Brad Meltzer - Los Pasadizos Del Poder

Здесь есть возможность читать онлайн «Brad Meltzer - Los Pasadizos Del Poder» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Триллер, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Los Pasadizos Del Poder: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Los Pasadizos Del Poder»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Sombra es el nombre en clave que el Servicio Secreto ha dado a Nora Hartson, la hija del Presidente de Estados Unidos, una de las mujeres más vigiladas del mundo. Michael Garrick, un joven abogado del Departamento de Presidencia, empieza a salir con Nora sin tener en cuenta que ella también es Sombra y que mil ojos se posan sobre ambos. Una noche presencian algo que no deberían haber visto y quedan atrapados en una trama secreta urdida por alguien muy poderoso. Ambos jóvenes se convierten en un estorbo para quienes han hecho de la corrupción política el medio habitual para conseguir sus fines.

Los Pasadizos Del Poder — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Los Pasadizos Del Poder», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Los turistas prorrumpen en aplausos espontáneos y el guía les recuerda sin éxito que no se permiten fotos.

– Gracias -dice Nora, disculpándose ante el grupo, que sigue tirando instantáneas.

Está de pie delante de mí, intentando taparme todo el rato. Sé lo que está pensando: si mi foto aparece en todos los periódicos de mañana, lo que menos le conviene es una foto en pareja. Cuando el grupo de turistas se va hacia su próximo destino, Nora me coge de la muñeca.

– ¡Vamos! -susurra, procurando seguir tapándome cuanto puede-. Date prisa.

Agacho la cabeza y voy tras ella. Caminamos de prisa por el pasillo y pasamos ante mi agente favorito. No se mueve, no toca su walkie-talkie. Mientras evitemos la escalera hacia la Residencia, todo parece traerle sin cuidado. Por eso ella optó por no salir por la trasera de la cocina.

Giramos a la izquierda al lado de la Sala Diplomática y Nora abre una puerta flanqueada por bustos de bronce de Churchill y Eisenhower que nos lleva a un largo pasillo donde hay por lo menos cuarenta pilas de sillas de dos metros de alto. Almacén para cenas oficiales. Seguimos avanzando por el corredor y el suelo empieza a coger pendiente hacia abajo. Pasamos junto a una pirámide de jaulas de provisiones y luego dejamos la bolera a la izquierda. Nora mantiene el paso enérgico, descendiendo hacia el laberinto. Empiezo a sentirme lejos de la luz del día.

– ¿Adonde vamos?

– Ya lo verás.

Cuando el pasillo se nivela nos lleva a otro pasillo perpendicular, pero éste mucho más reducido. Techos bajos. No tan bien iluminado. Las paredes están húmedas y huelen a monedas viejas.

No tiene el menor sentido. Estamos en el sótano y Nora se está quedando sin espacio. Y yo me estoy quedando sin tiempo. Aun así, no aminora la marcha. Hace un giro en redondo a la derecha y continúa. Mis ojos empiezan a nublarse. Me parece que el corazón se me va a salir del pecho.

– ¡Para! -le grito.

Por primera vez se detiene y me escucha.

– Por lo que más quieras, dime adonde vamos.

– Te he dicho que ya lo verás.

No me gusta la oscuridad.

– Quiero saberlo ahora -digo, receloso.

Se para otra vez y me dice con voz suave:

– No te preocupes, Michael. Yo cuidaré de ti.

No le había oído ese tono desde el día de mi padre. Pero ahora no es el momento.

– Nora…

Se vuelve sin decir palabra y avanza hacia el fondo del pasillo del sótano. Hay una puerta de hierro con cierre electrónico. Si son ciertos los rumores, estoy casi seguro de que llegamos a un refugio atómico. Nora teclea su PIN secreto y oigo cómo retumban las barras del cerrojo.

Con un tirón seco, abre la puerta. Al instante me quedo con unos ojos como platos. No puede ser. Pero ahí está, delante de mí. El mito más grande de la Casa Blanca: un túnel secreto.

Nora me mira a los ojos.

– Si era lo bastante bueno para Marilyn Monroe, será bastante bueno para ti.

CAPÍTULO 33

Con la boca tan abierta que me llega a los tobillos, contemplo el túnel secreto de los sótanos de la Casa Blanca.

– ¿Cuándo…? ¿Dónde…?

Nora da un paso hacia mí y me coge de la mano.

– Estoy aquí, Michael. Soy yo. -Viendo mí expresión atónita, añade-: Puede que en las películas no lo saquen muy bien, pero eso no quiere decir que sea mentira.

– Pero es que…

– Venga, vamos.

En el tiempo que parpadeo, ha desaparecido. De cero a sesenta. Instantáneo. El túnel tiene paredes de cemento y está mejor iluminado de lo que hubiera esperado. Parece ser un pasadizo directo por debajo del Ala Oeste.

