En un instante Su Ann se perdió de vista y Peggy salió corriendo del Aeropuerto en busca del Autobús de Tienda de León. Tarde llegó, sí, la vio a través de la ventanilla pero el transporte justo cerró la puerta y arrancó.
Ya no entendía nada. Sólo atinó a percibir un sentimiento raro acerca de su amiga y una sensación de falta de respeto hacia ella. Tal vez estaba muy sensible y emocionada por la vuelta de su querida amiga, ilusionada por cómo había organizado todo para la estadía de la visita y por otro lado habían pasado tantos años que tal vez Su Ann había modificado demasiado su manera de ser por circunstancias vividas. De todos modos se presentaba un panorama un poco turbio, pareciendo un vidrio empañado.
Peggy fue en busca de su coche sin haber podido todavía comprender el motivo del desencuentro, regresando así, a su casa.
Tenía una cena de agasajo para Su Ann organizada para el siguiente día. Peggy no recibió ningún llamado telefónico y era imposible comunicarse con Su Ann. Tomó unos mates para tranquilizarse un poco mientras pensaba qué hacer.
A la media hora más o menos tocó el timbre Julián, su pareja. Él se encontraba extraño y sudoroso. Peggy le preguntó qué le pasó, a lo que él le contestó, sólo mucho tránsito y calor. Mientras Peggy le preparaba algo fresco, Julián preguntaba por su amiga Su Ann que había llegado de viaje. En ese momento su pareja contestó: –aquí no está. Agregando que tampoco sabía nada de ella, pero que llegar había llegado porque la había visto con sus propios ojos. Julián percibió que su amor se sentía engañada por su amiga de tantos años.
Cenaron ellos dos, conversaron, bailaron y Julián se despidió hasta el día siguiente.
¿Y Su Ann? ¿Dónde estaría? ¿Por qué tanto misterio? Se habían puesto de acuerdo telefónicamente y su amiga expresó estar feliz de hospedarse en su casa y recordar viejos tiempos, sobre todo los de adolescencia.
Peggy sabía que se dedicaba a la industria del perfume y solía viajar mucho para encontrar nuevos aromas, ya que no pertenecía a una familia perfumista tradicional, lo que había logrado era porque se había ido a buscar la vida y los perfumes la atrajeron y prosperó en esa área laboral.
Toda la noche dio vueltas en la cama, despertándose a cada rato, había algo que no le cerraba.
Capítulo ii
Todavía sin darse cuenta
Una de las siguientes noches Peggy tuvo un extraño sueño o bien era un lejano recuerdo. Le sobrevino una imagen que la despertó sobresaltada y a los gritos. Después de reaccionar, se dijo: –basta Peggy, esto es una locura, no te preocupes más, fue. Si quiere, que llame, yo seguiré mi vida normal.
Mientras desayunaba, nuevamente se le apareció la imagen fantasmal que la había despertado a lo largo de la noche.
DIBUJO – ELENA
Parecía que esos rostros la persiguieran o le quisieran decir algo, pero era imposible porque habían salido de la nada misma.
Ese día quedó esperando a Julián y no apareció, ni al día siguiente, ni al otro y así se lo tragó la tierra.
Lo llamaba y no respondía. Lo hizo como unas treinta veces. Luego comenzó a temer que le haya pasado algo. No podía llamar a la familia de él porque era de la Pampa y lo que lograría era sólo asustarlos, inquietarlos y preocuparlos.
Llamó a sus amigos, que tampoco sabían nada de él, e incluso le comentaron que hacía días que no aparecía por el Estudio de Diseño y creían que se había ido a pasar con ella unos días al Tigre.
Peggy recorrió hospitales, continuó llamando a conocidos pero se convirtió su propia pareja en otra persona a la que se la había tragado la tierra.
¿Qué pasaba?, de un día para el otro se había terminado la tranquilidad, la paz, su vida se veía entorpecida por dos seres muy queridos: su pareja y su amiga que había esperado ilusionadamente tanto tiempo. Rompió en llantos hasta quedarse dormida.
Al día siguiente, día hermoso de sol, decidió tomar el coche e ir al Tigre, pensando que tal vez encontraría a Julián allá, arreglando el Bar que compraron, para darle una sorpresa. Bueno si sería así, Julián también se llevaría otra porque ella había realizado arreglos en su interior y comprado muebles, almohadones y otras cosillas sin que él lo supiese. Había modificado el interior completamente de una manera muy bella.
Capítulo iii
Llegada al delta de El Tigre
—¡La moto de Julián! ¡Qué suerte! Está aquí y no le pasó nada, dijo con gran alegría y tranquilidad Peggy. De inmediato observó la persiana de la puerta baja y la ventana abierta, lo que la llevó a pensar que seguramente Julián se habrá sorprendido con lo que ella compró y por temor a que lo robasen cerró la puerta. Otra posibilidad era que se haya ido a nadar para despejarse un rato dejando así cerrada la persiana de la puerta principal de entrada.
PINTADO POR ANA MARÍA
Ella dio la vuelta a la casa para entrar por el patio.
PINTADO POR ANA MARÍA
Julián no había ordenado nada, sólo había lavado algo de ropa y la puerta trasera estaba completamente abierta y el lugar no mostraba rastros de él, aunque recordó que cuando llegó, le llamó la atención un velero a lo lejos.
Lo que la inquietó mucho, fue un espacio preparado con almohadones, una lámpara y una toalla húmeda sobre una hamaca, de la cual no sabía de su existencia. La toalla seguramente podría llegar a ser de un amigo del trabajo que lo había acompañado y con quien se habría ido hacia el río. La distribución y el decorado no coincidían con el estilo de Julián, y hasta el piso estaba intervenido. Se veía muy romántico. ¿Sería una sorpresa para Peggy? UMMM…
PINTADO POR ANA MARÍA
Se respiraba aire puro, sintiéndose una fresca brisa en el rostro. Al recorrer el predio parecía enamorada del lugar. Tanta tranquilidad. El sonido de las aves y el choque del agua con la orilla, un verdadero placer. Pura naturaleza y paz. Se sintió muy orgullosa de la compra que ambos realizaron y también por el colorido que habían decidido darle. El lugar era una invitación a quedarse.
Peggy tendría que haber tenido más tiempo para recorrer cada zona y ver cada objeto que tenían, ya que independientemente iban llevando cosas antiguas, después las verían juntos. Eso ellos lo habían acordado, como el tema de las compras que harían, tendrían que comunicarlas previamente, cosa que no hizo ella con la última.
De pronto, Peggy tuvo una rara sensación y agarrándose de un árbol cercano para no caer, comenzó a sentir que algo en su cabeza daba vueltas y vueltas, primero como una espiral y luego como un remolino.
PINTADO POR ANA MARÍA
Nunca había tenido ese malestar. Se asustó porque estaba sola y lejos del Hospital, aunque creía que en cualquier momento regresaría Julián. Arrastrándose como pudo llegó a la puerta trasera de la casa, que era la única que estaba abierta. Y así, sintiéndose mal dijo con suave voz que Julián no había tenido cabeza, como si cerrando la persiana de la puerta delantera no le entrarían a robar si dejó completamente abierta la puerta de atrás e incluso la ventana de adelante.
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