Carlos Miguel Landi - Vuelo Sanitario

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Muchas personas allegadas, pacientes y familiares, me hicieron la propuesta de por qué no escribir un libro sobre mi trabajo. Luego de mucho tiempo dando vueltas, un día comencé y hoy me parece increíble que se esté por publicar.
Mensaje. No todo es malo o funciona mal, en este libro se puede ver claramente cómo instituciones que trabajan en conjunto pueden tener logros a favor de la sociedad y en bien de la comunidad.

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Nuevamente sola, María prendió la radio y lo primero que escuchó fueron las descargas de la tormenta, a esa hora es muy difícil escuchar algo en esa zona, sin embargo, alcanzó para escuchar que el temporal continuó por varios días aún.

Con su fino oído María imaginaba esa pobre gente en el tractor y se decía para sí están trayendo madera por cómo suena ese tractor, y están lejos del páramo. Hay que ser muy ducho para andar y no quedarse, es la parte más fea del camino. Y, bue, Dios dirá.

Mientras pensaba qué prepararía para más tarde, buscaba las cosa para alimentar el farol con querosén, que ya prácticamente estaba vacío su tanquecito y tenía miedo de que se apague.

Después de una hora más o menos escuchó que nuevamente el tractor había detenido su marcha.

Dijo María: Dentro de todo no debe estar muy feo, has llegado bastante rápido para este tiempo y por las dudas me aseguro, no creo que ningún loco cruce el río como está ahora, pero uno nunca sabe.

Fue a buscar el treinta y ocho que tenía arriba del ropero, constató que estuviese cargado y sacó algunas balas más, las guardó en un bolsillo de su ropa, luego verificó que el seguro estuviera puesto y se lo cruzó en la falda, así, sintiéndose más segura, continuó con sus tareas.

Ya cerca de las cuatro de la mañana, nubes bajas y truenos lejanos, que de vez en cuando observaba algunos relámpagos.

Cuando se dispone a tirar la harina en la mesa para hacer el pan, se sorprendió de que el tractor arrancara nuevamente, más aún, que bramara como lo hacía.

María pensó: “Algo malo pasa”.

Llegan Matías y Gustavo al rancho en sus montados.

Matías: Buenas, doña María, disculpe la demora, es que está muy feo para andar, su marido nos dijo que viniéramos como a las dos, pero está muy complicado para los animales.

Doña María: Mi esposo ya se fue y me dijo que ustedes dos fueran por el otro camino que va a la alambrada, así le cortan el paso, si es que andan por ahí los animales, él está para el lado del río arriba, así que tomen el café y vayan, tengan mucho cuidado, del otro lado parece que hay gente, sienta cómo brama ese tractor.

Matías: Sí, doña María, tiene razón, parece que estos inconscientes quieren cruzar el río, y eso no es nada bueno, hay que ser muy loco para intentarlo y más a esta hora y cómo viene rugiendo desde ayer a la tarde. Doña María, debe tener cuidado. ¿No quiere que nos quedemos por las dudas vengan para acá?

Doña María: La verdad es que no creo que pasen, si se meten el río los lleva, vienen árboles, troncos, ramas y animales.

Matías: Como usted diga señora.

Se escuchó mucho más fuerte el sonido y parecía rugir como un león.

Gustavo se refirió a Matías: Che, por el ruido que se apagó estos se metieron al agua, avísale a doña María, nada bueno ha de ser para que vengan cruzando el río, seguro que se robaron una carga con tractor y todo porque para meterse así tienen que conocer muy bien y saber dónde va a entrar, erra la huella y adiós, te tragó el río.

El silencio de la noche se hacía cómplice de los oídos de Gustavo que sorprende a todo el mundo con su capacidad auditiva, y manifiesta en voz alta: El único loco, chiflado hijo e pu…, que puede hacer esto es el “loco de Rogelio”, pero ellos estaban del otro lado del río, en la finca de don Moreno, andaban con dos chatas y llevan dos ayudantes, uno creo que es Jacinto.

Ese tractor bramaba a toda furia, no aflojaba ni por un segundo, Gustavo se montó en su animal y rumbeó para el lado del río que queda unos quinientos metros más o menos. Tenía prácticamente la certeza de que era Rogelio, se decía: no puede ser otro, el único lo suficientemente corajudo y loco es el.

