– La señorita Neus, mi sobrina.
Neus trabajaba con una eficiencia extrema a juzgar por la dedicación con que trataba de meter o sacar algo del ordenador.
– Imprímeme el caso Ruidoms.
Los dedos de Neus no se desengancharon del teclado hasta que de la máquina de imprimir empezaron a salir hojas según el impulso de una tos asmática. Una vez impresas las hojas, las tomó el cura como si se tratara de un informe trascendental sobre el bombardeo de Iraq
0 de Kosovo en las próximas horas, lo repasó con ojos sagaces y con un lápiz rojo fue trazando círculos. Luego hizo una seña al detective para que se le acercara y en muy baja y continuada voz, como si rezara, le fue dando algunas explicaciones.
– Puede leer el informe entero, porque así me lo ha indicado Manelic.
¿Manelic? ¿Quién era Manelic? Pero el cura no pareció impresionado por el evidente desconcierto de Carvalho.
– Ponga especial cuidado en los círculos en rojo. Si tiene alguna duda que Neus pueda resolverle, recurra a ella. Y si ella no se las resuelve, me viene a buscar donde me ha encontrado.
Se sentó Carvalho mientras el mosén se iba y captó una pequeña atención de Neus dirigida a abarcarle y valorarle. La muchacha tenía ojos bonitos y dióptricos de pupilas acentuadas por las lentillas, la piel pecosa. Leyó Carvalho dos veces el breve informe y tomó algunas notas que le ayudaban a hacerse un resumen personal: Testigos de Luzbel. Secta satánica fundada por Albert Pérez
i Ruidoms a partir de la teoría de que la luz del mundo se extinguió con la caída del llamado Ángel Malo, Luzbel, y que sólo volverá cuando una nueva negación niegue una civilización negativa en la que lo propuesto como Bien sólo sabe definirse como lo contrario al Mal, que es lo único realmente existente. Luzbel adquiere una consistencia simbólica subversiva, por lo que la secta pregona la creación de una red de desobediencia civil y trata de estar presente en los movimientos okupas y neoanarquistas en general. Tras señalar a Pérez i Ruidoms como el único responsable importante de la secta y a la víctima Alexandre Mata i Delapeu como su compañero sentimental, despachaba el asesinato como un ajuste de cuentas entre grupos empresariales y dejaba la clarificación del asunto en manos de un tal Manelic. ¿Quimet? ¿El hombre del chándal? ¿El cura? Si estos apartados estaban liquidados en unos cinco folios, los diez restantes se ocupaban de la posición de Testigos de Luzbel con respecto a la reivindicación nacionalista catalana y las naciones sin Estado. En ocasiones el sujeto referido era estrictamente el nacionalismo catalán pero, a medida que avanzaba el documento, el redactor hablaba teniendo en cuenta el movimiento internacional de las naciones sin Estado y la disposición de Testigos de Luzbel. Y siempre citando a Manelic como una autoridad. Es decir, la pieza clave era Manelic.
– ¿Conoce usted a Manelic?
– ¿Decía usted?
La pelirroja y pecosa se había sobresaltado por el simple hecho de la interpelación.
– En el informe que me ha dado el mosén, aparece un tal Manelic y le preguntaba si usted podría ponerme en contacto con él.
– No sé quién es. Yo me limito a mantener la red de Internet.
– Le conviene salir de esa red. Está usted muy pálida. Yo en cuanto me entere de quién es Manelic me voy a dar un baño en la Barceloneta o en la Vila Olímpica. ¿No le apetece?Una de dos, pensó Carvalho, o te mira con la distancia que merecen tus años o se ruboriza y se echa a reír. Se había ruborizado y rió brevemente.
– Sale gratis y es tonificante. Tal vez no sea hoy, porque sospecho que me va a costar llegar hasta Manelic, pero mañana… ¿A qué hora sale?
– No tengo horario fijo.
– Póngaselo usted misma, ¿las dos?
– Bueno.
La muchacha parecía muy sorprendida de lo que estaba saliendo de sus labios.
