Segundo: aunque no habríamos tenido problemas al editar el material en los medios tradicionales de discos o microfichas, no era eso lo que queríamos. Desde su primera lectura, tuvimos la sensación de que este debería ser un libro impreso, editado y encuadernado a la antigua usanza. Es muy especial, y nos pareció que merecía tener una forma igualmente especial. Hicieron falta casi diez años, y los esfuerzos de cientos de personas, para recaudar el dinero necesario y encontrar a los artesanos con las habilidades adecuadas que estuvieran dispuestos a aceptar lo que podíamos permitirnos pagar, incluso para esta edición limitada.
No podemos decirles quién escribió Lengua materna. Estaba firmado simplemente por «la mujer de la casa Estéril Chornyak». Es probable que se escribiera a ratos dispersos, en ciertos momentos robados, sacrificando muchas horas de sueño, pues las mujeres de las líneas no tenían tiempo de ocio. Si alguien dispone de pruebas que arrojen luz al misterio de su autoría, no importa lo fragmentarias que sean, pedimos que las compartan con nosotras. Les prometemos que la información se tratará con total discreción y respeto.
Es con gran orgullo, pues, y con una sensación de profunda realización, que les instamos a leer y a conservar este volumen entre sus tesoros y en un lugar honorífico.
—Patricia Ann Wilkins, Editora ejecutiva.
(Lengua materna es una publicación conjunta de las siguientes organizaciones: La Sociedad Histórica de la Tierra; HABLA FEMENINA, Sección Tierra; La Metacofradía de Lingüistas Femeninas, Sección Tierra; El Grupo Láadan.)
ARTÍCULO XXIV
Sección 1.La decimonovena enmienda de la Constitución de los Estados Unidos queda derogada.
Sección 2.Este artículo será inoperante a menos que haya sido ratificado como enmienda a la Constitución por las legislaturas de tres cuartas partes de los diversos estados en el plazo de siete años a partir de la fecha de su entrada en vigor.
(Vigente desde el 11 de marzo de 1991)
ARTÍCULO XXV
Sección 1.No se permitirá a ninguna ciudadana de los Estados Unidos desempeñar ningún cargo público por elección o por nombramiento, tomar parte (de manera oficial o no) en las profesiones científicas o investigadoras, trabajar fuera del hogar sin el permiso escrito de su marido o (de no estar casada) de un varón responsable emparentado por sangre o señalado como su tutor por la ley, ni ejercer control sobre el dinero u otras propiedades o posesiones sin permiso escrito.
Sección 2.Dadas las limitaciones naturales de las mujeres, un peligro claro al bienestar nacional cuando no están bajo la cuidadosa y constante supervisión de un ciudadano varón responsable, todas las ciudadanas de los Estados Unidos serán consideradas legalmente como menores, independientemente de su edad; sin embargo, serán tratadas como adultas en los tribunales si cuentan más de dieciocho años de edad.
Sección 3.Ya que las limitaciones naturales de las mujeres son inherentes y, por tanto, ellas no son responsables de las mismas, nada en este artículo debe interpretarse como que se permite el maltrato o el abuso de estas.
Sección 4.El Congreso tendrá poder para reforzar este artículo con la legislación adecuada.
Sección 5.Este artículo será inoperante a menos que haya sido ratificado como enmienda a la Constitución por las legislaturas de tres cuartas partes de los diversos estados en el plazo de siete años a partir de la fecha de su entrada en vigor.
(Vigente desde el 11 de marzo de 1991)
VERANO DE 2205…
Solo había ocho de ellos en la reunión; un número poco idóneo. Además de ser una cantidad muy pequeña para llevar los negocios de manera eficiente, también era par, lo que significaba que, en caso de empate, habría que dar a Thomas Blair Chornyak un voto de calidad, algo que siempre odiaba. Denotaba un elitismo que era completamente contrario a la filosofía de las líneas.
