En síntesis, se puede decir que para Foucault la pregunta ¿qué es la locura? remite a una práctica: práctica del saber, práctica del poder. El saber se practica, es ver y hablar. Y nada preexiste a ver y hablar. El poder también se practica, pero difiere en su naturaleza de la práctica del saber. Insistimos en que la inspiración de la pregunta que se formula Foucault remite también a una práctica: ¿qué pasa hoy? Es innegable que la mayor parte de lo que escribió Foucault sobre la locura tiene un carácter marcadamente histórico. Sin embargo, el problema histórico que nos plantea en relación con la locura está fuertemente ligado a la pregunta ¿qué pasa hoy? El análisis y la descripción que hace sobre la locura, en Historia de la locura en la época clásica , se detiene en 1814-1815. Se podría afirmar, por consiguiente, que no se trata de una crítica de las instituciones psiquiátricas actuales. Pero Foucault conocía el funcionamiento de estas lo suficiente como para interrogarse sobre su historia. No ignoraba que, desde fines de la década de 1950, la psiquiatría tradicional se encuentra inmersa en una crisis, tanto teórica como institucional, de la que, a pesar de los esfuerzos múltiples de las corporaciones médicas y profesionales por conservar sus poderes y fingir que se trata de una simple actualización, no ha podido salir. Por consiguiente, en la crítica que Foucault hace a la concepción moderna de la locura, siempre tiene presente la triple crisis por la que atraviesa la psiquiatría contemporánea: 1) crisis epistemológica, como consecuencia de la imposibilidad, por parte de esta supuesta “ciencia”, de determinar y definir su propio objeto de estudio: la locura; 2) crisis histórica e institucional, como resultado del modelo asilar el cual le resulta cada vez más difícil conservar y justificar, con su corolario de objetivación clínica y coacción de los derechos de aquellos que son objeto de tratamiento psiquiátrico, y, por último, 3) crisis del Estado de bienestar, con un marcado desajuste entre los gastos y beneficios del modelo asilar. La mayor asignación de recursos al ámbito de la psiquiatría no ha logrado traducirse en una mayor salud, razón por la que los gobiernos actuales de buena parte del mundo optan por reducir los gastos sociales y de salud.
En la tenue frontera que divide la normalidad de la posible aparición de la anomalía, y por ende de la patología, la psiquiatría ha inquirido siempre por el elemento dispuesto a reemplazar la inconsistencia anatómico-patológica de su objeto. Ese elemento lo ha encontrado en una realidad político-moral, que le ha posibilitado al dispositivo psiquiátrico detentar un papel cada vez mayor en la elaboración de discursos y saberes que permiten poner en marcha y aplicar a toda una población lo que Foucault definió, en el primer volumen de Historia de la sexualidad , como biopolítica. Por medio de esta, y gracias a ella, la psiquiatría finalmente encuentra aquel “cuerpo” que no logró hallar jamás en los individuos locos. A pesar de su “crisis”, preocupa el alcance cada vez mayor del campo de intervención de la psiquiatría, algo que Foucault denuncia ya en su curso El poder psiquiátrico . Es probable que en un futuro no se restrinja únicamente a individualizar –gracias a sus funciones de policía– a los individuos peligrosos, y que se encamine a abarcar a las grandes políticas sanitarias de la higiene de las poblaciones, al amplio programa médico-político centrado en la división entre razas sanas y razas enfermas. Hoy el espacio psiquiátrico, psicopatológico y psicoterapéutico va expandiéndose indefinidamente, a la expectativa de que mejore el proceso destinado a producir una verdad acerca de los individuos asentada en un fundamento bioquímico de la cirugía plástica neuronal. La asistencia psiquiátrica se modifica y reestructura a partir de nuevos modelos, privilegiando los criterios preventivos y terapéuticos, con lo que el manicomio se vuelve cada vez más superfluo. Mientras que el manicomio pierde vigencia, la psiquiatría tiende a adueñarse de la salud mental de la población, a punto tal de imponer cuáles deben ser las reglas de existencia bajo el criterio de un saber, el psiquiátrico, sujeto cada vez más al dominio de las neurociencias.
Frente a la doble objetivación del enfermo o, mejor dicho, del internado –la epistemológica, y más concretamente la asilar–, las investigaciones de Foucault sobre la locura ofrecen una “caja de herramientas” de gran valor, para repensar la cuestión de la locura en tanto lugar de contradicción entre una “psiquiatría positiva” (que se sigue proponiendo con el desarrollo de las tecnologías médicas) y los numerosos y diferentes “sujetos”, indóciles y sufrientes, que son su objeto de estudio y gestión. De ahí que en la entrevista “El intelectual y los poderes” afirme lo siguiente: “Me parece que hice una historia [se refiere a Historia de la locura en la época clásica ] lo bastante detallada para que suscitara preguntas en la gente que vive actualmente en la institución” (Foucault, 2013ñ: 161). La obra de Foucault intenta, por tanto, responder a dos preguntas: ¿cómo ha sido tal época y qué pasa hoy? La primera es explícita, la segunda está sobreentendida. La actualidad de los textos de Foucault reside en que el aquí y el ahora se imponen con total evidencia. En este punto vale la pena insistir en la importancia que tienen las entrevistas, pues estas desarrollan a menudo el aquí-ahora que corresponde a un libro, refiriéndose el propio libro a un período histórico determinado. Existe, por tanto, correlación estricta entre las entrevistas y los libros de Foucault.
Конец ознакомительного фрагмента.
Текст предоставлен ООО «ЛитРес».
Прочитайте эту книгу целиком, купив полную легальную версию на ЛитРес.
Безопасно оплатить книгу можно банковской картой Visa, MasterCard, Maestro, со счета мобильного телефона, с платежного терминала, в салоне МТС или Связной, через PayPal, WebMoney, Яндекс.Деньги, QIWI Кошелек, бонусными картами или другим удобным Вам способом.