Donna Leon - Aqua alta

Здесь есть возможность читать онлайн «Donna Leon - Aqua alta» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Детектив, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Aqua alta: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Aqua alta»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Los venecianos conocen bien el concepto de «acqua alta». Con él señalan la crecida periódica de la marea que inunda las calles para deleite de turistas y pesadilla de vecinos. Entre esas aguas se mueve el comisario Brunetti, tratando de resolver crímenes como el del doctor Semenzato, director del museo del Palacio Ducal, que aparece en su despacho con la cabeza aplastada por un llamativo resto arqueológico.
Tan brillante, culto y melancólico como su ciudad, Brunetti tiene que investigar en esta ocasión las redes de contrabando que intervienen en el tráfico internacional de arte, una actividad en la que la codicia puede llegar a tener escalofriantes consecuencias.

Aqua alta — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Aqua alta», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

– Le ruego que me disculpe, signor policía, pero no sé de qué me habla -dijo La Capra sonriendo con cortesía y perplejidad.

– Le hablo de la dottoressa Lynch. Me consta que está aquí.

La Capra sonrió otra vez y abrió la mano señalando la habitación y todos los objetos que contenía.

– No comprendo su insistencia. Sin duda, si estuviera aquí, se encontraría con nosotros, gozando de la contemplación de toda esta hermosura. -Su acento se hizo más cálido todavía-. ¿No me creerá capaz de privarla de semejante placer, verdad?

La voz de Brunetti no era menos tranquila.

– Creo que ha llegado el momento de poner fin a la farsa, signore .

La carcajada de La Capra cuando Brunetti dijo esto estaba cargada de verdadero gozo.

– Oh, yo diría que el farsante es usted, signor policía. Está en mi casa sin haber sido invitado, por lo que yo diría que su entrada es ilegal. De manera que no tiene derecho a decirme lo que debo o no debo hacer. -Su voz fue haciéndose más áspera y, cuando terminó de hablar, casi jadeaba de cólera. Al oírse a sí mismo, La Capra recordó el papel que estaba representando, se volvió de espaldas a Brunetti y dio varios pasos hacia una de las vitrinas.

– Observe, si gusta, las líneas de este jarro -dijo-. Con qué delicadeza serpentean hacia la parte posterior, ¿no le parece? -Dibujó una etérea onda en el aire con la mano, imitando el discurrir de la línea pintada en la parte frontal del alto jarro que contemplaba-. Siempre me ha parecido fabuloso el sentido de la belleza que tenía aquella gente. Miles de años atrás, y ya eran unos enamorados de la belleza. -Sonriendo, pasando de simple entendido a filósofo, miró a Brunetti y preguntó-: ¿Cree que el secreto de la humanidad pueda ser el amor a la belleza?

Como Brunetti no respondiera a esta banalidad, La Capra abandonó el tema y pasó a la siguiente vitrina. Riendo entre dientes, comentó:

– A la dottoressa Lynch le hubiera gustado ver esto.

Algo en su voz, un tono de obsceno secreteo, hizo que Brunetti mirara la vitrina frente a la que estaba el otro hombre. Dentro vio una pieza que tenía una forma de calabaza que le recordó la de la foto que le había enseñado Brett. También ésta estaba decorada con la figura de un zorro con cuerpo humano, erguido y en actitud de caminar hacia la izquierda, casi idéntica a la que aparecía en la pieza de la foto.

Espontáneamente, la idea tomó cuerpo. Si La Capra no tenía inconveniente en mostrarle este vaso, estaba claro que ya no tenía nada que temer de Brett, la única persona que podría identificar su origen. Brunetti giró sobre sí mismo y dio dos zancadas hacia la puerta. Antes de llegar, se paró, ladeó el cuerpo dándose impulso y levantó la pierna derecha. Con todas sus fuerzas, dio una patada justo debajo de la cerradura. La violencia del golpe sacudió todo su cuerpo, pero la puerta no se movió.

A su espalda, La Capra rió entre dientes.

– Ah, qué impetuosos son ustedes, los del Norte. Lo siento, pero no se abrirá, signor policía, por muy fuerte que le dé. Mal que le pese, tendrá que ser usted mi invitado hasta que Salvatore regrese después de cumplir el encargo. -Con plena confianza, se volvió de nuevo hacia las vitrinas-. Esta pieza data del primer milenio antes de Cristo. Es bonita, ¿verdad?

