Mary Clark - No Llores Más, My Lady

Здесь есть возможность читать онлайн «Mary Clark - No Llores Más, My Lady» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Триллер, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

No Llores Más, My Lady: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «No Llores Más, My Lady»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Una estrella de teatro y de la pantalla se arroja, en misteriosas circunstancias, por el balcón de su ático neoyorquino, ¿Fue asesinada por su amante, Ted Winters, un apuesto magnate de los negocios atormentado por un secreto inconfesable? ¿O se trata de un suicidio? Pero ¿por qué iba Leila a quitarse la vida en la cumbre de la fortuna y el éxito? ¿O la mató otra persona? Sin embargo, ¿quién querría acabar con la vida de una joven admirada y querida por todo el mundo?…

No Llores Más, My Lady — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «No Llores Más, My Lady», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

– ¿Qué sucede? -logró preguntar con voz enojada y soñolienta y Elizabeth pudo ver el rasguño en su frente.

– Es mejor que le digas a esta loca de hija que tienes que cuando soy amable con su hermana y quiero leerle es mejor que no actúe como si estuviera haciendo algo malo. -Matt parecía enojado, pero Elizabeth sentía que estaba asustado.

– Y será mejor que le digas a ese asqueroso abusador de menores que se vaya de aquí o llamaré a la Policía. -Leila le dio un último tirón y le soltó el cabello. Luego fue a sentarse junto a Elizabeth, abrazándola con fuerza.

La madre comenzó a gritarle a Matt; luego, Leila comenzó a gritarle a la madre y por fin, ésta y Matt se fueron a su cuarto y siguieron la pelea; después, hubo largos silencios. Cuando salieron del cuarto, estaban vestidos y dijeron que todo había sido un malentendido y que como las dos estaban juntas, ellos saldrían un rato.

Después de que se fueron, Leila dijo:

– ¿Quieres abrir una lata de sopa y preparar una hamburguesa? Tengo que pensar. -Obediente, Elizabeth se dirigió a la cocina y preparó la comida. Comieron en silencio y Elizabeth se dio cuenta de lo feliz que se sentía de que su madre y Matt hubiesen salido. Cuando estaban en casa permanecían bebiendo y besándose o peleando y besándose. Cualquiera de las dos cosas era horrible.

Por fin, Leila dijo:

– Nunca cambiará.

– ¿Quién?

– Mamá. Es una bebedora y si no es un tipo será otro, hasta que termine con todos los hombres que queden con vida. Pero no puedo dejarte con Matt.

¡Dejar! Leila no podía irse…

– Así que prepara tus cosas -le dijo Leila-. Si ese asqueroso comienza a manosearte, no estarás segura aquí. Tomaremos el último autobús a Nueva York. -Se inclinó hacia delante y le acarició el cabello-. Sólo Dios sabe cómo me las arreglaré cuando lleguemos, Sparrow, pero prometo que te cuidaré.

Más tarde, Elizabeth recordaría ese momento con claridad. Los ojos de Leila, otra vez de color verde esmeralda, sin rastro de enojo, y con una mirada decidida. Leila y su delgado cuerpo, con la gracia de un gato; el cabello rojo y brillante de Leila, aún más brillante bajo la luz de la lámpara; la voz rica y ronca de Leila que le decía:

– No tengas miedo, Sparrow. Es hora de sacudirse de los zapatos el polvo de nuestra vieja casa de Kentucky.

Y luego, con una risa desafiante, Leila comenzó a cantar: «No llores más, my Lady…»

Sábado

29 de agosto, 1987

1

El sol se ponía sobre las torres gemelas del «World Trade Center» cuando el vuelo 111 de «Pan American» proveniente de Roma comenzó a rodear la isla de Manhattan. Elizabeth apoyó la frente contra el vidrio, absorbiendo la vista de los rascacielos, la Estatua de la Libertad recién restaurada y un crucero que se deslizaba por el estrecho. Ése era el momento que tanto había amado al final de un viaje, la sensación de regresar al hogar. Pero hoy, deseaba con todas sus fuerzas poder quedarse en el avión, y seguir hacia su próximo destino, fuera cual fuere.

– Hermosa vista, ¿verdad? -Al subir al avión, la anciana de aspecto bondadoso sentada a su lado le había dedicado una amable sonrisa y luego había abierto su libro. Elizabeth se sintió aliviada; lo último que quería era una conversación de siete horas con un extraño. Pero ahora no le molestaba. Aterrizarían en pocos minutos. Le contestó que, en efecto, era una hermosa vista.

– Éste fue mi tercer viaje a Italia -continuó su compañera de asiento-. Pero es la última vez que viajo en agosto. Está lleno de turistas. Y hace tanto calor. ¿Qué países visitó?

