Estoy seguro de que los que me dicen que ellos no necesitan de los ángeles porque se comunican directamente con Dios, envían a sus hijos a la escuela y a la universidad, porque es en los centros educativos donde los hijos encuentran la escuela para aprender a vivir. Es así como los ángeles son los maestros de Dios.
Experiencias a otro nivel
Rápidamente se propagaba el tema de que había un señor que hablaba de los ángeles y que era muy interesante si tenías dudas o si requerían una solución espiritual.
Mi hijo Francisco partió muy joven de este mundo en un absurdo accidente; cuando un ser tan cercano parte, para uno es difícil volver a la realidad, entender por qué y ser fiel a sus creencias religiosas. Estando en esta etapa de duelo, tuve un sueño con mi amado Francisco; él me decía que quería una misa, pero únicamente Jesús, el sacerdote, él y yo. Desperté sorprendido por el pedido que Francisco me hacía en el sueño. En esos días conocí a un sacerdote profesor de teología que quería que yo le comentara sobre mis experiencias con los ángeles; tuve una muy agradable conversación con él, era un sacerdote muy carismático, simpático, abierto y muy conocedor de la Biblia, tema que me fascina y que en otro capítulo voy a trabajar. Él me dijo que quería conocer el nombre de su ángel y yo, en forma muy sencilla, le pedí que cerrara los ojos y que el primer nombre que apareciera en su mente ese sería el nombre de su ángel custodio. Se sorprendió mucho porque le llegó claro y contundente el nombre. Volvimos al auto y yo conducía hacia su casa para dejarlo descansar, había sido un día largo y profundo en el tema de los ángeles. Cuando llegamos a la casa del Padre, él me dice: “Guillermo, yo estoy muy agradecido contigo por tu mensaje de los ángeles, me gustaría hacerte un regalo. En la casa yo tengo una pequeña capilla donde me gustaría realizar una misa contigo y tu hijo”.
En ese momento me emocioné mucho porque se cumplía el deseo de mi hijo Francisco, íbamos a tener una comunicación muy profunda y hermosa. El padre comenzó la misa y en el momento de la elevación me dijo. “Habla con tu hijo, él está aquí con Jesús”, yo le dije que lo amaba, que lo quería y que gracias al Padre y los ángeles podíamos lograr que el sueño se convirtiera en realidad. Todo fue manejado angelicalmente para lograr tener ese hermoso encuentro con Francisco. Así actúan los ángeles, en susurros de Dios.
Recordemos que la esencia de los ángeles es ser mensajeros de Dios. Ellos son los encargados de las buenas nuevas que inspiran a seguir el camino hacia la salvación. Ángel quiere decir mensajero, el utiliza sus mensajes que transforman, que son eficientes y efectivos. Al aceptar el rol de ángel, debes actuar como el mensajero de lo bueno, de lo bello, de lo trasformador.
Misiones de los ángeles en nuestra familia
Mi hijo y su ángel
Por ese entonces, mi hijo menor tenía nueve años. En una ocasión, llegaron a visitarnos unos muy buenos amigos que nos invitaron a compartir un rato en un club cerca de la ciudad. Ellos venían con sus dos hijos, que eran de edades similares a la del mío. Mientras hablábamos animadamente con la pareja amiga, los dos hijos de ellos y mi hijo se fueron a jugar al parque. Los tres niños decidieron jugar en un columpio donde cabían los tres perfectamente sentados. Mi hijo decidió bajarse cuando el columpio aminoró la velocidad del balanceo, pero uno de los amiguitos decidió empujar con mayor fuerza; mi hijo, inconscientemente, puso la mano en la barra que sostenía el columpio y, con la fuerza del nuevo impulso, quedó el dedo atrapado entre la barra que sostiene la estructura y la barra del columpio. El dedo recibió todo el impacto y se lesionó muy fuerte. Los niños, al ver el dedo destrozado de mi hijo, corrieron asustados hacia dónde estábamos, mientras gritaban Sebastián (el nombre de mi hijo). Cuando volteamos a ver el dedo, vimos que estaba completamente suelto en la falange. Mi señora –no sé cómo se le ocurrió– le dijo que se lo apretara con una servilleta y no lo soltara; él no lloraba, solo estaba muy concentrado.
