Las crónicas, reportajes e interviús de Ana María en La Rambla merecen especial atención, pues fueron las únicas piezas periodísticas que escribió en catalán (lengua que, sin embargo, nunca llegó a dominar con la misma soltura que la castellana) y también las más comprometidas con la causa feminista y republicana. Aunque de tono y asunto variados, las colaboraciones de nuestra autora mantendrán una serie de características comunes: siempre entrevista, por ejemplo, a mujeres destacadas por su actividad en favor de la emancipación femenina (escritoras, abogadas, pedagogas, actrices, etcétera); y sus reportajes abordan cuestiones sociales palpitantes ante las que suele adoptar un tono reivindicativo. Especial mención requieren sus crónicas, en las que arremete contra los sectores y estamentos más refractarios a los ideales republicanos, así como contra cierto cerrilismo ambiental que se resiste a reconocer las conquistas sociales y políticas de la mujer (aunque tampoco faltan las pullas, a veces muy agrias, contra la falta de compañerismo del sexo femenino). Sorprende que la veta sarcástica de Ana María Martínez Sagi (patente, por ejemplo, en sus crónicas de eventos sociales) no encon- trase demasiada continuidad37; y que, en cambio, se la obligase a escribir insulsos artículos sobre «cultura física femenina» en los que se limitaba a recomendar a las lectoras una serie de ejercicios para mantener o mejorar la línea.
Pero tal vez este confinamiento en el periodismo de asunto deportivo se explique porque nuestra autora había alcanzado gran notoriedad como atleta, especialmente en la modalidad de lanzamiento de jabalina. Tras participar en diversos festivales y campeonatos catalanes, siempre con el equipo del Club Femení i d’Esports, Ana María formará parte de la selección catalana que compita en los primeros Campeonatos Femeninos de Atletismo, celebrados en Madrid en octubre de 1931. Esta nueva visita a la capital acrecentará todavía más su fama.
A la conquista de Madrid
La selección catalana, vertebrada en torno al Club Femení i d’Esports, obtendrá la victoria colectiva, además de numerosas distinciones individuales, en el Campeonato, que se desarrolla bajo una lluvia torrencial y sobre un terreno cubierto de agua; y Ana María impondrá su dictadura en el lanzamiento de jabalina con una plusmarca nacional de veinte metros y sesenta centímetros. La prensa madrileña concederá amplia cobertura al evento; así, por ejemplo, la revista Crónica, además de reservar su portada al triunfo de las atletas catalanas38, dedica en páginas interiores un reportaje titulado «Figuras, gestos y frases de las muchachas que han ganado el primer Campeonato femenino de atletismo» que incluye una entrevista a la «gentilísima» ganadora de lanzamiento de jabalina, «periodista militante y poetisa inspirada». Ana María aprovechará la ocasión para entonar las loas del Club Femení i d’Esports y para anunciar la conferencia, rematada con un recital poético, que se dispone a pronunciar en Madrid:
Regresa la señorita Ana María Martínez Sagi. Presentación sin estiramiento y charla como de antiguos camaradas:
—Tenía —me confiesa— grandes deseos de volver a Madrid. Este esfuerzo nuestro es menester que se sepa y, si es posible, que se imite en ciudades como la capital, donde hay una mujer de la clase media a la que es preciso independizar, sacar de su hogar, para llevársela al campo, al Club, a los deportes...
»Nuestra labor en Barcelona ha sido ímproba, y me refiero ahora no a la organización del equipo que ha venido a tomar parte en los campeonatos femeninos, sino a la tarea de dar vida al Club Femenino y de Sports. Esta Sociedad la hemos creado unas cuantas amigas, llenas de buen deseo, para agrupar a las muchachas de la clase media que simpatizasen con este afán nuestro de la vida al aire libre y de la cultura, que no es exhibicionismo, y mucho menos deseos de crear marimachos.
»Los comienzos fueron dificilísimos. Hay que tener en cuenta que éramos muy pocas y todas teníamos trabajo en oficinas o talleres. Había que sacrificar las escasas horas libres para dar forma a nuestro pensamiento... con una cuota de dos pesetas.
