Robert Silverberg - El reino del terror
Здесь есть возможность читать онлайн «Robert Silverberg - El reino del terror» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Город: Barcelona, Год выпуска: 2006, ISBN: 2006, Издательство: Minotauro, Жанр: Альтернативная история, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.
- Название:El reino del terror
- Автор:
- Издательство:Minotauro
- Жанр:
- Год:2006
- Город:Barcelona
- ISBN:978-84-450-7610-1
- Рейтинг книги:3 / 5. Голосов: 1
-
Избранное:Добавить в избранное
- Отзывы:
-
Ваша оценка:
- 60
- 1
- 2
- 3
- 4
- 5
El reino del terror: краткое содержание, описание и аннотация
Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «El reino del terror»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.
El reino del terror — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком
Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «El reino del terror», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.
Интервал:
Закладка:
—¿Y el emperador? —preguntó Apolinar cuando, finalmente, Torcuato hizo una pausa en su declaración—. ¿Cómo se ha tomado la destitución de toda su cohorte de esbirros? Veo que aun tienes la cabeza sobre los hombros, de modo que debes de haber encontrado algún modo de tranquilizarle, pero ¿cuál?
—Su majestad no está actualmente en posición de ordenar nada —dijoTorcuato—. Su majestad se encuentra bajo arresto domiciliario.
Apolinar sintió una punzada de asombro.
—¿Lo dices en serio? Sí, sí, por supuesto que sí. Siempre hablas en serio. Encerrado en su propio palacio, ¿es eso?
—En el pabellón de huéspedes del palacio, en realidad. El nuevo edificio, ése con aspecto tan extraño, con esos extravagantes mosaicos. Tengo soldados de guardia destacados allí las veinticuatro horas del día.
—Pero seguramente, la Guardia Pretoriana no lo habría permitido…
—Tomé la precaución de destituir al Prefecto de la Guardia Pretoriana y reemplazarlo por un hombre de mi confianza, un tal Atilio Ruliano. Los pretorianos han recibido una generosa paga y con sumo gusto han hecho un juramento de lealtad a su nuevo prefecto.
—Sí, es lo que suelen hacer si se les paga bastante bien.
—De manera que tenemos a Demetrio bien abastecido de comida y mujeres pero, aparte de eso, está totalmente aislado. No tiene contacto con ninguno de los funcionarios de su corte o con los miembros del Senado. Naturalmente, tampoco yo me acerco a él. Y confío en que tú mantengas también la distancia, Apolinar. A la práctica, tú y yo unidos somos ahora el emperador. Todos los decretos gubernamentales salen del despacho consular. Todos los funcionarios gubernamentales están bajo nuestras órdenes.
Apolinar dirigió aTorcuato una mirada atenta y escrutadora.
—¿Pretendes mantener preso al emperador durante el resto de su vida? Sabes que eso causará problemas, amigo. Loco o no, se supone que el emperador ha de presentarse ante el pueblo en ciertas ocasiones durante el año. La festividad de Año Nuevo, la inauguración de las sesiones del Senado, el primer día de los Juegos de la Temporada en el Coliseo… No puedes esconderle indefinidamente sin levantar la mínima sospecha.
—De momento —dijo Torcuato—, se ha hecho pública la noticia de que su majestad se encuentra enfermo. Y creo que podemos dejarlo así por ahora. ¿Cuándo se recuperará…? Bien, podemos estudiar ese tema después. Hay otros problemas.
—¿Como cuáles?
—El Senado, para empezar. No sé si sabes o no que hay un número considerable de senadores que están encantados con la forma de actuar de Demetrio. La corrupción general también hace mella en ellos. Sin un emperador de verdad que les pida responsabilidades, ellos hacen lo que les place, y muchos viven como pequeños Demetrios. Me refiero a la clase de vida orgiástica por la que Roma fue famosa en la época de Nerón. No podemos permitirnos volver a ello. El Senado necesita también una reforma. Si no la llevamos a cabo, muchos de sus miembros tratarán de bloquear nuestros planes.
—Ya entiendo —dijo Apolinar—. ¿Estás hablando de retirar del cargo a determinados senadores?
—Podría ser necesario.
—Pero sólo el emperador podría hacer eso.
—Lo haremos nosotros en nombre del emperador —dijo Torcuato—. Como haremos todo lo demás que debamos hacer.
—Ah —dijo Apolinar—.Ya veo. En nombre del emperador.
Por primera vez advirtió lo cansado que parecía Torcuato. Éste era un individuo corpulento, de una fortaleza física formidable y un aguante legendario. Sin embargo, Apolinar vio que sus ojos estaban enrojecidos de fatiga y que tenía el rostro demacrado y cetrino.
—Aún hay más —continuó Torcuato.