Salimos rápidamente del club con dirección a una clínica muy conocida por su profesionalismo. Llegamos a urgencias, lo recibieron rápidamente, tomaron toda clase de radiografías y, después de un tiempo, nos llamaron a mi señora y a mí. Nos mostraron en las radiografías que el dedito estaba muy complicado, por lo que habían llamado al cirujano plástico, quien debería realizar una cirugía urgente para tratar de salvar el dedo de mi hijo. Dimos todos los permisos y nos pidieron que esperáramos a que el cirujano llegase en una media hora. Yo me acerqué a mi hijo, quien estaba muy tranquilo, le pregunté qué pensaba y me contestó: “Estoy con Lorenzo y él me dice que todo va a salir bien”. Lorenzo es el nombre de su ángel, que descubrió un día que le pidió el nombre y él oyó en una canción que decía Lorenzo, así que Sebastián desde ese día asumió que ese era su nombre.
Llegó el cirujano a la media hora, tal cual nos habían manifestado los médicos de turno. Nos saludó amablemente y se dirigió a revisar las radiografías y el dedo de mi hijo. Le volvieron a tomar radiografías una y otra vez, le revisaron el dedo, y nos llamaron nuevamente a mi señora y a mí. El cirujano, un doctor joven y simpático, nos dijo: “No sé qué paso; miren las primeras radiografías y miren las segundas y las terceras, el dedo está sano, no me gusta decirlo, pero es un milagro. Pueden llevarse a Sebastián está curado su dedo”.
Cuando llegamos a la casa, le dimos gracias a Dios y a Lorenzo, quien pudo interceder por Sebastián gracias a su fe total en el poder de este con Jesús. Estas experiencias cercanas y contundentes con los ángeles únicamente suceden cuando estamos realmente convencidos de que la fe existe, y que es a través de ella que los seres angelicales se pueden comunicar con nosotros.
Estábamos de vacaciones en un sitio muy bello y caluroso. A eso de las seis de la tarde estábamos en la piscina del hotel con mis hijos nadando, cuando un niño muy acelerado no se dio cuenta y nadando se tropezó conmigo, arrancándome una cadenita muy bella que yo siempre tenía colgada, una pequeña cruz. Traté de sumergirme y buscarla, pero la iluminación de la piscina no era muy potente. Un mesero que estaba a la orilla de la piscina me ayudó alumbrando con su linterna y nada. Hasta que de repente mi hija Jerónima dijo: “papá, que me dejen sola a mí para buscar la cadena”. Yo les dije que dejaran de alumbrar con la linterna, y a los chicos que estaban en la piscina tratando de ayudarme a encontrarla les pedí que estuvieran quietos. Mi hija se zambulló sin tocar fondo, nadó por debajo del agua un par de metros y salió a la superficie feliz con la cadenita en la mano.
Me puse radiante de la felicidad y le pregunté cómo había hecho para encontrarla. Ella me dijo que sintió que el ángel le hablaba y le decía que se hundiera que se la iban a entregar; ella lo hizo y estiró su mano y vio a su hermano Francisco sonriendo mientras le entregaba la cadenita. Ella me dijo: “fue el ángel y Francisco los que me entregaron la cadenita”.
Es hermoso recordar este momento donde el cosmos se confabuló y se presentaron el ángel y mi hijo Francisco para entregarle a Jerónima la cadenita, porque ella escuchó y aceptó lo que el ángel le dijo. Los ángeles nos demostraron que cuando hay fe en familia, todo puede suceder por amor, y lograr la presencia de mi hijo Francisco en un acto de amor a su hermana y a su padre y en compañía del ángel, es algo fascinante. Fue una misión de un ángel en acción.
Ejercicio para sintonía con tu ángel
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