George Martin: Tormenta de espadas

Здесь есть возможность читать онлайн «George Martin: Tormenta de espadas» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию). В некоторых случаях присутствует краткое содержание. Город: Barcelona, год выпуска: 2005, ISBN: 84-96208-08-7, издательство: Gigamesh, категория: Фэнтези / на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале. Библиотека «Либ Кат» — LibCat.ru создана для любителей полистать хорошую книжку и предлагает широкий выбор жанров:

любовные романы фантастика и фэнтези приключения детективы и триллеры эротика документальные научные юмористические анекдоты о бизнесе проза детские сказки о религиии новинки православные старинные про компьютеры программирование на английском домоводство поэзия

Выбрав категорию по душе Вы сможете найти действительно стоящие книги и насладиться погружением в мир воображения, прочувствовать переживания героев или узнать для себя что-то новое, совершить внутреннее открытие. Подробная информация для ознакомления по текущему запросу представлена ниже:

George Martin Tormenta de espadas
  • Название:
    Tormenta de espadas
  • Автор:
  • Издательство:
    Gigamesh
  • Жанр:
    Фэнтези / на испанском языке
  • Год:
    2005
  • Город:
    Barcelona
  • Язык:
    Испанский
  • ISBN:
    84-96208-08-7
  • Рейтинг книги:
    4 / 5
  • Ваша оценка:
    • 80
    • 1
    • 2
    • 3
    • 4
    • 5
  • Избранное:
    Добавить книгу в закладки

Tormenta de espadas: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Tormenta de espadas»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Las huestes de los fugaces reyes de Poniente, descompuestas en hordas, asolan y esquilman una tierra castigada por la guerra e indefensa ante un invierno que se anuncia inusitadamente crudo. Las alianzas nacen y se desvanecen como volutas de humo bajo el viento helado del Norte. Ajena a las intrigas palaciegas, e ignorante del auténtico peligro en ciernes, la Guardia de la Noche se ve desbordada por los salvajes. Y al otro lado del mundo, Daenerys Targaryen intenta reclutar en las Ciudades Libres un ejército con el que desembarcar en su tierra.

George Martin: другие книги автора


Кто написал Tormenta de espadas? Узнайте фамилию, как зовут автора книги и список всех его произведений по сериям.

Tormenta de espadas — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система автоматического сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Tormenta de espadas», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Не бойтесь закрыть страницу, как только Вы зайдёте на неё снова — увидите то же место, на котором закончили чтение.

Nieve, eso era lo que lo había arruinado en una ocasión. Nieve y su amigo cerdito.

Chett se levantó. Tenía las piernas rígidas, y los copos de nieve habían transformado las hogueras distantes en un vago resplandor anaranjado. Se sentía como si lo estuviera atacando una nube de insectos pálidos y fríos. Se le asentaban sobre los hombros y la cabeza, se le metían en la nariz y los ojos… Con una maldición se los sacudió.

«Samwell Tarly —recordó—. Al menos puedo ocuparme de Ser Cerdi.» Se cubrió el rostro con la bufanda, se colocó el capuchón y comenzó a cruzar el campamento hacia el sitio donde dormía el cobarde.

La nieve caía con tal intensidad que se perdió entre las tiendas, pero finalmente dio con el pequeño refugio contra el viento que el chico obeso se había construido entre una roca y las jaulas de los cuervos. Tarly estaba enterrado bajo un montículo de frazadas de lana negra y gruesas pieles. La nieve estaba a punto de cubrirlo. Tenía el aspecto de una montaña de suaves redondeces. El acero susurró sobre el cuero con la levedad de la esperanza cuando Chett desenfundó la daga. Uno de los cuervos graznó.

Nieve —masculló otro, mirando a través de los barrotes con sus ojos negros.

Nieve —añadió el primero.

Pasó junto a ellos, colocando cada pie con cuidado. Cubriría con la mano izquierda la boca del gordo para ahogar sus gritos y…

Uuuuuuuuuuuooooooooo.

Se detuvo con un pie en alto y ahogó una maldición cuando el sonido del cuerno vibró a través del campamento, lejano y débil, pero inconfundible.

«Ahora, no. ¡Malditos sean los dioses, ahora no! —El Viejo Oso había apostado observadores a cierta distancia en un anillo de árboles en torno al Puño, para que dieran la alarma si se acercaba el enemigo—. Jarman Buckwell está de vuelta de la Escalera del Gigante —supuso Chett—, o será Qhorin Mediamano, que regresa del Paso Aullante.» Un toque del cuerno significaba el regreso de hermanos. Si se trataba del Mediamano, Jon Nieve estaría con él, vivo.

Sam Tarly se sentó, con los ojos hinchados, y miró confuso la nieve. Los cuervos graznaban muy alto, aun así Chett alcanzaba a oír los gemidos de sus perros.

«La mitad del campamento de mierda se ha despertado.» Cerró los dedos, enfundados en el guante, en torno a la empuñadura de la daga mientras esperaba a que el sonido se apagara. Pero apenas se había silenciado, cuando volvió a oírse, más alto y más largo.

Uuuuuuuuuuuuuuooooooooooooooo.

—Dioses —oyó gimotear a Sam Tarly.

El chico obeso se arrodilló, con los pies enredados en la capa y las frazadas. Las apartó de una patada y extendió la mano en busca de una cota de mallas que había colgado de una roca cercana. Cuando metió la cabeza y se retorció hasta ponérsela, notó la presencia de Chett, que estaba allí de pie.

—¿Ha sonado dos veces? —preguntó—. He soñado que oía dos toques.

