6. [Tu nombre es una ráfaga…]
7. [Brilla una esfera…]
Inédito
Shiva
*Siguiendo el criterio de la Poesía completa (1964-2012) , publicada por el Fondo de Cultura Económica (2012), las fechas de los libros incluidos en esta antología se refieren a la composición de los libros, y no a sus primeras ediciones.
**Este poema no se incluyó en la edición de 2008: aparece en Poesía completa (1964-2012)
Casi por curiosidad, después de haber hecho una antología temática sobre el amor ( De lejos viene , de lejos va llegando , 1999) y otra sobre el mar ( Puerto Bagdad , 2003), quise reunir los poemas que he escrito sobre el vino y la embriaguez. No me esperaba el centenar de páginas que he compilado aquí, dado que sólo bebo algunas copas de vino cuando el menú lo amerita; de modo que descubrí que este ha sido uno de mis temas más constantes.
Nietzsche hablaba de la embriaguez y del sueño como de las expresiones de dos impulsos básicos de la naturaleza, que él personificaba, respectivamente, en las figuras de los dioses Dioniso y Apolo; veía el estado último de embriaguez como el sentimiento de unión con el todo, con el Uno primordial –tal como lo expresa–, en tanto que el sueño aparecía como vehículo de la visión.
Siguiendo acaso estas huellas, la embriaguez de este libro, que en absoluto descarta como posibles detonadores a vinos, licores y algunas hierbas, no se detiene allí, pues va también en busca de los estados internos de la embriaguez suscitada por la contemplación de la naturaleza y la meditación en el propio ser interior, que es donde se refleja con más intensidad la energía divina que subyace a todo lo que existe, según mi percepción.
Los poemas compilados aquí pertenecen a libros que se publicaron a lo largo de tres décadas, de modo que reflejan diversos estilos y objetos de interés poético. Los dispuse en un orden más o menos cronológico.
Agradezco la hospitalidad de Vaso Roto y de Conaculta para estas páginas y me honra participar en su rico catálogo.
ELSA CROSS
MÁS ROJO BAJO EL SOL
Ditirambo
Mosto en los labios.
Rizan oscuras orlas en la frente
los pámpanos.
Salto de lince los ojos,
fulguración,
horizonte de límites cambiantes.
Bistró
Humildes honores rinden,
siervos del dios.
La risa ebria trastoca el oído,
la hora se incendia de racimos,
febriles equinoccios.
Leve arpegio desmaya en el teclado.
Bebedores de ajenjo
trituran una frase a media voz,
—así amantes esquivos.
Alto en el friso reaparece.
Cortejo fugaz
su paso reverencia.
Amanecer de Rodas
Las colinas distantes tocadas por el sol.
El gusto del vino todavía.
La música que se apaga en los últimos bares.
El muelle cenagoso.
Los pájaros que se acercan a la playa.
El ruido del mar.
El vaho en los cristales.
Los pregones incomprensibles.
El sol sobre los techos.
El humo.
Las sirenas.
El viento afuera.
Las caras en el espejo de la barra.
Las gaviotas hambrientas.
Las bocinas que acallan el ruido del mar.
El humo del cigarro.
La embarcación que zarpa.
El sol.
El mar.
Los pájaros.
El viento.
Rodas, Rodas, dando nombre a un instante.
Ghiaie
En lo alto del verano
trazamos las vías antiguas.
Ghiaie por dondequiera,
guijarros de colores
en el Jardín de los Caballeros de la Cruz de Malta,
en el Jardín de las Musas.
El vino abre tajos en la memoria.
Así tu cuerpo,
¿no era el mismo que reflejaban las piscinas de Adriano?
¿o el escorzo de la deidad marina
cerrándome el paso en una calle?
Desde el Palatino trazamos las vías antiguas.
Pero nada tocaba el corazón.
Poco nos fueron
los peristilos de luz bajo el crepúsculo romano,
poco nos fueron los cipreses.
Nos dormíamos en sus historias,
y mientras venían a degollarnos
estaba el día con su espalda de ceniza.
El hastío carcomiendo los libros
y las buenas maneras en la mesa.
Irrupción
(Sobre una lectura de Nietzsche)
Te apacientas de viento.
Gustas vinos a punto de corromperse
cuando te has hastiado de las mixturas suaves.
No hay polvo enamorado.
El polvo es polvo,
y al argumento vacuo de la fugacidad,
y al argumento soso de las rosas de la vida,
y al argumento discutible del amor,
opones el gusto simple de los cuerpos,
excedes el color local de las estatuas.
Pero ya también carecen de interés.
Y cuando te descubres bostezando
vuelves la atención hacia las nobles cosas,
te apacientas de viento,
te nutres de grandes músicas y grandes poesías.
y vuelves a interrogarte
frente a los «Bebedores del ajenjo»
cuando descubres tu hastío
por el ajenjo, los bebedores, la pintura
y las nobles cosas.
Los ejércitos del Reich marchan
con odas a la alegría como telón de fondo,
Tannhäuser aberrante babea a las puertas de Roma,
y todo puede impregnarse
de esa viscosidad tumefacta de las nobles cosas.
Te apacientas de viento.
Te nutres de grandes filosofías y de grandes retóricas.
Oh ingeniosos,
proposiciones no tan relevantes
como pasar una tarde en el Prater comiendo palomitas.
O una retórica confesional que va muy lejos
sólo para decir:
Krieg! Krieg! Krieg! Krieg!
Off Stage
para Ludwik Margules
Hundimiento invisible,
hundimiento embriagado y silencioso
Of his bones are coral made
Those are pearls that were his eyes
Conversaciones de taberna
al final de la representación
—los actores hablando ya sólo para sí.
La Sirena llamando incautos desde el piélago.
«Tuve el esplendor del mundo entre las manos
y las danzas de la muerte.»
El alcohol vuelve fuego las entrañas.
Gestos procaces
por un baile sostenido hasta la madrugada,
oh morcilleros,
fuera del escenario
las mismas calzas raídas.
Aprenderemos
después de jugarlo todo y de perder.
«Esqueleto cabalgando sobre vastas planicies
con el pendón desgarrado por el viento.»
Fuera del Escenario
son lo mismo el verdugo y la víctima,
el mismo átomo que gira,
la misma fracción del universo.
Y la Sirena a la orilla del piélago
llamando,
pez de rapiña,
salteadora de ensueños.
Paisaje de fuego
II
La puerta golpea.
Al azar
el viento precede los pasos.
Aromas de sal
y el caracol
junto a la puerta abierta que golpea.
Salitre creciendo en los muros de cal blanca
—fuga de insectos.
La tempestad fraguándose.
Silenciosos relámpagos.
Mariposa inmóvil en la hoja,
fragor de ríos subterráneos
acallando todo otro rumor.
La puerta golpea.
Los pasos se desligan de sus huellas.
Ante su umbral
doblega la memoria sus desiertos,
su fuego nómada.
La noche va cayendo,
noche violada.
La escaldan luces.
Impura noche luce sus mantos harapientos;
sus astros guarda.
Se desperezan felinos,
saltan
a la espesura negra.
La puerta golpea
y tierra adentro
el inasible desplazamiento de los astros.
Fiesta de insectos
y el contagio carnívoro
brilla sobre los cuerpos
en el rictus de una danza atroz.
La escama tornasol del ojo inmóvil
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