Robert Silverberg - El reino del terror

Здесь есть возможность читать онлайн «Robert Silverberg - El reino del terror» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Город: Barcelona, Год выпуска: 2006, ISBN: 2006, Издательство: Minotauro, Жанр: Альтернативная история, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

El reino del terror: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «El reino del terror»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

El reino del terror — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «El reino del terror», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Era imposible saber si lo estaba diciendo como una amenaza o como un juego. Lactancio Rufo, enfrentándose fijamente a la mirada fría y evaluadora del cónsul, dijo:

—Probablemente seguirías nuestros pasos en una semana o dos, conde Apolinar. Está claro que tú, mejor que nadie, debes de entender cuan peligroso es Torcuato para el bienestar de todos, para el nuestro y para el tuyo, quizá incluso para el suyo propio.

—Peligroso para el vuestro, sí. Pero ¿por qué para el mío? He respaldado a Torcuato en todas sus acciones, ¿no es cierto? De modo que ¿por qué iba mi respetado colega a volverse contra mí?

—Por la forma en que están marchando las cosas —dijo Rufo—. La eliminación del emperador Demetrio se convertirá en una necesidad política en algún momento del proceso, más probablemente pronto que tarde. Y el emperador no tiene hijos. El heredero al trono es su descerebrado y absolutamente incapaz hermano Mario, que está apaciblemente sentado, riéndose solo en su palacio de Capri. No debe reinar nunca. Tú y Torcuato sois los únicos plausibles sucesores de Demetrio a la vista. Pero no podéis convertiros los dos en emperador. ¿Ves adonde quiero llegar, Apolinar?

—Naturalmente que sí. Pero yo no tengo intención de hacer matar al emperador y dudo que la tenga Torcuato. De lo contrario, ya lo habría hecho.

Rufo suspiró.

—A menos que esté aguardando al momento oportuno. Pero considéralo una posibilidad. Quizá no sientas que estás en peligro, querido Apolinar, pero lo que está claro es que nosotros sí lo estamos. Cuatro miembros del Senado ya están muertos. Posiblemente, otros ya estén en la lista. Torcuato está ebrio de poder, matando gente tan rápido como puede, a montones. Algunos de ellos es probable que merecieran con creces su destino. En otros casos, Torcuato sencillamente está saldando viejas cuentas personales. Pretender que el senador Pactumeyo Polio era un enemigo del reino… o Marco Floriano…

—De modo que para salvar vuestro pellejo queréis que levante la mano contra mi colega violando así mis juramentos. ¿Y si me opongo?

—El Senado, con el emperador indispuesto, tiene el poder de despojaros a los dos de vuestros consulados.

—¿De verdad lo crees? Y si consiguieras eso, ¿quiénes serían nuestros sustitutos? ¿Tú, Rufo? ¿El joven Frontino? ¿Y os llegaría a aceptar el pueblo como sus líderes? Sabes perfectamente que Torcuato y yo somos los dos únicos hombres en este podrido Imperio que tienen la fuerza suficiente para conseguir que las cosas no se vengan abajo. —Apolinar sonrió y sacudió la cabeza—. No, Rufo. Sólo estás marcándote un farol. No tienes candidatos para ocupar nuestros puestos.

—Es cierto —dijo Rufo sin dudarlo un instante—. Es como tú dices. Pero si nos rechazas, no nos dejarás otra opción que intentar acabar con Torcuato nosotros mismos y es muy posible que fracasemos, lo que lo dejará todo sumido en el desorden y el caos cuando él se tome su venganza. Tú y sólo tú puedes salvar a Roma de él. Debes echarlo y colocarte tú solo al mando, poniendo fin así a este reino de terror antes de que un río de sangre senatorial corra por las calles.

—¿Quieres que me convierta entonces yo en emperador?

Esta vez, Rufo, cogido por sorpresa, se lo pensó antes de responder:

—¿Lo quieres ser?

—No. Nunca. Si yo asumiera el mando único, sin embargo, en esencia estaría actuando como un emperador. Antes de que pasara mucho tiempo, como tú correctamente acabas de pronosticar, yo sería el emperador. Pero el trono no me atrae. Lo más que yo quiero ser es cónsul.

—Sé cónsul, entonces. Deshazte de Torcuato y designa a algún colega, a alguien que te guste. Pero tienes que pararlo antes de que nos destruya a todos. Y te advierto que tú estás incluido, Apolinar.

Cuando los tres senadores salieron de su despacho, Apolinar se sentó tranquilamente durante un rato, repasando mentalmente la conversación que habían tenido. Nada de lo que habían dicho desmentía la realidad.

Rufo era codicioso y manipulador, por supuesto, como cabría esperar de cualquier otro con su enorme riqueza y que hubiera estado en una posición tan próxima a los centros del poder imperial. Pero no era en realidad malvado, como solían serlo los hombres poderosos, y de ninguna manera estaba loco. El comprendía muy claramente, como también lo hacía Apolinar, que Torcuato no pondría fin a la frenética purificación del reino, y que no sólo estaban en peligro senadores destacados como Lactancio Rufo, sino que todo aquello continuaría y continuaría hasta que la lista incluyera al propio conde Valeriano Apolinar.

