Vladimir Obruchev - Plutonia

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En el encerado de la sala de oficiales, Trujánov hizo delante de sus oyentes todos los cálculos del volumen y el peso de 1as capas integrantes de la Tierra para demostrar cómo se imaginaba la distribución de las masas. Habiendo adoptado la hipótesis de Zöppritz, bajo esta forma modificada, Trujánov pasó a examinar la cuestión de cómo se había constituido el orificio que unía la superficie terrestre a la cavidad interna, por donde debían escapar los gases condensados y ardientes de la cavidad. Después de mencionar la frecuente caída sobre el globo de cuerpos celestes llamados meteoritos, procedentes del espacio cósmico, Truiánov emitió la suposición de un inmenso meteorito que, habiendo caído en tiempos sobre la Tierra, hubiera atravesado la corteza de 2.377 kilómetros, quedándose en el interior, convertido en el planeta Plutón. Como prueba de la posibilidad de esta caída, se refirió a la enorme excavación llamada cráter meteórico del Estado de Arizona, en Norteamérica, y que es el impacto de un meteorito gigante, según los fragmentos encontrados en la excavación. Pero este meteorito no logró perforar la corteza terrestre; rebotó y fué a caer al Pacífico, mientras Plutón atravesó la corteza y se quedó en el interior.

— ¿Cuándo se produjo esta catástrofe? — preguntaron los oyentes.

— En el período jurásico como máximo, ya que en la parte más avanzada de la cavidad interna adonde ha llegado la expedición subsisten representantes de la fauna y la flora jurásicas que emigraron a ella desde la superficie de la Tierra después de la formación del orificio, la salida de los gases y el enfriamiento de la cavidad interior. Más tarde, se trasladaron a ella por el mismo camino la flora y la fauna del cretáceo, del terciario y del cuaternario, empujando consecutivamente a sus predecesores hacia el interior de la cavidad.

— Mientras la Tierra de Nansen se halle cubierta por los hielos, los representantes de la flora y la fauna con temporáneas no pueden descender a la cavidad interna. Sólo el hombre del siglo XX, en las personas de ustedes, ha superado valerosamente este obstáculo, ha penetrado en ese misterioso país donde, gracias al clima estable y a las condiciones propicias de vida, se han conservado maravillosamente ejemplares de la flora y la fauna desaparecidas hace mucho tiempo de la superficie del globo. Ustedes han descubierto un museo paleontológico cuya existencia estaba yo lejos de sospechar.

— Ha descrito usted perfectamente cómo fué poblándose la cavidad interna — observó Kashtánov —, aunque los paleontólogos quizá encuentren puntos discutibles en sus hipótesis. Pero yo quisiera preguntar todavía adónde fueron a parar los fragmentos de la corteza terrestre producidos al formarse el impacto.

— A mi entender, las más pequeños han debido ser arrojados fuera por los gases al escaparse del interior del globo; los más grandes han podido fusionarse con el meteorito para formar el cuerpo luminoso de Plutón o caer sobre la superficie interna constituyendo allí colinas y mesetas.

— Es posible que los montes de roca olivina rica en hierro descubiertos por ustedes a orillas del río Makshéiev en su curo medio estén formados por fragmentos de ésos. También es posible que toda la meseta del desierto Negro, en la orilla meridional del mar de los Reptiles, sea un fragmento de ésos, pero inmenso. Todo esto exige un estudio más profundo.

— ¿Y cómo explica usted la existencia de los volcanes, apagados o activos, que hemos descubierto en esa meseta?

