Esa es la sabiduría que se esconde en la Regla de san Benito: un conocimiento del hombre que tiene su origen en la misma mirada de Dios y que por eso es capaz de entrar en su corazón y a partir de allí invadir con su presencia todas las dimensiones de la vida humana.
Estructura de la Regla5
Los estudiosos concuerdan en señalar que la Regla de san Benito fue escrita gradualmente, recibiendo sucesivos retoques, fruto de su experiencia y maduración. Esto hace que no posea una estructura rigurosa, y que en capítulos distantes vuelva a tratar materias que parecían ya acabadas. Sin embargo, existe una estructura de base que es provechoso conocer pues da una mejor orientación para comprender el contenido mismo del texto.
PRÓLOGO DE LA REGLA
I. CONSTITUCIÓN ORGÁNICA DEL MONASTERIO |
Caps. |
a) Personal: los cenobitas |
1 |
b) La autoridad del Abad |
2 |
c) Los hermanos. Su consejo |
3 |
II. EL ARTE ESPIRITUAL (ascesis) |
|
Los instrumentos del arte espiritual |
4 |
Disposiciones fundamentales: |
|
a) Obediencia |
5 |
b) Silencio |
6 |
c) Humildad |
7 |
III. LA ORACIÓN |
|
1. El Oficio Divino: su ordenamiento |
8-20 |
El Oficio Divino en las noches |
8-11 |
El Oficio Divino en las mañanas |
12-13 |
El Oficio Divino en las fiestas |
14 |
El Alleluia |
15 |
El Oficio Divino durante el día |
16-18 |
2. Disposiciones interiores en la oración |
19-20 |
IV. LA ORGANIZACIÓN INTERNA DEL MONASTERIO |
21-52 |
RÉGIMEN INTERIOR |
21-30 |
1. Agrupación por decanias |
21 |
2. Los dormitorios |
22 |
LA DISCIPLINA REGULAR |
23-30 |
La medida de la excomunión |
23-26 |
Cuidado de los excomulgados |
27-28 |
Readmisión de los que salieron |
29 |
Disciplina con los menores |
30 |
LA ADMINISTRACIÓN DE LOS BIENES |
31-34 |
El Mayordomo |
31 |
Las herramientas del monasterio |
32 |
La desapropiación del monje |
33 |
La distribución de los bienes |
34 |
LA MESA CONVENTUAL |
35-42 |
Los servidores de cocina y de la mesa |
35 |
El régimen y trato de los enfermos |
36 |
Los ancianos y los niños |
37 |
El lector de la mesa |
38 |
La medida de la comida |
39 |
La medida de la bebida |
40 |
El horario de las comidas |
41 |
La conclusión del día |
42 |
EL ORDEN PENITENCIAL DEL MONASTERIO |
43-46 |
Penitencia para los que llegan tarde |
43 |
Penitencia para los excomulgados |
44 |
Penitencia para los que yerran en el Coro |
45 |
Penitencias para otro tipo de faltas |
46 |
La señal para los oficios divinos |
47 |
EL TRABAJO, LA LECTURA, LA ORACIÓN |
48-52 |
El ritmo de trabajo-lectura |
48 |
El régimen de la vida cuaresmal |
49 |
Oración en el trabajo o de viaje |
50 |
La separación del mundo |
51 |
El Oratorio |
52 |
V. EL MONASTERIO Y EL MUNDO |
53-57 |
Los huéspedes |
53 |
Cartas o regalos |
54 |
Distribución de lo necesario |
55 |
La mesa del Abad con los huéspedes |
56 |
Actividades comerciales |
57 |
VI. LA RENOVACIÓN DE LA COMUNIDAD MONÁSTICA |
58-65 |
Ingreso en la comunidad monástica |
58-59 |
Candidatos clérigos |
60 |
Candidatos monjes |
61 |
Los monjes sacerdotes |
62 |
El orden de la Comunidad monástica |
63 |
El nuevo Abad, elección, institución |
64 |
El prior, su relación con el Abad |
65 |
VII. PRIMERA CONCLUSIÓN DE LA REGLA |