—¿Además de destituir a toda la corte, encarcelar al emperador y hacer una purga en el Senado?
—Me refiero a la posibilidad de un levantamiento popular generalizado —dijo solemnemente Torcuato.
—¿Por las reformas que has iniciado?
—Al contrario. Mis reformas son la salvación del Imperio y tarde o temprano todo el mundo se dará cuenta de ello…, si conseguimos evitar que las cosas se desmanden. Pero es posible que el pueblo no nos dé el suficiente tiempo para explicárselo todo. Has estado fuera estos cinco años y no sabes lo que está ocurriendo aquí. Quiero que mañana vengas conmigo a la Subura.
—La Subura —repitió Apolinar. Juntó las manos presionándolas y se tocó los labios con las puntas de los dedos. La Subura, según él recordaba, era un barrio antiguo y pobre de la capital, un lugar asqueroso y hediondo de callejones oscuros y calles tortuosas que no llevaban a ningún sitio. Cada ciertos siglos, algún emperador de mente cívica ordenaba su limpieza y rehabilitación, pero su naturaleza íntima era ingobernable y la pestilencia del lugar siempre volvía a imponerse en un par de generaciones—. La Subura está agitada, ¿no es así? Unos pocos camiones cargados de pan y vino gratis podrán arreglar eso, supongo.
—Te equivocas. Esa gente tiene ya abundante comida. A pesar de todos los excesos de Demetrio, ésta todavía es una tierra próspera.Y, no obstante lo que tú creas, las revoluciones no surgen de la pobreza. Es la pasión por la novedad y la búsqueda de lo excitante lo que las provoca. La revolución es el fruto de la desocupación y el ocio, no de la pobreza.
—La desocupación y el ocio de los pobres pobladores de la Subura —dijo Apolinar, contemplando reflexivamente al otro hombre. Era una idea interesante, maravillosa en su absoluta absurdidad.
Pero parecía que Torcuato veía cierta lógica en ella.
—Sí, en medio de un colapso generalizado de la ley y el orden (esto que algunos llaman la Decadencia), se dan cuenta de que en realidad nadie se encarga ya de nada. Y por eso quieren una parte más grande del botín. Derrocar la monarquía, masacrar a todos los patricios, repartir la riqueza entre ellos. He estado en sus tabernas, Apolinar. He escuchado sus arengas. Ven conmigo mañana, siéntate a su lado y podrás escuchar todo eso por ti mismo.
—¿Dos cónsules, moviéndose tranquilamente y sin vigilancia por esas tabernas?
—Ellos no tienen idea de quiénes somos. Te enseñaré cómo vestirte.
—Sería interesante, supongo. Pero no, gracias. Confío en tu palabra. Hay inquietud en la Subura. Pero aún tenemos un ejército, Torcuato. Acabo de pasar cinco años pacificando las provincias. Puedo pacificar la Subura también, si es que tengo que hacerlo.
—¿Enfrentar al ejército romano contra los ciudadanos de la capital? Piensa en ello, amigo mío. Hay que ocuparse de los agitadores de la Subura antes de que estalle el conflicto. De acuerdo, ya sé que es mucho para el primer día de tu vuelta, pero no hay tiempo que perder. Tenemos por delante una enorme tarea. —Torcuato hizo un ademán a un esclavo que estaba cerca para que llenara las copas—. Basta ya de todo esto por el momento. ¿Qué te parece este vino? Es un falerniano de cuarenta años. De las bodegas del emperador, debería añadir. Lo he traído aquí especialmente para esta ocasión.
—Bastante bueno —dijo Apolinar—. Pero la edad lo ha oxidado una pizca. ¿Serías tan amable de pasarme la miel, Torcuato?
Carax dijo:
—Ésta es la lista por el momento, señor.
Apolinar cogió la hoja de papel de su ayudante de campo y dio una rápida leída a los nombres.
—Estacio… Claudio Nerón… Judas Antonio Sorano… ¿quiénes son esta gente, Carax?
—Lucio Estacio es el secretario privado del emperador. Sorano es un hebreo que, según se dice, importa animales exóticos de África para su colección. No tengo información acerca de Claudio Nerón, señor, pero probablemente sea algún artesano de la corte.
—Ah —dijo Apolinar, fijándose otra vez en la lista—. Hilario y Polibio, sí. Los asistentes personales. Recuerdo a estos dos. Dos bastardillos empalagosos. Glicerio Agrícola, Cayo Calixto, Marco Cornuto… ¿qué clase de nombre es éste: Marco Cornuto?
Читать дальшеИнтервал:
Закладка:
Похожие книги на «El reino del terror»
Представляем Вашему вниманию похожие книги на «El reino del terror» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.
Обсуждение, отзывы о книге «El reino del terror» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.