Era inevitable. Apolinar (aunque desde el principio había aprobado la necesidad de frenar los excesos del emperador Demetrio y purgar la corte de sus parásitos), había visto cómo el frenesí de Torcuato crecía día tras día.Y él distaba mucho de sentirse cómodo con la naturaleza radical de sus métodos: arrestos a medianoche, juicios secretos, veredictos en una hora, ejecuciones al día siguiente.

Ahora que Torcuato había conseguido establecer la muerte como una sanción legítima por el socavamiento de la fibra moral del Imperio, la lista de potenciales víctimas de la purga se había convertido casi en infinita. El detestable séquito de parásitos de Demetrio (algunos de ellos realmente viciosos y otros, sencillamente, unos bobos bufones), había desaparecido. Como también lo habían hecho docenas de los miembros más corruptos de la burocracia y cuatro de sus promotores en el Senado. Y sí, como suponía Rufo, muchas acusaciones más estaban pendientes. La atención de Torcuato estaba ahora centrada en la agitación de la Subura, donde los hurtos y el vandalismo ordinarios habían dejado paso a las revueltas y protestas contra el gobierno. Pronto, Torcuato empezaría también a ejecutar plebeyos. Si le dejaban las manos libres, depuraría Roma de cabo a rabo.

Que una depuración en el ámbito de los bienes públicos había sido necesaria, era algo que Apolinar no ponía en tela de juicio. A pesar de sus reservas, él no había hecho ningún intento de interfe rir en lo que Torcuato había estado haciendo las pasadas cinco semanas. Pero para Apolinar estaba claro (ahora que Torcuato había empezado a gobernar casi como un dictador, un dictador criminal) que, en calidad de homólogo consular de Torcuato, lo que se esperaba del conde es que se le uniera en dicha función. De lo contrario, habría de enfrentarse a la posibilidad de convertirse él mismo en una víctima del celo de Torcuato. Llegaría el momento (si es que no había llegado ya), en que tendría que decirle a Torcuato: «Las cosas han ido ya demasiado lejos. Ahora deberíamos poner freno a las muertes». ¿Y qué ocurriría si Torcuato no estuviera de acuerdo?

En tal caso, era altamente probable que el nombre de Valeriano Apolinar pasara a engrosar la lista de condenados. Y aunque Apolinar nunca había estado muy preocupado por su seguridad personal, ahora entendía que en la actual situación debía preservar su vida por bien del Imperio. Él era el único dique contra el caos desbordante.

Apolinar decidió que sería mejor enfrentarse a la situación de inmediato.

Fue a ver a Torcuato.

—El Senado se está inquietando mucho —dijo—. Esas cuatro ejecuciones…

—¡Eran traidores! —exclamó abruptamente Torcuato. El sudor caía por su cara rolliza en la atmósfera húmeda y densa de la sala. Sin embargo, por alguna razón incomprensible para Apolinar, su homólogo llevaba una gruesa túnica invernal—. Han apoyado las locuras de Demetrio en su propio y enorme provecho.

—No dudo que lo hicieran, pero nosotros necesitamos el apoyo del Senado si queremos llevar a cabo nuestro programa.

—¿Lo necesitamos? El Senado no es más que una reliquia del pasado, algo que ha quedado de los tiempos de la vieja República. De la misma manera que lo eran los cónsules, antes de que tú y yo hiciéramos renacer el cargo. Los emperadores hicieron su trabajo perfectamente durante al menos mil años, sin compartir ningún poder en absoluto con el Senado o los cónsules. También nosotros podemos arreglárnoslas sin el Senado. ¿Quién ha estado hablando contigo? ¿Lactancio Rufo? ¿Julio Papinio? Sé lo descontentos que están. Acabaré con todos ellos, uno por uno hasta que…

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «El reino del terror»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «El reino del terror» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Robert Silverberg - Il paradosso del passato
Robert Silverberg
Robert Silverberg - A la espera del fin
Robert Silverberg
Robert Silverberg - The Reign of Terror
Robert Silverberg
Robert Silverberg - Rządy terroru
Robert Silverberg
Robert Silverberg - Le règne de la Terreur
Robert Silverberg
Robert Silverberg - El hijo del hombre
Robert Silverberg
Robert Silverberg - Al final del invierno
Robert Silverberg
Robert Silverberg - Le maschere del tempo
Robert Silverberg
Robert Silverberg - Il sogno del tecnarca
Robert Silverberg
Robert Silverberg - Il tempo della Terra
Robert Silverberg
Robert Silverberg - L'ora del passaggio
Robert Silverberg
Отзывы о книге «El reino del terror»

Обсуждение, отзывы о книге «El reino del terror» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.

x