¿Qué habrá pasado para que se arriesgue así?

Mientras cada vez más cerca el ruido se hace más intenso y ya no le quedan dudas, cuando apenas llega a la orilla. Sí, es él, vamos, muchacho, te falta poco, vas con medio tractor en el agua, ve las llamaradas que salen por ese caño de escape, señal de que está entregando toda la potencia que puede ese motor.

Ya solo treinta más y llegas a la orilla, piensa Gustavo, vamos.

Un árbol que daba tumbos en el agua golpea la última chata y casi la saca de la huella, advertido Rogelio, el chofer del tractor, nuevamente y aun con más potencia y prácticamente parado en los pedales hace su último intento por no dejarse ganar por el río, la furia de ese motor que entregaba todo lo que tenía logró que ya el morro comience a salir fuera del agua y poder ver las ruedas delanteras, lo que indicaba el fin del cauce y que está correctamente ubicado en la salida. Ahora le queda la tarea de sacar las chatas cargadas de rollos de cebil, dando todo de sí y a pesar del frío y estar empapado, sudaba a más no poder, por el inmenso esfuerzo que está haciendo.

Gustavo, “solo este loco puede hacer eso” pensó, viendo que ya prácticamente salía del agua sin mayores inconveniente y que la última chata mostraba ya el lomo de las ruedas fuera del agua, dio media vuelta en su montado y se dirigió al rancho.

Doña María: Es Rogelio y viene para acá, yo lo conozco, lo crucé el otro día, iban para lo de don Moreno.

Ya salido del agua. A Rogelio le quedaban aún unos quinientos metros para llegar a lo de doña María.

Haciendo su máximo esfuerzo logró llegar hasta el rancho.

Por intentar bajar lo más rápidamente posible, Jacinto, su ayudante, casi se parte la cabeza al caerse al suelo. Logró como pudo ponerse de pie. Y se dirigió a donde estaba doña María, ya casi sin aliento y extenuado por el cansancio, frío y hambre, le preguntó si tiene señal.

María: Ven, siéntate, cálmate, muchacho, ¿qué es lo que te trae tan apurado como para que el loco de Rogelio haga semejante cosa de cruzar el río como está?

Jacinto (en forma atolondrada): Doña María, es don Juan, está mal, lo encontramos en el páramo donde pensábamos quedarnos hasta que amanezca.

Jacinto tomó casi quemándose la boca el café que le sirvió doña María y devoró el pan que le dio, mientras relataba qué es lo que había pasado y entre tanto Matías y Gustavo bajaron de la chata a don Juan que volaba en fiebre, tiritaba como una hoja y tosía a más no poder, y de tanto en tanto decía: Juanita, Juanita, sálvala, Jacinto.

Jacinto se acercó a don Juan ya un poco recuperado e intentó darle un sobo de café, el cual no pudo tomar, tosiendo nuevamente, escuchó: Mi hija Juanita está mal, casi muerta, sálvala por favor.

A todo esto, María intenta frenéticamente comunicarse con el 911, y solo era el tuuu, sin línea.

Sigue insistiendo y girando hacia uno y otro lado para conseguir mejorar la ubicación.

Hasta que en un momento escucha amablemente: 911. ¿Cuál es su emergencia?

Se corta. E insiste en reiteradas oportunidades con los mismos resultados, hasta que ya muy ofuscada dice casi gritando: Matías, ven para acá, sube a este árbol e intenta ver si tú puedes, no pretenderás que yo me suba al ahí, ya mis huesos no dan para eso y apúrate, móntate en el caballo y acércalo al árbol, para que sea más fácil subirte y ten cuidado, está todo hecho una porquería con semejante lluvia, todo mojado y lleno de barro, así que ojo con resbalarte.

Lo único que tenía que hacer Matías era intentar llamar al sistema de emergencia, giró hacia un lado, hacia el otro y luego con más delicadeza, puedo ver cómo las barritas iban marcándose es su viejo celular. Hasta que logró escuchar: 911 Tartagal.

911: Qué necesita, dónde se encuentra, motivo por el que llama.

A todo esto, Matías atolondrado y desesperado, intenta decir todo a velocidad de la luz, lo cual le impide a la operadora entender su requerimiento.

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