26

Al salir de la galería, el joven tomó la precaución de cerrar la puerta con llave dejando ésta en la cerradura. Le divertía pensar que su padre estaría perfectamente seguro, nada menos que con un policía. La idea era tan disparatada que iba riéndose por el pasillo. Pero la risa se le heló cuando, al abrir la puerta del fondo, vio que seguía lloviendo. ¿Cómo podía esta gente vivir con este tiempo y con esa agua negra y sucia que brotaba del mismo suelo? Aunque él no lo reconocía, la verdad era que tenía miedo de aquellas aguas, de lo que pudiera tocar su pie al hundirse en ellas o, peor, de lo que pudiera rozarle las piernas o deslizarse al interior de sus botas.

Pero se decía que ésta sería la última vez que metía los pies en el agua. Cuando hubiera hecho aquello, cuando se hubiera resuelto este asunto, podría volver a la casa a esperar que aquellas aguas repugnantes volvieran a los canales, a la laguna, al mar, donde tenían que estar. No sentía ningún afecto por estas frías aguas adriáticas, tan diferentes del amplio y tranquilo horizonte turquesa que se extendía frente a su casa de Palermo. No se explicaba qué podía haber inducido a su padre a comprar una casa en esta ciudad tan sucia. Él decía que era por la seguridad de su colección, porque aquí el peligro de robo era mínimo. Pero en Sicilia nadie se atrevería a robar en casa de Carmello La Capra.

Él sospechaba que la razón no era otra que la que impulsaba a su padre a tener aquella estúpida colección de ollas: para darse importancia y conseguir que lo considerasen un señor. A Salvatore esto le parecía absurdo. Él y su padre eran señores por nacimiento, no necesitaban que esos estúpidos polentoni se lo confirmaran.

Miró otra vez el patio inundado, diciéndose que tendría que ponerse botas y meter los pies en el agua para cruzarlo. Pero la idea de la misión que lo aguardaba al otro lado bastó para animarlo: lo había pasado bien jugando con la americana, pero había llegado el momento de poner fin al juego.

Se agachó y se calzó un par de altas botas de goma, tirando con fuerza para introducir el zapato. Le llegaban hasta la rodilla y tenían el borde ancho y un poco ondulado como la corola de una anémona. Cerró la puerta a su espalda y bajó pesadamente la escalera exterior, maldiciendo la lluvia impetuosa. Cortando el agua, cruzó lentamente el patio en dirección a la puerta de madera. Aunque hacía poco rato que había dejado allí a la americana, el agua había subido de nivel y ya cubría el panel inferior. Quizá ella ya se hubiera ahogado. Aunque hubiera conseguido subirse a uno de los grandes nichos de la pared, no le costaría mucho ahogarla. Sólo sentía no tener tiempo para violarla. Nunca había violado a una lesbiana, y le parecía que tenía que gustarle. Bien, otra llamada telefónica podría traer aquí a su amiga la cantante y entonces tendría la oportunidad. Quizá su padre se opusiera, pero no tenía por qué enterarse. La cautela de su padre le había privado de aquel placer en la visita a casa de la americana. Había enviado a Gabriele y Sandro, y entre los dos habían hecho una chapuza. Con este cúmulo de violencia, resentimiento y voluptuosidad en el ánimo cruzaba el patio Salvatore La Capra.

Venía preparado para la oscuridad que lo envolvía, y sacó del bolsillo de la americana una linterna con la que iluminó el pestillo de la puerta. Lo descorrió y tiró de la puerta hacia sí, con fuerza, para vencer la resistencia del agua. Frente a él se abrió un espacio alto y abovedado. En el agua aceitosa flotaban sillas y mesas, almacenadas allí durante la restauración de la casa y abandonadas en lo que fuera un embarcadero interior, situado a medio metro por debajo del nivel del patio y separado del canal por otra gruesa puerta de madera, asegurada con una cadena. Sería cuestión de un minuto, cuando hubiera terminado con ella, abrir la puerta del fondo y empujarla a las aguas más profundas del canal.

A su izquierda oyó un borboteo y hacia él volvió el haz de la linterna. Los ojos que vio brillar eran muy pequeños y estaban muy juntos para ser humanos. Haciendo ondear la larga cola, la rata se volvió de espaldas a la luz y se alejó chapoteando por detrás de una caja que flotaba.

La voluptuosidad se disipó. Lentamente, Salvatore giró la linterna hacia la derecha, parándose a registrar cada uno de los nichos de la pared en los que el agua alcanzaba medio palmo. Al fin la descubrió, acurrucada en uno de ellos, con la cabeza apoyada en las rodillas. Ahora la luz permaneció fija, pero la mujer no se movió.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Aqua alta»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Aqua alta» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Aqua alta»

Обсуждение, отзывы о книге «Aqua alta» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.

x