¿Acaso hay la posibilidad de que se haya arrepentido de estar aquí? ¿Acaso se ha encontrado con alguna chica y ahora está en alguna habitación de esta mansión haciendo cosas sucias, y a espaldas de Disney?
Pues yo debo velar por la dignidad de Disney.
O bueno, no, pero debo saber dónde maldita sea está.
Antes de subir un escalón más hacia el segundo piso, me detengo. Miro a todos a mi alrededor y observo a cada una de las personas que están aquí. Nadie de esta fiesta conoce a Loann Cooper, por lo tanto él no puede haberse involucrado con ningún grupo simplemente porque no está en su entorno seguro.
Analizo un poco más la situación. Bien.
Té helado es un chico arrogante, frío, inteligente, poco sociable y, por algún motivo que desconozco, está aquí. En la fiesta de Trina Halth. Podría ser bien una razón de venganza como lo intuye Larry, o simplemente un tema de querer pasar el rato y nada más. Sin embargo, eso no quita todo lo que pueda seguir odiando. Así que…
¡La biblioteca!
Sí claro, Defne. Qué original eres.
Bien, ahora el único problema es: ¿Dónde está la bendita biblioteca?
Recuerdo la casa de mi padre en Miami; similar a esta, pero con menos habitaciones. Las casas de playa siempre tienen un despacho pequeño, no tan grande porque usualmente los adinerados no las usan para realizar trabajos de oficina. Son tan solo para atender algunos pendientes de trabajo. Así que intuyo debe estar en alguna habitación del segundo piso, justo en donde la vista da hacia el mar, ya saben, para mantener relajado a un empresario cuando quiere tener una idea nueva de negocio.
Genial, amo ser tan analítica.
Me dirijo hacia la segunda planta con rapidez. Reviso las habitaciones del lado derecho con vista hacia la playa, pero todas están cerradas, probablemente ocupadas por parejas de universitarios teniendo sexo. Clásico.
Solo una me da el acceso que necesito, giro la perilla de la puerta y esta se abre. ¡Mierda! Ya estoy cerca de verlo, mis manos sudan y mi cuerpo tiembla mientras me adentro a la habitación. Todo está oscuro, solo escucho unos gemidos de placer. Me congelo.
Dios, que no sea lo que estoy pensando.
Enciendo la luz y encuentro una imagen que no hace que mi corazón se comprima, pero sí que mi estómago lo haga.
Es JC teniendo sexo con una de las amigas de Trina.
***
Cansada de toda esta ridícula situación, voy hacia la primera planta con el paso un poco arrastrado. Me duelen los pies de tanto caminar, siento ansiedad por no encontrar a Loann y, para colmo no, encuentro ningún maldito baño disponible. He almacenado demasiado líquido por todos los tragos que bebí mientras buscaba a Loann.
Sé que mi té helado ya no está en esta fiesta y sé que mis posibilidades de decirle lo que siento se han ido a la basura esta noche. Y sé también que probablemente ahora esté con Lilian besándose y reconciliándose en algún restaurante de la ciudad o, en el peor de los casos, en su habitación.
Odio mis pensamientos. Odio no poder odiar a Loann. Odio estar enamorada de él.
Me recuesto en la pared de uno de los pasillos, exhalo un momento y trato de ordenar mis ideas. No quiero perder el control y no debo desfallecer solo porque esta noche no fue mi oportunidad, porque habrán más y estoy segura de eso.
Miro hacia el lado derecho y encuentro una puerta semiabierta, rezo internamente porque sea un sanitario. Al llegar, confirmo que lo es. Cierro la puerta y me miro en el espejo. Mi cabello rubio esta desordenado y mis mejillas más rozadas que lo frecuente. Lavo mi rostro y luego voy al inodoro. Después de vaciar todo el líquido de mi interior y lavar mis manos, jalo la llave. Voy de regreso a la puerta, pero entonces escucho unos quejidos extraños que vienen de la ducha.
