—Grabación del curso desde la ignición.
Llegó. El MAC estaba avanzando. Esto debió ocurrir cerca del punto L2 —la propia localización de Kendy, el punto de estabilidad tras el propio Mundo de Goldblatt. Y, si no hubiera sido por el Mundo de Goldblatt, el MAC hubiera vuelto a la seguridad… pero el corazón de un antiguo planeta gigante y gaseoso logró que la órbita del MAC fuese casi un círculo inclinado totalmente fuera del Anillo de Humo.
—Desvíate cuando lo ordene.
Confusión masiva en el funcionamiento.
—Dame una vista de video de la tripulación.
—Denegado.
Y la presión de la cabina seguía bajando. Había que hacer algo. Kendy radió:
—Copia —y esperó.
El computador del MAC pensó en ello, lentamente, bit a bit; multiplicó; y empezó a emitir su programa completo. Tardó veintiséis minutos. Kendy examinó (un Kendy simplificado, reformado con las subsiguientes órdenes y desvirtuado por el tiempo y la entropía) mientras enviaba:
—Preparación para actualización del programa.
—Preparándome.
Kendy no lo creía. El programa que llevaba muerto tanto tiempo podía ser fijado mediante órdenes de protección. Simplemente el no las había obtenido todavía… a menos que se hubieran estropeado. Kendy no tenía un programa actualizado, estaba seguro de ello. Tendría que ensamblarlo desde la ruptura…
La velocidad con la que un computador puede pensar era el triunfo y la tragedia de Kendy. Siempre estaba renovando la sorpresa que le causaba el aburrimiento de su vida sin incidentes. Se mantenía en uso porque Kendy estaba editando constantemente sus memorias. La capacidad de almacenamiento de su cerebro computarizado era fija. Siempre la llevaba cerca del límite. Había editado sus memorias sobre el motín, borrando los nombres de los personajes clave, por temor a que alguien pudiera vengarse de los descendientes de los amotinados. Regularmente, Kendy borraba las memorias sobre su aburrimiento.
En cierta ocasión estuvo analizando el Problema del Cuarto Color de la topología. La prueba propuesta en 1976 por Appel y Haken no podía ser comprobada más que por un computador. Kendy era un computador; había experimentado la prueba directamente y descubierto su validez. Sólo recordaba aquello. Los detalles habían sido borrados. Había usado un programa simplificado en los computadores del MAC, y luego lo borró. Pero ahora tenía el programa del MAC como modelo. Le echó un vistazo, afinándolo por todas partes, corrigiendo donde era oportuno hacerlo, actualizando su propia personalidad simplificada… dejando intactas las propias memorias del MAC sobre el tiempo del motín, porque Kendy había determinado ignorarlas. Buscaba un modo de taponar la fuga de aire en la cabina. No había esperanza: los sensores del soporte de vida habían fallado, no el programa. Casi había borrado la orden que impedía el uso del motor principal. El motor principal era más eficiente. Kendy no comprendía aquella orden… pero había entrado, y recientemente. Kendy lo dejó solo.
Ahora: un programa en curso que los llevara hasta allí, para estudiarlos…
Apenas tuvo tiempo para la esperanza. Kendy había aprehendido los mecanismos orbitales directamente. Vio al instante que no había combustible, y que la luz del sol no era suficiente para realizar la electrólisis del agua a tiempo. Su propio par de MACs, que le suministraban energía merced a sus colectores solares, no tenían combustible suficiente para arrastrar el MAC de los salvajes, suponiendo que Kendy hubiese querido arriesgarlos a ambos en aquella misión.
Olvidar aquello y probar de nuevo… Podría devolverles al Anillo de Humo en el momento que se produjera la menor distancia entre ellos y el Mundo de Goldblatt. De hecho, el computador del MAC estaba ya trabajando para cambiar el curso. Pero se podría lograr a tiempo. Por entonces, todos habrían muerto.
Dejó intacta aquella parte del programa. Borró las barreras que le impedían comunicarse. Radió hacia el MAC el programa revisado al paso de tortuga que el MAC podía aceptar.
