San Benito - La Regla de los Monjes

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"Para comprender lo que dice san Benito, se debe ante todo tener en cuenta lo que llena su espíritu y su corazón: la Palabra de Dios, la Escritura… Con Benito, no se debe preferir nada a Cristo, que habla en el Antiguo Testamento y en el Nuevo… La Regla requiere una lectura paciente. No todo es interesante a primera vista. En un texto antiguo como éste, muchas cosas no nos dicen nada aparentemente. Es necesario saber esperar, prestar atención a lo que no se entiende, entrar en las preocupaciones y en un lenguaje que no son los nuestros… Mediante esta apertura atenta, paciente, respetuosa, la Regla será para ti, como el Evangelio de donde ella deriva… Un tesoro tan nuevo como antiguo" (A. de Vogüé, osb).

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3 en., 4 may., 3 sept.

14Y el Señor, que busca su obrero entre la muchedumbre del pueblo al que dirige este llamado (cf. Mt 20,1-6; 1 Co 3,9), dice de nuevo: 15 ¿Quién es el hombre que quiere la vida y desea ver días felices? ( Sal 33 [34],13; cf. 1 P 3,10-12) 16Si tú, al oírlo, respondes “Yo”, Dios te dice: 17“Si quieres poseer la vida verdadera y eterna, guarda tu lengua del mal, y que tus labios no hablen con falsedad. Apártate del mal y haz el bien; busca la paz y síguela (cf. Mt 19,16; Sal 33 [34],14-15). 18Y si hacen esto, pondré mis ojos sobre ustedes, y mis oídos oirán sus preces, y antes de que me invoquen les diré: Aquí estoy” (cf Is 58,9¸65,24). 19¿Qué cosa más dulce para nosotros, carísimos hermanos, que esta voz del Señor que nos invita? (cf. Sal 94 [95],7; Jn 3,29; 10,3-4. 16; Ap 3,20). 20Vean cómo el Señor nos muestra piadosamente el camino de la vida (cf. Sal 15 [16],11; Jr 21,8; Pr 6,23).

4 en., 5 may., 4 sept.

21Ciñamos, pues, nuestra cintura con la fe y la práctica de las buenas obras, y sigamos sus caminos guiados por el Evangelio, para merecer ver en su reino a Aquel que nos llamó (cf. Ex 12,11; Is 11,5; Lc 12,35; Mt 5,8; Ef 6,14-15; 1 Ts 2,12).

22Si queremos habitar en la morada de su reino, puesto que no se llega allí sino corriendo con obras buenas (cf. Sal 14 [15],1; Lv 23,33; 26,11; Hb 9,11), 23preguntemos al Señor con el Profeta diciéndole: Señor, ¿quién habitará en tu morada, o quién descansará en tu monte santo? ( Sal 14 [15],1). 24Hecha esta pregunta, hermanos, oigamos al Señor que nos responde y nos muestra el camino de esta morada10 25diciendo: El que anda sin pecado y practica la justicia ; 26 el que dice la verdad en su corazón y no tiene dolo en su lengua ; 27 el que no hizo mal a su prójimo ni admitió que se lo afrentara ( Sal 14 [15],2-3). 28El que apartó de la mirada de su corazón al maligno diablo tentador y a la misma tentación, y lo aniquiló, y tomó sus nacientes pensamientos y los estrelló contra Cristo ( Sal 14 [15],4; 136 [137],9; cf. 1 Co 10,4; Ef 1,18). 29Estos son los que temen al Señor y no se engríen de su buena observancia, antes bien, juzgan que aun lo bueno que ellos tienen, no es obra suya sino del Señor ( Sal 14 [15],4; cf. Jn 15,5), 30y engrandecen al Señor que obra en ellos, diciendo con el Profeta: No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria (cf. Sal 14 [15],4; Flp 2,13; Lc 1,46; 2,20; 17,15; Mt 16,20; 1 Co 12,6; Sal 113 [115],9 [1]). 31Del mismo modo que el apóstol Pablo, que tampoco se atribuía nada de su predicación, y decía: Por la gracia de Dios soy lo que soy ( 1 Co 15,10). 32Y otra vez el mismo: El que se gloría, gloríese en el Señor ( 2 Co 10,17; cf. Jr 9,22-23).

5 en., 6 may., 5 sept.

33Por eso dice también el Señor en el Evangelio: Al que oye estas mis palabras y las practica, lo compararé con un hombre prudente que edificó su casa sobre piedra; 34vinieron los ríos, soplaron los vientos y embistieron contra aquella casa, pero no se cayó, porque estaba fundada sobre piedra ( Mt 7,24-25)11.

