Lankao fue el enclave elegido por Xi Jinping para la segunda ronda del programa Educación y práctica de la línea de masas del Partido. En la reunión del Comité permanente del Partido del condado de Lankao, hizo referencia a la historia de Zhang Boxing para ilustrar que la escrupulosa observancia de la rectitud en asuntos aparentemente triviales es la primera línea de defensa contra la corrupción, y que un buen estilo de trabajo se establece precisamente a partir de pequeños hechos. Xi Jinping citó completo el Edicto contra los obsequios para exhortar a todos los dirigentes del Partido a recordar la profunda filosofía que encierra el cambio de lo cuantitativo a lo cualitativo, ya que «la mayoría de los elementos corruptos comienzan con la negligencia ante hechos menores o triviales que derivan progresivamente en un ambiente de vileza y degeneración».
Esta es la razón por la cual enfatizó aquello de que el ejemplo de Zhang Boxing «podía servir de espejo donde mirarnos». Su texto refleja la importancia del uso correcto del poder y la severidad de la autodisciplina en el ejercicio de la función pública. También ilustra que las pérdidas y ganancias de la cultura clásica del buen gobierno, así como la tradición histórica contra la corrupción y por la honestidad, son una fuente valiosa de aprendizaje político para la actualidad. Xi Jinping acostumbra a contar historias de nuestra tradición política para diversas audiencias, citando anécdotas o ejemplos que tienen a la buena gobernanza como leitmotiv. Desde que asumió el cargo en 2013, el Politburó del Comité Central del PCCh ha abordado el estudio colectivo de aquellos modelos históricos que aporta nuestra tradición en cuanto a prácticas anticorrupción y de un gobierno limpio.
ADIÓS A MI CONCUBINA
Nuestro Partido goza del más amplio apoyo por parte del pueblo chino, ya que no hay otra fuerza política en la actualidad capaz de sustituir al PCCh. Las bases de nuestro gobierno son firmes, pero si la cuestión del estilo de trabajo no se soluciona bien y a tiempo, puede que nos topemos con la tragedia que acaeció en Adiós a mi concubina. Debemos por tanto ser conscientes del peligro.
[Discurso en la inspección e instrucción del Programa de Educación y Práctica en la Línea de Masas del Partido en la provincia de Hebei (11 y 12 de julio de 2013).] |
Comentario
A finales de la dinastía Qin (221-206 a.C), Xiang Yu y su tío, Xiang Liang, levantaron un formidable ejército que consiguió derrotar al gobierno Qin en la batalla de Julu, poniendo fin a esta dinastía. Tras su victoria, Xiang Yu aprovechó su poder para dividir el territorio en 18 señoríos, lo que a ojos del pueblo le hizo parecer un héroe cuya fortaleza y dominio del arte marcial eran extraordinarios, conocido por su temeridad y por sembrar el pavor en grandes contiendas. Tras vencer en la batalla de Julu, se declaró «Tirano de Chu Occidental».
Entonces, Xiang Yu quiso acabar con su principal rival y amenaza, el líder del ejército de los Han, Liu Bang. Aconsejado por Fan Zeng, lo invitaron a un banquete en Hongmen donde planeaban asesinarlo a la señal acordada, pero una vez allí, fue preso de una excesiva arrogancia y, envanecido por su poder, se dejó engatusar por los halagos y obsequios de Liu Bang, quien consiguió huir con vida. Al ver que lo dejaba escapar, Fan Zeng lleno de furia exclamó: «¡Este niñato no sirve ni para conspirar conmigo!», pero el tirano siguió mostrándose indiferente a sus consejos. Sucedió por fin que perdió todas las batallas frente a Liu Bang y, abatido, terminó cortándose la garganta a la edad de 31 años.
En la Biografía de Xiang Yu de los Anales históricos de Sima Qian, se cuenta que cuando su tropas fueron derrotadas en las tierras de Gaixia, el tirano quiso despedirse de su querida concubina Yu, dedicándole la triste y famosa Canción del tirano: «Mi fuerza ¡ah! derribó montañas / Y mi voluntad ¡ah! dominó el mundo / Pero los tiempos estuvieron en contra / Y mi corcel no corría / No corría mi corcel, ¿dime, qué podía hacer / ¿Cómo podía soportarlo? / ¡Ah mi Yu! ¡Yu mía! / ¿Y qué será ahora de ti?». Dicen que quienes presenciaron la escena no pudieron contener sus lágrimas ante el trágico final de los amantes.
