Alister Mairon - Biterna

Здесь есть возможность читать онлайн «Alister Mairon - Biterna» — ознакомительный отрывок электронной книги совершенно бесплатно, а после прочтения отрывка купить полную версию. В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: unrecognised, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Biterna: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Biterna»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

La banda de mercenarios de Ross ha llegado a Barcelona con una misión: deben encontrar al hijo de un mercader, desaparecido por lo que parecen artes de brujería. Nada a lo que no hayan hecho frente antes.
Sin embargo, ni todos los monstruos derrotados han preparado a la cuadrilla para lo que les espera. El portal a Biterna, el reino del Infi erno en la Tierra, se ha abierto tras siglos de silencio. Y lo que brota de él supera con creces a cualquier amenaza antes enfrentada por la banda.
¿Serán capaces de rescatar al hijo del mercader de este oscuro poder? ¿O perecerán miserablemente a manos de la más vengativa de las criaturas? Y lo más importante: ¿les están pagando lo suficiente por esta misión?

Biterna — читать онлайн ознакомительный отрывок

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Biterna», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Tomás Codina carraspeó. Se lo notaba incómodo.

—No creo que esa sea la causa de su desaparición. Verán, mi hijo...

—Mi hermano tenía otras inclinaciones —explicó resueltamente la hija—. No frecuentaba la compañía de mujeres.

—¡María! —se escandalizó el mercader.

—¿Qué? Si queremos que encuentren a Ferran debemos proporcionarles toda la información que sepamos, ¿no?

Tomás Codina abrió la boca para replicar, pero de ella no surgió sonido alguno. Asintió, dándose por vencido, y la joven pudo continuar con su relato.

—Mi hermano se sentía muy unido al hijo del prestamista, de modo que cuando desapareció fuimos de inmediato a preguntarle. Lo encontramos igual de desesperado que nosotros. Tampoco él sabía nada de Ferran. Por eso estamos seguros de que se trata de un secuestro.

—¿De quién? —quiso saber Ross, apurando su vaso de vino de un trago.

Despreciaba aquellos caldos acuosos que se hacían llamar vino, tan distintos a las bebidas púrpuras y afrutadas de las que disfrutara en su Venecia natal. Pero cualquier líquido era bueno para refrescarse la garganta en una ciudad tan húmeda y pegajosa como Barcelona.

—¿Disculpe? —Tomás Codina parecía confuso.

—No paran de repetir que lo han secuestrado. Eso es porque sospechan de alguien. ¿De quién?

—No es un quién, sino un qué. A mi hijo se lo ha llevado una bruja.

Incapaz de contenerse, Dismas dejó escapar una carcajada desdeñosa que avergonzó al mercader e hizo irritar a su hija.

—No es motivo de chanza. Hallamos un maleficio oculto bajo su almohada —dijo María—. Un saquillo con hierba seca que olía a viejo. Eso solo lo hacen las brujas.

—Si tan seguros están de que es obra de una bruja, ¿por qué no han contactado con las autoridades? —preguntó Dismas—. ¿No es acaso trabajo de la justicia cazar y castigar a las hechiceras?

La silenciosa Beatrice rompió su mutismo.

—Hace tres años que perseguir brujas ya no es competencia de la autoridad local —dijo en un murmullo—. Así lo determinó el rey y el Tribunal del Santo Oficio. En esta tierra ya no hay brujas, solo mujeres ignorantes que creen en costumbres paganas.

María negó con la cabeza.

—Su Majestad puede decretar lo que convenga, pero no habita en estas tierras. Aquí sigue habiendo brujas, aunque ya no esté permitido darles caza —aseguró con seriedad—. Y una de esas siervas del demonio es la responsable del secuestro de Ferran.

—¿Conocen el motivo? —preguntó Martel—. ¿Saben por qué una bruja podría quererle mal a su hijo?

—Si lo supiéramos —dijo Codina—, la habríamos denunciado ante las autoridades. No por brujería, sino por amenazas. Es un procedimiento común. Pero desconocemos los motivos. Por no saber, ni tenemos idea de quién es esa bruja.

—Por eso nos han llamado, ¿no? Porque no existe ya quien pueda prestarles ayuda dentro de la ley. Por eso necesitan mercenarios —razonó Ross. Tomás Codina asintió—. Bueno, pues lo siento por ustedes, pero no nos va a ser posible ocuparnos de este caso.

—¿Eh? ¿Por qué motivo? —quiso saber el mercader—. Me aseguraron que eran ustedes profesionales reputados. «La Morte Bianca» dicen que los llaman. ¿Acaso no es suficiente el oro que les he ofrecido?