El avión se inclinó y comenzó su descenso final hacia el aeropuerto Kennedy. Elizabeth decidió que le daba lo mismo darle una respuesta directa que mostrarse indiferente.

– Soy actriz. Estuve filmando una película en Venecia.

– ¡Qué emocionante! La primera impresión que tuve es que me recordaba un poco a Candy Bergen. Es tan alta como ella y tiene el mismo hermoso cabello rubio y ojos azul grisáceo. ¿Debo conocer su nombre?

– En absoluto.

Sintieron un leve golpe cuando el avión aterrizó en la pista y comenzó a deslizarse. Para evitar más preguntas, Elizabeth sacó el bolso que tenía debajo del asiento y se puso a revisar su contenido. «Si Leila estuviera aquí -pensó-, no habría problemas de identificación.» Todos conocían a Leila LaSalle. Además, ella habría viajado en primera clase y no en turista.

Habría. Después de todos esos meses, ya era hora de que aceptara la realidad de su muerte.

Un puesto de diarios detrás de la aduana tenía la última edición del Globe. No pudo evitar leer el titular: el juicio comienza el 8 de septiembre. El subtítulo decía: «El juez Michael, visiblemente enojado, denegó más aplazamientos en el juicio por asesinato al multimillonario Ted Winters.» En el resto de la página figuraba un primer plano del rostro de Ted. En sus ojos había una mirada de amarga sorpresa y su boca dibujaba una expresión de rigidez. Era una foto tomada después de enterarse de que el Gran Jurado lo había acusado de la muerte de su prometida, Leila LaSalle.

Mientras el taxi se dirigía hacia la ciudad, Elizabeth leyó la historia: una repetición de los detalles de la muerte de Leila y la evidencia en contra de Ted. Durante las tres páginas siguientes había fotografías de Leila: Leila durante un estreno con su primer marido; Leila en un safari, con su segundo marido; Leila con Ted; Leila cuando recibió el Oscar; fotos de archivo. Una de ellas le llamó la atención. Había un dejo de dulzura en su sonrisa, un toque de vulnerabilidad que contrastaba con el gesto arrogante del mentón y la expresión burlona de los ojos. La mitad de las jovencitas de Norteamérica habían tratado de imitar esa expresión, habían copiado la forma que tenía Leila de echarse hacia atrás el cabello, de reír por encima del hombro…

– Llegamos, señora…

Sorprendida, Elizabeth levantó la mirada. El taxi se había detenido frente al Hamilton Arms, en la intersección de la Calle 57 y Park Avenue. El diario se le deslizó del regazo. Trató de aparentar calma:

– Lo siento, me equivoqué de dirección. Quiero ir a la Undécima y la Quinta.

– Pero ya paré el taxímetro.

– Entonces, póngalo de nuevo. -Le temblaban las manos mientras buscaba su cartera. Sintió que se acercaba el portero y no quiso levantar la mirada. No quería que la reconocieran. Sin pensarlo, le había dado la dirección de Leila. Ése era el edificio donde Ted había matado a Leila. Aquí, ebrio y en un arranque de rabia, la había arrojado desde el balcón-terraza de su apartamento.

Elizabeth no pudo controlar el temblor al repasar la imagen que no podía borrar de su mente: el maravilloso cuerpo de Leila envuelto en un pijama de satén blanco, su largo cabello pelirrojo echado hacia atrás como en una cascada, cayendo por los cuarenta pisos hasta el suelo de cemento.

Y siempre las mismas preguntas… ¿Estaba consciente? ¿Se dio cuenta de lo que sucedía?

¡Qué terribles debieron ser para ella esos últimos segundos!

«Si me hubiera quedado con ella -pensó Elizabeth-, esto jamás habría sucedido.»

2

Después de estar ausente durante dos meses, el apartamento olía a encierro. Pero en cuanto abrió las ventanas, pudo sentir esa peculiar combinación de aromas típica de Nueva York: el olor de la comida hindú del restaurante de la esquina, el perfume de las flores del balcón de enfrente, el olor ácido del escape de los autobuses de la Quinta Avenida, la sugerencia a mar proveniente del río Hudson. Durante unos minutos, Elizabeth respiró profundamente y sintió que comenzaba a relajarse. Ahora que se encontraba allí, se alegraba de estar en casa. El trabajo en Italia había sido otro escape, otro respiro temporal. Sin embargo, nunca dejaba de pensar que algún día tendría que subir al estrado como testigo de la parte acusadora en el juicio contra Ted.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «No Llores Más, My Lady»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «No Llores Más, My Lady» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «No Llores Más, My Lady»

Обсуждение, отзывы о книге «No Llores Más, My Lady» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.

x