Amablemente la operadora le habla en un tono muy calmado y profesional, que hace que Matías se calme lo suficiente como para poder explicar la situación y lugar desde dónde llama, además del motivo.
Comenzó Matías diciendo buenos días, aunque recién eran las 4, 30 h.
Matías: Soy Matías y estoy subido a un árbol, en el puesto de doña María, la del paraje junto al río, todos me conocen porque obligadamente deben pasar por frente de su rancho para cruzar el río o ir al sur a los otros parajes. Recién llegó un tractor con dos chatas y un hombre en ellas, que está muy mal, según dicen lo encontraron prácticamente muerto y está volando en fiebre y con mucha tos, le pido que mande la ambulancia lo más rápido posible.
911: Bien, señor, cálmese, de inmediato nos comunicamos con el hospital, así usted explica qué es lo que sucede.
Hospital: Buenos días, ¿en qué puedo ayudarle?, soy Juan, radioperador de turno.
Matías explica al operador y le indica el lugar donde debían mandar la ambulancia, y acota además que delira y repite constantemente Juanita. Acá hay un muchacho, Jacinto, que lo conoce al hombre, don Juan, que vive al otro lado del río. Estos chicos han cruzado el río, porque viene bramando desde ayer tarde y trayendo árboles enteros, animales, ramería y todo tipo de cosas.
Casualmente estaba el chofer Florencio de la ambulancia, con el operador, tomando unos mates, y dijo:
Florencio: Doña María, queda unos quinientos metros antes de llegar al cruce del río, a la mano derecha, y el hombre que dice vive al otro lado del río, al sur en el paraje la pluma. Debe ser don Juan, vive al otro lado del río como a treinta o cuarenta km. Al sur. Bueno, me voy a preparar la ambulancia, búscame la enfermera que esté de turno para ir, si salimos ahora con suerte estaremos cerca del mediodía por allá. Los últimos veinte kilómetros son un lodazal muy difícil de transitar y con este tiempo peor todavía.
Operador: Che, Florencio, ¿vos sabés por casualidad si tiene hijos este hombre?
Florencio: Sí, tiene dos una ya grandecita de ocho o nueve años y la otra es chiquita, dos a tres años. ¿Por qué?
Operador: La señora dice que permanentemente le habla al “Jacinto”, ese, de que la salve a Juanita.
Florencio: Es la más chiquita.
Se preguntó qué habrá pasado, para que el hombre se haya largado con este temporal y pida ayuda por la chiquita.
Operador: ¿A qué hora vas a salir?.
Florencio es conocedor de la zona, trabajó con el doctor en la época del cólera y los dos deben ser los más baqueanos que tenemos.
Florencio: Tengo que buscar el cupo de combustible y a la enfermera y salimos.
Operador: Dale porque parece que esta gente está desesperada.
Florencio: El asunto va a ser poder llegar.
A todo esto, ya don Juan después de un par de sorbos de café, que a duras penas pudo tomar, lo agarró a Jacinto de la ropa y le dijo: Salva a mi hija, está muy mal, creo que muerta.
Luego perdió nuevamente la conciencia.
Jacinto: Doña María, disculpe, tiene que volver a llamar al servicio de emergencias, parece que la hijita de don Juan está muy mal y permanentemente insiste en que la salvemos, creo que alcanzó a decir que tiene un golpe en la cabeza, pero se desmayó otra vez. Recuerde, dígales que deben ir al paraje la pluma, al otro lado del río.
María nuevamente buscando señal y ya con más claridad, siendo cerca de las 7, 30 h, manifestó: Cómo pasa el tiempo, por Dios, y la ambulancia que no llega.
Jacinto: Llegarán si salieron ahora, cerca del mediodía, el camino está muy feo con esta lluvia.
Nuevamente escuchó: Servicio de emergencias, Tgal. ¿Cuál es su emergencia?
María afirmo que era ella, sin embargo, el requerimiento no es para su paraje, sino para otro que está del otro lado del río al sur de su ubicación y que posiblemente haya una niña de dos y medio a tres años de edad muy mal, aparentemente con un golpe en la cabeza.
