¿Demasiada tentación?
El enemigo no cambia su táctica.
¿Acaso alguien ha visto el estado de este mundo? ¿Acaso no hemos visto las consecuencias de la rebeldía y la desobediencia? ¿No nos hemos dado cuenta de que estamos en ambientes de muerte, de desolación y tristeza?
No te preocupes, eso no va a afectar tu familia, eso no va a dañar tu salud, eso no va a afectar tu economía, susurra constantemente el enemigo al oído humano.
Por eso tiene a este mundo sumido en la vergüenza. Hombres y mujeres que van por el mundo cargando un peso demasiado grande para llevarlo todos los días.
Serás como Dios, dijo el enemigo. Allí está la fuente de todo esto. La idolatría. Nos idolatramos demasiado. Queremos ser como Dios, queremos elevarnos por encima de todo para proclamar nuestra propia independencia de Dios y de su palabra.
El evangelio tiene que llevarnos a la verdad para podernos transformar.
Sin embargo escuchamos a diario frases como estas: No me digas cómo vivir. Yo sé muy bien lo que hago. A mí me gustan las cosas de esta manera. Así soy y así me quedaré. Que nadie se meta en mi vida. Yo tomo mis propias decisiones.
¿Has oído eso con frecuencia? ¿Lo has dicho tú también?
Todo se trata de mí. Todo se trata de mi propia satisfacción, de mi propia realización. Lo que yo sienta, lo que yo opine, lo que finalmente yo decida.
Es que Dios no quiere que sean como Él, les dice el enemigo.
El paraíso estaba preparado para que fuera disfrutado por Adán y Eva y su descendencia. Todo estuvo preparado perfectamente. De hecho, Dios primero creó todo para dárselo al hombre para su deleite.
La desobediencia causó que la humanidad fuera echada de la casa del Padre.
¡Alguien tiene que restaurar esto!
¿Lo podrá hacer el ser humano con toda su carga de malicia y egoísmo?
¿Lo podrán hacer los gobiernos con todos sus recursos?
No, nadie lo puede hacer.
Solo hay uno que puede restaurar el camino de regreso a la casa del Padre y se llama Jesucristo.
Hay buenas nuevas de salvación, hay un evangelio puro que apunta solo hacia Jesucristo, hay promesas del Señor que se hacen realidad en quienes las escuchan y las reciben.
Y Dios, sabiendo que ellos habían caído en desobediencia, no llegó con su carga de ira sobre ellos y con llamaradas de fuego para consumirlos, no.
Él llegó para hacerles tres preguntas.
La primera pregunta fue: ¿Dónde estás tú?
Dios entra en aquel jardín para buscar a los suyos. ¿Por qué se esconden?
El Creador buscando a sus criaturas. El que sopló aliento de vida sobre ellos, buscándolos en el Edén. Pero ¿Dónde están? ¿Adónde se han ido?
Dios lo sabe todo, pero en ese momento no era la ubicación física lo que Dios quería conocer, sino la ubicación espiritual que el ser humano tendría a partir de ese terrible acto de desobediencia.
Adán, hiciste algo que te desconectó de mi Espíritu, ¿dónde estás? Si te has desconectado de mi Espíritu, ¿en dónde estás ahora?
La humanidad ha estado perdida desde entonces, porque no saben dónde están. Se perdió el camino hacia el cielo, se perdió la senda que conduce a la puerta de la salvación, se perdió la relación perfecta que se tenía con el Dios vivo. ¿Dónde estás tú?
Adán dice: Oí tu voz en el huerto y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí.
Oí tu voz en el huerto y tuve miedo. ¿Miedo? ¿Tienes tú miedo de escuchar esa voz?
¿Cuándo miras tu vida y tus decisiones tienes temor que Dios hoy te confronte?
¿De dónde salió este sentimiento?
¿Tienes temor de escuchar la voz del Señor cuando te llama?
Ellos no conocían lo que era el miedo, pero ahora sus ojos fueron abiertos para entender estas cosas.
Desde aquel momento la gente vive en temor, experimenta miedo todos los días.
Sí, tuve miedo, dice Adán, porque estaba desnudo y me escondí.
