Juan Carlos Gruttulini - Cuatro héroes para salvar el mundo
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— ¿Y ahora, que hacemos? Pregunta Leandro.
— ¿Cómo qué hacemos? — Responde Sebastián. — Tenemos que bajar y listo.
— Ya sé que tenemos que bajar ¿Pero por dónde ?, Si no hay ningún camino que nos conduzca hacia el mar. – Responde Leandro, curioso por saber, por dónde iban a descender.
¡No hay que descender por ningún lado, desde esta altura tenemos que arrojarnos al mar!... No hay otra alternativa... ¿ Alguna duda de parte de ustedes?
Los cuatro se miraron para confirmar la pregunta de Maxi y a la par respondieron. – ¡No hay ninguna duda, hagámoslo!
Todavía no había aclarado, cuando se tiraron al mar, que en ese momento estaba bastante agitado y lentamente se fueron acercando al acantilado, cuando estuvieron en el punto, donde supuestamente se podía encontrar la boca de la cueva subterránea, se hicieron señas con el pulgar hacia arriba y con determinación se sumergieron, nadaron en las profundidades hasta que ubicaron la entrada de la cueva, se introdujeron en la misma y siguieron nadando por el canal completamente inundado y oscuro, habían recorrido un gran trecho sin encontrar nada; Cuando ya estaban por regresar, desilusionados por no encontrar la entrada al castillo, una claridad diminuta en el agua les renovó las esperanzas de encontrarla, nadaron hacia ese lugar y a medida que avanzaban la claridad se convertía en un círculo más grande, indicándoles que allí estaba la entrada secreta al castillo.
Salieron del agua y se encontraron en una gran caverna. – Sebastián, mirando hacia todos lados pregunta. — ¿Dónde estamos?
— Según el plano que nos mostró el maestro Yancar, estamos en la caverna que se encuentra por debajo de los cimientos del castillo... Ahora lo que tenemos que descubrir, es donde está el camino que nos lleve hacia el interior del edificio. —Explica Maxi.
Con la pequeña claridad del lugar, los cuatro fueron tanteando las paredes, en busca de una abertura que les permita seguir el camino. La caverna estaba llena de rocas esparcidas por todos lados y eso les dificultaba el trabajo.
De pronto Sebastián grito de alegría. — ¡Amigos!, Aquí encontré la entrada.
Todos corrieron hacia el lugar, con la sonrisa pintada en la cara, pero al llegar se desilusionaron y se quedaron parados mirándose unos a otros. Porque el único acceso para salir de allí, estaba cerrado por una enorme piedra redonda y chata, como una rueda maciza, que impedía el paso.
¿Y ahora qué hacemos? – Pregunta Sebastián.
Maxi se acerca a la roca y mirándola, como calculando el peso, dice. – No nos queda otra cosa que hacer, que intentar moverla.
Sebastián y Leandro se pusieron a la par de Maxi y entre los tres tomaron la roca desde distintos puntos y poniendo todas sus fuerzas trataron de hacerla rodar, pero por más que se esforzaron, no consiguieron moverla ni un centímetro
Otros hubieran desistido de seguir adelante, pero Agustín acercándose a sus compañeros les dice. — Si Uds. Me permiten, voy a intenta abrir el camino.
Los tres se hicieron a un costado y Agustín tomando aire para darse fuerza, tomo la roca con ambas manos y trato de moverla pero sin resultado, la soltó, tomo aire nuevamente, bajo la atenta mirada de sus compañeros y volvió a intentarlo, pero nuevamente fallo.
Sebastián viendo el esfuerzo que estaba haciendo Agustín le dice. – Ya está, es demasiada pesada para moverla... Tenemos que buscar otra forma de ingresar al castillo.
