original es el que tiene que prevalecer, ese que tiene una impronta de eternidad y una genética celestial a pesar de todas las mutaciones del pecado.
Él es Verbo y, con su Palabra y mis palabras, hoy me permite contarte mi historia y muchas más. No sé qué momento de tu vida estás atravesando ahora. No sé en qué etapa estás, qué decisiones tienes que tomar, a qué personas puedes influenciar. Pero sé que esa Palabra también te puede transformar.
Cuando te dije “Querido lector”, no lo dije por formalismo, sino de verdad.
He orado cada día para que estas historias y reflexiones puedan acompañarte en tu caminar con Dios, para que encuentres en cada versículo mensajes poderosos y aplicables hoy, para que, al terminar el año, no solo conozcas 365 versículos e historias, sino también puedas encontrar al Dios que quiere impactarte poderosamente y acompañarte a escribir tu propia historia… una historia para la eternidad.
¡Que Dios te bendiga, inspire, transforme y use con poder cada día de este año y de tu vida!
Con todo mi cariño,
Caro
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A menos que se especifique de otro modo, las citas bíblicas se han tomado de la versión Reina-Valera Revisada 1960 (RVR 60).
Encuentros con Jesús - 1º de enero
“Ahora vayan y cuéntenles a sus discípulos, incluido Pedro , que Jesús va delante de ustedes a Galilea. Allí lo verán, tal como les dijo antes de morir” (Mar. 16:7, NTV, énfasis añadido).
Recuerdo aquella mañana nevada porque supe, después de leer este versículo, que de ahí en más vería las cosas de forma diferente. Un autor cristiano escribió una reflexión basada en este texto y, aunque la leí sin mucho cuidado, vi esta historia bajo una nueva luz. El autor mencionaba que en ella podíamos encontrar el “evangelio de la segunda oportunidad”.
Pedro había negado a Jesús, había visto su mirada en el patio, había llorado amargamente —arrepentido por su proceder—, y ahora probablemente extrañaba a su Maestro, quien ya descansaba. Seguramente, el nuevo día había amanecido sombrío sin su amigo tan querido.
No sé cómo habrá amanecido tu primer día de este nuevo año. Quizá comenzó lleno de expectativas y entusiasmo. Quizá, como Pedro, acarreas culpas del pasado. Quizá pensar en el futuro te resulta abrumador. Quizá tus resoluciones no son tan claras aún. Quizá sientes que el año no ha terminado en realidad y que el peso de otro número es más de lo que puedes soportar por tu cuenta. O también puede ser que el cambio de fecha no represente mucho para ti y hoy haya comenzado como comienzan tantos otros días.
Cada nuevo día, Dios nos recuerda que nos da una nueva oportunidad para vivir, llena de esperanza y alegría.
Jesús, al resucitar, dejó una invitación para sus discípulos, y mencionó específicamente a Pedro. Le aseguró que seguía incluido en el grupo, pero sobre todo, le aseguró que seguía amándolo y que quería verlo otra vez.
Al iniciar un año nuevo, tenemos la oportunidad de replantearnos ciertas cosas.
Aprovechemos esta fecha para recordar que Jesús nos está haciendo una invitación similar. Quiere recordarnos que está vivo, que está dispuesto a perdonarnos, que quiere darnos otra oportunidad y vernos otra vez.
Es que aún tiene muchos planes para nosotros y quiere usarnos de formas espectaculares cada día de este año para ser de bendición para otras personas. Quiere recordarnos que va delante de nosotros y que, así como cumplió tantas de sus promesas, también va a cumplir su promesa de volver. Escribamos nuestro nombre en lugar del de Pedro, propongámonos tener una relación íntima con él y aceptemos con gozo este “evangelio de la segunda oportunidad”.
Aroma a sábado - 2 de enero
Una canción para el sábado
“¡Cuán bueno, Señor, es darte gracias y entonar, oh Altísimo, salmos a tu nombre!” (Sal. 92:1).
¿Qué cosas son características del día sábado en tu hogar? Para muchos, es el aroma a alguna comida especial, la agradable sensación de limpieza o alguna actividad diferente realizada en esas horas sagradas. Para otros, tristemente, el sábado se ha convertido en un día en que las ideas de cosas para hacer se acaban; un día que se espera que pase rápido.
Richard Davidson, autor del libro A Song For the Sabbath [Una canción para el sábado], menciona en su obra algunas de las características que hacen que este día sea un deleite para su familia. Incluye algunas hermosas tradiciones que tenía el pueblo judío para celebrarlo de forma especial. Habla detalladamente de este salmo que fue escrito para el día de reposo y también menciona algo muy interesante: las personas siempre buscaban a Jesús para que él obrara milagros, pero los milagros de sanidad que Jesús realizó en sábado fueron todos por su propia iniciativa.
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