El popper es divertido, pero también es una presencia importante en muchas vidas, en la mesita de noche y en el historial de compras por internet. Es sorprendente que el vapor que sale de una botellita pueda convertirse en parte de alguien, pero espero que estos capítulos muestren cómo esto llega a ocurrir. No son una carta de amor al popper, ni tampoco una advertencia. Son solo una recopilación de hechos y pensamientos. Este libro empezó como una charla que di en el sótano del edificio Rose Lipman en Dalston como parte del Fringe! Queer Film & Arts Festival en 2019. El edificio fue concebido como biblioteca, pero yo usé el espacio para contar una historia que aún no era un libro. Seis meses más tarde Amália pegaría su línea blanca en el suelo del mismo espacio, que fue transformado en galería para la exposición de Queer Art(ists) Now. La contribución de Amália fue usar el edificio como escenario y pabellón deportivo. El recinto no es lo único que conecta el trabajo de Amália y este que tienes entre manos. De hecho, es la consecuencia de un espectáculo de una hora que él y yo escribimos juntos y llamamos «Stigma». Es mi compañero y conocer su cuerpo y su alma me hizo pensar. Abrí este capítulo con su performance «16.97056274847714» porque fue una inspiración de lo que sería el tema de este libro.
Me lancé con la historia del popper porque quería saber más sobre su origen, sobre cómo pasó de ser un remedio contra la angina a ser «popper» y para documentar el lugar que ocupa en nuestra cultura. Todo tipo de personas usan popper. Así que esta historia es sobre personas queer , indecisas, intersexuales, lesbianas, transgénero, bisexuales, asexuales y/o gais. Esto es, aquellas que encontramos nuestra comunidad en el QUILTBAG iademás de otros humanos e incluso extraterrestres. Pero el popper está especialmente asociado a hombres homosexuales de países ricos de Occidente como el Reino Unido y Estados Unidos gracias a emprendedores como Miller y Freezer. Estas etiquetas también son parte de mi historia, y por eso me centraré en ellas en este libro. Así que mi mirada está puesta en los hombres homosexuales. Si quiero problematizar nuestras etiquetas, tengo que empezar por aquellas que aplico conmigo mismo. Ser un hombre gay es mi linaje, y artistas como Amália me inspiran para salirme de la línea sobre la que se supone que debo caminar. Si puedo estar en aquella galería, como estuve, y observar cómo el alma libre y queer de Amália se manifestaba, quiero ser capaz de hacer lo mismo con la mía. Quiero usar la forma en la que el popper me libera durante cuarenta y cinco segundos de ideas sobre ser «gay» u «hombre». Amália puede encontrar un alma queer atrapada en el cuerpo de una gimnasta que sonríe incluso si aterriza con un dedo del pie fuera de la línea. Quiero encontrar lo mismo en muchos más de nosotros.
Puedo haber sido alguien que ha usado su cuerpo con propósitos indeseables. Si ellos lo dicen… El proyecto tras este libro es pensar en el objetivo de nuestros cuerpos, cómo los usamos y cómo nos situamos en la línea de Amália. El establishment ha pervertido los propósitos indeseables de las personas queer , o los ha excluido. Es por eso que muchos nos sentimos como «cuerpos marcados» suspendidos en la «niebla de popper» descrita por Richard Scott en su poema épico de la vida gay, Oh my Soho :
Estoy atragantado de vergüenza, desgarrado a golpes en callejones oscuros, mapa del tesoro de traumas enterrados. En ti he gastado mi vida — borracho, colocado de popper, mancillado, manchado de [lágrimas, Eros oxidado -como 22.