|
La clausura del monasterio, la Regla |
66 |
VIII. COMPLEMENTOS A LA REGLA |
67-72 |
Los monjes enviados de viaje |
67 |
La obediencia en cosas imposibles |
68 |
Presunción de los hermanos |
69-70 |
La obediencia mutua entre los hermanos |
71 |
El celo bueno y la caridad fraterna |
72 |
IX. EPÍLOGO DE LA REGLA |
73 |
1. Abad Fernando Rivas, osb. Abadía de San Benito de Luján, Argentina.
2. Cf. R. MOLINA PIÑEDO, San Benito. Fundador de Europa , Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1980 (BAC popular, 23).
3. A. BORIAS, Règle de Saint Benoît , Turnhout, Brepols, 1987, pp. xxxii-xxxiii
4. Cf. El mensaje de Juan Pablo II en Montecasino de 1979:
http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/speeches/1979/may/documents/hf_jp-ii_spe_19790517_montecassino-abbazia_sp.html.
5. Para completar este apartado, cf. García M. Colombás – Iñaki Aranguren, La Regla de San Benito , Madrid, La Editorial Católica, 1979, pp. 17 ss. (BAC 406).
SAN BENITO: LA REGLA DE LOS MONJES 6
Prólogo
1 en., 2 may., 1 sept.
1Escucha, hijo, los preceptos del Maestro, e inclina el oído de tu corazón; recibe con gusto el consejo de un padre piadoso, y cúmplelo verdaderamente (cf. Pr 1,8; 4,1. 20; 6,20; Sal 44 [45],11; Si 6,35; 51,21; Dt 6,4; Mc 12,29)7. 2Así volverás por el trabajo de la obediencia, a Aquel de quien te habías alejado por la desidia de la desobediencia (cf. Gn 3,17; Rm 5,19). 3Mi palabra se dirige ahora a ti, quienquiera que seas, que renuncias a tus propias voluntades y tomas las preclaras y fortísimas armas de la obediencia, para militar por Cristo Señor, verdadero Rey (cf. Dt 30,14-16; Mt 27,37; Jn 5,24; 18,37; Rm 13,12; 2 Co 6,7; Ef 6,13-17; 2 Tm 2,3-4. 5; Ap 3,8).
4Ante todo pídele con una oración muy constante que lleve a su término toda obra buena que comiences8, 5para que Aquel que se dignó contarnos en el número de sus hijos, no tenga nunca que entristecerse por nuestras malas acciones (cf. Sb 4,8; 5,5; Rm 8,15; Ef 1,5; 1 Jn 3,1-2). 6En todo tiempo, pues, debemos obedecerle con los bienes suyos que Él depositó en nosotros, de tal modo que nunca, como padre airado, desherede a sus hijos (cf. Ef 2,3; 5,6; Rm 8,17), 7ni como señor temible, irritado por nuestras maldades, entregue9 a la pena eterna, como a pésimos siervos, a los que no quisieron seguirle a la gloria (cf. Mt 18,32; 25,30; Lc 19,22).
2 en., 3 may., 2 sept.
8Levantémonos, pues, de una vez, ya que la Escritura nos exhorta y nos dice: Ya es hora de levantarnos del sueño ( Rm 13,11). 9Abramos los ojos a la luz divina, y oigamos con oído atento lo que diariamente nos amonesta la voz de Dios que clama (cf. Sal 118 [119],105; 2 P 1,17. 19; Jn 8,12; Ex 19,18-19; Mt 17,5) diciendo: 10 Si oyeren hoy su voz, no endurezcan sus corazones ( Sal 94 [95],8). 11Y otra vez: El que tenga oídos para oír, escuche lo que el Espíritu dice a las Iglesias ( Ap 2,7; cf. Mt 11,15). 12 ¿Y qué dice? Vengan, hijos, escúchenme, yo les enseñaré el temor del Señor ( Sal 33 [34],12; cf. 85 [86],11) . 13 Corran mientras tienen la luz de la vida, para que no los sorprendan las tinieblas de la muerte ( Jn 12,35).
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