— No me parece difícil. Según la hipótesis de Zöppritz, por encima de las zonas o capas gaseosas había una capa de líquido ígneo. Después de la formación del cráter meteórico, cuando los gases se precipitaron por él hacia fuera y la presión del interior de la Tierra empezó á disminuir sensiblemente, parte de esta capa debió transformarse en vapores y gases, mientras la otra constituía un mar de fuego en ebullición. Los vapores y los gases salieron gradualmente por el orificio, la temperatura y la presión de la cavidad interna fueron bajando y el mar de lava se recubrió de una costra sólida. Delgada y frágil al principio, se desgarraba con frecuencia bajo el empuje de los gases y los vapores que continuaba despidiendo la masa en fusión. Pero la costra fué solidificándose poco a poco y las desgarraduras se hicieron menos frecuentes como ocurrió sobre la superficie de la Tierra durante el primer período de su existencia. Los volcanes demuestran sólo que a cierta profundidad, debajo de esa costra, hay todavía cuencas de lava incandescente que produce las erupciones como en la superficie terrestre, con la diferencia de que sus productos son rocas muy pesadas, saturadas de hierro, que no conocemos sobre la Tierra.

— Pero si, como ha dicho usted, la superficie interior era un mar ígneo — observó Makshéiev —, los fragmentos de corteza debían hundirse o fundirse al caer en él.

— Eso no es forzoso — intervino Kashtánov-. Los fragmentos pequeños, naturalmente, se fundirían; pero los grandes, que podían tener varios kilómetros de diámetro, sólo se fundirían en parte. En cuanto a hundirse en el mar ígneo, eso dependería de su peso específico. Si eran más ligeros que la masa en fusión cosa muy admisible para una parte de los fragmentos —, flotarían sobre su superficie lo mismo que los témpanos en el mar y, lo mismo que los témpanos, irían disolviéndose por los bordes y por debajo.

— No insisto sobre esta idea — declaró Trujánov-. Es lo primero que se me ha ocurrido. Todo esto exige un estudio profundo. No conocemos de momento más que una estrecha franja de Plutonia a lo largo del río Makshéiev y de las orillas del mar de los Reptiles. Ahora bien, ¿qué representa la inmensa región que se extiende a ambos lados del río? ¿Se adentra mucho hacia el Sur el desierto Negro? ¿Qué hay detrás de él? ¿No existirán otra vez oasis de vida?

— Me parece que no — observó Pápochkin —, y voy a decir por qué. La humedad, sin la cual es imposible la vida, llega con los vientos del Norte que penetran por el orificio. Esta humedad es principalmente producto de la superficie terrestre. Como hemos visto, las lluvias no se extienden más allá de la orilla meridional del mar de los Reptiles. Los vientos dejan toda su humedad al recorrer esta distancia, relativamente pequeña, a partir del orificio y, detrás del mar, sobre todo el resto de la superficie interior, se extiende un desierto árido y estéril de lava condensada. Incluso pienso que, al principio, la vida del jurásico no llegaba más que a la zona inmediata al orificio y que sólo gradualmente, a medida que la cantidad de agua constituida por ríos y lagos aumentó gracias a la penetración constante de humedad por el orificio, se adentró la vida más hacia el Sur. Es posible que también el mar de los Reptiles se haya formado hace relativamente poco tiempo, por lo cual su agua no es tan salada como la de los océanos.

— Eso ya no se puede admitir — replicó Kashtánov-. Si el mar fuera de origen reciente, no lo habitarían representantes de la fauna jurásica: peces, ictiosaurios, plesiesaurios… Ni los peces ni los ictiosaurios podían emigrar de la superficie terrestre al interior por tierra como las hormigas o por el aire como los pterodáctilos. O sea que por el orificio penetró a pesar de todo el mar, aunque durante un breve período y en forma de estrecho brazo.

— ¡Un momento, un momento! — exclamó Pápochkin-. ¿Cómo iba a penetrar el mar detrás del meteorito? Habrían encontrado una superficie ígnea ( ígneas = en geología, rocas formadas por el enfriamiento y la solidificación de materia rocosa fundida, conocida como magma. Según las condiciones bajo las que el magma se enfríe, las rocas que resultan pueden tener granulado grueso o fino) y gases incandescentes y todos los saurios (saurio = lagarto) y los peces hubieran dado una inmensa sopa de pescado, pero nunca descendencia.

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