35Después de decir esto, el Señor espera que respondamos diariamente con obras a sus santos consejos (cf. Mt 7,28). 36Por eso, para corregirnos de nuestros males, se nos dan de plazo los días de esta vida. 37El Apóstol, en efecto, dice: ¿No sabes que la paciencia de Dios te invita al arrepentimiento? ( Rm 2,4) 38Pues el piadoso Señor dice: No quiero la muerte del pecador, sino que se convierta y viva ( Ez 33,11).

6 en., 7 may., 6 sept.

39Cuando le preguntamos al Señor, hermanos, sobre quién moraría en su casa, oímos lo que hay que hacer para habitar en ella, a condición de cumplir el deber del morador. 40Por tanto, preparemos nuestros corazones y nuestros cuerpos para militar bajo la santa obediencia de los preceptos, 41y roguemos al Señor que nos conceda la ayuda de su gracia, para cumplir lo que nuestra naturaleza no puede (cf. Ef 2,3; Rm 3,24). 42Y si queremos evitar las penas del infierno y llegar a la vida eterna, 43mientras haya tiempo, y estemos en este cuerpo, y podamos cumplir todas estas cosas a la luz de esta vida (cf. 2 Co 5,6; Jn 12,35), 44corramos y practiquemos ahora lo que nos aprovechará eternamente (cf. 1 Co 9,24; 2 Tm 4,7)12.

7 en., 8 may., 7 sept.

45Vamos, pues, a instituir una escuela del servicio divino, 46y al hacerlo, esperamos no establecer nada que sea áspero o penoso (cf. Mt 11,29. 30). 47Pero si, por una razón de equidad, para corregir los vicios o para conservar la caridad, se dispone algo más estricto, 48no huyas enseguida, aterrado, del camino de la salvación, porque éste no se puede emprender sino por un comienzo estrecho (cf. Mt 7,14; Hch 16,17; Col 2,6-7). 49Mas cuando progresamos en la vida monástica y en la fe, se dilata nuestro corazón, y corremos con inefable dulzura de caridad por el camino de los mandamientos de Dios (cf. Sal 118 [119],32; 1 P 1,8). 50De este modo, no apartándonos nunca de su magisterio, y perseverando en su doctrina en el monasterio hasta la muerte, participemos de los sufrimientos de Cristo por la paciencia, a fin de merecer también acompañarlo en su reino ( Hch 2,42; Flp 2,8; 2 Jn 9; 1 P 4,13; Col 1,24; Rm 8,17)13. Amén.

6. Traducción: Pablo Saenz, osb, Monje de San Benito de Luján.

7. Cf. también Ez 2,8; 3,10; Lm 3,25-28; Pr 8,32-35.

8. Cf. Tb 4,19.

9. Otras versiones leen: “nos entregue”.

10. Cf. Ex 15,13; Sal 24 (25),8-12; Jn 14,23.

11. Cf. Mt 13,23.

12. Cf. asimismo Mt 19,16-22.

13. Cf. 2 Tm 3.

Capítulo 1: Las clases de monjes

8 en., 9 may., 8 sept.

1Es sabido que hay cuatro clases de monjes.

2La primera es la de los cenobitas, esto es, la de aquellos que viven en un monasterio y que militan bajo una regla y un abad.

3La segunda clase es la de los anacoretas o ermitaños, quienes, no en el fervor novicio de la vida religiosa, sino después de una larga probación en el monasterio 4aprendieron a pelear contra el diablo, enseñados por la ayuda de muchos. 5Bien adiestrados en las filas de sus hermanos para la lucha solitaria del desierto, se sienten ya seguros sin el consuelo de otros, y son capaces de luchar con sólo su mano y su brazo, y con el auxilio de Dios, contra los vicios de la carne y de los pensamientos.

9 en., 10 may., 9 sept.

6La tercera, es una pésima clase de monjes: la de los sarabaítas. Éstos no han sido probados como oro en el crisol por regla alguna en el magisterio de la experiencia (cf. Sb 3,6; Pr 27,21; Si 2,5), sino que, blandos como plomo, 7guardan en sus obras fidelidad al mundo, y mienten a Dios con su tonsura (cf. Hch 5,3-4; Sal 80 [81],16). 8Viven de dos en dos o de tres en tres, o también solos, sin pastor, reunidos, no en los apriscos del Señor sino en los suyos propios. Su ley es la satisfacción de sus gustos: 9llaman santo a lo que se les ocurre o eligen, y consideran ilícito lo que no les gusta.

10La cuarta clase de monjes es la de los giróvagos, que se pasan la vida viviendo en diferentes provincias, hospedándose tres o cuatro días en distintos monasterios. 11Siempre vagabundos, nunca permanecen estables. Son esclavos de sus deseos y de los placeres de la gula, y peores en todo que los sarabaítas.

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