Emile Zola - La bestia humana

Здесь есть возможность читать онлайн «Emile Zola - La bestia humana» — ознакомительный отрывок электронной книги совершенно бесплатно, а после прочтения отрывка купить полную версию. В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: unrecognised, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

La bestia humana: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «La bestia humana»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Un pequeño descuido saca a La Luz el terrible pasado de Severina, y Roubaud, su esposo, se incendia de celos y venganza. La única solución posible para curarse de este mal, es la muerte de aquél que ha profanado la tranquilidad del matrimonio. Tras esta decisión, se desarrolla una serie de eventos trágicos, provocado por aquello que todavía nos hace animales. Grandes filósofos se han debatido, a lo largo de toda la historia, sobre la naturaleza del ser humano. Al ser seres cargados de consciencia, el impulso primitivo no debería de vivir dentro de nosotros. Sin embargo, la humanidad nos ha probado lo contrario. Es justo lo que los personajes de esta novela nos enseñan, ese lado impulsivo que nadie quiere ver y que todavía nos domina: adulterio, indiferencia, violencia, alcoholismo, codicia y, sobretodo, el instinto de matar. Personajes que nos demuestran lo que el humano realmente es: una bestia.

La bestia humana — читать онлайн ознакомительный отрывок

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «La bestia humana», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

—¿Sabe usted? —proseguía esta última—. Los creo bien capaces de haber aprovechado su viaje a París para pedir que los echen a ustedes. He oído decir que han escrito al director una larga carta en la que hicieron valer sus derechos.

—¡Miserables! —prorrumpió la señora Lebleu—. Y estoy segura que tratan de tener de su parte a la estanquera, porque hace quince días que no me saluda... ¡Otra cochinería! Pero la estoy vigilando...

Y bajó la voz para afirmar que la señorita Guichon iba todas las noches a reunirse con el jefe de la estación. Sus puertas se hallaban frente a frente. El señor Labadie, viudo y padre de una hija mayor, interna en un colegio, era quien había traído allí a esa rubia de treinta años, marchita ya, delgada y silenciosa, con la flexibilidad de una culebra. Al parecer, había sido así como una institutriz. Era imposible sorprenderla, pues sabía bien deslizarse. Por sí misma, no tenía importancia alguna, pero si se acostaba con el jefe, su intervención podía ser decisiva; mas el triunfo lo tendría en sus manos quien poseyera su secreto.

—¡Oh! Ya me enteraré —prosiguió la señora Lebleu—. No voy a dejarme comer... Aquí estamos y aquí seguiremos. Las personas honradas nos dan la razón, ¿verdad, chica?

Toda la estación asistía apasionada a la guerra de los dos pisos, que sobre todo, hacía estragos en el pasillo. La única persona despreocupada en aquella lucha era Moulin, el otro jefe segundo, satisfecho de vivir en la parte delantera con su tímida y frágil mujer a la que nunca se veía y que le daba un hijo cada veinte meses.

—En fin —concluyó Filomena—, aunque bailen ahora en la cuerda floja, no se estrellarán por esta vez... No se fíe usted, que conocen a personas de mucha influencia. Seguía con sus dos huevos en la mano. Al fin, los ofreció a su amiga. Eran huevos frescos que acababa de recoger aquella misma mañana. La vieja señora se deshacía en cumplidos.

—¡Qué amable es usted! —exclamaba—. ¡Venga a charlar más a menudo! Ya sabe que mi marido está siempre en la caja, y yo me aburro tanto, metida aquí a causa de las piernas... ¿Qué sería de mí, si esos miserables me quitaran la vista que tengo?

Después, mientras abría la puerta, puso un dedo sobre sus labios, y, cuchicheando, dijo:

—¡Chis!, ¡escuchemos!

Ambas, de pie en el corredor, permanecieron más de cinco minutos sin moverse, con las cabezas inclinadas, conteniendo la respiración y aplicando el oído hacia el comedor de los Roubaud, donde reinaba un sepulcral silencio. Finalmente, por miedo de que las sorprendieran, se despidieron, saludándose con la cabeza y sin hablar una palabra. La una se alejó de puntillas, la otra volvió a cerrar la puerta tan silenciosamente que no se oyó siquiera el ruido del picaporte.

A las nueve y veinte, Roubaud se hallaba de nuevo en la sala de andenes, vigilando la formación del mixto de las nueve y cincuenta. Procuraba serenarse, mas, pese a sus esfuerzos, gesticulaba cada vez más, y se volvía a cada instante para contemplar con la mirada el andén de un extremo a otro. Nada ocurría. Le temblaban las manos.