»Muchas de las que vinieron al principio se cansaron pronto, porque vieron que no había tennis, ni flirteo, ni discusiones estúpidas. Hicieron bien dejándonos.
»Hoy las cosas han cambiado mucho. Tenemos cerca de dos mil socias y un local donde nos reunimos para dar clases, charlar, atender a nuestras particulares organizaciones, etc. Pero, además, hemos solicitado de la Generalidad que nos conceda la planta baja de uno de los magníficos hoteles que se construyeron en la Plaza de España para la Exposición. Es un local espléndido, propio para gimnasio, con numerosas dependencias y una magnífica piscina. Si logramos que nos lo den —y tenemos las mejores impresiones—, habremos dado un salto decisivo.
»A mí me parece que en Madrid sería preciso que un grupo de muchachas de buena voluntad, de tantas chicas simpatiquísimas como hemos tratado estos días, enamoradas de la sierra, que desdeñen un poco los prejuicios absurdos, se reunieran para constituir una Agrupación parecida a la nuestra. Más adelante, y contando con nosotras, estableceríamos un intercambio que por descontado estoy segura que sería de corazón fraternal. Tal vez los primeros pasos serían difíciles, y hasta no faltarían algunas sonrisas burlonas. Pero en ellas estaría el acicate más poderoso...
»De todo esto voy a hablar en el Lyceum Femenino, y en cualquier otro sitio, si tuviera oportunidad y tiempo.
»A mí me trae a Madrid el deseo de dar un recital de mis poesías. Labor modestísima de una muchacha muy catalana que hace poesía en un castellano que creo hondo y sentido. Pero esto no lo diga. Podría sonar a jactancia, y nada más lejos de ello. Lo que quisiera demostrar es que se puede hacer compatible el trabajo, la afición a la poesía y el atletismo. Todo en una feminidad que me enorgullece. Y lo que hago yo, es natural que muy mejorado, podrá hacerlo otra cualquiera. ¿No lo cree? ¿Irá a la conferencia?
Ana María, en efecto, había planificado a la perfección el viaje. Su conferencia en el Lyceum Club Femenino, la institución fundada en 1926 por María de Maeztu, produjo gran revuelo entre su auditorio, compuesto en su mayoría por señoras que aún entendían la «liberación femenina» como una bula que el marido concedía a su esposa para tomar el té y jugar a los naipes con sus amigas. A la mañana siguiente, el 30 de octubre de 1931, toda la prensa madrileña glosará profusamente la intervención de nuestra autora, a la que se describe como «una muchacha en plena floración de juventud, graciosa, bella, simpática sin afectación, que sabe trabajar y que del propio esfuerzo laborioso ha de vivir»39. Y el diario ABC le dedicará íntegramente su portada, haciéndose eco de la «brillante conferencia» de quien «encarna en la vida una hermosa alianza: la de las letras y el deporte». El cronista de Ahora, Ángel Díez de la Heras, reprodujo algunos pasajes de la conferencia:
El “Club Femení i d’Esports” no es uno de esos clubes femeninos donde las señoras se reúnen a hablar mal de las amigas y a analizar la licenciosa vida de los maridos o la conducta insufrible de las criadas, ni es uno de esos clubes deportivos donde van las muchachas a jugar al tenis con Pablito y con Pedrito, o a meterse en una canoa con un precioso traje de marinero de la escuadra inglesa, y a flirtear y a bailar, y a beber cocktails.
»El “Club Femení i d’Esports” es una organización esencialmente democrática a la que pertenecen las obreras y las empleadas con el mismo título que las estudiantes y las que ejercen profesiones liberales, sin jerarquías ni distinción de clases sociales. Una organización donde se proporciona a las muchachas de Barcelona los medios de practicar alegremente los deportes y la cultura física. Una organización abierta al mismo tiempo a todas las inquietudes culturales y políticas, donde se forja el espíritu moderno de la mujer catalana, dentro de un cuerpo que se trata de hacer sano y fuerte. [...]
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