En efecto, los egipcios creían que los orígenes del país y su Estado se remontaban al momento en que un primer gobernante llamado Menes, del cual no existe evidencia arqueológica, logró acometer “la unidad de las dos tierras” al inicio del Período Dinástico Temprano, alrededor de año 3100 a.C. Es precisamente en esa época cuando se inicia la historia de la gran civilización egipcia, con la aparición de la primera dinastía faraónica. Esta historia se cierra más de 3.000 años después, cuando en el año 30 a.C., con la muerte de Cleopatra, cae la última dinastía, la dinastía Ptolomaica.
Tres mil años es mucho tiempo. Si consideramos que el inicio de la gran civilización egipcia marca simultáneamente el inicio de lo que hemos convencionalmente denominado historia –es decir, el período que se inicia con la invención de la escritura, y que diferenciamos del período anterior, que llamamos prehistoria–, podemos darnos cuenta de que la historia del Egipto antiguo cubre más del sesenta por ciento del conjunto de la historia de la humanidad. Poder encontrar los múltiples vínculos que nos unen a ese importante período histórico reviste por tanto de una gran importancia. A su vez, sorprende que seamos tan ignorantes sobre este período y, todavía más, que por lo general tengamos tan poco interés por saber más sobre él.
Ese gran pedazo de historia que representa el Egipto antiguo ha sido dividido en diversas etapas. Uno de los criterios importantes de esta división ha sido la incapacidad que algunas veces encontraron las dinastías faraónicas para preservar “la unidad de las dos tierras”. En efecto, en varias oportunidades durante esos más de 3.000 años Egipto enfrenta la separación de sus dos grandes zonas. A veces ello sucede por disputas internas; otras veces por invasiones a través de las cuales pueblos vecinos pasan a controlar alguna de esas zonas y obligan a los soberanos egipcios a replegarse en la otra.
El conjunto de la historia del Egipto Antiguo ha sido divido en diez grandes etapas. Es conveniente hacer una breve mención de ellas. La primera etapa remite a la prehistoria de Egipto, es llamada Período Pre-dinástico y cubre el período que va desde el año 5450 a.C. hasta 3100 a.C., cuando se constituirá la Primera Dinastía. Este período marca el inicio de la agricultura, de la producción de objetos de greda y de las primeras herramientas en cobre.
En seguida tenemos el Período Dinástico Temprano, que se inicia el año 3100 a.C. y que durará algo más de 400 años. Su inicio se produce con la primera experiencia de “unidad de las dos tierras” y la fundación de la ciudad de Menfis –nombre otorgado por los griegos a la antigua ciudad de Men-nefer–, capital del imperio situada inmediatamente al sur del Delta, en el Bajo Egipto, y punto de encuentro de los dos reinos.
Menfis será por excelencia la ciudad imperial de los egipcios, el lugar en el que muchos de los faraones son coronados y un centro religioso importante, aunque durante ciertos períodos el gobierno es trasladado a otras ciudades. En esta etapa florecerán la Primera y la Segunda Dinastía. Será en este período cuando surgirán las primeras formas de escritura. Con la Tercera Dinastía, Heliópolis se convierte en un importante centro para el culto religioso del sol –al que se identificaba con el dios Ra–, dedicado también a la observación y adoración de las estrellas.
Más adelante, la figura del dios Ra se fusionará con la figura del dios Atum, constituyendo una divinidad única, Atum-Ra. Ra será considerado como la expresión del sol naciente, símbolo luego compartido con Khepri, el escarabajo, y Atum como la expresión del sol del atardecer.
ESCRIBA
Los egipcios estuvieron siempre conscientes de la importancia de la escritura. Habiendo reconocido en su mitología el gran poder del lenguaje, entendían que la escritura permitía abolir las limitaciones temporales del habla y extenderla infinitamente en el tiempo. Gracias a la escritura, la palabra devenía eterna. De allí la importancia que para ellos tomaba el registrarla en las paredes de los mausoleos, en los sarcófagos, en las mismas momias. La persona fallecida quedaba así acompañada eternamente por el poder sacramental de la palabra. Michael Rice nos señala que “registrar y preservar un nombre era entre los egipcios una cuestión esencial, porque si el nombre pervivía, entonces, la esencia vital de la persona podría perdurar en el tiempo”. Si esta era la creencia, no es extraño que ello pudiera motivar la construcción de mastabas (grandes tumbas de piedra) y pirámides para preservar el cuerpo y la palabra de los faraones para la eternidad. A partir de la Quinta Dinastía se desarrollan los textos de las pirámides, los textos religiosos más antiguos del mundo.
Posteriormente, en el año 2686 a.C., con la Tercera Dinastía surge el período que se conoce como Reino Antiguo, que durará aproximadamente 500 años. Durante este se construyen las primeras pirámides, y de él provienen los primeros textos piramidales, los cuales aparecen como inscripciones en las paredes de los pasillos y las habitaciones mortuorias para relatar la vida del faraón, su muerte y lo que se creía que le sucedería después de morir. El Reino Antiguo termina con la disolución de la Sexta Dinastía en el año 2181 a.C., cuando el imperio se desmembra.
Este hecho marca el inicio de una etapa conocida como el Primer Período Intermedio, en el que regirán de la Séptima a la Decimoprimera Dinastía. Estas gobernarán desde Herakleópolis –al sur de Menfis– y luego desde Tebas o Luxor, aún más al sur, en el centro del Alto Egipto. Este período tendrá una breve duración de 126 años.
En el año 2055 a.C. se inicia la etapa conocida como Reino Medio, que durará nuevamente alrededor de 400 años. Su inicio está marcado por la reunificación de los dos reinos, lograda por Mentuhotep II de la Decimoprimera Dinastía, que ya gobernaba desde el Primer Período Intermedio.
La etapa siguiente es conocida como el Segundo Período Intermedio, durará cien años y se inicia en 1650 a.C. Se trata de un período marcado por la invasión de los hiksos, término tomado de la palabra egipcia hekaw-khasut, que significaba “gobernantes de tierras extranjeras”. Los hiksos forman la Decimoquinta y Decimosexta Dinastía, tras lo cual deben replegarse a la zona norte. Mientras gobernaban los reyes hiksos de estas dos dinastías, desde Tebas –en el sur– gobiernan los reyes propiamente egipcios de la Decimoséptima Dinastía.
Tebas pronto se convertiría en la ciudad más grande del mundo. En ella se adoraba al dios Amun, dios también conocido como el Oculto. Este dios llegará a convertirse en la principal divinidad de las clases de los faraones, convirtiéndose prácticamente en el dios nacional de todo Egipto. Más adelante, tanto Amun como el dios Atum serán fusionados con Ra, el dios sol, y se hablará tanto de Amun-Ra como de Atum-Ra. Ambos serán entonces identificados con el sol.
AMUN
En el año 1550 a.C., el imperio logra reunificarse tras la expulsión de los hiksos, y los kushitas son derrotados por Ahmose, primer faraón de la Decimoctava Dinastía, considerada quizás la dinastía más gloriosa por los gobernantes posteriores. Con ella se inicia la etapa que se conoce como Reino Nuevo, que durará nuevamente cerca de 500 años. Este importante período estará marcado por el reinado de tres dinastías diferentes. En la primera de estas dinastías destacan dos faraones. El primero es Amenofis IV o Akenatón, cuyo gobierno de 16 años es recordado por su intento de implantar el monoteísmo en Egipto alrededor de la figura del dios Atón, revolución religiosa que fracasa al enfrentar una fuerte resistencia de la casta sacerdotal.
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