Paul John Chornyak se encontraba presente y metía baza a los noventa y cuatro años, aunque Thomas debería haber sido capaz de proceder sin la interferencia del viejo. Aaron también estaba allí; debía asistir, pues el último punto del orden del día le concernía directamente. Habían congregado a dos de los miembros veteranos mediante el comset, de manera que los rostros de James Nathan Chornyak y de Giles, el cuñado de Thomas, se encontraban entre ellos, algo irritados. Adam estaba allí; solo era dos años más joven que Thomas y formaba parte del grupo de manera oficial. Thomas confiaba en su hermano por muchos motivos, entre ellos, su habilidad para desviar las digresiones de su padre y convencer a Paul John de que sus palabras se tenían en cuenta. Kenneth se encontraba allí porque, al no ser un lingüista, siempre podía escaparse de lo que estuviera haciendo para asistir a las reuniones, y Jason, porque la negociación en la que estaba trabajando se encontraba estancada por un tecnicismo sobre el que no tenía poder alguno, lo que le concedía tiempo libre hasta que el Departamento de Estado lo resolviera.
Cualquiera de estos dos últimos habría resuelto el problema del número par al excusarse con cortesía, pero ninguno estaba dispuesto a hacerlo. En opinión de Jason, ya que Kenneth no era más que un yerno y ni siquiera miembro de las líneas por nacimiento, era él quien tenía que marcharse a cumplir con sus obligaciones en lugar de entorpecer el trabajo. Y, en opinión de Kenneth, tenía tanto derecho a tomar parte en la reunión como Jason: no había renunciado a su apellido y tomado el de Mary Sarah Chornyak para nada. Ahora era un Chornyak, como cualquiera de los otros, y sabía muy bien que una de las cosas que tenía que hacer era subrayar ese hecho a cada oportunidad o los otros hombres más jóvenes lo relegarían al último puesto de la jerarquía. No estaba dispuesto a marcharse.
Era una situación molesta, y Thomas consideró por un instante la posibilidad de pedir a James Nathan que se retirara, pero lo habían despertado para esto, y no le había hecho mucha gracia. Había pasado despierto toda la noche anterior y hasta bastante después del desayuno en busca de una solución para una de las crisis de la Tercera Colonia, de las que, al parecer, había un suministro inagotable, y estaba exhausto. Ahora que lo habían despertado, no sería apropiado que le sugirieran que volviera a la cama: «Lamentamos molestarte, pero pensábamos que te necesitaríamos…». No. No estaría bien, así que lo dejó pasar. Si Thomas tenía que usar su voto de calidad, que así fuera; sobrevivirían. Últimamente, las reuniones en la casa Chornyak eran siempre breves, excepto las semestrales, que tenían un calendario permanente y para las que todos dejaban un día libre en sus agendas. Por la manera en que el Gobierno había impulsado los viajes al espacio en los últimos tiempos, y con la negociación de todo el conjunto de tratados y acuerdos de compra y el establecimiento de relaciones formales, era difícil encontrar a cualquier lingüista de menos de sesenta años que pudiera dedicar una hora a los asuntos internos.
Thomas se contentaría con lo que tenía, y agradeció que no solo estuvieran el viejo Paul John, Aaron y él. Los tres a solas en la mesa habrían compuesto un quorum penoso. La forma de la mesa, una superficie lisa en forma de A sin travesaño, era ideal para las reuniones semestrales. Los hombres se colocaban a su alrededor y, a la vez, contaban con un amplio espacio para tridis y hologramas en la zona sólida en la cúspide de la A. Pero cuando solo había media docena de personas, cada uno tenía que apostarse en un punto arbitrario para llenar la geometría, o bien acurrucarse en un rinconcito y sentirse empequeñecidos. Ese día habían optado por la dispersión. Su padre se encontraba a su derecha, con los comsets al otro lado de la habitación, que gravitaban fuera del alcance de sus cabezas, y los otros cuatro hombres colocados como los puntos de una brújula. Estúpido procedimiento.
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