Me acojono un poco, digo, cuánta probabilidad hay de que encuentre a un matón dentro de la casa de Trina, o a un pervertido, o tan solo un universitario dopado. Retrocedo unos cuantos pasos decidida a huir de ahí, pero los quejidos se oyen cada vez más fuertes y no parecen ser de un matón, sino de un universitario ebrio. Tengo curiosidad en saber quién es, así que con algo de temor avanzo hacia la ducha y corro la puerta de cristal polarizado que nos separa. Cuando revelo la identidad del desconocido, me hielo, pero tan pronto veo su rostro adormecido esa gelidez se transforma en algo cálido. Mi corazón golpetea con fuerza y mis piernas tiemblan más que una gelatina. Aún es los momentos más desfavorables sigue viéndose como un modelo de revista.
¿Cuánta probabilidad hay de encontrar a té helado en una bañera ebrio?
1%, y esa probabilidad es mía.
Décimo quinto Capítulo
Tengo a Loann Cooper frente a mí, ebrio, despeinado y medio adormilado. Luce vulnerable, como un tierno venado deslumbrado por los faroles de un auto en medio de la carretera.
Y yo quiero ser ese auto que pase encima de él.
Diablos, Defne.
Por un momento mi mente solo puede concentrarse en su hermoso rostro con mejillas enrojecidas y gotas de sudor en la frente, y como no, en esos labios carnosos y rosados que balbucean palabras y susurran frases incoherentes. Está acostado en la tina de la bañera, con los brazos y pies sobresaliendo del borde porque es demasiado alto como para caber en ese pequeño espacio, y abraza como un oso de peluche la botella de whisky que Trina ha ofrecido toda la noche en su fiesta. Tiene los ojos entrecerrados y una que otra vez se vuelve a quedar dormido. Me pregunto qué rayos pudo haberle pasado para que té helado decida beber como un loco, y perder el control de ello en el proceso.
Segundos después, empieza a levantarse y yo me congelo, digo, no quiero sonar grosera pero no soy buena atendiendo ebrios. Loann Cooper es una excepción, pero eso no evita que me sienta atemorizada al verlo acercarse a mí en ese estado.
Aunque su estado podría hacerlo mucho más interesante de lo que creo...
Calla, Defne. No pienses tonterías. No querrás aprovecharte de él...
No puedo frenar las ideas locas que hay en mi cabeza al verlo intentar levantarse sin éxito de la tina, hasta ebrio se ve hermoso y realmente sexi.
Sacudo la cabeza para alejar todo pensamiento de mujer aprovechada, y luego, camino hacia la puerta del sanitario para buscar a Larry, pero me detengo en cuanto estoy a punto de girar la perilla. Diablos, no puedo dejarlo solo aquí, qué tal si logra salir de la bañera y huye por las calles a estas horas de la noche, o peor aún podría ocurrir que Trina lo encuentre. Lo que sería terrible porque ella no es precisamente confiable, no, Trina no dudaría en sacar algo de provecho de mi té helado. ¡Y yo no puedo permitir eso!
Tecleo con los dedos sobre mi barbilla y me pregunto cómo rayos voy a hacer para mover a este super chico a otra habitación.
Veo en el bolsillo delantero de su jean el móvil que necesito. Antes de acercarme a tomarlo, tomo una respiración honda. Nunca he estado tan cerca de Loann en mi vida, a excepción de aquella vez en que lo besé a la fuerza, claro, pero no de esta manera en la que él parece tan frágil y yo fuese la única que puede salvarlo.
Nunca había pensado algo tan cursi, por Dios.
Doy unos pasos silenciosos hacia él. Loann ahora está dormido y muy quieto, pero no lo hace confiable. Podría despertarse y seguir balbuceando incoherencias en cualquier momento. Así que me apresuro y estiro una mano hacia el bolsillo de su jean. Afortunadamente, logro tomarlo, pero cuando Loann da un estornudo provoca que me asuste tanto que suelte el móvil y este caiga al piso. Loann abre los ojos al instante.
Mierda.
Al inicio, su vista es fija, parece un zombi que acaba de despertar de sus sueños ultratúmbicos. Me mantengo quieta, mientras aprieto los dientes y los puños tratando de ni siquiera mover el pecho para respirar. Al cabo de unos segundos, él pronuncia una frase que yo descifro significa “Solo es una chica”, y luego vuelve a quedarse completamente dormido.
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