No creo que Scott, su voz poética, esté oxidada cuando da pasos adelante en la historia con este brillante poema. Lo veo lleno de potencial, lleno de su poder biopolítico. Su cuerpo está colocado de popper, presente y dispuesto a conectar. Que sea ese otro tema en estos capítulos. Placer tras placer a través de conexiones insospechadas. Quisiera ofrecer a vuestra mente la experiencia que tantos cuerpos tienen al estar colocados de popper: llenos de potencial, buscando conectar y con la idea del ego alejándose. Las drogas buenas nos ofrecen esta experiencia, por supuesto, como los mejores artistas. Como Amália, avanzando sobre su línea en maillot, incomodando a la gente en la galería. Rechazando la categorización como hacen nuestros cuerpos en sus días de mayor libertad, Amália representó un momento de potencialidad queer . Puede que los emprendedores la hayan comercializado al envasar en botellitas subidones de libertad y utopía momentánea, pero el potencial siempre estuvo en nuestros cuerpos.
Tras la multitudinaria noche de estreno, Amália tendría que haber repetido la serie de ejercicio cada día a las 16:00:09, revelando su alma queer dieciséis veces durante dieciséis minutos. Pero era marzo de 2020 y Londres había empezado a intentar frenar un virus. Apareció a la hora acordada durante unos cuantos días, desesperado por conectar, con cada vez menos visitantes y al final la exposición acabó de forma prematura. Londres se confinó. La utopía queer de Amália se esfumó y cada uno huyó a su compartimento privado. Solo, en el mío, empecé a escribir estas páginas.
iQUILTBAG es una alternativa a LGTBIQ+. Además de jugar con la combinación de las palabras « quilt » y « bag », que permite imaginarlo como una bolsa hecha a mano cosiendo pedazos de diferentes materiales, el acrónimo está compuesto por Queer & Questioning, Unidentified, Intersexual, Lesbian, Transgender & Transexual, Bisexual, Asexual, Gay & Genderqueer. (N. del T.)
El cantante prefiere la penumbra. Apenas puedo ver su cara. Cuando el espectáculo tiene luz, brilla desde detrás de él. Estoy a treinta metros del escenario, cuerpos que chocan con el mío, preparados para un subidón. Me he traído popper porque la primera vez que escuché esta música fue introducida ilegalmente en una recopilación de porno. El editor del vídeo había superpuesto los cortes con textos e instrucciones cronometradas que indicaban cuándo inhalar. Ya llega ese mismo pulso, ahora en directo. El humo del escenario coagula el aire. En la oscuridad, los tres músicos producen un sonido llamado TR/ST .
La letra serpentea, habla de la vergüenza que toma el control y la promesa de esperanza sin vergüenza. La música es nítida, pura, despreocupada. El sonido es un rayo láser atravesando el humo. Dejo de intentar usar los ojos y siento la multitud creciendo a mi alrededor. Uno de ellos es José, cuyo cuerpo se mueve con el mío. Recibimos golpes de otros cuerpos y del sonido del escenario. Oscuridad y dicha .
El extraño falsete del cantante es comodidad y es conexión. Dice que es misericordia y músculo y que así es como toca a su público. José y yo inhalamos popper. Nuestros cuerpos se aprietan el uno contra el otro. Todo es irresistible. Las manos de José, sus labios, su piel. José y yo nos metemos mano mientras el subidón inunda nuestros cuerpos. Es un mundo momentáneo, los pocos segundos del subidón, los noventa minutos del concierto; todo se disipará y el aire de fuera lo nublará todo una vez más. Por ahora, en este momento, es un mundo sin vergüenza imaginado por las figuras oscuras del escenario, nacidas del humo, una promesa hecha realidad .
Es como traerse algo del futuro, traerse unos cuantos segundos de quien queremos ser. Nos convertimos en nuestro potencial. Sin sufrimiento, solo placer. La sensación es tan, tan breve .
II. Dos innovadores del cuerpo
¿Habéis visto alguna vez algo de bromo? Es un líquido antipático, del color de la sangre cuajada. A temperatura ambiente es necesario almacenarlo en un recipiente sellado, como una ampolla de cristal. De esta forma se detiene el proceso que lo convierte en vapor. El bromo es tan volátil que, de verter el fluido marrón rojizo, podrían verse vapores de color naranja elevándose, buscando movida. El bromo es un elemento natural en busca de conexión. Parece estar vivo y lleno de potencial.
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