Agustín sin préstale atención, se escupió las manos y se las froto para tener más agarre y otra vez tomo la gran roca y afirmándose con todas sus fuerzas comenzó hacer presión, poniendo al máximo su cuerpo y su alma. Y como compensación a tanta voluntad, la roca cedió y comenzó a desplazarse hacia un costado de la pared, dejando el paso libre; Viendo que su esfuerzo dio el resultado esperado, comenzó a saltar y dar gritos de alegría. — ¡Hurra, hurra! ¡Lo logre, lo logre!
Los demás se acercaron para abrazarlo y felicitarlo; Pero Maxi, que era como siempre el más pensante, les sugirió. — ¿Qué les parece si ahora que tenemos el camino abierto, seguimos hacia el castillo?
Todos consintieron con lo que proponía y se introdujeron en el túnel, a partir de allí, comenzaron a recorrer un camino angosto y oscuro como la noche, iban tanteando las ásperas paredes, en ese extraño laberinto que los llevaba de un lado a otro, pero siempre en subida.
Luego de caminar varios e interminables minutos, sin saber exactamente donde estaban, llegaron a un lugar más amplio, pero con un olor raro a humedad, que invadía todo el recinto, comenzaron a tantear las paredes, para reconocer el lugar.
Sebastián fue el primero en romper el silencio. – En esta pared, encontré estantes y por lo que toco, hay varios cajones... Este está abierto, veré que contiene. — Introduce la mano y tantea en el interior, de pronto grita lleno de alegría. – No lo van a creer, es una bola de bowling.
—¡No puede ser! Estas mintiendo. — Grita Maxi. – ¡Mira que justo en este lugar, vas a encontrar una bola de bowling!
—¡Te lo juro ¡– Responde Sebastián. – Si hasta tengo los dedos metidos en los agujeros de la bola.
—¡Esperen, no discutan más! — Grita Leandro. — Me acorde, que en mi cartuchera traía una pequeña linterna. – La toma y enfoca hacia donde estaba Sebastián.
Cuando el tenue haz de luz, ilumina la mano y lo que esta sostenía, los cuatro a la vez, gritan espantados por la sorpresa. — ¡Es una calavera!
Sebastián temblando la arroja al aire, mientras se abraza con Agustín, que también temblaba del susto. Maxi le saca la linterna a Leandro y comienza a enfocar hacia todos lados, sin poder creer lo que sus ojos estaban viendo; Todas las paredes tenían seis filas de estantes y todos ellos llenos de sarcófagos, algunos bien conservados y otros semi destruidos por el tiempo y la humedad del ambiente y de donde sobresalían esqueletos vestidos con restos de uniformes de la época de los cruzados.
¿Qué lugar es este? – Pregunta Sebastián.
Es una cámara mortuoria. – Responde Maxi. –Aquí es donde sepultaban a todas las personas importantes de este castillo... Pero por lo que se ve, esta quedo abandonada desde hace siglos.
— ¡Salgamos rápido de aquí ¡– Pidió Agustín.
Malox, el brujo negro, estaba frente altar mayor, haciendo un conjuro dedicado a los dioses del infierno; Un grupo de Dracules estaban arrodillados alrededor de él; Malox levanto el copón sobre su cabeza y comenzó el ritual, todos los allí presentes se pusieron de pie en absoluto silencio observando la ceremonia. De pronto las manos de Malox comenzaron a temblar y su rostro se transformó, mientras grita a sus súbditos. – ¡Hay invasores en las catatumbas!... ¡Vayan y maten a todos, sin piedad!
Los cuatro siguieron caminando por el estrecho corredor, iluminándose con la pequeña linterna, hasta que llegaron a una caverna más amplia, con grandes rocas esparcidas por todos lados y estalactitas colgando del techo de la misma. El lugar estaba iluminado por grandes antorchas, que colgaban en distintos lugares de las paredes.
— Por fin un lugar tranquilo e iluminado. – Dice Leandro.
—¡Si! Ya estaba cansado de andar en la oscuridad y golpearme en todas las paredes. — Responde Sebastián.
Maxi se sienta sobre una piedra y comenta. – Aprovechemos este lugar tranquilo para descansar un rato y reponer energía, luego seguimos.
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