La operadora transfirió la llamada al hospital y Juan nuevamente responde.
Juan comenta a Paola: Con este tiempo creo que la única forma de llegar sería en helicóptero, sin embargo, no creo que se pueda volar, el techo de nubes está bajo, de todas maneras, eso no lo decido yo, sino el piloto.
Juan: Che, Pame, cómo le gusta volar al viejo, creo que si fuera por él pone el consultorio en el helicóptero. Hospital, buenos días, ¿en qué podemos ayudar?
María: Soy María, la del puesto que habló recién.
Juan interrumpe y le informa que la ambulancia ya salió con la enfermera y el chofer don Florencio para el puesto.
Ella insiste: Disculpe, este es otro pedido, parece que al otro lado del río, en el puesto la pluma, hay una niña que está muy mal y supuestamente tiene un golpe en la cabeza, está inconsciente, no tengo más datos.
Juan le pregunta a su compañera de turno: Che, Pamela, ¿vos sabés dónde queda el paraje la Pluma?
Pamela: No, ni idea.
Para colmo el chofer, Florencio, que conoce bien todo, se fue al puesto de doña María y los nuevos le preguntaremos si alguno fue por esos lados. Me dicen que es del otro lado del río.
Nadie tenía conocimiento de la existencia de ese puesto.
Juan: Mira que llevo años en esto y no recuerdo que alguna vez nos hayan llamado desde ese lugar.
Pamela: Yo tampoco.
Se abre la puerta de la radio y entra el doc., siempre sonriente y alegre.
Doc.: Buenas, muchachos, Juan, voy a cubrir terapia, el doc. que tenía que venir llegará tarde si lo dejan pasar en los cortes.
Y recuerda que está de guardia en los vuelos, ya pegando la vuelta para salir del recinto de la radio, dice Pamela:
Pamela: Disculpe, doc. ¿Por casualidad usted sabe dónde queda el paraje la pluma?
Doc. (tardó en responder unos segundos, como recordando el lugar del que le preguntaban): Si mal no recuerdo creo que queda cruzando el río al sur, unos treinta y cinco a cuarenta kilómetros, y ahí, hay que pasar una cañada que cuando viene crecida agárrate. Pregúntenle a Florencio, él seguro que lo recuerda mejor que yo, trabajó conmigo en el cólera y recorríamos todos esos lugares. Como quien va para la finca de don Moreno, pero hay que desviarse por un camino que es una huella, se sale del camino ancho. Algo así, pero el que sabe bien es él.
Pamela: Y cómo se acuerda de los lugares. La memoria que tiene es fantástica.
Juan: Sí. Tiene mucho amor por lo que hace, y además siempre está alegre, creo que se debe conocer todos o casi todos los parajes de la zona. Y acordarte que él fue el que trabajo en el cólera, y si no me equivoco fue el primero. Estuvo como tres o cuatro meses en medio del Chaco recorriendo todo, a pata, a caballo, en helicóptero, también anduvo por otras provincias ayudando. Ojalá venga el otro doc., porque seguro que nos pedirán un vuelo sanitario una vez que mandemos la información para la capital. Avisa a gerencia por las dudas, mientras atiendo esta llamada.
A todo esto, ya la lluvia casi era imperceptible y el doc. ya en terapia con los quehaceres propios de una terapia polivalente, donde se atiende tanto a un infartado como a un séptico o accidentado y el saber debe estar a flor de piel en todo momento para ayudar a esas personas que por diversas circunstancias perdieron su salud y necesitan de alta complejidad para recuperarla. Es así, debió de poner en respirador a dos pacientes que estaban muy delicados y con la mascarilla no les es suficiente el aporte.
Ya más calmado y luego de varias horas, el doc. pregunta:
Doc.: ¿Se sabe algo del médico que tiene que venir o continúo yo?
La enfermera de turno pregunta a la radio si saben algo, se escucha “está subiendo”.
Pamela: Doc., ya son casi las once de la mañana y viene el doctor que lo reemplaza, así que venga, tomemos unos mates y de paso me actualiza y hace las indicaciones de las carpetas porfa.
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