Se sostenía en Elefantina que Khnum habría creado a los demás dioses, al mundo natural y a los seres humanos. Otras fuentes lo hacen sólo responsable de ser el creador de la humanidad. Esta creación se había realizado modelando la arcilla, tal como lo hicieran los antiguos habitantes de la zona. Posiblemente se trate del más arcaico de todos los mitos egipcios de la creación.
KHNUM
Para crear un ser vivo, Khnum producía dos estatuillas de arcilla. La primera representaba el cuerpo de la persona y la segunda –que se ubicaba detrás– su alma o personalidad (ka). Muchas veces esta segunda figura era designada como el doble.
El ka era normalmente representado por dos brazos doblados en ángulo recto, apuntando hacia arriba. Es necesario señalar que el nombre era considerado como parte determinante de la personalidad: sin nombre no era concebible la individualidad i, como veremos más adelante, la posibilidad de resucitar a la vida eterna. Al integrarse estas dos estatuillas del cuerpo y la personalidad nacía el nuevo ser, que integraba sus dos principios constitutivos. Complementariamente, los egipcios sostenían que todo ser humano poseía también una sombra. Esta aparentemente no jugaba ningún papel destacado sino hasta luego de la muerte, cuando la sombra retornaba al cuerpo y se integraba al resto de los elementos de la personalidad.
En Hermópolis Magna (Khemnu), situada en la zona de Egipto Medio (a no ser confundida con la ciudad de Hermópolis en el Delta), existía un mito de la creación muy diferente. Según este, la creación se llevó a cabo a través de una concentración inicial de cuatro elementos fundamentales organizados en pares, integrados cada uno por una dimensión masculina y otra femenina. Estos cuatro elementos eran el agua (integrada por Nun y Naunet), el aire o poder oculto (integrado por Amun y Amaunet), la oscuridad (integrado por Kut y Kauket) y finalmente lo informe, lo indeterminado e infinito, muchas veces interpretado con la fuerza de las crecidas del Nilo (integrado por Huh y Hauhet, divinidades del agua, que eran representadas en forma de rana).
Estas personificaciones divinas de los cuatro elementos básicos del universo eran reconocidas con la expresión egipcia KHUM y la expresión griega OGDOADA (que significa grupo de ocho). Los cuatro dioses masculinos eran representados con cabezas de sapos, mientras que los cuatro dioses femeninos eran representados con cabezas de serpientes. En un cierto momento estos ocho dioses interactuaron de tal forma que produjeron una explosión de energía, con la cual la creación tuvo lugar.
A partir de ese momento encontramos dos versiones diferentes de lo que habría sucedido. En la primera versión, de las aguas emerge una colina de tierra llamada “Isla de la Llama” o “Divina Isla Emergente”, en la cual el dios Thot –dios de la palabra y de la sabiduría–, asumiendo la forma de un ibis, pájaro de gran tamaño, habría puesto un huevo que luego se rompería para que desde su interior saliera el Sol, que de inmediato se eleva al cielo. De este modo, la creación es fruto de la palabra, cuyo poder divino simbolizaba Thot, dios adorado en Hermópolis. Thot era reconocido como el inventor de la escritura y el patrón de los escribas.
THOT
Existe una segunda versión de este mito del origen egipcio, donde lo que emerge del elemento primordial de las aguas habría sido una flor de lotus, personificada en la figura de la diosa Nefertem, que al abrir sus pétalos dejó salir al sol, el cual era identificado con el dios Horus, quién se encarnaba en todos los faraones. Michael Rice nos señala que “el nombre Horus era el nombre más sagrado que un rey podía poseer. Era su fuente de poder, como rey y como dios”.
B. El mito de la creación de Heliópolis (Inun)
Según la cosmovisión del centro religioso de Heliópolis, situado al norte, no muy distante de Menfis en la zona del Bajo Egipto, antes de la creación sólo existía el caos indiferenciado, informe, indefinido, indeterminado y oscuro, un espacio sumido en un olvido cargado de niebla y agua inerte viscosa que lo cubría todo, y que era personificado a través del dios Nun. Es importante retener esta imagen, pues de ella se van a nutrir diversas tradiciones posteriores.
De este estado, habría emergido una colina de cieno, material que el Nilo depositaba en el valle con sus crecidas. Desde allí se habría autogenerado el dios solar y creador Atum (término que significaba “el todo” o “el que es completo”). Dado que en el estado previo a la creación no existían entes, Atum requiere crearse a sí mismo para luego, en la medida en que no existe posibilidad de una unión sexual, continuar la creación consigo mismo para sentar las bases del posterior proceso de procreación sexual. Se trata primero de un acto de auto impregnación donde Atum se da placer a sí mismo con sus propios dedos, masturbándose y llevando luego su semen a la boca para desde ahí escupirlo. Este semen escupido, espetado desde la boca, es manifestación de la palabra primordial y originaria, con todo su gran poder generativo.
La teología de Menfis hará todavía más explícita la participación de la palabra en la creación. Según esta, el acto de la creación implica la generación de orden, el cual está simbolizado en la diosa Maat. La creación es el tránsito del caos al orden. Sin embargo, el caos no desaparece. Orden (Maat) y caos (Isfet) estarán siempre en lucha; siempre cabe la posibilidad de perder el orden y volver al caos, pues el caos acecha. La principal responsabilidad del faraón será precisamente servir a la diosa Maat por medio de la preservación del orden, la justicia y la verdad, todos estos atributos propios de la diosa. Simultáneamente, en su capacidad de cumplir con esta tarea y de preservar la unión de las dos tierras, el faraón da testimonio de que es efectivamente la personificación del dios Horus.
MAAT
De la forma antes descrita, por tanto, Atum se crea a sí mismo y crea enseguida dos dioses: Shu (dios masculino y personificación divina tanto del espacio como del aire) y Tefnut (diosa femenina y personificación divina del tiempo, la Luna y la humedad) los cuales, a partir de ese momento, pueden iniciar un proceso normal de procreación sexual. De la unión de Shu y Tefnut, surgen Geb (dios de la tierra) y Nut (diosa del cielo) que son separados a la fuerza por Shu, quien coloca a Nut (elemento femenino) por sobre la tierra. Atum encabeza la Enéada (del vocablo griego que significa “grupo de nueve”) y recibe el nombre de Toro de la Enéada.
De Geb y Nut nacerán a su vez el dios Osiris, la diosa Isis, el dios Seth y la diosa Nephtys, cuatro dioses hermanos que tendrán un papel fundamental en la mitología egipcia. Estos cuatro dioses están emparejados. Osiris tiene como esposa a Isis, y Seth tiene como esposa a Nephtys. Todos estos dioses conforman la Enéada de Heliópolis, integrada por Atum, Shu, Tefnut, Geb, Nut, Osiris, Isis, Seth y Nephtys.
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