Luego, bruscamente, cuando al inspeccionar una vez más con ojos ansiosos la estación estaba mirando hacia atrás, oyó, a su lado, la voz de un empleado de telégrafos, que, jadeante, decía:

—Señor Roubaud, ¿no sabe usted dónde están el jefe de estación y el comisario de vigilancia? Tengo despacho para ellos, y hace diez minutos que ando buscándolos...

Roubaud se volvió con tal rigidez en todo su ser que ni un músculo de su rostro se contrajo. Sus ojos se clavaron en los dos telegramas que llevaba el empleado. Y esta vez, viendo la emoción del muchacho, tuvo la certeza de que al fin había llegado la noticia de la catástrofe.

—El señor Dabadie ha pasado por aquí hace un momento — dijo con calma.

Nunca se había sentido más frío y lúcido, con una voluntad más atenta a la defensa. Ahora estaba seguro de sí.

—¡Mire! —dijo—. Ahí viene el señor Dabadie.

En efecto, era el jefe de estación que regresaba de la estación de mercancías. No bien había recorrido con la mirada el telegrama, cuando éste exclamó:

—¡Se ha cometido un asesinato en la línea! Me lo telegrafía el inspector de Rouen.

—¿Cómo? —preguntó Roubaud—. ¿Un asesinato entre nuestro personal?

—No, no, han asesinado a un pasajero, en uno de los compartimientos. El cuerpo ha sido arrojado fuera del tren, casi al salir del túnel de Malaunay, junto al poste 153. Y la víctima es uno de nuestros administradores, el presidente Grandmorin.

Ahora fue el jefe segundo quien lanzó una exclamación:

—¡El presidente! ¡Mi pobre mujer! ¡Qué pena le va a dar!

Esta exclamación le salió con tono tan natural, que llamó, por un instante, la atención del señor Dabadie.

—Es verdad —dijo—, usted le conocía. Un hombre tan bueno, ¿no? Después, mirando el otro telegrama, dirigido al comisario de vigilancia, observó:

—Éste debe ser del juez de instrucción... alguna formalidad, sin duda. Y no son más que las nueve y veinticinco; el señor Cauche no estará todavía, por supuesto... Que corran inmediatamente al café del Comercio. Allí lo encontrarán con seguridad.

Cinco minutos después, llegó el señor Cauche, a quien había ido a buscar un mozo de la estación. Era un antiguo oficial que consideraba su cargo como un retiro y no se presentaba nunca en la estación antes de las diez; luego, después de dar una vuelta, regresaba a su café. Este drama, caído entre dos partidas de piquet, le había causado sorpresa, pues los asuntos que pasaban por sus manos eran, ordinariamente, poco graves. Pero no había que dudar: el despacho venía del juez de instrucción de Rouen, y si no llegaba dos horas después de haberse descubierto el cadáver, era porque el juez había telegrafiado primero a París, al jefe de estación, para saber en qué condiciones había salido la víctima; y solamente cuando hubo recibido los informes pedidos acerca de los números del tren y el coche, había enviado orden al comisario de vigilancia para que examinara la cabina reservada del coche 293, en caso de que éste se hallara todavía en El Havre. De pronto, desapareció el mal humor manifestado por el señor Cauche, a quien desagradaba ser molestado inútilmente: el comisario se apresuró a adoptar el aire de extrema importancia que exigía la gravedad excepcional del asunto.

—¡Pero! —exclamó inquietándose de repente con miedo de que la investigación se le escapara—, el coche ya no estará aquí, porque ha debido salir esta mañana.

Roubaud le tranquilizó.

—No —dijo—, dispense usted... Había un compartimento reservado para esta noche. El vagón está allí, en la cochera.

Y echó a andar, seguido del comisario y del jefe de estación. Entretanto, la noticia, al parecer, ya se había esparcido, pues los obreros de las cuadrillas estaban abandonando furtivamente sus quehaceres, mientras que en las puertas de las varias oficinas se congregaban, uno a uno, los empleados. Pronto se había formado un gran corro.

Al llegar donde estaba el coche, el señor Dabadie hizo una observación en voz alta.

—Ayer en la tarde se verificó la visita —dijo—. Si hubieran quedado huellas, me lo habrían comunicado al dar el parte.

—Ya lo veremos —dijo el señor Cauche.

Abrió la portezuela y entró en el coche. Al instante, exclamo entre juramentos:

—¡Ah, pareciera que han degollado un cerdo!

Un soplo de espanto recorrió el grupo de empleados, cuyos cuellos se alargaron para ver mejor. El señor Dabadie subió al estribo, adelantándose a los otros. Roubaud, detrás de él, para imitar a los demás, alargaba también el cuello.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «La bestia humana»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «La bestia humana» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «La bestia humana»

Обсуждение, отзывы о книге «La bestia humana» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.

x