– Vendré a buscarla.
– No. No. No estamos autorizados a dar citas a extraños en esta sede. Iré yo a donde usted me diga.
– Al pie de la Torre Mapire a las dos. Traiga el traje de baño puesto, debajo de la ropa, se entiende, de lo contrario tendría que cambiarse en el parking. Yo le cedería mi coche con mucho gusto. ¿Se llama usted?
– Margalida.
– Su tío me ha dicho que usted se llamaba Neus.
Ella se había llevado una mano a la boca y reía sofocadamente.
– Neus es mi nombre de guerra.
Seguía conteniendo la risa.
– Presiento que si usted no se llama Neus, su tío tampoco es su tío, aunque tienen cierto parecido. ¿Cómo lo han conseguido? ¿Tienen en el sótano un departamento de ingeniería genética? Pero celebro que se llame Margalida. Muy bonito. En mis tiempos de persona culta me sabía una canción en catalán en la que se habla de una Margalida muy desafortunada. Luego dejé de ser culto y sólo me gusta ir en verano a la playa y en invierno cocinar hasta altas horas de la madrugada. ¿Le gusta a usted comer bien?
– Y cocinar. Seguí los cursos de la escuela Hoffman y he asistido a varios congresos de cocina catalana.
La pelirroja se merecía un respeto, pero probablemente su tío era el más indicado para informarle sobre Manelic. Llamó a la puerta de EPC y la voz del cura le invitó a entrar. Ya no iba de cura o al menos no iba vestido de cura. Llevaba algo parecido a una guayabera, pantalones téjanos de verano y sandalias como si las hubiera llevado toda la vida. Aquel hombre tenía cierta capacidad de transformación y Carvalho recordó a un personaje de cómic que se llamaba Mortadelo, capaz de convertirse en una farola o en una lombriz si era necesario para proseguir su investigación.
– Lo tengo todo más claro, pero según se desprende del informe he de encontrar a Manelic.
– ¿Para qué lo quiere?
– Ya es cosa sabida que el asesinato del joven Mata i Delapeu se debe a una conjura entre grupos de presión, pero la madre de la víctima me pide que descubra quién mató a su hijo, quiere verle la cara para preguntarle ¿por qué mataste a mi hijo? La mujer participa del sentimiento trágico de la vida, una tendencia española que yo creía superada, sobre todo en Cataluña. Según parece el asesino ha sido un sicario, pero yo no puedo volver ante mi cliente y decirle: Señora, a su hijo le mató un profesional. He de decirle algo más. Causas. Culpables por instigación. Supongo que Manelic podrá ilustrarme.
– Manelic no está visible. Como usted comprenderá esto no es un centro excursionista y bastante cachondeose ha hecho a costa nuestra en el pasado. Queremos ser un servicio de detección de corrientes espirituales serio. Pero procuraré ayudarle. Le haré llegar alguna señal que le pondrá en el camino de Manelic.
La audiencia había terminado y ya con medio cuerpo en el pasillo, Carvalho señaló con un dedo el rótulo que se manifestaba sobre el cristal biselado.
– EPC. ¿Es algo relacionado con impuestos?
El transformista gruñó y contestó escuetamente.
– Església Països Catalans. Y si no lo entiende se lo traduciré: Iglesia Países Catalanes.
No había recibido ninguna señal del responsable de EPC, ni tampoco de la extraña corresponsal del fax. Se había ido de vacaciones de verdad y no tenía por qué informarle de que él no iba a disfrutarlas. Al menos quince días de silencio y de olvido. Tal vez las vacaciones sirvieran para que dejara de molestarle. Se puso el traje de baño y evitó responder a la pregunta de Biscuter de si se había visto con Charo.
– Le ha llamado tres o cuatro veces.
Era un reproche. Biscuter temía que Carvalho frustrara su trabajo de celestina.
– No conviene forzar las cosas.
– Lo comprendo, jefe. He de informarle de que, cuando termine el curso que estoy haciendo sobre «globalización y subdesarrollo», me voy a matricular en otro sobre los cátaros.
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