– ¿Y adonde va a parar?

No me oye. O no me oye, o no me lo quiere decir.

Al final del túnel hay otra puerta de hierro. Nora teclea el código frenéticamente. Las manos le tiemblan apreciablemente. Contemplamos el cierre electrónico, esperando ansiosos el chasquido para acceder. No suena.

– Inténtalo otra vez -digo.

– ¡Lo estoy intentando! -y vuelve a introducir el código. Otra vez nada.

– ¿Qué es lo que pasa? -pregunto. Aprieto los puños con tanta fuerza que me duelen los brazos.

– ¡Déjanos salir! -grita Nora, levantando la cabeza.

– ¿Quién…? -Sigo su mirada hasta una esquina del techo. Hay una pequeña cámara de vigilancia enfocada hacia nosotros.

– ¡Sé que estás mirando! -continúa-. ¡Déjanos salir!

– Nora -digo cogiéndola por el brazo-, tal vez no deberíamos…

Me aparta de un empujón. Está mirando a la cámara de la misma manera que miraba a los del Servicio Secreto la primera noche que salimos.

– No estoy jugando, gilipollas. Éste es mi novio. Llama a Harry, él lo autorizará.

Ahora está haciendo una apuesta. Harry puede que me diera paso, pero lo seguro es que no sabe que estamos escapándonos.

– ¿Puedes creértelo? -me dice, forzando una carcajada desdeñosa y echándose el pelo para atrás-. Estoy tan confusa.

Capto la idea. Pero relajar las manos y tranquilizar la respiración me exige un esfuerzo sobrehumano.

– No, no tienes por qué -apoyo un brazo contra la pared como sin darle importancia-. Me pasó lo mismo la última vez que estuve en el Gulag.

Es un gran momento. Y también falso. Probablemente siempre haya sido así.

Nora me mira con una sonrisita cómplice y luego mira otra vez a la cámara.

– ¿Qué? ¿Lo has llamado?

Silencio. Estoy a punto de desmayarme de angustia, con ansias de darme la vuelta y echar a correr. Pero entonces, de improviso, chasquea un cerrojo que corre. Nora abre la puerta y me hace salir. La cámara ya no puede vernos.

– Estamos en los sótanos del edificio del Tesoro -susurra.

Asiento con la cabeza. Es el edificio de al lado de la Casa Blanca.

– Puedes subir por la rampa del aparcamiento hasta la East Exec, o coger una escalera y salir por el Tesoro. Por las dos se llega afuera.

Me voy directo a la escalera. Nora viene detrás. Me doy la vuelta, levanto el brazo y la detengo, dejándola en el umbral del túnel.

– ¿Qué? -me pregunta.

– ¿Adonde vas?

Me mira de la misma forma que miró a mi padre cuando se puso histérico.

– Lo decía de verdad. No voy a dejarte, Michael. Después de todo esto, no.

Por primera vez desde que empezamos a correr mi ojo deja de dar vueltas.

– No tienes por qué…

– Sí. Sí que tengo.

– No, Nora -digo moviendo la cabeza-. Y agradezco el ofrecimiento, pero los dos sabemos lo que pasará. Si te pillan andando por ahí con el máximo sospechoso para la prensa…

– No me importa -exclama-. Por una vez, merece la pena.

Me acerco más a ella y trato de obligarla a volver hacia la puerta. No cede.

– Por favor, Nora, no es momento de estupideces.

– ¿Así que ahora es una estupidez que quiera ayudarte?

– No, la estupidez es pegarte un tiro en los dos pies. En cuanto la prensa nos relacione, te saltarán al cuello. En todas las primeras páginas. En todas las cabeceras. «Primera Hija, relacionada con presunto asesino.» Harán que tu famosa historia del Rolling Stone parezca la última página de People.

– Pero…

– Por favor, por una vez, no discutas. En estos momentos, lo mejor que puedo hacer yo es ser discreto. Si tú andas alrededor, será imposible, Nora. Al menos de este modo los dos estaremos a salvo.

– ¿De verdad piensas que estás a salvo?

No respondo.

– Por favor, Michael, ándate con cuidado.

Sonrío y me dirijo a la escalera. Oyéndola hablar así… no es fácil marcharse.

– ¿Entonces adonde vas? -me grita.

Me quedo helado. Los ojos se me estrechan. Y, lentamente, me vuelvo. Detrás de ella, el exterior de la puerta de acero reforzado está camuflado para que parezca una salida normal. Todo el asunto es una ilusión.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Los Pasadizos Del Poder»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Los Pasadizos Del Poder» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Los Pasadizos Del Poder»

Обсуждение, отзывы о книге «Los Pasadizos Del Poder» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.