En otro orden de cosas, el turismo fue otra área que trajo consigo nuevas influencias, poniendo a los habitantes locales en sintonía con nuevos paradigmas y gustos culturales. Pero no solo eso, también dio trabajo a algunos de los macarras más duros de los barrios de extrarradio de las grandes ciudades. El taxista Peseto Loco me contó una curiosísima historia: «Yo he vivido en el poblado de Canillas [al noreste de Madrid]. Mi padre se crio allí. En la época de mi padre [hacia finales de los años setenta] a la banda del barrio los contrató el ayuntamiento de Benidorm para que diesen palizas [durante] años a guiris que metían la pata en las discotecas. Y el jefe de la banda, Arturo [nombre falso], que estaba en busca y captura por haber tirado por un puente a una prostituta, se quedó de jefe de la Policía de Benidorm [u ocupando una posición elevada]. Por lo visto, el Arturo es que repartía estopa pero bien... y, por lo visto, fueron del ayuntamiento de Benidorm a hablar con él para que se dedicase a “patrullar” con sus amigos por la zona del [barrio de] Rincón de Loix, en Benidorm, dando vueltas para calentar a los guiris que metían la pata... [le animaron a] que se buscase gente... entonces se llevó a su pandilla de Canillas y se pasaban allí los veranos “contratados” dando palizas a los guiris que iban pegando a gente... Esto es verídico, ¿eh? Es muy fuerte. Arturo se fugó de Madrid y se escondió en Benidorm, donde empezó de portero en la discoteca del Hotel Delfín. Se dice que al Arturo le limpiaron los antecedentes para que pudiera ser madero en Benidorm, y [para acabar siendo] el jefe de policía, encima... Y es que no eran cuatro porros o cuatro mierdas [lo que tenía a cuestas]... es que tiró a una prostituta por un puente y estaba en busca y captura y se lo limpiaron todo para que entrase de madero... Pero querían un madero que repartiese estopa. [Antes de eso] trabajaba de chulo de putas aquí en Madrid[9]. No sé qué más cosas haría, yo te cuento cosas que me ha contado mi padre, [y también] su primo que era mi vecino y muy amigo mío, también su hermano. Pero tiene que haber hecho de todo... yo le conocí de pequeño, de vacaciones con mis padres nos lo encontramos y nos fuimos a tomar algo con él. Él ya hizo vida allí y se quedó en Benidorm toda su vida. Es una leyenda... el Arturo. Fue a Benidorm como delincuente y se ha jubilado allí tranquilamente, siendo policía. El amigo más amigo de mi padre se declara a sí mismo como fan de Arturo. Era un poco más mayor que ellos, en una época en la que [dominaban] las pandillas del poblado de Canillas y la U.V.A de Hortaleza, y los pequeños a los mayores los tenían idealizados. A su hermano me lo presentó mi padre y su amigo, y me dijeron: “Mira, este es el hermano del Arturo...”. Como si no tuviese nombre... era “el hermano del Arturo”... su nombre daba igual.» «El primo de Arturo era vecino mío y vino de testigo al juicio de mi divorcio y, desde entonces, entablamos mucha amistad. Era una familia muy valiente. Yo he visto al primo de Arturo enfrentarse con camellos de 20 años siendo ya un abuelo y dispuesto a pegarse con ellos y achantarlos, ¿eh? Yo sé una anécdota en la que estuvo mi padre que me la ha contado muchas veces cagado de risa acordándose del Arturo y hablando sobre sus dotes para liderar... Por lo visto estaban en las fiestas del Parque de Berlín y se liaron a hostias los de Canillas con otra banda de no sé dónde, con tan mala suerte que el Arturo estaba en la noria con una piva y cuando empezó la pelea (multitudinaria) estaba arriba parado sin poder bajar... mi padre dice que él desde arriba mandaba... y que, como a los [de la otra banda] ya les cascaron, él desde arriba vio venir a los policías y que los señaló y que se le veía impotente, como loco de no poder estar ahí abajo pero señaló a los policías y les dijo a los suyos: “¡Por allí vienen los policías! ¡A por ellos!”