—No ha sido un sueño —dijo Chett—. Dos toques para convocar la Guardia a las armas. Dos toques que significan enemigo que se aproxima. Allá afuera hay un hacha con la palabra «Cerdi» escrita en ella, gordo. Dos toques quieren decir salvajes. —El terror de aquella enorme cara de bollo hizo que sintiera ganas de reír—. Que se vayan todos a los siete infiernos. Que le den por culo a Harma. Que le den por culo a Mance Rayder. Que le den por culo a Smallwood, dijo que no llegarían aquí antes de…

Uuuuuuuuuuuuuuuuuuuuooooooooooooooooooooo.

El sonido siguió y siguió, hasta parecer que no iba a terminar nunca. Los cuervos aleteaban, graznaban, revoloteaban dentro de sus jaulas y chocaban contra los barrotes, y por todo el campamento se levantaban los hermanos de la Guardia de la Noche, se ponían las armaduras, se ceñían los cinturones de los que colgaban las espadas y echaban mano a los arcos y hachas de batalla. Samwell Tarly estaba de pie, temblando, con el rostro del mismo color de la nieve que se arremolinaba en torno a ellos.

—Tres —chilló, dirigiéndose a Chett—, han sido tres, he oído tres. No han tocado tres nunca. Jamás, en miles y miles de años. Tres significa…

—Los Otros.

Chett emitió un sonido a medio camino entre una risa y un sollozo, y de repente la ropa interior se le mojó, sintió cómo la orina le corría piernas abajo y vio el vapor que subía de la parte delantera de sus calzones.

JAIME

Un soplo de viento del este, tan suave y que olía tan bien como los dedos de Cersei, le revolvió el cabello enmarañado. Oía el canto de los pájaros y veía el río que fluía bajo la nave mientras el impulso de los remos los llevaba hacia la pálida aurora rosada. Después de tanto tiempo en la oscuridad, el mundo era tan hermoso que Jaime Lannister se sintió mareado.

«Estoy vivo y ebrio de luz del sol.» Una carcajada se le escapó de los labios, súbita como una codorniz espantada de su escondite.

—Silencio —refunfuñó la mujer, con el ceño fruncido.

Ese gesto era más propio de su rostro ancho y basto que la sonrisa, aunque Jaime no la había visto sonreír nunca. Se entretuvo imaginándosela con una de las túnicas de seda de Cersei, en lugar de su justillo de cuero acolchado. «Sería lo mismo vestir de seda a una vaca que a esta mujer.»

Pero la vaca remaba bien. Bajo sus calzones pardos de tela basta había pantorrillas como troncos, y los largos músculos de los brazos se le flexionaban y tensaban con cada movimiento de los remos. Incluso después de pasar remando la mitad de la noche, la moza no mostraba síntomas de cansancio, cosa que no podía decirse de Ser Cleos, su sobrino, que llevaba el otro remo. «Tiene el aspecto de una moza campesina, aunque habla como si fuera de noble cuna y lleva espada larga y una daga. Pero… ¿sabrá usarlas?» Jaime tenía la intención de aclarar ese punto tan pronto como pudiera liberarse de aquellos grilletes.

Llevaba esposas de hierro en las muñecas, y grilletes en los tobillos, unidos por una pesada cadena de un par de palmos de largo.

—Cualquiera diría que no os basta mi palabra de Lannister —bromeó mientras lo encadenaban.

En aquel momento estaba muy borracho gracias a Catelyn Stark. Sólo recordaba fragmentos sueltos de su huida de Aguasdulces. Habían tenido algunos problemas con el carcelero, pero la moza se había impuesto. Después, habían subido por una escalera interminable, dando vueltas y más vueltas. Jaime sentía las piernas tan endebles como la hierba y tropezó dos o tres veces antes de que la moza le ofreciera el brazo como apoyo. En un momento dado le pusieron una capa de viaje y lo echaron al fondo de un esquife. Recordó oír cómo Lady Catelyn le ordenaba a alguien que levantara la rejilla de la Puerta del Agua. Declaró, en tono que no admitía discusiones, que enviaba a Ser Cleos Frey de vuelta a Desembarco del Rey con nuevas condiciones para la reina.

En aquel momento debió de quedarse dormido. El vino le había dado sueño y era una delicia estirarse, un lujo que las cadenas del calabozo no le habían permitido. Hacía mucho tiempo que Jaime había aprendido a echar una cabezada sobre la silla de montar durante la marcha; aquello no resultaba más duro.

«Tyrion se va morir de risa cuando le cuente cómo me quedé dormido durante mi propia fuga.» Pero ya estaba despierto y los grilletes le resultaban un poco molestos.

—Mi señora —dijo en voz alta—, si me quitáis estas cadenas, haré vuestro turno con los remos.

Ella frunció de nuevo aquel rostro, todo dientes de caballo y suspicacia.

Читать дальше

Похожие книги на «Tormenta de espadas»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Tormenta de espadas» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё не прочитанные произведения.


libclub.ru: книга без обложки
libclub.ru: книга без обложки
George Martin
Ursula Le Guin: En el otro viento
En el otro viento
Ursula Le Guin
George Stewart: La Tierra permanece
La Tierra permanece
George Stewart
Isaac Asimov: Fundación y Tierra
Fundación y Tierra
Isaac Asimov
George Martin: A Tormenta de Espadas
A Tormenta de Espadas
George Martin
Отзывы о книге «Tormenta de espadas»

Обсуждение, отзывы о книге «Tormenta de espadas» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.