La desnudez no es solo del cuerpo. ¿Tienes miedo de desnudar tu alma hoy delante del Señor? ¿Tienes temor de mostrarte tal como eres?
A lo mejor el mundo te ha juzgado tan severamente que piensas que Dios hará lo mismo contigo hoy.
¿Podrías hoy conversar con Dios sin tener miedo y vergüenza?
Estaba desnudo y me escondí, tuve miedo, dijo Adán.
El enemigo se salió con la suya. Los llevó al pecado y los abandonó a su suerte. Los llenó de vergüenza, los apabulló y luego quedaron expuestos delante de Dios pero con miedo y buscando esconderse.
Por eso hoy vemos a muchos que a pesar de llamarse cristianos se siguen escondiendo. A muchos que siguen sufriendo sin creerle a las palabras de Dios. Vemos a una iglesia que se esconde, que evade su responsabilidad, que culpa a los demás de su propia ineficiencia, que le tiene temor a las batallas, que desconfía de todo el mundo, que se siente perseguida por las autoridades, que transmite inseguridad cuando debería levantarse con valentía.
Así que Dios le pregunta de nuevo a Adán: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo?
Adán siempre había estado desnudo, pero ahora conoció algo que lo avergonzó. ¿Por qué? ¿Por qué ahora se avergüenza de algo que antes fue natural en él?
Adán, ¿quién te dijo? ¿Quién te dijo que estabas desnudo?
Hoy en día hay millones de seres humanos buscando que alguien los quiera, que alguien le tire una migaja de compasión o de amor, porque están llenos de vergüenza con ellos mismos y con los demás.
La verdad es que esta sociedad ha tratado de borrar la historia de Génesis desde el principio.
Te enseñan que muchos siglos atrás, cuando no existía nada, de repente hubo una gran explosión y allí apareció tu primer antepasado, un insecto, que luego mutó y luego otra vez y otra vez, hasta que apareciste tú y aquí estamos.
Así que básicamente lo que se nos está diciendo a nuestras generaciones es que venimos de la nada, vivimos sin ningún propósito y no vamos para ninguna parte. Anti evangelio.
Y si estamos recibiendo todos los días esta información, no nos asombremos de que la gente hoy viva pensando que no son nada, que la vida no tiene propósito y que no van para ninguna parte.
Somos solo víctimas de las circunstancias, de la evolución, del cambio climático, de la ambición de los gobiernos o cualquier otra cosa a que se le pueda culpar.
Pero la Biblia dice algo completamente diferente. No dice que venimos de la nada, dice que venimos de la mano creativa y poderosa de Dios, creados a su imagen, que estamos llenos de propósitos eternos y tenemos todo el potencial para llegar a hacer las cosas que Dios quiere que hagamos.
La misma voz que escuchó Eva sigue rondando por las iglesias, por los hogares, trayendo destrucción, trayendo esclavitud, trayendo división, trayendo muerte. Los mismos efectos que causó aquel pecado se siguen viendo en este tiempo y muchos aún siguen aferrados a la serpiente que les susurra a sus oídos que no sirven para nada, que son una piltrafa humana, que más valía que no hubieran nacido, que no hay perdón para sus pecados.
Mentiras del enemigo. No hay pecado que no pueda ser perdonado, no hay dolor que no pueda ser sanado, no hay cadena que no pueda ser rota, no hay un corazón que no pueda ser restaurado y para eso vino Cristo a este mundo para darnos no solo la vida eterna, sino el amor que viene del cielo, la gracia que nos libera, la paz que sobrepasa todo entendimiento, la luz para que ya no andemos en oscuridad y en tinieblas.
El problema es que desde ese entonces la gente se anda escondiendo. Se esconden detrás de su trabajo, detrás de la imagen que ponen en Instagram o en Facebook, detrás de su apariencia de fortaleza, detrás de su aparente confianza en sí mismos, porque no quieren que los conozcan como en realidad son. Hoy en día todo se maquilla, las fotos tienen Photoshop, las imágenes que se comparten semejan solo alegría cuando muchos en realidad están vacíos por dentro, porque aún no conocen el camino de liberación y de salvación.
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