—No es cuestión de oro, sino de capacidades. Es imposible encontrar al desaparecido si no contamos ni con el nombre de esa supuesta bruja, ni con pistas para empezar a buscar.

Por un momento se hizo el silencio en la mesa, solo interrumpido por los tragos largos que Martel propinaba a su segundo vaso de vino.

—Busquen a Tarragó —dijo al fin María—. Tal vez él podrá ayudarles.

—¿Quién es ese Tarragó? —preguntó Dismas con el ceño nuevamente fruncido.

—Antaño fue un buscador de brujas —explicó Tomás Codina—. Presumía de conocer a todos los hechiceros del territorio y se forjó una buena reputación. Pero tras las ordenanzas reales se retiró. Hace tres años que no ejerce.

Ross asintió.

—¿Dónde podemos encontrarlo?

El mercader se encogió de hombros y el abatimiento volvió a apoderarse de sus facciones.

—Nadie lo sabe con certeza. Desde que se retiró no se ha vuelto a saber de él. Algunos dicen que volvió hacia poniente, a su tierra natal. Otros, que se alejó del mundo y que habita las montañas como un ermitaño más.

—De modo que, para encontrar a su hijo, primero tenemos que dar con ese Tarragó —resumió Ross—. De acuerdo —dijo poniéndose en pie. Sus compañeros la imitaron—. Añada dos monedas para cada uno a la suma. Por el rastreo.

Capítulo II

Camí Ral, 1625

—No entiendo cómo has podido aceptar —le recriminó Dismas, echando un par de zanahorias troceadas al puchero.

Martel lo removió con pericia y añadió un pellizco de hierbas aromáticas. Pronto el suave olor a guiso de conejo impregnó el campamento y a sus tres ocupantes.

Podrían haberse quedado a pasar la noche en la ciudad, al resguardo de sus murallas. Pero ninguno de ellos tenía intención de dejar sus mermadas bolsas en manos de los codiciosos posaderos barceloneses. Era preferible acampar en la linde del camino y guarecerse del frío nocturno en su pequeña tienda de campaña. Aquel claro, rodeado por matojos secos y un pino de tronco nudoso y retorcido, les serviría mejor que la cama más cómoda de la ciudad. Y dañaría mucho menos su economía.

—Por el dinero —respondió Ross, guardando sus cuchillos en el cinto tras untarlos en uno de los aceites de Martel—. Nos pagan bien y no parece una misión complicada.

Dismas bufó disconforme, hurgando en su macuto para sacar cuatro cuencos de madera.

—Menudo argumento…

—¿Cuestionas mis decisiones? —inquirió Ross, subiendo el tono.

—Nunca, jefa. Solo digo que no era esto lo que tenía yo en mente cuando dijiste que habías conseguido un trabajo en Barcelona. Más nos hubiera valido seguir hacia Amberes. Al menos allí hablan claramente de muertos resucitados y no lo revisten de secuestro —señaló.

Ross se cruzó de brazos. No resultaba sencillo tratar con Dismas. Menos aun cuando creía tener la razón en algo. Y aunque su cabezonería quedaba de sobras compensada por su hábil manejo de las armas de fuego, no siempre su talento era argumento suficiente para perdonar su mal talante.

—Amberes está lejos. Habríamos encontrado el trabajo hecho al llegar —dijo con paciencia—. Además, ya que nos encontrábamos a este lado de los Pirineos, resultaba más sensato aceptar un encargo por la zona. Después de lo de Toledo tampoco estamos como para rechazar nada —añadió con un suspiro.

—Tampoco es una misión tan difícil —intervino Martel.

Dismas los miró de arriba abajo.

—¡Oh, claro! ¡Coser y cantar! Hallar a un muchacho anónimo del que nadie tiene idea de dónde puede estar salvo un cazabrujas retirado del que hace años que no se tienen noticias.

—Eso no es del todo cierto —replicó Beatrice, apareciendo entre unos arbustos a lomos de una mula vieja.

Llevaba puesta la capucha del hábito y su cruz de madera le colgaba sobre el pecho. Unas sandalias de suela desgastada le cubrían los pies. Ross la miró mientras se acercaba al campamento. La había visto darle más uso al hábito desde que escapara del convento que antes de huir de él.

—¿Y ese bicho? —se interesó Dismas, señalando a la mula.

—Un regalo de las monjas.

—Generoso presente. ¿Por quién te has hecho pasar esta vez para que te agasajen de esta manera? ¿Por la papisa de Roma?

Beatrice le echó una larga mirada a su compañero, cuya sonrisa burlona se ensanchó aún más.

—Por una peregrina de la orden de Santa Marta Penitente.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Biterna»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Biterna» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Biterna»

Обсуждение, отзывы о книге «Biterna» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.

x