. Y los de canillas, sin pensarlo, obedecieron todos y fostiaron también a los policías. Por lo visto dejaron la feria como un solar...». Vemos, pues, cómo la industria turística pudo también beneficiar al macarra. Y, aunque el testimonio de Peseto Loco nos pueda parecer inverosímil, historias similares son relatadas por personas diversas, sin relación entre sí. El director de cine Juan Vicente Córdoba me contó una historia similar sobre un tipo que trabajaba en una feria: «Nos empezó a contar su vida [al actor Daniel Guzmán y a mí]. ¿Vale? Y el tío a lo mejor se daba el pingo, y tal, pero decía: “¡Yo he matado como a diez o doce tíos! Y nadie se ha enterado nunca de nada”. “A mí me mandaba la policía a pegar palizas.” Yo me lo creía. Este tenía un tren de la bruja». Y no son estos dos testimonios los únicos que he oído sobre una relación laboral entre macarras y la policía. Además, existen otro tipo de vínculos entre policías y delincuentes. Aparte de la relación entre la policía y delincuentes informantes, están los hijos o familiares de policías, quienes, como he podido descubrir por medio de mis entrevistas, muchas veces son delincuentes o tienen vínculos con la delincuencia. Esto no ha de resultar extraño. Un policía es alguien que, como los delincuentes, vive peligrosamente. Además, tiene pistola y puede sacar a su hijo de más de un lío a través de sus contactos profesionales. No es de extrañar que el hijo de alguien atraído por el peligro lleve un estilo de vida semejante o que, si un chico se siente impune ante la ley, tienda a transgredir las normas.
Otro factor decisivo para la expansión de una cultura macarra durante los años setenta fueron la crisis del petróleo de 1973 y la posterior reconversión industrial –ya en los ochenta–, que supuso el desmantelamiento de mucha de la industria pesada nacional y dejó a innumerables jóvenes en el paro. Si de 1960 hasta 1973 la tasa de crecimiento de España fue de 7,5 por 100, la cifra más elevada de Europa y la segunda del mundo tras Japón[10], la situación cambió para mal con esta crisis originada en el exterior. El crecimiento del país se truncó. Como me han comentado varios entrevistados, los macarras previos a los años ochenta, generalmente, tenían oficios; uno era pescadero, otro churrero, había fontaneros. De hecho, en 1975, año de la muerte de Franco, la tasa de desempleo en España era del 3,7 por 100, una cifra debida, en parte, al hecho de que la mujer no se había incorporado plenamente al mundo laboral y gran parte de la fuerza de trabajo autóctona había migrado hasta países como Suiza, Alemania o Francia en años anteriores. No obstante, tras la crisis del petróleo, la reconversión industrial y el regreso de muchos trabajadores anteriormente emigrados, muchos jóvenes se quedaron sin trabajo, huérfanos de sentido y abocados a los márgenes sociales. Es un hecho que desde 1980 la cifra de parados en España no ha descendido jamás de los dos millones[11]. Y hablamos de un escenario que empeoró con la llegada de la heroína en ese mismo periodo, minando a una juventud que, en muchos casos, recurría a la delincuencia para proveerse de su dosis diaria de caballo. Como dice el Mark Renton, protagonista de la película (y novela) Trainspotting (1996): «Yo elegí no elegir la vida, yo elegí otra cosa. ¿Y las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?». La vida callejera puede ser muy aburrida y el caballo aporta bienestar y sentido, al menos en las primeras fases de adicción. Posteriormente, se torna un artículo de primera necesidad.
En este momento histórico fue cuando muchos macarras acabaron por mutar en yonquis, es decir, personas que para la población general habían perdido todo sentido de dignidad personal para reducir su existencia a un solo propósito: consumir droga. El yonqui pasará, entonces, a ser un paria y servirá de aviso a macarras más jóvenes que, en su mayoría, no tendrán ya contacto con el caballo, al ser muy conscientes de las consecuencias de tales consumos. Pero dejemos la plaga de la heroína por ahora, volveremos a ella más adelante.
Читать дальше