Sima Qian comenta sobre Xiang Yu que «se vanagloriaba de sus éxitos militares, los cuales achacaba a su propia inteligencia y no a las enseñanzas de los antiguos», «no reconocía [sus errores] ni responsabilidad alguna [en su derrota]», y cuando la situación fue ya insalvable, clamó que «fue el Cielo quien me derrotó, y no ningún ejército de hombres», exonerándose a sí mismo como si la derrota perteneciese al reino de lo inevitable.
Mao Zedong refirió esta historia en su poema El ejército popular de liberación toma Nanjing, donde alertaba a sus tropas contra la autocomplacencia y la arrogancia, instándolas a mantenerse siempre alerta: «los valientes han de perseguir sin descanso al enemigo, ¡no quieran la vanidad de los honores de Xiang Yu!». En la Asamblea de los Siete mil de 1962, aludió nuevamente a esta historia para urgir a los altos cuadros a ser humildes y generosos, prestos a escuchar antes de aconsejar, pues si acaso llegaban a parecerse a Xiang Yu, a quien no le gustaba escuchar a nadie discrepar, difícilmente podrían evitar que llegase el día en que tuviesen que «despedir a su concubina».
Xi Jinping considera el estilo de trabajo como una cuestión que atañe tanto a la gobernabilidad como a la supervivencia del Partido, razón por la cual enfatizó que el apoyo de la gente es crucial para el éxito de su causa. En esta ocasión, recurrió a Adiós a mi concubina para alertar a los cuadros y miembros del PCCh sobre esta cuestión, pues si el estilo de trabajo no se resuelve con determinación y prontitud, podría perderse el apoyo de la gente, propiciando un final igualmente trágico que el del tirano que acabaría con el Partido y el país. Añadió que «si dejamos que se imponga un estilo de trabajo pobre, sin corregirlo de forma perentoria, crecerá hasta convertirse en un invisible muro que nos separará de la gente, privándonos con ello de nuestras raíces, nuestras venas y nuestra fortaleza». Estas sonoras palabras no solo contienen un profundo compendio de lecciones históricas, sino que expresan al mismo tiempo la esperanza de que todos los miembros y cuadros del Partido mejoren su estilo de trabajo y se mantengan al lado de la gente.
UN FINAL ABRUPTO
Qin Shihuang fue el primer emperador que unificó China. Su ascenso fue fruto de ciertas necesidades históricas, pero su ambición desmedida por obras faraónicas y los impuestos exorbitados que por ello implantó, hicieron mella en la población exacerbando su descontento, con lo que la dinastía Qin se precipitó a su fin en apenas dos generaciones. En su Canción del palacio Ah Fang, Mu Du escribió: «Los Qin estaban muy ocupados como para lamentarse de sí mismos, así que sus sucesores se lamentaron por ellos; los que vinieron se lamentaron, pero no aprendieron, dejando que los que siguieron tuviesen que lamentarse nuevamente».
Una vez establecida la dinastía Tang, el emperador Taizong se propuso hacer prosperar su imperio, aceptando para ello el consejo de los hombres más capaces e íntegros. Sin embargo, los últimos dirigentes Tang fueron relajándose, cayendo en placeres sensuales, tanto que cuentan que el emperador Xuanzong «dormía hasta que el sol estaba en su apogeo, pues las noches primaverales se le hacían cortas, y no acudió más a la audiencia matutina de la corte imperial». El resultado fue que la corrupción y el soborno se dio sin restricciones en todos los niveles administrativos transformándose en moneda común, lo que dio lugar a la Rebelión de An Lushan y Shi Siming, durante la cual «los rebeldes golpeaban sus tambores de guerra, haciendo temblar la tierra, aplastando con fiereza la canción de la falda de arcoíris y el abrigo de plumas». La rebelión de An y Shi condujo a la dinastía a la decadencia, tras lo cual Wang Xianzhi y Huang Chao encabezaron un levantamiento que tomó la capital Chang’an, precipitando el fin de la dinastía.
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