El MAC lo archivó.
¡Funcionaba! Al menos podría echarles un vistazo, darles un poco de conocimiento, antes de que se fueran. ¡Después de quinientos doce años!
El frío había invadido a los gigantes de la jungla. Anthon y Debby e Ilsa estaban acurrucados formando una amistosa, abrazada y estremecida bola, con los ponchos de reserva apretados sobre ellos.
Los demás pasajeros lo aguantaban mejor. Había ponchos para todos, menos para Mark, y sobraban otros dos. Habían desgarrado uno para hacer bufandas. Jinny pasó una bufanda alrededor del cuello de Mark y metió las puntas por el collarín del traje plateado.
—¿Estás cómodo?
El hombre de plata parecía bastante animado, pese a las cuerdas que lo mantenían inmóvil en la silla.
—Estupendo, gracias.
—¿Ese traje es lo bastante grueso?
—Maldita sea, mujer, tú eres la que tiemblas. Este traje mantiene su propia temperatura, lo mismo que el mac. Si alguien necesita mi bufanda… ¿te hace falta a ti?
Jinny sonrió y negó con la cabeza.
—De acuerdo, estaría mucho mejor con mi yelmo cerrado —dijo Mark, y sonrieron ambos como si hubiera dicho algo divertido. Pero había algo que no necesitaba ser dicho: si no podían cerrar la fuga, o si Lawri decidía matarlos de alguna manera, Mark moriría con los demás.
El Grad fabricó una antorcha con una de las bufandas y ralladuras gruesas de la piel del pájaro salmón. Estaba a punto de encenderla cuando notó la niebla ante su rostro. La sopló… humo blanco. Todos salvo Horse estaban expeliendo humo blanco, como si fumaran.
—Si pensáis haber localizado la fuga, ¡echadle el vaho! —anunció—. Contened el aliento. No, Jayan, olvida las puertas. La Voz tiene sensores allí.
Lawri hizo algo en los controles.
—Estoy elevando la humedad del aire… el agua del aire. Así habrá más bruma.
Los ciudadanos se fueron turnando ante el panel de control para encontrar puntos blancos en el diagrama amarillo. El Grad empezó con la incómoda tarea que los demás podían olvidar: arrastrarse entre los asientos, bordeando el frío cadáver del amigo de Gavving, echando el aliento hacia el suelo allí donde se unía con la pared de estribor.
Merril gritó.
—Lo tengo. Es la ventana arqueada.
Una multitud de ciudadanos gateó alrededor del borde del ventanal, echando el aliento, mirando el pálido humo mientras formaba corrientes allí donde la ventana se unía al marco. La ventana estaba floja alrededor de la esquina de babor.
—Mirad con cuidado —ordenó Lawri—. Puede haber más.
Ella misma se dirigió a popa. El Grad se unió a ella en la pared trasera.
—¿Qué estás pensando? ¿Hay algún modo de taponar las fugas?
La Voz empezó una cuenta atrás. Lawri esperó mientras se encendían pequeños chorros de fuego. El grupo de gigantes de la jungla se hundió contra la pared de popa sin separarse. Usa se rió tontamente. Todavía debía estar flotando por los efectos de la droga de la pistola escupidora.
El ruido cesó.
—Quizá —dijo Lawri—. ¿Tenemos algo con lo que transportar agua?
—¡Necesitamos calabazas! —pidió el Grad.
Encontraron tres. Merril las recogió y las llevó hacia abajo. Jayan y Jinny estaban exhalando hacia las ventanas laterales, lo que parecía correcto. Gavving y Minya se movían a lo largo del borde de la ventana arqueada, echando vapor y mirando. La bruma pasaba al exterior y se desvanecía inmediatamente, a lo largo de una curva de la ventana tan larga como el brazo del Grad, del hombro a los dedos.
Lawri giró una válvula. Un agua marrón rezumó de la pared de popa, formando un glóbulo creciente.
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